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domingo, 23 de agosto de 2009

ARABES EN EL NOROESTE PAMPEANO

LOS “TURCOS” EN LOS ALREDEDORES DE VICTORICA

Primera parte
Generalmente a los árabes se los llamaba y aún se mantiene este trato popular, como “turcos”. Producto de la dominación que padecieron en su país de origen, durante siglos y cuyos penosos recuerdos generaban interminables y acaloradas discusiones con quienes, por ignorancia, usaban ese vocablo aborrecido por los hijos de Mahoma.

Así encontramos los escasos registros, citas o recuerdos locales, regionales y aun provinciales, derivado también de que la mayoría de sus pasaportes estaban sellados en un puerto Turco, que les facilitó la salida. Más esto no es privativo de La Pampa, sino que forma parte de la historia demográfica de la Argentina toda y de una deficiencia en la genealogía, a la que con su propia actitud han contribuido también los inmigrantes de ese origen.
Se aprecia en el vale-billete las distintas empresas agropecuarias de propiedad de Ibrahim Saram con nombres de ascendencia árabe.

En los primeros documentos locales que existen, casi no figuran apellidos de esa ascendencia en los años inmediatamente posteriores a la ocupación de la zona por el Ejercito Nacional.
Aunque conviene dejar expresado que muchas veces no es fácil identificarlos porque la mayoría de ellos entraron indocumentados y el personal de Migraciones o los jueces de paz del interior les fueron dando apellidos castellanizados o en muchos casos les pusieron nombres como apellidos, dado que ni los que ingresaban se expresaban en español, ni los que recibían a los inmigrantes conocían el idioma árabe.

¿Los primeros?
Releyendo la Guía del francés Miguel de Fougéres de 1906 aparece como vendedor ambulante de esa nacionalidad don Julio Díaz, que como vemos su verdadera nacionalidad está enmascarado tras su apellido. No obstante como todavía la Colonia francesa que había impulsado Alfonso Capdeville en Telén y la zona, aún está fuerte, el comercio con local establecido está mayoritariamente en manos de franceses, españoles e italianos y sus descendientes. Además todavía no había ocurrido la gran inmigración.
Revisando la fundación de los pueblos vecinos de cincuenta leguas alrededor de Victorica,
encontramos algunas referencias de apellidos de ese origen.

Foto tomada del libro "Recuerdos que laten" de María Cecilia Diz, edición del autor 2008 (Nota del autor: el actual intendente de Telén es de apellido Abraham)

Por ejemplo, en Santa Isabel aparece hacia 1904 el árabe Jorge Asia (como los árabes provienen de Asia, es muy fácil para los empleados de inmigración bautizarlo), quien está al frente de un comercio de Ramos Generales, pero que habría recorrido la zona como vendedor ambulante desde mucho antes, bajando desde Mendoza. Por otro lado dentro de los registros de estancias de la zona que datarían de 1905 aparece “La Maroma”, perteneciente a Mustafá y Cía., en este caso con un apellido bien explícito.

En Loventuel, mezclado con los criollos y aborígenes aparece un poblador de apellido Elías, después se sumará Alfredo Saad quien llega desde Santa Rosa y se establece con un almacén de ramos generales, copas al mostrador y cancha de bochas, su madre Zulema S. de Saad era propietaria de la Chacra 95. En tanto que en Luan Toro, luego de fundado el pueblo y ya estando habilitada la línea férrea en 1908, que unía la Capital Federal con Telen, se instalan nuevos colonos entre los que encontramos estos apellidos de ascendencia árabe: Alí, Sibara y Abdala, este último se trasladará en la década del cincuenta con su familia a Victorica, donde instalaron una tienda y zapatería. En Telén, luego de la llegada del ferrocarril y posteriormente al éxodo de la mayoría de los franceses por la guerra del 14 y la retirada de Capdeville hacia el Sosneado, aparecen registros de la llegada de los primeros “turcos”. En 1918 Juan Alí está establecido con almacén por menor.

Perfil fotográfico del señor Ibrahim Saram, dueño de tierras con explotaciones agropecuarias y forestales, a los que se sumaban los comercios de ramos generales de campaña.

