Homenaje al Libertador
General José de San Martín
Tríptico de Grandeza
EL HÉROE
Altiva el ala que cobija el Ande,
en obstinada lucha por su cielo;
numen y estrella en el tremendo vuelo,
la redención de un mundo que se expande.
Sin medir sacrificios: los que mande
el hacer libertario, su desvelo;
cumbres y abismos saben del anhelo
de patrias libres más allá del Ande.
La libertad ubérrima es el fruto;
consagrada bandera, que eterniza
en América libre el atributo,
ofrecido por Dios, en el camino
que San Martín austero jerarquiza,
hasta cumplir oráculo y destino.
EL PADRE
¡Vuelve del sacrificio!... Su amor muerto
ha trizado la cuerda lacerada;
busca una luz…. Y encuentra de la amada
la única promesa de su huerto.
Callada soledad, su mundo yerto
do la jauría irrumpe despiadada;
la "infanta" Merceditas, su alborada,
en la noche glacial de su desierto.
Esa pena y la hija son estrellas
de sublimado amor, cuando expeditas,
brotan sus máximas más bellas.
Su plenitud estoica no lamenta;
colmado está su afán en Merceditas,
su obra perfecta. !Luz en la tormenta!
Oleo pintado por su hija Merceditas en la casa de Francia donde vivía con él
EL HOMBRE
De pie sobre la roca en bronce vivo,
anticipado al bronce de la historia;
ya no pesan la carne ni la gloria,
dejaron pasajeras, gesto altivo.
Esté sobre sí mismo, redivivo,
en la serena y limpia trayectoria,
enhiesta majestad ante la historia
que acoge el corazón que nos dio vivo.
!Silencio augusto…! La palabra, no halla
la que pueda medir el sufrimiento,
porque no hay dimensión para su talla.
Fue lo que debió ser: preclaro el nombre
cardinal, y en total renunciamiento,
la medida genial abarca al hombre.
Victorica, Noviembre de 1952
María F. Bustos Bazán de Ares
Fuente: “Oración y Canto” María F. Bustos Bazán de Ares, Victorica 1982.
Nota: Este poema fue leído por su autora, entonces directora de la Escuela Nacional Nº 7 el día 22 de Noviembre de 1952 en que se inaugura el Busto en homenaje a San Martín que se emplazó al frente de la escuela y donde se realizan anualmente los actos de recordación de la figura del “Gran Capitán de los Andes”, el “Padre de la Patria” y “El Libertador de América”.
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domingo, 15 de agosto de 2010
martes, 19 de agosto de 2008
RECUERDOS ESCOLARES
SAN MARTIN PUESTO EN DUDAS
La maestra de 5º grado era la señorita Alicia Rebollo, actualmente en Buenos Aires, allí la volví a encontrar el año 1999 cuando presentara en la Casa de La Pampa mi libro “Historias de Vida”.
Era jovencita hacia muy poco que estaba dando clases, tenía un modo muy suave de corregir, era toda una seda y se notaba que venía preparada para las clases. Era muy bonita, cabello rubio, ojos verdes, cutis rozagante y se vestía con colores que resaltaban aún más esos atributos naturales. Un compañero nuestro se enamoró perdidamente de ella, en los recreos se quedaba en la galería frente a los baños, mirando por la ventana, todos los movimientos de “Icha”.

Pero sucedió algo inesperado. Uno de los alumnos levantó la mano y pidió intervenir, a lo cual la maestra accedió amablemente. En la voz de Rosario Durbal Vallejos, un compañero de 15 años, tenía dos años más que la mayoría de nosotros, escuchamos un análisis, que para mi, provenía de otro lugar y no solamente de lecturas propias de “Molonga”, como le decíamos de sobrenombre.
Lo que Vallejos dijo era que, “en realidad había que analizar si verdaderamente San Martín fue tan patriota como se dice y si merece todo el bronce con que se lo honra.”
