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martes, 27 de enero de 2015

NUESTRA TIA ROSA CESANELLI

En el seno de la familia integrada por doña Jacinta Paz de estirpe criolla y el ciudadano de origen italiano Luiggi Cesanelli, nació el 27 de enero del año 1918 la tercera hija, al que bautizaron con el nombre de Rosa, quien  el día de hoy de este año 2015, arriba a sus 97 años, siendo una de las personas más longevas de nuestra familia y probablemente una de las más antiguas de las nativas del primer pueblo de la actual provincia de La Pampa.

La primera hija había sido Trinidad, que nació el año 1914, la segunda Selva el año 1915 y la última fue María Luisa, nació el año 1922, la que se quedó en la casa paterna cuidando de sus padres hasta que murieron, en Victorica, Departamento Loventué, actual provincia de La Pampa, Argentina. El acta de regularización de la sociedad conyugal se realizó ante el Registro Civil de Victorica con fecha 25 de septiembre del año 1.926. El tenía 37 años y ella más joven, contaba con 33 años.
Jacinta, había nacido el 1º de septiembre del año 1883 en el "Fortín Victorica". Era hija natural de Juana Paz, quien había llegado a ese paraje con la tropa de soldados y colonos que fundaron el Fortín Resina el año 1882. Falleció el 2 de octubre del año 1935 y su tumba se encuentra en el cementerio de Victorica. En el certificado de defunción se puede leer: "el día de ayer a las veinte horas en su domicilio falleció la mujer Juana Paz, a consecuencia de miocarditis, según certificado médico del Dr. J.A. López Seoane, que se archiva bajo el número de esta acta: que era argentina de ochenta y cinco años, hija de padres desconocidos".

Ella crió un hijo del hermano del coronel Racedo que se llamaba Manuel José Racedo. Sin embargo en su tumba se puede leer en la placa Juana Paz de Álvarez. También en una tarjeta de salutación del año 1931 que firman Delfina Barrio, Manuel y Poroto Racedo, el tratamiento es "Señora Juana Paz de Álvarez".

En otra postal de salutación, dirigida a "Señora Jacinta P. de Cesanelli" fechada el 1º de Enero de 1931 y escrita desde Rivadavia, se puede leer el siguiente texto: "Deseo pases feliz año nuevo en compañía de tu esposo sobrinas y mamá.
Querida hermana del alma, el año que va a empezar es mi anhelo que nos halle llenos de salud y paz,
y que de tanta ventura con las personas que más de nuestra estimación sean lo podamos celebrar." Firmado
Manuel José Racedo.

Luiggi había nacido en un pueblito llamado Santangelo Impontano, de la provincia de Maccerata, enfrente del mar Adriático en la República de Italia. En esta foto se ven sus padres y sus hermanos a los que nunca pudo volver a ver. Su padre era don Salvador Cesanelli y su madre se llamaba María Ricucci, ambos italianos.

Llegó a Victorica el año 1908 con la cuadrilla que venía construyendo las estaciones, los galpones y las casas para el personal del Ferrocarril del Oeste en la línea que salía de estación Once de Septiembre y llegó a la estación terminal de Telén.
Cuatro hijas ayudaron en la casa a su madre, pero el tano Cesanelli tuvo que buscar para su empresa de construcción y para la fábrica de mosaicos, a jóvenes a los que les enseñó a trabajar.
En su juventud, las chicas de Cesanelli compartieron con los hijos del italiano Marzano que vivían en la manzana más cercana a Los Pisaderos y que tenían una panadería. En ésa época hacían furor los bailes y las kermesses en la Sociedad Italiana, de la que don Luis fue uno de sus dirigentes.

También anduvieron coqueteando con los hijos del italiano Ciaffoni, quien vivió con su familia en 1930 durante dos o tres años, enfrente, cruzando la calle, donde años después funcionó la Barraca de Eladio Rodríguez.

La primera que se casó fue Trinidad, que lo hizo con un empleado del tano, era de Loventuel, trabajaba con sus padres en la chacra, jugaba al fútbol, le gustaba mucho el baile y se llamaba Marcial Roldán.
La segunda que se casó fue Selva, que lo hizo con otro de sus empleados. Un joven que había llegado a la zona desde General Pico, se llamaba Luis Anselmo Spadini. Recordado como jugador de fútbol y además luego como árbitro.

Las diversiones al aire libre en Victorica, sobre todo cuando llegaban visitas de otros lugares, eran visitar los médanos, que ya no existen más, porque en ese lugar ahora hay un barrio de viviendas y el otro lugar para visitar y fotografiarse para los recuerdos era la laguna de Los Pisaderos, convertido en la actualidad en lugar Histórico Provincial..
Don Luis construyó su vivienda familiar en la esquina de la manzana que era de propiedad de doña Juana Paz. Sobre el costado de la calle Coronel Ernesto Rodríguez situó su vivienda y sobre el costado de la calle Jaime Sidebottom construyó el galpón de chapa donde hizo funcionar su fábrica de mosaicos "La Pampeana", a partir del año 1922.

Allí se crió Rosa y sus hermanas, jugando entre las pilas de arena de río, los médanos que estaban a dos cuadras y Los Pisaderos que también están situados a la misma distancia y que por esos años era un escenario más bello porque tenía su vegetación original. Ella como sus hermanas fueron a la escuela Nº 8 de niñas y entre sus maestras siempre recordaban a doña Matilde Alsina Parodie que se casó después con Eguía.
Rosa se hizo de novio y de esa relación nació un hijo varón, a quien bautizó como Carlos Alberto Cesanelli. Aquí la vemos sosteniendo a su hijo, que no pudo contar con el padre a su alrededor. La madrina fue Trinidad, quien a pesar de haberse casado el año 1941 recién tendría su primer hijo el año 1944. Por eso todo su afecto y amor estuvieron volcados esos tres años para su ahijado, que vivía con su madre en la casa de la familia de sus abuelos.

Ese sillón de mimbre era el preferido de abuela Jacinta. En él me tomaron mi primera foto probablemente también el día del bautismo, pero en vez de ser debajo del parral, está tomada al costado de una "siempreverde". En la antigua casona de la familia Cesanelli-Paz todavía está este sillón que quedó vacío cuando abuela Jacinta falleció el 19 de agosto del año 1961.

