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viernes, 28 de agosto de 2015

Pocho Riela, Artista Pampeano.

Carlos Alberto Riela, conocido entre los amigos como “Pocho”, nació un 20 de noviembre de 1942 en el paraje Leubucó, en el Departamento Loventué , de la actual provincia de La Pampa.

Nació en la Estancia Lobocó, al sur de La Maruja dentro del Departamento Rancul y se crió en el ámbito rural. Su familia ocupaba el campo el “25” en el Departamento Chalileo, que luego cambia de dueño, cuando en el primer gobierno de Perón alguien de la zona toma un crédito y se queda con los derechos. Fue el hijo menor de los esposos Antonio Riela y Felisa Pereyra. Sus hermanos fueron Humberto “Cato”, Benito Domingo “Chumo”, Andrés “Coco”, Estela la mayor de todas, casada con Miguel Peralta, Margarita, “Porota”casada con José Lobato, Francisca, casada con José Hadad, Felisa, “Pila” casada con Fermín Hadad y “Negra” la más chica de las mujeres y la gran amiga de la niñez.

Cuando vinieron al pueblo de Victorica se afincaron en una quinta sobre la calle Hipólito Yrigoyen, a 4 o 5 cuadras de la plaza hacia el oeste, cerca de la cancha del desaparecido Club Independiente. Allí todavía se conserva la antigua vivienda que fue el hogar familiar de los Riela, casa de ladrillos, techo de chapa, con molino y tanque australiano.
En uno de los oleos dejó reflejados sus instrumentos de trabajo en la plástica, que practicó al aire libre o en su pequeño atelier hogareño
 
Hizo la escuela primaria en el Colegio Don Bosco de Victorica. Alrededor de 1953 llega al Colegio el RPS José Rizzi, un cura joven con inquietudes en la cultura y el arte, con quien “Pocho” tendrá sus primeras incursiones en el dibujo y la pintura.
Después de finalizada la escuela primaria, “Pocho” comienza la secundaria por los pagos de General Acha y allí se encontrará en la segunda mitad de la década del 50 con Andrés Arcuri, que estaba comenzando a desarrollar su pasión por la pintura de los paisajes regionales. Recuerdo que cuando lo invitamos a exponer en Victorica en 1971, “Pocho” se acercó a saludar a don Andrés, su antiguo maestro a quien admiraba. Él mientras le ayudaba a llevar los petates entre los médanos de los alrededores de General Acha, charlaba sobre colores y otros temas relacionados a las técnicas con el maestro Arcuri.

En General Acha realiza el primer curso del secundario y al año siguiente se viene a Santa Rosa, donde aprovecha la Escuela Hogar que lo alberga y que le permite cursar el 2º y 3º año en el Colegio Nacional de la ciudad capital.
Al lado de la Subsecretaria de Cultura Analía Cavallero, el Profesor Walter Cazenave y seguidamente tres de los hijos del artista, del otro lado Paula Roxana una de sus hijas al lado de la Directora de Cultura de Victorica, el día de la inauguración de la Restrospectiva

Después se fue a Buenos Aires, a continuar su carrera en el Colegio Nacional 17 de Villa Fiorito, aprovechando que su hermana y su cuñado Fermín Hadad, estaban radicados allí. Pero llegó hasta cuarto año y no pudo concluir y diplomarse. Regresó, dado que su padre falleció en 1958 y ese motivo lo trae de  vuelta a Victorica, a acompañar a doña Felisa y su familia, a quienes extrañaba bastante.
Cacho Peralta dice que muchas veces faltaba a clases en Buenos Aires, porque se iba a estudiar dibujo y pintura o a pintar al aire libre en contacto con la naturaleza en las plazas.