Sus dudas sobre esto estaban asentadas en que, “o San Martín traicionó a España, porque había sido soldado del Rey y había defendido al soberano español en contra de las pretensiones de Napoleón. O San Martín era un mercenario que había vendido su espada a los ingleses.
En esta línea de pensamiento Vallejos agregó que “no era casual que haya sido la nave inglesa George Canning que lo trajo de regreso al país y que antes de llegar al Río de la Plata, cuando salió de España, San Martín había pasado por Inglaterra”, donde supuestamente habría recibido órdenes.
Ese día, en que Vallejos se atrevió a decir, lo que ningún alumno hubiese dicho, no sólo por temor reverencial a la maestra, sino por temor también a contradecir los libros que usábamos, tanto los de lectura como los “Manuales” y también las enciclopedias.
La maestra cuando escuchó aquello, optó por no contradecir ni abrir un debate con el alumno, que la sorprendió igual que a nosotros, pero trató como pudo de relativizar esa línea de análisis y de acudir a lo que había preparado, en la que sobresalía la majestuosa obra de un militar que lucha incansablemente, tanto contra los españoles, como contra los grupos de intereses que desde dentro, no querían perder los privilegios que tenían en el comercio monopolista con España.

Hace pocos días he sabido que luego de egresar de la escuela primaria, se fue a trabajar a 25 de Mayo. Eran los años iniciales de las primeras obras a fines de la década del 50. Allí habría estado algún tiempo y después habría enfilado hacia una de las provincias del Sur patagónico.
Se que algunos compañeros preferían no escucharlo, porque el ponía en dudas, gran parte de lo que aprendíamos en la escuela y a la edad de trece años, no es fácil comprender que la historia pueda tener más de una versión. Hay que estar dispuestos a “escuchar todas las campanas”.
Hay que tratar de descubrir donde está la verdad, sin dogmatismos, para eso hay que tratar de comprender, que la historia tiene una trama del derecho y otra del revés. Pero siendo aún niños la mayoría no podíamos aún aceptar que la historia pudiese estar teñida por la política.
Lo que Durbal hizo ese día, y creo que él lo sabía y por eso no dejó pasar la oportunidad, fue ponernos en contacto con el bichito de la duda. Es decir él ya ejercitaba el juicio crítico y conocía la dialéctica hegeliana, algo desconocido para la mayoría de nosotros.
Hace un tiempo encontré en mi biblioteca un libro que me regalara un compañero de la escuela primaria, sobre filosofía. Recuerdo que me lo entregó un día que nos encontramos en una siesta, en un banco de la plaza, frente a la pirámide donde se guardan los restos de los “Héroes de Cochicó”.
Íbamos a 5º grado, cuando la primaria terminaba en 6º, porque tenía el primer grado desdoblado en dos años, un inferior y otro llamado superior.
Íbamos a 5º grado, cuando la primaria terminaba en 6º, porque tenía el primer grado desdoblado en dos años, un inferior y otro llamado superior.
La maestra de 5º grado era la señorita Alicia Rebollo, actualmente en Buenos Aires, allí la volví a encontrar el año 1999 cuando presentara en la Casa de La Pampa mi libro “Historias de Vida”.
Era jovencita hacia muy poco que estaba dando clases, tenía un modo muy suave de corregir, era toda una seda y se notaba que venía preparada para las clases. Era muy bonita, cabello rubio, ojos verdes, cutis rozagante y se vestía con colores que resaltaban aún más esos atributos naturales. Un compañero nuestro se enamoró perdidamente de ella, en los recreos se quedaba en la galería frente a los baños, mirando por la ventana, todos los movimientos de “Icha”.

Cierto día expuso sobre la personalidad del General San Martín, refiriéndose no sólo a su acción en el país sino también a su campaña como libertador de tres naciones.
La clase estaba desarrollándose normalmente y la mayoría cautivados por el relato de la maestra, que tenía un tono de voz muy adecuado, para no cansar y a la vez motivaba a continuar escuchando.
La clase estaba desarrollándose normalmente y la mayoría cautivados por el relato de la maestra, que tenía un tono de voz muy adecuado, para no cansar y a la vez motivaba a continuar escuchando.