En esta fotografía se observa a tía Rosa en tercer lugar con su uniforme de enfermera. Ella ingresó a trabajar al Hospital de Victorica cuando el Director de entonces el Doctor Adolfo López Seoane seleccionó personal para designar en ese cargo.

En ese momento el Dr. López Seoane era Comisionado Municipal y además Director del Hospital Luisa Pedemonte de Pistarini que se había inaugurado el año 1949. El dictó el curso de capacitación que debieron aprobar las postulantes a dichos cargos.

En la fotografía se observa en primer lugar a Dora Silva, casada con Humberto Rivas, le sigue Leandra Navarro, casada con Jorge Bargiano, luego de Rosa, me parece que es Genobeba Morán, la que sigue es Elisa Phomphile y al final hay dos personas que ingresaron para la administración: Dora Muñóz y Lita Aramburu de Plaza.

En esta otra fotografía que está tomada en la escalinata de la puerta de entrada al edificio del Hospital tía Rosa está sentada a la izquierda (estrella en el pecho), en primer plano Dora Silva, no he podido identificar con seguridad a la persona que está detrás entre ambas, le sigue Marta Capello (administrativa), después Estela Moisés, casada con Lamónica (enfermera), la que está detrás suyo con pañuelo en la cabeza Dora Muñóz, casada con Alberto Rodríguez. La que está parada es Genobeba Morán, casada con Lázaro Pérez.

La que está en primer plano a la derecha es Elisa Phomphile, tengo dudas con las dos que siguen, pero por la cofia en su cabeza obviamente que eran enfermeras. Una podría ser Leandra Navarro.

En la foto de arriba se observa el camión marca Rugby del abuelo Luis Cesanelli, parado delante de la casa, al costado del galpón de chapa. De izquierda a derecha están ubicados nuestra tía María Luisa, "Yiya" para los amigos y conocidos, a su lado nuestra prima "Negra" Spadini, "Coco" Cesanelli de tiradores al otro lado la otra prima Teresa Spadini, el niño de blanco creo que soy yo, luego sigue tía Rosa y tampoco puedo identificar con seguridad a la última persona.

Tía Rosa, varios años después fue madre nuevamente. De su matrimonio con "Nano" Gracia nació su hija Silvia Graciela Gracia, con quien ha estado acompañada todos estos años, después que se jubilara de su trabajo en el Hospital. Su hija es maestra.
Esta es la única foto que tengo de las cuatro hermanas Cesanelli. De izquierda a derecha María Luisa, a su lado tía Selva, le sigue Adan Enrique Weis esposo de nuestra hermana Mirta Roldán. Sigue Tía Rosa, a su lado su hija Graciela Gracia y la última en primer plano a la derecha nuestra madre Trinidad.

Esta toma está registrada por mi en el salón de la Sociedad Italiana de Victorica el mes de enero del año 1984/5 en el festejo de nuestro padre Marcial Roldán.
Rosa sufrió profundamente la muerte de su querido hijo Carlos Alberto Cesanelli, quien se había casado con Dora Zapata y de cuyo matrimonio nacieron dos hijos: Verónica y Fabricio, quienes le han dado varios nietos.
En esta otra fotografía, tomada en Santa Rosa el año 1989, en ocasión del cumpleaños de nuestra madre al arribar a sus 75 años se observan sentados, desde la izquierda: tía Rosa, su hermana Selva, nuestra madre Trinidad y a su lado su esposo y nuestro padre Marcial Roldán.

Detrás estamos cinco de los seis hijos de Trinidad y su nieta Silvia Weiss representando a su madre Mirta que no pudo asistir.

Esta fotografía la tomé en la casa de familia de tía Rosa, hace cinco años. La fuimos a visitar con mi hermano Rodolfo Oscar, conocido artísticamente como "Conejo". Almorzamos con ella y su hija Graciela nuestra prima. !Feliz cumpleaños, querida tía Rosa, espero verte dentro de unos días! (Luis E. Roldán-Cesanelli)

Artículo provisorio sujeto a correcciones, ampliaciones y agregados.

lunes, 19 de enero de 2015

MAMÁ TRINIDAD

Un 19 de enero del año 1914 nació en el pueblo de Victorica, del entonces Territorio Nacional de La Pampa Central, en Argentina, la primera hija del matrimonio constituído por Jacinta Paz y el italiano Luiggi Cesanelli. La bautizaron con el nombre de Trinidad, que no es el nombre de su madre, ni tampoco de su abuela materna, por lo que supongo que pudo haber influído el almanaque gregoriano, o la tradición de la Iglesia Católica, dado que la Trinidad es en esta religión el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Habrá influído en esa decisión la madre, el padre o la abuela materna? No lo sabemos a ciencia cierta, pero podemos elucubrar. En primer lugar el vínculo matrimonial ante la Iglesia Católica, ni siquiera ante el Registro Civil estaba regularizado al momento en que nació la niña, que fue reconocida algunos años después.

La madre era la única hija mujer de su abuela, por lo que es dable suponer que debió tener mucha influencia en la parturienta primeriza, que se había embarazado con un italiano que todavía hablaba con alguna dificultad el idioma castallano.
En la fotografía de arriba, la única que se conserva, se puede ver a Jacinta Paz de Cesanelli con su hija mayor Trinidad, a su derecha y la más pequeña María Luisa del otro lado. Trinidad probablemente tendría alrededor de 13/4 años, siendo esta la única foto familiar a esa edad que poseemos. La misma fue tomada en el patio de la casa, en la esquina de las calles Sidebottom y Rodríguez en Victorica.

No tengo la fecha precisa del momento en que se tomó la fotografía, pero puedo estimar que fue alrededor de 1927/8, probablemente por un fotógrafo profesional, dado la pose en que aparecen.
En la toma de arriba se observa a doña Jacinta muy joven, cuando probablemente todavía era soltera. ¿Cómo se relacionó Jacinta con el italiano Luiggi Cesanelli? Tampoco tenemos memorias escritas, ni siquiera relatos verbales sobre esta cuestión, por lo que puedo recurrir a algunos datos sueltos y tratar de atar cabos.

El primer salón que abrió sus puertas a la diversión en Victorica a principios del siglo XX, fue el que construyera la comisión de la Sociedad Italiana. Los grandes impulsores de la idea fueron los comerciantes italianos de apellido Lemme que llegaron como proveedores del Ejército cuando se fundó el pueblo.