Juan Malamú tiene una peluquería, en tanto que entre los establecimientos ganaderos aparecen como propietarios Julio C. Díaz en “Jagüel del esquinero” y Pilar Herrera en “La bandurria”. A ellos se suman años después don Miguel Moisés e hijo, que tienen instalado un almacén de ramos generales con depósito de vinos y son también acopiadores de lanas y frutos del país. En almacén por menor se han instalado Sarur Abrahán y Alejandro Musa. Abraham tiene anexado además el rubro tienda. Tengo noticias que los Abraham llegaron primero a Eduardo Castex, de allí se fueron a la zona de Santa Isabel y luego se radicaron en Telén.

La llegada del ferrocarril como la apertura de los caminos y sobre todo la difusión del automóvil en las décadas del veinte y del treinta, comienzan a recortar el negocio de vendedores ambulantes de los innumerables árabes, que ahora tienen la competencia de los almacenes de ramos generales a cargo de descendientes de otras nacionalidades, fundamentalmente españoles.
Aunque ellos siempre tuvieron buena llegada no solo entre los hombres sino también con las mujeres, para quienes tenían una valija separada con artículos de demanda femenina de aquellos tiempos. Por otro lado la forma de venta a crédito mediante el uso de la “libreta” y su poder de seducción, sumado a la alegría de la que hacían gala, terminaban con éxito acordando no solo el precio, sino también las cuotas o eventualmente el descuento, si la compra era al contado, luego de un acostumbrado regateo.

En 1938, después de los años malos en La Pampa, la guía comercial del ferrocarril del oeste registra en Telén, además de los ya nombrados, a don Juan Nicolás y hermanos a quien se lo incluye dentro del rubro de Almacenes de campaña, ramos generales; con zapatería aparece censado don Eliseo Naser; en tanto que dentro de los establecimientos ganaderos se suman Modesto Herrera en “Lote 11” e Ibrahim Saram en “La Ciencia”, sobre quien pesa una leyenda negra en la zona. Los nombres de algunas de las estancias que tuvo Saram y “El Aduar”“La Otomana” dan pistas también sobre su ascendencia.
En Carro Quemado, fundado en 1924, aparece como abastecedor y dueño de un almacén de campaña don Manut Roston.

martes, 14 de julio de 2009

La "Lluvia de Cenizas" en La Pampa

CONTEXTO INTERNACIONAL Y NACIONAL
La década del treinta había comenzado mal. A fines de 1929 la gran depresión que comenzó en Wall Street, se expandió por todo el mundo.
La Argentina, que tenia su economía absolutamente dependiente de la potencia hasta ese momento, Inglaterra, comenzó a sentir también los efectos negativos.
Disminución de las exportaciones, (se pasó de 509 millones de dólares en 1930, a 331 en el año 1932) caída de los precios internacionales de los granos, carnes y lanas, freno al flujo de inversiones extranjeras y sobre todo aumento del desempleo y la pobreza.

La indigencia, se extendió a todos los ámbitos. En el sector rural aparecieron más linyeras que antes, esto dio origen a que el Diputado Crotto presentase una ley para que se les permitiese viajar gratis en los trenes.
La Pampa era por ese entonces Territorio Nacional, con su economía totalmente dependiente del sector agropecuario. Obviamente que la crisis mundial produjo un impacto totalmente negativo en la economía pampeana. Muchos comercios fueron a la quiebra o tuvieron que hacer convocatoria de acreedores.

Algunas familias se vieron afectadas por la quiebra de los Consignatarios, Acopiadores o intermediarios, de lanas, a quienes no les pudieron cobrar. Eso le sucedió a la familia del italiano Vanni de Luan Toro. Otras se vieron afectadas por garantías bancarias que habían dado a sus amigos o parientes, quienes al no poder pagar, los bancos ejecutaron las hipotecas o garantías prendarias en cabeza del deudor subsidiario.
Eso le ocurrió al dueño del Hotel “Apolo” de Victorica, (Hoses y Alcántara) que no pudo zafar de la ejecución bancaria. También el italiano José Vittanza fue a la quiebra, a pesar de todos los esfuerzos por tratar de cumplir.
Los poderosos se asustaron y en 1930, dieron el golpe de Estado que derrocó al Presidente Hipólito Yrigoyen quien había tenido una política inclusiva para con los inmigrantes, los criollos y los más desposeídos de familias numerosas.

Con todas esas preocupaciones económicas, políticas y sociales, las familias, las Entidades y las Instituciones de Bien Público comenzaron el año 1931.
La gran artista argentina Tita Merello puso de moda, lo que sería el himno a la “mishiadura”, el tango “¿Dónde hay un mango, viejo Gómez”?