Según me contó “Cacho” , sobrino de Carlos A. Riela, don Antonio, el padre, sabía tocar un instrumento musical denominado “Bandónica” (aparentemente sería parecido a los acordeones tipo “verdulera”, pero más chicos, que se toca a la altura del pecho).
En la vida de campo, en las zonas rurales, uno de los entretenimientos después de las tareas diarias era practicar alguno de estos instrumentos, para aprender, o no olvidarse o para alegrar ciertas ocasiones. Los niños Riela, entre ellos Pocho, aprenden a pulsar el instrumento musical (una verdulera de ocho bajos) que luego ejecutan en su paso por la escuela primaria de La Pastoril a donde concurren.

Y a partir de allí los niños sienten la inquietud, primero "Cato", luego su hermana "Chola", los mayores, pero a ellos se sumaron los más chicos, “Chuma” y después “Pocho”, quienes aprenden los rudimentos de las notas, a conocer las teclas y a afianzarse en el oído musical, dado que la mayoría fueron autodidactas e improvisadores, grandes intuitivos.
De espaldas, pintando, está "Pocho" Riela, con once años de edad, lo observan otros niños. La persona de espaldas es el maestro don Andrés Arcuri. La foto fue tomada por su cuñado José Hadad

Ingresó a trabajar en la sucursal local del Banco de la Nación Argentina. El trabajo y el fútbol lo llevaron a trasladarse a Eduardo Castex donde vistió la casaca del Racing Club, allí vivió con la familia entre los años 1970 a 1973. Posteriormente recaló en la ciudad de Santa Rosa.

Se casó un 25 de febrero del año 1967 con María Élida García, la hija menor de “Chun” García, hijo de don Cruz, propietario de campo en la zona del oeste más allá de Telén. De dicho matrimonio nacerán seis hijos cuatro varones y dos mujeres. Anibal Federico, Maria Silvina, Carlos Antonio, Martín Andrés, Paula Roxana y Matías Nicolás, todos con nombres de abuelos, padres y tíos como era costumbre en las familias numerosas.
Carlos A. Riela era del signo de escorpio y por eso era muy imaginativo e intuitivo. Además como buen escorpiano muy sensible, reservado y un excelente amigo

El joven Riela alternaba su pasión por el fútbol y su amor por la pintura, con la inclinación hacia el bandoneón y el tango. Pero “Pocho”, que era muy introvertido,  por su timidez, jamás había querido ejecutar en público. Lo hacía sólo en la intimidad de su hogar y para sus momentos de expansión espiritual. Hasta que una noche de los carnavales de la década del sesenta cuyos bailes se hacían en el Club Cochicó, el director de la orquesta Jorge Ardhú de la ciudad de Córdoba, paseando por los alrededores escucha que por la puerta abierta de un zaguán y la ventana de un comedor, la melodía de un bandoneón que le impacta por su muy buena ejecución.

Al regresar al Hotel “El Cóndor” de Nicola Di Dio y su familia, comenta el hecho y pregunta quien es el personaje que acaba de escuchar, pero no ha podido ver. Ricardo Di Dio, uno de sus amigos y fanático de Cochicó y gran admirador de Pocho, lo va a buscar y después de mucho insistir consigue que Pocho acepte la invitación para subir al escenario y tocar un par de piezas junto a los músicos de la orquesta de Jorge Ardhú. Así lo hizo y recuerdo que nos causó una muy grata impresión y fue largamente aplaudido por todo el público aquella noche.
Carlos Alberto Riela con su bandoneón sobre las rodillas en una reunión de amigos

A la par de estas inquietudes artísticas, Carlos Alberto Riela le apasionaba también el fútbol, siendo uno de los más hábiles delanteros que vistió la casaca del Club Cochicó de Victorica, durante las décadas del 60 y principios del 70.