Por lo tanto todo italiano que llegaba a Victorica, a partir de la llegada del ferrocarril el año 1908, concurría a tomar contacto con esta sociedad de socorros mutuos, para que le facilitasen información sobre distintos aspectos. Seguramente así lo hizo el tano Cesanelli, que desde su llegada se dedicó a la construcción.

En la Sociedad Italiana se organizaban fiestas que incluían bailes y las tradicionales kermesses. Además se comenzó a dar cine mudo y también a organizar obras de teatro y otros cuadros que se presentaban apoyados por la Banda de Música de la localidad. Es altamente probable que en una de esas noches las miradas de Jacinta se cruzaron con las del italiano rubio de ojos verdes.
A la derecha de este collage se observa a doña Juana Paz, la madre de Jacinta y por lo tanto la abuela materna de Trinidad. Doña Juana fue una de las tantas mujeres que llegaron a Victorica cuando hizo su ingreso a la zona la columna colonizadora de los regimientos del Ejército Nacional que provenían de las provincias de San Luis y Córdoba.

Doña Juana, muy allegada al Fortín Resina y su gente con la que había llegado, fue además la madre de un hijo de un hermano del Coronel Racedo.

Doña Juana falleció en la década de 1930 y su hija Jacinta a principios de la década de 1960. Ambas descansan en el cementerio de Victorica.

Del matrimonio entre Jacinta Paz con el italiano Luis Cesanelli, quien había llegado a la Argentina el año 1908 y posteriormente ingresó al Territorio de La Pampa, con la empresa constructora que levantaba las estaciones, las casas de los empleados y los galpones de la línea del Ferrocarril del Oeste, nacieron cuatro hijas.

La primera fue Trinidad, le siguió Selva, luego llegó Rosa y finalmente la menor María Luisa. Todas fueron a la escuela de niñas Nro. 8 del pueblo de Victorica. Trinidad siempre recordaba a una de sus maestras, la señora de Eguía.
Después de egresar de la escuela primaria, el padre de Trinidad, que necesitaba que su hija mayor continuara aprendiendo para que posteriormente le pudiese ayudar en su escritorio de la empresa que había puesto en marcha, la llevó a Mercedes (Provincia de Buenos Aires) donde la dejó pupila, cuando probablemente tendría alrededor de trece años.

Lamentablemente Trinidad a los pocos meses estubo de regreso al seno familiar, dado que no se adaptaba y extrañaba mucho a su familia, principalmente a sus hermanas. A partir de ese momento se dedicó a aprender lo que el mandato familiar tenía asignado para las mujeres, en primer lugar oficios que tuviesen relación con las necesidades del hogar paterno o el que en el futuro pudiesen formar.

Fue por eso que Trinidad fue a las academias particulares de Corte y Confección y también a la de piano de la señora de don Germán Castillo. Su hermana Selva fue empleda en la sastrería del italiano Garzanitti. En tanto que su hermana Rosa ingresó en la década de 1950 al Hospital Luisa Pedemonte de Pistarini, lugar donde se jubiló, es la única de las hermanas que aún vive con su hija Graciela Gracia en Victorica.
Al poco tiempo Trinidad se hizo de novio con uno de los empleados de su padre en la empresa constructora. Se trataba del joven Marcial Roldán, oriundo de una familia chacarera de Loventuel formada por doña Elina García y don Cirilo Roldán.

En la foto de arriba se aprecia a doña Elina García ya viuda de Roldán y de riguroso luto, acompañada de su hija Felipa y los novios Marcial y Trinidad. El camión que se observa era el Rugby, propiedad de don Luis Cesanelli.

Trinidad y Marcial se casaron el 27 de septiembre del año 1941. De su matrimonio nacieron seis hijos, cuatro varones y dos mujeres. Luis Ernesto, Irma Angélica, Rodolfo Oscar, Mirta Zulema, Juan Carlos y el más pequeño Raúl Alberto.

Trinidad siempre se dedicó a atender las tareas del hogar y la crianza de sus hijos, a todos los que ayudó con ese cariño especial que ponen las madres, después hizo lo mismo con sus nietos cuando ya estaba viviendo en Santa Rosa (La Pampa) donde falleció a comienzos de la década del 2000.

Una de las anécdotas que siempre me solía contar mi madre es que sus amistades le solían preguntar, después de un año de casada, si tenía algún problema para tener hijos. Esa pregunta se repetía cada vez más a menudo a lo largo de cinco años hasta que se supo que en la segunda mitad del año 1943 estaba embarazada, habían pasado más de cuatro años. Después ella se reía al recordar esas preguntas insidiosas, porque al final alumbró a media docena de hijos y siempre mediante parto natural.

sábado, 18 de enero de 2014

DOÑA TRINIDAD

Cuando nació en Victorica, el primer pueblo cristiano fundado en el Territorio Nacional de La Pampa Central, su madre Jacinta, eligió para el bautismo el nombre de Trinidad, muy probablemente seleccionado del santoral, como se estilaba entre las familias creyentes.


Su abuela materna fue doña Juana Paz, una criolla que llegó junto con la columna colonizadora de los regimientos del Ejército que el año 1882 fundaron el pueblo. Dichas columnas provenían de los regimientos con asiento en Villa Mercedes (San Luis) y de Fuerte Sarmiento en los alrededores de Río Cuarto provincia de Córdoba.

Los soldados por su parte y sus familias, como asimismo los proveedores del Ejército provenían a su vez de distintas localidades y de otras provincias. Doña Juana era muy devota de don Pancho Sierra, aquel curandero que abandonó sus estudios universitarios de medicina y se instaló en la estancia "San Francisco" en la localidad de Rancagua, Partido de Pergamino, provincia de Buenos Aires. Después de allí se fue a Rojas y se instaló en la estancia "El Porvenir".

En la manzana fiscal que se le asignó por la Dirección Nacional de Tierras Fiscales a doña Juana, muy cerquita de "Los Pisaderos", donde los soldados hicieron los adobes para los cuarteles y las primeras viviendas, se construyó la casa que sería el hogar de la familia paterna donde nació Trinidad y sus tres hermanas. 