Llega la ceniza.
Desde la medianoche del domingo 10 de abril del año 1932, hasta pasado el mediodía del lunes 11 de abril, (un día caluroso) que comienza a aclarar, cayó la lluvia de cenizas. El aire quedó enrarecido por dos o tres días.
La ceniza provenía de la erupción de un Volcán de la zona de “El Descabezado” de la República de Chile en la que las regiones de Rancagua y Curicó quedaron totalmente a oscuras, obligando a utilizar el alumbrado publico de día. Dada la enorme cantidad expulsada, la misma fue levantada a gran altura por un viento del oeste y transportada hacia la Argentina, llegando también hasta el Uruguay y sur de Brasil. 
Una calle del pueblo General Pico, de la Pampa Central, con la ceniza acumulada para ser trasladada al lugar donde se la enterró posteriormente.

No hubo víctimas fatales, pero los ruidos subterráneos se sintieron en un radio de 500 kilómetros. El hongo de la nube de cenizas fue inmenso.
Un manto oscuro tapó el sol, por lo que hubo que recurrir a prender las luces (velas, lámparas, faroles, o electricidad el que tenía) para poder ver dentro de las casas. La gran cantidad de cenizas acumuladas produjo una serie de inconvenientes que se notaron en forma inmediata y otros que aparecieron posteriormente.

La ceniza se introdujo en los automóviles, tapó las vías del ferrocarril, derrumbó por su peso algunos techos. Afectó la ganadería y también los sembrados.
En una sintética enumeración de los perjuicios para la ganadería se puede decir que se cubrieron las pasturas de ceniza, se ensuciaron los bebederos, a los animales les sangraron las encías y se les gastaron los dientes, les ardían los ojos. Tenían síntomas de asfixia y de locura, lo que los impulsaba a huir, muchos murieron a causa de estas complicaciones.

En tanto que las personas, tuvieron distinto tipo de comportamiento según su grado de conocimientos y condición social.
Algunos tuvieron mucho miedo, ese temor los llevó en casos extremos a dramatizar el cuadro que les tocó vivir y se derramaron muchas lágrimas. Otros comenzaron por ver de qué se trataba y llevados por su curiosidad se dieron a la tarea de investigar que era lo que había caído. Varios llevados por su olfato y el olor a azufre de la que venía acompañada, la compararon con la pólvora. Hubo quienes en virtud del color, la asimilaron con el cemento. Algunos otros, con talco grueso de baja calidad y varios hasta imaginaron que podría tratarse de alguna especie de harina, con la que solía hacerse el pan negro.
“La lluvia de polvo de piedra pómez se observa también hasta Buenos Aires”, escribió en sus páginas el diario La Reforma de General Pico. “Por el atascamiento de las vías no pudieron correr los trenes de las líneas Arizona y Telén” acota el periodista.

Pero pasados las primeras horas de desconcierto, de temor y aún de angustia, con las primeras noticias que se fueron teniendo, a través de la radio, el teléfono y los diarios del día siguiente, comenzó a renacer la calma. Las autoridades comunales se dieron entonces a la tarea de juntar la ceniza, limpiar los techos, sacarla a la calle. Ayudar a los animales y tomar medidas para hacer la vivienda más habitable.
La medida más común fue colocar trapos húmedos en puertas y ventanas para evitar que la ceniza penetrara en la vivienda.

Relatos de Testigos oculares.
“Yo estaba ordeñando las vacas en el campo donde vivía, en Victorica. No me acuerdo bien cuando cayó. Me parece que en el año 1935 más o menos. Vi que caía polvo blanco del cielo… Caía arriba de las vacas, y yo le toqué el lomo a la que estaba ordeñando para ver que era el polvo, porque yo creía que era talco. La ceniza cayó a las dos de la mañana, cuando estaba ordeñando. El cielo estaba negro. 

Al otro día estaba igual, como si fuera de noche. Había mucha gente que se creía que era el fin del mundo. Yo iba a una Escuela de Hermanas, y cuando ese día vieron que no amanecía, nos hicieron comprar velas grandes para que nos iluminara hasta nuestro último día, porque las monjas se creían que era el fin del mundo. Yo escuché que había gente que se tiraba de los balcones, en Buenos Aires. Eso duró tres días más o menos. Después, cuando vine a Pico con mis hijos, hicieron la cuneta en la calle 25, y encontraron ceniza, pero dura, tipo piedra… ¡Ah, en Victorica, cuando pasó todo, la ceniza llegaba hasta los setenta centímetros de alto!.”(Juana Collado de Martínez)
La ceniza que se extraía de las viviendas y los comercios se depositaba en el centro de la calle. De allí se llevó a la zona de los médanos de General Pico donde se enterró.