Pero sucedió algo inesperado. Uno de los alumnos levantó la mano y pidió intervenir, a lo cual la maestra accedió amablemente. En la voz de Rosario Durbal Vallejos, un compañero de 15 años, tenía dos años más que la mayoría de nosotros, escuchamos un análisis, que para mi, provenía de otro lugar y no solamente de lecturas propias de “Molonga”, como le decíamos de sobrenombre.
Lo que Vallejos dijo era que, “en realidad había que analizar si verdaderamente San Martín fue tan patriota como se dice y si merece todo el bronce con que se lo honra.”
Sus dudas sobre esto estaban asentadas en que, “o San Martín traicionó a España, porque había sido soldado del Rey y había defendido al soberano español en contra de las pretensiones de Napoleón. O San Martín era un mercenario que había vendido su espada a los ingleses.
En esta línea de pensamiento Vallejos agregó que “no era casual que haya sido la nave inglesa George Canning que lo trajo de regreso al país y que antes de llegar al Río de la Plata, cuando salió de España, San Martín había pasado por Inglaterra”, donde supuestamente habría recibido órdenes.
En Victorica había una calle que lleva el nombre de San Martín, bautizada así desde la época en que Alfonso Capdeville era intendente. Pero en 1952 cuando se cumplió el centenario de la muerte del prócer, la directora de la escuela nacional Nº 7 doña María Mercedes Bustos Bazán de Ares, había logrado que, colecta mediante, se emplazara al frente del edificio escolar, un monolito con el busto del “Padre de la Patria”.
Ese día, en que Vallejos se atrevió a decir, lo que ningún alumno hubiese dicho, no sólo por temor reverencial a la maestra, sino por temor también a contradecir los libros que usábamos, tanto los de lectura como los “Manuales” y también las enciclopedias.
La maestra cuando escuchó aquello, optó por no contradecir ni abrir un debate con el alumno, que la sorprendió igual que a nosotros, pero trató como pudo de relativizar esa línea de análisis y de acudir a lo que había preparado, en la que sobresalía la majestuosa obra de un militar que lucha incansablemente, tanto contra los españoles, como contra los grupos de intereses que desde dentro, no querían perder los privilegios que tenían en el comercio monopolista con España.

El padre de Durbal Vallejos era el colchonero del pueblo, y se sabía que pertenecía a la corriente socialista que había en Victorica. Por el libro que me regaló “Molonga”, algunas conversaciones que tuvimos sobre ciertos temas no sólo históricos, sino también políticos y sobre todo por los autores que citaba, que para mi eran en ese tiempo desconocidos, me di cuenta que él tenía ya una postura ideológica a partir de haber leído no solo diarios y revistas como el “Billiken”, con la versión escolar de San Martín, sino libros, seguramente de la biblioteca de su padre, o de la Biblioteca del pueblo.
Hace pocos días he sabido que luego de egresar de la escuela primaria, se fue a trabajar a 25 de Mayo. Eran los años iniciales de las primeras obras a fines de la década del 50. Allí habría estado algún tiempo y después habría enfilado hacia una de las provincias del Sur patagónico.
Se que algunos compañeros preferían no escucharlo, porque el ponía en dudas, gran parte de lo que aprendíamos en la escuela y a la edad de trece años, no es fácil comprender que la historia pueda tener más de una versión. Hay que estar dispuestos a “escuchar todas las campanas”.
Hay que tratar de descubrir donde está la verdad, sin dogmatismos, para eso hay que tratar de comprender, que la historia tiene una trama del derecho y otra del revés. Pero siendo aún niños la mayoría no podíamos aún aceptar que la historia pudiese estar teñida por la política.
Lo que Durbal hizo ese día, y creo que él lo sabía y por eso no dejó pasar la oportunidad, fue ponernos en contacto con el bichito de la duda. Es decir él ya ejercitaba el juicio crítico y conocía la dialéctica hegeliana, algo desconocido para la mayoría de nosotros.
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