Enfrente a esa manzana estaba la que perteneció a la familia del italiano Nicolás Marzano, cuya instalación del horno de panadería lo realizó Cesanelli, junto con Leyton, Condotta y la cuadrilla que integraron esos años la empresa constructora.

Jacinta Paz se casó con el italiano Luiggi Cesanelli, quien llegó a la Argentina el año 1908 y que apareció por Victorica, en la cuadrilla que construía para la empresa del Ferrocarril del Oeste, las estaciones, los galpones y las viviendas para sus empleados. 

Trabajé junto con él durante más de tres años en la cantina del Club Social de Victorica, desde 1959 hasta 1962. Fue mi tutor en los últimos años de la escuela secundaria. Cuando era niño mamá Trinidad y Tía Yiya, me recomendaban que pasara por la Confitería al lado del cine Armonía, para los domingos de la matinée donde el me daba los cincuenta centavos para la entrada y caramelos.

Después cuando aprendí a escribir a máquina al tacto le solía pasar algunos presupuestos para presentarlos a los clientes. La casa que fue su hogar durante tantos años hoy está en franco proceso de deterioro. Y Victorica aún no tiene una calle o un barrio de viviendas que lleve su nombre.


Trinidad terminó su escuela primaria y su padre la llevó a Mercedes, provincia de Buenos Aires, para estudiar el nivel secundario, pero al poco tiempo, estuvo de regreso en su casa, porque extrañaba a su familia, sus hermanas y sus amigas. 

Después de Trinidad, el hogar de los Cesanelli-Paz se aumentó con la llegada de Selva, Rosa y la más pequeña y última hija María Luisa. El tano Cesanelli no fue bendecido con hijos varones, pero dos de sus yernos trabajaron con él algún tiempo. El primero fue Marcial Roldán y el segundo Luis Anselmo Spadini. Marcial se casó con Trinidad y Spadini, lo hizo con Selva.


Cesanelli, luego de haber creado una empresa de construcción, se había convertido además en uno de los miembros dirigentes de la Sociedad Italiana de Victorica y también puesto en funcionamiento una fábrica de mosaicos para atender la demanda de los clientes.

La joven Trinidad había estudiado algunos meses el piano a principios de la década del treinta. Don Luiggi tenía en su hogar una antigua mandolina que lo había acompañado en la nostalgia de sus pagos paternos en sus primeros años en La Pampa.

Trinidad conoce en los bailes de las romerías de la Sociedad Italiana a un joven oriundo de las chacras de Loventuel, hijo de doña Elina García y don Cirilo Roldán. Este joven integraba además por aquellos años el equipo de "Unidos de Loventuel", que supo ser uno de los rivales de la zona del equipo del club "Cochicó".


Marcial Roldán, después que murió su padre se casó con Trinidad a fines de la década de 1930, para ésa época integraba la cuadrilla de la empresa de construcción de Cesanelli. Había aprendido a manejar el camión y la Ford "T" de su patrón y con ella iban a visitar a doña Elina que todavía vivía en su chacra, a pesar de tener ya edad avanzada.

Los esposos Roldán-Cesanelli vivieron en una casa sencilla en la misma manzana que la familia Cesanelli-Paz, sobre la calle de acceso a "Los Pisaderos", muy cerca de la panadería de la familia Marzano.

Después de cinco años de casados, la familia Roldán-Cesanelli recibió el primer hijo varón, al que bautizaron como Luis Ernesto, el primer nombre como homenaje a su abuelo materno y el segundo probablemente por el santoral. Mamá Trinidad siempre recordaba que sus amistades le preguntaban si tenían algún problema para tener hijos, dado que transcurrían los años y estos no llegaban.

Después el hogar recibió la bendición de otros cinco hijos. Irma Angélica, Oscar Rodolfo, Juan Carlos, Mirta Zulema y Raúl Alberto, que llegaron a este mundo en esa casa que aún existe, con la colaboración de la partera criolla doña Procesa Medina, que vivía a una cuadra y media de ese lugar.

Todos los hijos se educaron en la escuela primaria Nº 7 de Victorica. Trinidad convertida en una experta ama de casa y Marcial, que después de probar varios oficios, ingresó como uno de los empleados de la recientemente creada Escuela de Agricultura y Ganadería de la Nación, el año 1952, bajo la organización del Ingeniero Juan Carlos Lassalle.

Marcial además del fútbol en su juventud, practicó el deporte de las bochas, la pelota a paleta, el billar y por supuesto los juegos de mesa. El año 1962 Oscar Rodolfo integrando el equipo de Baby Fútbol de "Correos y Telecomunicaciones", dirigido por Rogelio Sosa y entrenados por nuestro amigo Jorge Viglino, resultaron campeones, dando una enorme alegría a sus padres.

Los esposos fueron asiduos concurrentes a distintas casas de familias amigas, una de ellas la quinta de la familia Riela, otra la casa de don Vicente Muñoz, también a la de la familia Ochoa y asimismo a la de Geroma Nuñez de Pérez peluquera de damas. En casi todos esos hogares el programa era jugar a la lotería de cartones donde participaban también las mujeres, lo mismo que el chinchón o la escoba y la perinola. En cambio el truco estaba reservado para los hombres. Y en los últimos tiempos cuando los hijos ya estaban crecidos a la casa de Fortunato y Ñata Romeo.

Si la invitación había sido previendo la cena o el almuerzo después de la misma continuaba la sesión de entretenimientos. Estos eran variados según la época del año en algunas casas había alguien que pulsaba instrumentos musicales como en la de los Riela y la de los Ochoa.


Después de terminado el secundario en Victorica, el hijo mayor ingresó a la Facultad de Ciencias Económicas en Santa Rosa. Ese fue el motivo que toda la familia, unos meses después de comenzado el año 1963 deciden trasladarse a la capital de La Pampa.

Esto significó un cambio fundamental para toda la familia numerosa, que se instalan en una casa alquilada de la calle 19 (actualmente designada como Santiago del Estero), muy cerca de la Estación del Ferrocarril.


Era costumbre de la familia para los carnavales, fiestas de fin de año o cumpleaños u otros aniversarios las reuniones familiares. Las más recordadas fueron las que se llevaban a cabo en la chacra de Loventuel o en la casa de Victorica de abuela Elina. En esas ocasiones quien amenizaba el baile familiar era don Modestino Pérez que ejecutaba el bandoneón.