Junto a Omar D. "Toto"  Becerra, Piccolomini, Cacho Peralta, Tonny Pescara, con el "Negro" Di Dio o Bruno Rovito de arqueros y  muchos otros compañeros, deleitaban a la hinchada domingo a domingo. El rival histórico era el Sportivo Telén. Casi un Boca River local. Cuentan que cierta vez para evitar que Telén avanzara peligrosamente hacia la punta alguien le propuso a “Pocho” que el partido contra Luan Toro había que ir a menos, ante lo cual la respuesta fue “conmigo no cuenten”.
Este fue el equipo de Cochicó con el cual el Club de Victorica compitió en la Liga Cultural de Santa Rosa (La Pampa) en la década de 1970. Pocho Riela, el tercero desde la izquierda toca con sus dedos el fútbol, a su lado hace lo propio Tony Pescara

En la década de 1970 Pocho Riela plasmará dos murales para el escenario del Club Cochicó, en cuyo recinto se llevaba a cabo en esos años la noche del Folklore y el Baile de gala de la Fiesta Provincial de la Ganadería del Oeste Pampeano. Los dos fueron motivos netamente regionales, evocando el rancho, el caballo, el paisano de la zona y sus costumbres.
El último, que aún se conserva, ha sido declarado Patrimonio Artístico Cultural de la ciudad de Victorica, por resolución municipal Nº 144 del mes de octubre del año 1996.

La afición por el bandoneón y su inclinación por el tango, lo llevaron a contactarse con el maestro Leopoldo Federico, con el que intercambió correspondencia, incluso el maestro le envió una partitura suya. Estando en Santa Rosa y merced a su trabajo en la sucursal del Banco de la Nación, se hizo cargo de organizar, en una sala de la entidad creditica, encuentros a los que denominó "Chamuyando Tangos" que comenzó a principios del año 1990.
Cuando llega la fecha próxima al Centenario, Pedro Carlos “Cachi” Fiorda, lo convoca para integrar el equipo con el que EFEBE Ediciones preparó el “Álbum del Centenario Victorica 1882-1982”, con textos e investigación del Profesor  Héctor Walter Cazenave e ilustración de Carlos A. Riela. Las ilustraciones están realizadas con plumín y tinta china, algunas a partir de antiguas fotografías y otras son creaciones a partir del conocimiento de los hechos y la región en la que se llevaron a cabo. Las páginas 30 y 31 contienen la ilustración de lo que habría sido la vida en el Fortín, en tanto que la 56 y 57 tienen una magnífica representación de lo que pudo haber sido el combate de Cochicó entre el piquete del escuadrón de los “indios amigos” y los lanceros del cacique pehuenche-ranquel José Gregorio Yancamil.

En las páginas 90 y 91 hay una magnífica composición a partir del texto que Cazenave imagina para una tarde en Victorica. Riela dibuja detalladamente una esquina de la plaza con parroquianos en la vereda de un Bar, viendo pasar caminando y en sulky, a otros vecinos del lugar.
Este mural lo pintó Pocho Riela en la casa de familia en el campo de su suegro. Sus amigos de Victorica lo rescataron, fue restaurado por el plástico pampeano fallecido Raúl Fernández Olivi y actualmente está emplazado en el Paseo de los Artesanos en Victorica que lleva el nombre "Pocho Riela" en la mano izquierda al ingreso del pueblo. 

Tiempo después Cazenave, que dirigió una revista que edita la Cooperativa Popular de Electricidad de Santa Rosa, invita a Riela a ilustrar una serie de historias a la que “Pocho” se suma. Ya había demostrado gran habilidad para dibujar con plumín y tinta china y esa es la técnica que utilizará también en esta serie, cuya edición fue financiada por el Gobierno de La Pampa.

De su etapa santarroseña se puede mencionar algunos otros trabajos que conocemos, como los publicados en Caldenia, (suplemento Cultural de La Arena) de la serie titulada "Del pasado y de esta tierra" o los aparecidos en un almanaque de una firma comercial de transporte pampeana o los que efectuara para el Festival Internacional de Jazz.