Este relato transcripto arriba, fue realizado por doña Juana Collado (66 años) en General Pico durante el año 1989 a un alumno que la entrevistó para un trabajo de Feria de Ciencias. Posteriormente esa investigación en la que intervinieron muchos alumnos de distintas escuelas secundarias se transformó en el libro “La caída de ceniza en La Pampa” publicado en noviembre de 1990 por la fallecida profesora Irma Zanardi de Rivera.
Imagen de un campo no determinado de la zona rural del norte de la Pampa Central

Del mismo libro extraemos este otro testimonio de un paraje más al oeste de Victorica. (“Yo vivía en La Pastoril, hacía cinco años que vivía ahí porque había venido de España con mis padres). Ese día mi papá escuchó que los terneros mugían, como todos los días, a la hora de ordeñar las vacas (porque los terneros eran como un despertador para mi papá), pero ese día se extrañó porque estaba todo oscuro. Entonces mi papá salió afuera para ver que pasaba y cuando entró tenía los hombros todos blancos. 

Nosotros pensamos que estaba nevando y mis hermanos, que eran chiquitos, se pusieron a saltar de alegría, pero cuando mi papá se tocó los hombros se dio cuenta que no era nieve porque estaba seca. La ceniza, en algunos lados, tapaba el pasto. De la cantidad que había, los animales no podían comer y se morían de hambre, y otros se asfixiaban porque era una especie de talco. Mirá…yo no me acuerdo de que nadie se haya matado por eso. Algunos decían que era el fin del mundo, pero de ahí a que se mataran no sé…Mamá le ponía a mis hermanitos, pañuelos mojados en la nariz y en la boca, para que pudiesen respirar mejor.” (Trinidad Soto 92 años)

Otras noticias.
Recuerdo que siendo aún niño fuimos con mi padre en el camión canadiense que conducía su sobrino José de la Nava a buscar leña al campo de don Eladio Rodríguez. El campo se llamaba por aquel entonces (principios de la década del cincuenta) "Los bajos duros". Era a la mañana, no bien llegamos y entramos, comenzamos a ver en el suelo entre el pasto puna, algo de color blancuzco, medio grisáceo claro.

Mi padre hizo la pregunta que yo tenía en mente ¿che eso blanco que es?. A lo que José de la Nava, que era de pocas palabras, respondió "esa es la ceniza que cayó hace muchos años"
A mediados de la década del sesenta el odontólogo Dr. César Máximo Viniegra,  de Victorica, comenzó a realizar una experiencia para colocar prótesis dentarias a vacunos, cuyas dentaduras habían sido desgastadas tempranamente por efecto de productos abrasivos como arenas y cenizas. La reposición de dientes permitía al animal volver a alimentarse bien, evitando la desnutrición temprana y su consecuencia inmediata perder su capacidad de reproducción.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA
Zanardi, Irma: "La caída de Ceniza en La Pampa, editado año 1990
Fotografías: Fototeca Bernardo Graff del Archivo Histórico Provincial "Fernando E. Araoz", Santa Rosa (La Pampa), Argentina.

domingo, 5 de abril de 2009

NOTICIA SOBRE EL CENTENARIO DE LUAN TORO

Hace unas semanas atrás pasé por Luan Toro, me acerqué a la Municipalidad a preguntar por la publicación, revista, folleto o libro que suponía habrían editado con motivo de haber arribado esa localidad a su primer Centenario el 15de marzo de 2008.
La respuesta que logré es que habían estado trabajando, incluso habían recolectado algunas fotografías, pero que no habían podido publicar nada. Lo único que me regaló muy amablemente la Intendenta Mónica Valor, fue el Suplemento del semanario “El Pampeano” de Victorica, que había dedicado algunas páginas a reflejar ese acontecimiento.
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De la lectura del mismo extraigo algunos fragmentos, dado que la mayoría del material ha sido copiado de mi libro “Historias de Vida publicado y presentado el 12 de febrero de 1999 en Victorica.
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Pintando para el Centenario
“Y para este cumpleaños de Luan Toro los vecinos han pintado el frente de sus casas, se han ordenado las veredas y desde la Municipalidad se ha contratado a una persona que pinta murales y ha plasmado sendos dibujos en los tapiales del pueblo.”
Raúl Salvadori, es de General Pico pero gracias a varios contactos y amigos ha logrado pintar en grandes escenarios del país.”
Copia fascimilar del folleto citado más arriba