En la foto de arriba están las cuatro hermanas Cesanelli a la izquierda y las cuatro hermanas Roldán a la derecha. Detrás están Marcial y su hermano Cristóbal. El otro hombre era Emilio Rodríguez, el esposo de tía "Tuca". La ocasión fue el cumpleaños de Marcial que en enero de 1984 cumplió sus 70 años y lo festejamos en el local de la Sociedad Italiana en Victorica.

Cuando abuela Trinidad cumplió sus 75 años, el festejo fue realizado en Santa Rosa. Estuvo rodeada de sus hijos, nietos, yernos y nueras. Acompañada por sus dos hermanas Selva y Rosa, algunas sobrinas y amigos.

Mamá Trinidad fue el principal sostén emocional de toda la familia con su infinita bondad. Después cuando llegaron sus nietos asumió su rol de abuela ayudando a sus hijas, que al contrario de ella que siempre se dedicó al trabajo del quehacer del hogar, ellas tuvieron que trabajar fuera del hogar.

Después que nos vinimos con nuestra familia desde Victorica a Santa Rosa definitivamente, durante algunos años tanto mamá Trinidad como papá Marcial, fueron nuestros invitados para las fiestas navideñas o de fin de año.



En esta foto tomada el día de mi cumpleaños en nuestra casa, nos acompañó mamá. Hacía pocos meses que había fallecido papá. Ella continuó viviendo en la casa de la Villa Alonso que habían comprado desde mediados de la década de 1960.

Nuestras hermanas se ocuparon de acompañarla en sus últimos años, cuando se deterioró su salud. Su capacidad de sufrimiento también fue digna de admirar, porque a pesar de su dolorosa enfermedad muy pocas veces la escuchamos quejarse. También María Elena, esposa de Oscar se preocupó por colaborar en otros aspectos




En esta foto mamá Trinidad está compartiendo una partida a la escoba con sus compañeras y compañeros de la casa donde pasó sus últimos años.

Hoy 19 de enero, es el día de su natalicio, producido hace 100 años atrás, por eso quise recordarla. Falleció en septiembre del año 2001 en Santa Rosa. Con esta síntesis evocamos su memoria y elevamos una plegaria a nuestro Señor, por el eterno descanso de su alma.

martes, 1 de octubre de 2013

BUSCANDO NUESTRAS RAICES

Nuestra abuela materna se llamaba Elina García, era hija de don Francisco García y había nacido en San Luis, sin poder precisar, hasta ahora, en que lugar de esa provincia.

De los hermanos varones de abuela Elina conocimos en Victorica a don Cruz García, de profesión ganadero. Otro de sus hermanos fue Pedro, casado con doña Carmen Muñóz. Y un tercer hermano de nombre Fructuoso, que estaba casado con doña Paula Ojeda, de la zona del sur de San Luis.

El matrimonio de Fructuoso García y Paula Ojeda  fue prolífico, como eran la mayoría de los matrimonios de la primera mitad del siglo XX. Entre sus hijos mencionamos a Serviliano García, Francisco García, Eulogio García, Esther García, Polo García, "Cato" García.

Pero cuando nació en 1940 su hija María Haydehé, lo fueron a buscar a don Fructuoso al sur de San Luis, donde estaba trabajando y no lo encontraron, así que la inscribieron en el Registro Civil con el apellido de su madre.

También lleva el apellido Ojeda su hermano menor de sobrenombre "Coco", que supo trabajar en la panadería de Humberto Rivas en Victorica. El otro hermano de María Haydehé, es Anacleto Buenaventura Fructuoso García, uno de los personajes pintorescos de Victorica, amigo de "Bebe" Castillo y con quien solíamos jugar de niños tanto en la chacra, como en el solar de la casa de doña Elina.

A "Negra" como le decimos a María, la criaron sus tíos Pedro García y doña Carmen Muñóz, en cambio a "Negro" como le decimos a Anacleto, lo crió nuestra abuela Elina, su tía, en la chacra que tenía en Loventuel y después la acompañó unos años en Victorica, hasta que cumplió la edad para ir al servicio militar.

Días pasados fui a visitar a "Negra" quien vive desde hace muchos años en Santa Rosa (La Pampa). Nos recibió amablemente en su hogar, me estaba esperando con tortas fritas que terminó de freir mientras conversábamos y luego degustamos unos mates.

La charla fue amena y ella nos dio pistas sobre algunas relaciones de parentesco, contó varias anécdotas y recuerdos de familia. "Negra" es prima de nuestro padre Marcial Roldán y sobrina de nuestra abuela Elina.
En Victorica trabajó durante muchos años en la casa de la familia de don Francisco Torino, cuya vivienda estaba en la misma manzana que la vivienda de nuestra abuela Elina, sobre la calle General San Martín, hoy Nº 15. Ella recuerda que cuando nació "Pinito" el menor de los Torino, hijo de doña Isabel, la que nos curaba el empacho con el centímetro, ella trabajaba allí.

Recuerda que cuando estaba trabajando en el hogar de la familia Torino solía visitar a su tía Elina que ya estaba instalada en su vivienda después que vendió la chacra de Loventuel. En cierta ocasión  le expresó "que lindos cuadros que tenés tía", y ella le habría dicho "esos los hizo tu prima Elina". Se trataban de pinturas al oleo que había realizado su hija que llevaba su mismo nombre y que en Buenos Aires se había casado con José Bianchi. Recuerdo haberlos visto llorar juntos a José y doña Elina, en alguna visita de vacaciones, por la muerte prematura de la siempre bien recordada Elina.

También recuerda Negra Ojeda, que nuestra abuela tratando de limpiar el cielorraso se subió a una escalera, cuando ya frisaba más de setenta abriles, de donde se cayó y se quebró la columna. El pronóstico habría sido muy reservado y decidió al médico a derivarla a Buenos Aires, de donde se creía que no volvería.

Pero doña Elina volvió con un yeso que la inmovilizó por varios meses en cama, pero que le permitió sobrevivir varios años más. Recuerdo que un día voy a visitar a nuestra abuela, era verano de la década de 1950, hacía un día de pleno sol, mucho calor a eso de las cuatro de la tarde. Me sorprendí cuando llegué a la puerta de la habitación, que daba al patio, estaba abierta y allí vi a nuestra abuela semi sentada en su cama con almohadas y almohadones sobre su espalda para apoyar su cabeza. Esa imagen no se me borró más y hasta el día de hoy es como si la estuviera viendo.