Un observador, que conoce muy bien los caballos, ha acotado que Riela es uno de los pocos dibujantes que ha podido apreciar, que dibuja con maestría a los caballos en distintas actividades y contextos.
Pero no es solo con los animales que logra dibujos ajustados a los tipos reales. También las figuras humanas y fundamentalmente los rostros, son logrados con gran calidad. Tal el caso del retrato de “Pipiolo” Piccolomini, el hincha fanático del Deportivo Cochicó, de la página 155 del Álbum mencionado
Tarjeta que distribuyó la Subsecretaría de Cultura de La Pampa el día de la inauguración de "Trazos en el tiempo. Restrospectiva", en el Centro Provincial de Cultura

También colaboró con otras revistas como las que editaba la Administración Provincial del Agua y de la Editorial Extra del señor Cantera.Cuando llegó el Centenario de la ciudad capital, Santa Rosa, fue convocado por la firma de la empresa de transporte "El Pampeano" para realizar el almanaque del año del centenario en los que realizó unos excelentes trabajos.

Carlos Alberto "Pocho" Riela falleció el año 1996 en Buenos Aires, cuando aún tenía mucho por dar a la cultura de La Pampa.

NOTA: Artículo en reelaboración sujeto a agregados y/o correcciones

 FUENTES
Caldenia. Suplemento cultural diario La Arena
Boletín de la Cooperativa Popular de Electricidad de Santa Rosa

PERSONAS CONSULTADAS
Riela, Paula Roxana
Peralta, Antonio


lunes, 19 de agosto de 2013

COCHICO ULTIMO COMBATE

"EL COMBATE DE COCHICO"
                                                   Domingo Andrés Frois Regis
"Último episodio de la Conquista del desierto en el oeste pampeano. Desigual combate, que troncha de raíz las postreras esperanzas ranquelinas..."
"De acuerdo con la documentación del Estado Mayor General del Ejército, con los relatos de soldados e indios sobrevivientes y con el testimonio de antiguos pobladores contemporáneos de los sucesos, el Combate se produjo en las siguientes circunstancias:
Mes de julio de 1882. Deben ausentarse de Victorica el coronel Rodríguez y el Comandante Anaya. Queda al frente de la división el teniente coronel Froilán Leyría.
Llegan noticias de que una indiada, capitaneada por Gregorio Yancamil y Faineo reaparece en el escenario pampa. En su persecución parte del Fortín Victorica 150 hombres al mando del mayor Nicolás Santerbó. En agosto de 1882 acampan en el Paso de los Algarrobos (Departamento Chalileo), a 75 kms. al sur de la actual población de Santa Isabel. Desde dicho lugar Santerbó envía una comisión de 26 (a) hombres comandada por los tenientes indígenas Tránsito Mora y Simón Martínez; al llegar al valle de Cochicó (Departamento Puelén) sorprenden a un indio "bombero" (espía de avanzada) por el que descubren que más adelante hay otro "bombero". Según versión oral del investigador indigenista don Eliseo Tello, el primer "bombero" es degollado por los soldados (b) el que ha huido halla el cadáver de su compañero y corre para comunicar la novedad a la indiada del capitanejo Yancamil, éste estaba acampado en el paraje Buta Ranquil a unos 25 kms. al noreste (*) de Cochicó."

(a) "Según el Sr. Victoriano Mariqueo, hijo del soldado indígena Froilán Mariqueo hombre de 77 años, residente en Victorica, me informa que, según los recuerdos de su padre, la comisión militar estaba formada por 25 hombres."

(b) "En cuanto al degüello del bombero, el Sr. Mariqueo, hombre afable y de lúcida memoria, su padre nunca se acordó que mataran a ningún bombero; el que era muy hereje y criminal -aclara- era Yancamil, que mataba mujeres y niños. Interrogado el Sr. Mariqueo sobre otros datos vinculados al Combate de Cochicó, manifestó que entre los sobrevivientes estaba también Teófilo Milan, fallecido hace pocos años en Luan Toro. Además, mostrome un cuadro que guarda con orgullo; se trata de un diploma, de 40 por 60 cm. aproximadamente otorgado a su padre, en que se lee: 19 de agosto de 1922, La Nación reconocida a los bravos patriotas de Cochicó. Victorica, 19 de agosto de 1922. El pueblo de Victorica al soldado expedicionario Froilán Mariqueo conmemorando el 40 aniversario de la Batalla de Cochicó. Comisión de Homenaje. (aparecen alrededor de 20 firmas de caracterizados vecinos del Victorica de entonces)."