“¿Cómo surge la posibilidad de venir a Luan Toro?
“Yo conozco a un chico de apellido Martín oriundo de Luan Toro que trabaja en Peko!s (Carlos Paz), el me habló de que su pueblo cumplía cien años y me puse en contacto inmediatamente con las autoridades para poder venir. Luego de un periodo de verano donde estuve pintando en Jesús María, en hoteles y murales me hice tiempo necesario y llegué hasta aquí.”
“Gracias a Dios he realizado cosas importantes como por ejemplo la escenografía de Cosquín y Jesús María, le pinté una camioneta antigua al humorista Cacho Garay. También me han llamado desde la Secretaría de turismo de Carlos Paz y de la Provincia de San Juan. También he pintado para el centenario de Trenel., Monte Nievas, Dorila, Vértiz, y en la provincia de Buenos Aires.”
“En Eduardo Castex por ejemplo me contrataron para pintar los dinosaurios del Parque temático, en Parera y en Ingeniero Luiggi para la fiesta del Caballo.”
Ese señor es quien ha pintado también en Victorica en febrero de 2009, el galpón del Ferrocarril que se encuentra en el acceso a esa localidad.
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Zenón Carripilón y Margarita Cabral
“Esta historia fue contada por Margarita y Libia, nietas de Margarita y Zenón, con la colaboración de sus padres, tíos y primos que ayudaron con material fotográfico" (la revista no los reproduce).
“Nuestro abuelo Zenón nació en 1890 en un corral de chivas, quien fuera (un) integrante más de la tribu que vivía en lo que hoy es la Estancia “La Blanca”.
Fotografía año 1924 en la Colonia Emilio Mitre. Al centro Quintré Carripilón (sobrino de Ramón Cabral) con sus dos esposas y familia en la puerta de su toldo. A la extrema izquierda el misionero salesiano de Victorica José Durando. (Foto extraída de la obra "Los rostros de la tierra" José Carlos Depetris y Pedro Eugenio Vigne, Ediciones Amerindia octubre 2000)
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“Engañados por inmigrantes se fueron de su Mapu (tierra) buscando sobrevivir, hacia el oeste con sus 600 ovejas y sus caballos. Armaron sus toldos y se asentaron a orillas del Río Salado, pero la sequía hacía muy difícil la supervivencia de los animales que se morían de sed y de hambre. Ellos sabían que sus vidas corrían peligro y deciden regresar a sus tierras y con los pocos caballos que le quedaban viajaron enancados.”
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“Habían pasado algunos años, no muchos, los que se fueron niños volvieron adolescentes y encontraron un poblado de ranchitos de adobe, nació Luan Toro.”
Margarita Cabral, hija de una cautiva de apellido Carballo Miranda quien fuera robada por un malón, e hija de un brasilero llamado Jaucinio. Las vecinas le enseñaron a peinarse, a arreglarse, cuidaban su rostro con estiércol de gallina (tomaban solo la parte blanquecina) y se maquillaban exprimiendo flores silvestres en sus manos.”
Reverso del folleto citado en homenaje al Centenario de Luan Toro
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Margarita Cabral se unió en pareja con Zenón Carripilón, su primer hijo se llamó José quien nació en el año 1916, después vinieron Rosa, Amalia, Manuel, Elías, Zenón, Agustín, Tránsita y Delfina. Ellos trabajaban en la esquila y criaban algunos animales para el consumo. Nuestra abuela hilaba y tejía matras que vendía a la gente del lugar.”
“Para conservar la carne hacían el charqui (carne salada secada al sol), también lo hacían de zapallo cortado en fetas, lo enrollaban alrededor de una caña. Tomaban agua de pozo. La casa era iluminada por un candil (recipiente con grasa de oveja y trozo de tela que hacía de mecha.”
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NOTA: Rosa Carripilón, descendiente de aborígenes, vivió luego en Victorica, tuvo varios hijos e hijas. Trabajó para la familia de Rebollo-García. Algunos de sus hijos viven actualmente en Santa Rosa. La tribu del cacique Carripilún (así era el apellido aborigen) vivia más al sur del actual Carro Quemado y cuando atravesó el territorio el chileno Luis de la Cruz, rumbo a Buenos Aires en 1806 parlamentó con el cacique.
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