Sobre la cama Anacleto estaba intentando cortar el yeso, obviamente con la orden de su madrina, que lo acicateaba y lo retaba porque no hacía como ella pretendía. Arriba de un banco y sobre la cama observé una tijera de esquilar, una tijera de podar, mientras "Negro" maniobraba con un serrucho de podador accionando para cortar esa cuasi armadura, que después de varios meses para doña Elina se había vuelto insoportable, y decidió quitárselo sin permiso del médico y con el auxilio de su sobrino.

Alrededor de los dieciocho años Negra Ojeda se decidió y se largó para Santa Rosa. Se vino sin permiso de sus padres, la recibieron unos parientes. Los Sepúlveda que vivían por los alrededores del Barrio Fitte. Al poco tiempo se puso de novio y el Juez de Menores tuvo que dar la autorización para el casorio. Su marido fue Celestino Galdame, de los Galdame de la zona de Victorica, que trabajaba aquí en Vialidad Nacional.

De ese matrimonio nacieron cuatro hijos Jorge Eduardo, Omar Abel, Carlos Alberto y Martín Isidoro el más pequeño, cuya madrina es nuestra hermana Irma Angélica. Negra recordó que en Santa Rosa trabajó con la familia del Ingeniero Keizalof. Sus hijos todos tienen camión y se dedican al transporte.

Hace pocas semanas atrás fue a visitar a su hermana Esther casada en primeras nupcias con Melo que trabajaba en Victorica en Vialidad Nacional. Después que enviudó se casó con López, un chileno que apareció por Victorica en la década de 1960 con la empresa de los Hermanos Stutto.

Fui a Victorica el día de la nevada, pero no lo encontré al Anacleto. Será entonces en otra ocasión en que seguiré la pesquisa.

miércoles, 12 de junio de 2013

Don Germán y Doña Luisa

En la esquina de la manzana, enfrente de la casa de los abuelos Cesanelli-Paz, de la Barraca de Eladio Rodríguez y de la lavandera doña Jacinta Sosa ("Viuda del desgraciado de Nuñez" como ella misma solía decir), estaba y aún está, la vivienda de la familia de Germán Funes y Luisa Cisneros. Éramos vecinos, del Barrio "Los Pisaderos" de Victorica, porque desde su casa hasta la nuestra, quedaba menos de una cuadra, dado que nosotros cruzábamos  por un caminito y salíamos por el alambrado justo frente a los tamariscos de los Funes.

A Germán lo conocí desde niño, cuando iba a la escuela primaria Nº 7, donde él desempeñaba el puesto de portero y a Luisa la conocía porque cada vez que pasaba por la vereda de su casa rumbo a la escuela o hacer los mandados, la solía ver trabajando en el patio o dentro de la vivienda.

A media cuadra de allí, sobre la misma vereda, vivían nuestros tíos Luis Anselmo Spadini, casado con Selva Cesanelli padres de nuestras primas Teresa y "Negra".
Comencé a visitarlos cuando aún estaba cursando la escuela primaria. Era un ambiente familiar formado por Germán y Luisa y creo que por aquellos años (mediados de la década de 1950) ya integraban la familia "Cacho" y "Chita", los dos hijos mayores.

Luisa tenía un hermano apodado "Lalo", que era un personaje muy conocido y popular en el pueblo y dos hermanas menores, María y Juana que vivían junto con su madre, doña Catalina, una abuela muy saludadora y atenta, a dos cuadras, en la manzana frente a lo de la familia de Vicente Serraino.

Con "Lalo" comenzamos a mantener conversaciones sobre todo del campo político o deportivo y entablar una amistad. Recuerdo que cuando llegó la "revolución libertadora" que derrocó al gobierno del presidente Juan Domingo Perón y comenzó el mandato de Rojas y Aramburu, Germán para hacerlo renegar, le decía  "que hacés Rojas" a Lalo y el se ponía colorado de la ira que le entraba, por esa comparación.

En una habitación contigua, alquilaba  "Trujillo" sobrenombre de Torres. Trabajaba de pintor, a veces de mozo, le gustaban los juegos de azahar, las carreras de caballo y noviaba con la María Flores, cocinera del Hotel Figueroa.

Los fines de semana o los feriados, en la casa de Luisa y Germán se jugaba a la lotería familiar de cartones. Algo muy común en aquella época. Recuerdo que cuando era más chico acompañaba a mis padres que iban a jugar a la casa de la familia de don Ramón y María Ochoa, cerca del cementerio. También íbamos a la casa de don Vicente Muñóz y su esposa Emma, asimismo en la casa de doña Geromita y Tomás Pérez, la peluquera de las vecinas del barrio, que tenía su casa a una cuadra y media de la nuestra, enfrente del taller de don Roberto Pagella. También a lo de Fortunato Romeo y su esposa Ñata, quienes alquilaban en casa de nuestra abuela paterna Elina García de Roldán, cuyo terreno era contiguo al solar de los Funes.

De modo que los sábados por la tarde ya se sentía el olor a torta frita que Luisa solía hacer para tomar con mate. Un poco más tarde llegaba doña Elcira Ortíz de Urquiza, la esposa de don Justo, -padre de Haydee, Alicia, Humberto, Carlos y Hugo-, quien trabajaba en Obras Sanitarias de la Nación.

Para eso de las siete, luego que terminaban los partidos de fútbol o la transmisión del TC (Turismo de Carretera) se armaba la mesa que estaba en la cocina, a la que nos arrimábamos, unos en sillas otros en banco de madera. Podía ser lotería o el chinchón, el otro juego que nos entusiasmaba, la escoba y a veces también aparecía la generala.

Para hacerlo más atractivo se depositaba algún pesito o algunas monedas. Recuerdo que Luisa tenía mucha suerte, en cambio Lalo cuando no ligaba nada se enojaba enseguida y como a veces andaba corto de plata, no podía tomar desquite y Luisa era exigente en no fiarle el reenganche si no tenía dinero.
Además del chinchón en esa casa fue que aprendí a jugar al truco. La mesa solía armarse con Germán, don Justo, el "Mudo" Carballo y con "Lalo". Yo solo observaba porque al principio no entendía nada, hasta que después de hacer de "pato"  mirón y luego de algunas indicaciones, lo comprendí.