(*) donde dice noreste debe decir noroeste.

"La comisión militar prosigue su avance sin lograr capturar al segundo bombero; llega al paraje "El Copel", a unos 10 kms. del campamento de Yancamil. En la tarde del 19 de agosto de 1882, desde "El Copel", los soldados divisan nubes de polvo hacia el poniente; de inmediato calculan que se les viene el ataque Yancamil con no menos de 400 (-) lanzas. La estrategia aconseja retroceder hasta el valle de Cochicó, unos 15 kms. atrás, donde hay buena aguada y dos cerritos propicios para resistir desde allí el ataque; además, levantan densas humaredas con el fin de pedir refuerzos al Mayor Santerbó que espera en "Paso de los Algarrobos", tanto él como sus oficiales distinguen el humo, pero opinan que debe ser de algún otro origen."

"Los hombres de Yancamil, ante la retirada del piquete militar, cuyo número conoce por el bombero, se lanzan en su persecución. Los expedicionarios alcanzan a retroceder unos 7 kms. No hay más remedio que hacer frente de cualquier manera; prestos para combatir, esperan en un bajo montoso, en medio de jarillas, piquillines y otros arbustos (lote 22, Fracción B, Sección 24)."

"Los indios, arengados por Yancamil, forman en línea de guerra, atan sus lazos, de cuero crudo, por ambos extremos de sus cabalgaduras, y atacan con las rondas; lazos de 10 a 12 metros de largo con los que se lanzan a galope tendido sobre el piquete militar, volteando caballos y jinetes. Mientras una segunda oleada de indios con lanzas y boleadoras, completaban el mortífero ataque. Cinco formidables embestidas de los valientes lanceros de Yancamil son resistidas y repelidas por los no menos bravos soldados que, entre la furia del combate, tratan de reagruparse y ganar terreno hacia el este, con la esperanza de recibir los esfuerzos que pudieran llegar de Paso de los Algarrobos."

"La indiada se ensaña especialmente con los jefes indígenas del piquete, tenientes Mora y Martínez, por traidores a su raza. Al promediar la hora del sangriento combate Yancamil, que ha perdido unos 150 hombres, por las balas de los Rémington y las espadas rivales, en previsión de la posible venida de refuerzos para los expedicionarios, se retira hacia el oeste. De esta manera quedan los militares dueños del campo de combate, con catorce bajas, entre muertos y heridos."

"Al comunicar al Mayor Santerbó el resultado de la misión, dicho jefe ordena una batida por la zona, pero Yancamil y su gente ya se han internado hacia la precordillera. Los sobrevivientes cristianos fueron: Sargento 1º Tolosa, Jesús Fernández, Juan Benitez, Antonio Benavidez, Ambrosio Gomez, Jesús Gonzalez y Villafañe. Los indígenas que salvaron sus vidas fueron: Pedro Morales, Santiago Cayupán, Froilán Mariqueo, Manuel Chancalito, José Primaso, José Talmar, Simón Martínez, Francisco Lemos, Vicente Antical y Juan Segundo.
Herido de 33 lanzasos, Tránsito Mora muere un año después."(c)


"Después una patrulla militar ubica los restos deshechos de los soldados muertos y los junta en una fosa común. Entre los años 1885 y 1886 una comisión del 9 de Caballería, al mando del Mayor Corbalán, llega hasta Cochicó y traslada los restos al Fortín Victorica.