Pero también leía los diarios y revistas que compraban al diariero que repartía a domicilio Rafael Piccolomini. Algo que también hacía en la casa de mis primas y en la del abuelo Luis donde vivía mi primo Coco Cesanelli que era varios años  mayor.

Otras veces eran actividades de libre iniciativa de alguno de las visitas o de los dueños de casa. Por ejemplo, siempre recuerdo que un día Carballo, que vivía en la casa de la esquina frente al Hotel que atendía la familia de don Marcos Figueroa y cruzando la calle de lo de Calandri, trajo sus zapatos negros de vestir y nos enseñó como se hacía para lustrarlos y dejarlos "al charol".

Si no me confundo el procedimiento consistía en: cepillar previamente los zapatos para sacarle todo el polvo que pudiesen tener. Después calentar un poco la lata de betún a la que le agregaba un poquito de alcohol. Seguidamente colocaba la pasta de betún con un cepillo en todo el cuero y la suela de cada zapato. Esperaba un rato a que estuviese seca para recién después tomar otro cepillo de cerda blanda para lustrar.
Luego tomaba la cera y le pasaba a cada zapato. Seguidamente para obtener un final de buen acabado utilizaba una franela amarilla o trapo de lana y se calzaba los zapatos; ponía alternativamente cada pie en un cajoncito y le pasaba fuerte y ligero la franela hasta obtener un brillo extraordinario, que realmente parecía que eran zapatos de charol. Un Día German, Carballo y yo, que tenía un sólo par de zapatos, lustramos juntos para tener práctica.

En alguna otra oportunidad la cuestión era sobre como preparar ciertas bebidas, por ejemplo como hacer la sangría. O también como hacer ciertas comidas, por ejemplo peludo, picana de avestruz, torrejas con huevos de avestruz, polenta con paloma, etc. A veces eran solo conversaciones y anécdotas, pero en ciertas ocasiones nos invitaban a cenar y la cocina de Luisa se inundaba de aromas que habrían más el apetito, era un manjar tras otro. Como después continuaba la sesión de los juegos de azar, porque en ésa época no existía la televisión, solo la radio, de teléfono ni hablar, solía venir el momento del café con torta o pastelitos de dulce o un te de "chupe y pase".

Otro día practicamos hacer bufandas de lana utilizando aguja crochet y un bastidor de madera con clavos. Tejía Luisa para ella y Germán y los niños, creo que Carballo también apareció al otro día con su prenda empezada y yo me sumé también tímidamente con el que había construido en manualidades en la escuela.

Como cuando terminé la escuela primaria me hice vendedor ambulante, Luisa y Germán fueron de mis primeros clientes a quienes les vendí camisas. Por supuesto que también fueron mis clientes Lalo, Carballo y Trujillo.
Me alejé de las reuniones en lo de Germán y Luisa  a fines del año 1958 cuando mi abuelo Luis Cesanelli me fue a buscar para que le ayudara en la Cantina del Club Social que le habían concesionado, yo tenía catorce años. Como era un trabajo que me absorbía de mañana, tarde y noche, me fue imposible continuar participando de esas tertulias, pero en el Club aprendí otros juegos.

Por otra parte, para esa fecha creo que la familia de Luisa y Germán había crecido por lo menos en dos o tres integrantes más, por lo que las tareas propias del hogar se intensificaron y Germán comenzó a arreglar bicicletas en los ratos libres. Los Urquiza se vinieron para Santa Rosa y también mi familia en 1962. Después a fines de 1963 también me fui a Santa Rosa a iniciar mis estudios universitarios. Nos volvimos a reencontrar cuando después de siete años me instalé con mi oficina en enero del año 1970. Todos habíamos crecido, estábamos cambiados, y  con responsabilidades distintas, pero siempre conservamos esa hermosa amistad y trato cordial que nunca voy a olvidar.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Ebel Aldo Torino "Negro"

Ebel Aldo Torino, era el hijo mayor de la familia formada por don Francisco e Isabel Torino. Su hogar estaba situado en Victorica a pocos metros de la casa de nuestra abuela Elina, sobre la misma vereda, de la calle que en aquella época de la década de 1950 se llamaba General José de San Martín. Fueron sus hermanos Walter, Eddie y Dalberto.

Hizo su nivel primario en el Colegio Don Bosco de Victorica, de donde egresó como uno de los alumnos sobresalientes.
Sus ansias de continuar estudiando lo hicieron ingresar como uno de los primeros alumnos de la Escuela de Agricultura y Ganadería de la Nación cuando abrió sus puertas en abril de 1952.

De allí egresó el año 1954 con su título de Práctico Rural, siendo también uno de los mejores alumnos. Se distinguía por su contracción al estudio, pero también fue un gran deportista. Sus amigos lo recuerdan como uno de los jóvenes más veloces en los 100 metros.

Lo recuerdo cuando volvió del servicio militar en su primer franco. Yo estaba sentado en el paredón de la escuela Nº 7 debajo de la sombra de los eucaliptus, frente al negorio de los Berazategui. El venía de la Iglesia con rumbo a su casa paterna, impecable con su uniforme de la Aeronáutica, conversamos algunas cosas relacionadas con la vida en los cuarteles y nos despedimos.

El 22 de diciembre de 1959 abrió sus puertas en Victorica el Vivero Forestal de la Provincia de La Pampa. Ebel Torino fue designado su Jefe organizador, tarea que cumplió con total responsabilidad.

Después se casó con Nelly Prost, una jóven de Santa Rosa, de cuyo matrimonio nació Alejandra.

Sus conocimientos en materia forestal, su responsabilidad y la constante predisposición para continuar aprendiendo lo llevaron a que fuera convocado a trabajar en la Dirección Provincial de Bosques, en la que alcanzó el mayor grado del escalafón, llegando en algunos años incluso a estar a cargo de la misma. Allí se dedicó a escribir, a asesorar a productores agropecuarios y a desempeñar equipos de trabajo con los nuevos técnicos forestales. Don Lukas Poduje lo estimó como uno de sus grandes colaboradores.

A la edad de 75 años "Negro" Torino, como le decíamos los amigos y conocidos emprendió su viaje, casi sin aviso. Nos enteramos tarde de su deceso. Un amigo en común que había estado conversando con él hace pocos días, le había contado que se sentía bien. La última vez que lo ví fue hace más de un año cuando vino a realizar un trabajo de jardinería en la casa de nuestro vecino de enfrente. Después de su jubilación se dedicaba a eso que era lo que había aprendido a amar.

Además de su familia íntima y demás parientes, sus amigos y quienes lo trataron y conocieron lo recordaremos como una persona capaz, colaboradora con las Instituciones, en Victorica fue presidente del Club Cochicó, e integró varias comisiones, como la Asociación Cooperadora de la Escuela Agrotécnica, pero por sobre todas las cosas como una gran persona, humilde y de buen carácter.


viernes, 10 de febrero de 2012

VICTORICA Antiguas Residencias Familiares (1)

El próximo 12 de febrero del corriente 2012 se cumplirán 130 años de la fundación oficial, según las autoridades militares de entonces, del pueblo que se menciona como Victorica, aunque no sabemos desde cuando, dado que el nombre completo del militar en cuyo honor se bautizó, era General Benjamín Victorica. General Acha, conserva por lo menos el grado militar, General Pico también, General San Martín lo mismo.

Junto con la columna militar que llegó con la misión de asegurar la nueva frontera para evitar la reinstalación del indio, vinieron colonos y algunos comerciantes, proveedores del Ejército.
Lamentablemente de una de las familias que llegaron en ese momento procedentes de San Luis, no quedan vestigios en pie de sus residencias, salvo algunas que han sido totalmente modificadas. Me estoy refiriendo a la familia Lemme. Eran residencias importantes dado la condición social y económica que alcanzaron al cabo de corto tiempo de instalados.
"En 1887 la chacra número 40 fue adjudicada a Francisco (que llegó al pueblo en 1882 a poco de su fundación) y en 1889 se adjudicó la número 49 a Gialdino" (I) La cita se refiere a dos integrantes de la familia Lemme.

Frente actual de la casa de la familia del italiano Carmelo Lamónica, todavía hay descendientes residentes en Victorica, el ladrillo a la vista ha sido pintado sin revocar, salvo el zócalo

A falta de esos testimonios que conformaron el patrimonio arquitectónico del Victorica de los primeros años de fines del siglo XIX encontramos en nuestra última visita al pueblo, que es el primero fundado en el Territorio de Pampa Central, por las tropas del Ejército Nacional, edificios más modestos, pero que son los testigos que aún quedan de aquellos años.

En la primera foto se observa la casa de la familia Lamónica-Besone, que está situada a una cuadra de la plaza rumbo hacia "Los Pisaderos". Según el plano del agrimensor Ramón B. Castro registrado en Buenos Aires en abril del año 1908 en ése solar había edificada una propiedad a nombre de don Domingo Velez, ocupando la esquina y unos metros hacia ambos lados.
Por lo que deduzco que el italiano Lamónica compró parte del terreno del solar C de la Manzana 123 de la antigua denominación catastral y allí construyó su vivienda dado que era albañil.

La primera vivienda con celosía de madera y frente rebocado perteneció a Zoilo Constantino y la que sigue con ladrillo a la vista sin revocar era la de su padre Francisco y donde vivió su madre Leonarda hasta su muerte en la década de 1960

Esta otra vivienda que también está a una cuadra de la plaza, que aún tiene su fachada de ladrillo a la vista y a la que se le han modificado las aberturas, pertenecía a don Francisco Constantino, casado con Leonarda, padres de Bartolo y Zoilo. También en este caso se trata de la residencia de una familia de inmigrantes italianos. Tanto esta como la vivienda de los Lamónica están construídas con adobes y asentadas con barro. Probablemente ambas esten muy cerca de los cien años o más desde el momento de su construcción. Si miramos el plano de 1908 de Castro el lote de Constantino aún permanecía baldío al momento del relevo catastral. Pero hay que recordar que el Ferrocarril del Oeste llegó a Victorica en mayo del año 1908 y a partir de ese momento este medio de transporte facilitó la llegada de nuevos habitantes.

Por último en la foto de arriba se observa la casa de familia de don Lucas Viniegra en una esquina, situada en diagonal con el edificio del Almacén de Ramos Generales de su propiedad. Una casa amplia, con frente de ladrillo a la vista, en muy buen estado de conservación y en la que aún vive el último de los nietos de nombre Adolfo, compartieron con él sus últimos años Pedro Ricardo y su hermana, todos solteros.
A la casa se le han modificado las aberturas, dado que se nota que las originales eran más altas, pero la fachada está intacta. También esta vivienda está situada a una cuadra de la plaza, por lo que las tres se encuentran en el casco histórico del centro urbano desarrollado en los primeros años de Victorica.
(I) Bibliografía Consultada: Asquini, Norberto G. "Caudillos, municipios y comités" Fondo Editorial Pampeano, Santa Rosa (La Pampa) septiembre de 2001.

jueves, 9 de febrero de 2012

VENTURA PLAZA

Ha fallecido en Buenos Aires, nuestro estimado amigo don Ventura Plaza, hermano de Agapito Plaza. Estaba casado con Manuela Aramburu, de cuyo matrimonio nacieron tres hijas: María Cristina, Alicia y Jaqueline.

Ingresó a la sucursal del Banco de la Nación Argentina en Victorica, donde realizó toda su carrera hasta llegar al cargo de Tesorero, en el cual se jubiló hace varios años.

En la foto que adjuntamos se lo observa integrando, como arquero, el equipo del Club Independienete de Victorica en la década de 1950. A su lado desde la izquierda lo toma del hombro Carlos Barreix amigo y compañero de trabajo.


Ventura Plaza fue una persona de un carácter afable, reconocido por su honestidad y colaborador con las Instituciones locales, varias de las cuales integró. En la década de 1970 se sumó al grupo que creó el Club Banco de la Nación Argentina acompañando a su amigo Rene Priani y otros.

Después de acogerse a la jubilación lo solíamos ver generalmente por las tardes paseando o tomando mate en el taller del chapista Tombolini y recordando anécdotas.

Vaya en su memoria este recuerdo y nuestro saludo a su familia, al que sumamos el de toda la gran familia de amigas y amigos que supo cosechar en su Victorica natal.
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