Desde 1909 a 1923 los restos de los muertos en Cochicó descansaran en el basamento construido en el atrio de la Iglesia Parroquial. Finalmente son depositados al pié de la Pirámide que sus compañeros de armas levantaran en su memoria. La Pirámide conmemorativa, ubicada en el centro de la Plaza, conocida desde entonces con la denominación "Héroes de Cochicó", ostenta cuatro placas cardinales, fundidas en el Arsenal de Guerra por orden del Ministro General Victorica, las mismas fueron enviadas por el Superior Gobierno de la Nación.
Dicen así: Primera Placa: "25 de Mayo de 1882"
                Segunda  "      "19 de agosto de 1882"
                Tercera    "      "Cabo 1º Reg. 9 Matías Rosales, Miguel Cardozo, Juan Juarez. Cabo 1º disting. Juan Marques, Soldados: Tiburcio Vergara, Liberato Paez. Cabo 1º del Batallón 10 de Infant Francisco López. Soldado Dolores Ancalay"
                 Cuarta Placa:  "LA NACIÓN AGRADECIDA A LOS BRAVOS DE COCHICO"

"La posteridad ha fijado nuevas placas en la misma Pirámide, en testimonio de perenne homenaje a los inolvidables "HÉROES DE COCHICO"...
(-) Esta cifra no sería exacta. Lo más probable es que fuesen mucho menos según le dice el propio Yancamil al maestro Jarrín en la escuela de la Colonia Emilio Mitre muchos años después.

 (c) "Según el investigador Don José Silva, El Teniente Mora se radicó en el paraje Lobocó, hoy departamento de la Maruja, falleció a raíz de un accidente mientras cabalgaba en estado de ebriedad y se golpeó contra una rama de caldén, de cuyas consecuencias falleció."

"CONCLUSIONES"
"La Conquista del Desierto debe interpretarse como un proceso histórico natural, movido por impulsos reales y tendencias ideales. Factores económicos, políticos y espirituales inspiran al cristiano para dominar al indio. La campaña militar, con sus crueldades y sacrificios, traiciones y heroismos, no es más que la manifestación externa de ese afán de dominio. La política de captación de la cultura más primitiva por la más fuerte tiene raíces milenarias. Al iniciarse la fundación de Victorica la tendencia a la integración racial presenta hechos elocuentes, tales como los siguientes:
"1º) La existencia, entre las fuerzas expedicionarias que fundaran el "Fortín General Victorica, de un regimiento de indios amigos, mandados por el cacique Ramón Cabral.
2º) La presencia, en la lista de sobrevivientes del Combate de Cochicó, de 11 soldados indígenas junto a 7 cristianos. Esto prueba que las dos razas tendían a fundirse y a completar la mestización iniciada con la llegada de los primeros conquistadores.
3º) La participación de numerosos contingentes de indios en las guerras entre Buenos Aires y la Confederación y, varias décadas antes, en las guerras por la Independencia Sudamericana."

"El indio no se sentía un extranjero en su tierra sino un argentino injustamente postergado y despojado de lo que, por ley natural, le correspondía. En su resentimiento veía una fatalidad, que lo condenaba la humillación y a la pobreza. Terminada la Conquista del Desierto, paulatinamente van olvidándose los rencores de las luchas seculares. Descendientes de indios y blancos son hoy fuerza pujante que impulsa el progreso de nuestra Pampa."

"La fundación de Victorica marca el triunfo de la potencia civilizadora, heredada de la Madre Patria, y acrecentada con el aporte inmigratorio. Entre los primeros pobladores de este pueblo figuran italianos, españoles, franceses, ingleses, árabes... hombres de lejanas latitudes, dispuestos para el trabajo y ávidos de progreso. Los nombres de muchos de aquellos pioneros están registrados en las actas, a partir de 1888, de la Municipalidad local. Ellos trajeron el alambrado, la explotación ganadera, el comercio, la ciencia y la técnica que hizo posible el empuje inicial..., el más difícil y valioso..."

"Combate de Cochicó. ¿Héroes? ¿Víctimas del deber? ¿Barbarie contra civilización? ¿Hasta donde el mito suplanta a la realidad?.
Mucho se ha discutido sobre el alcance de estos conceptos. No tiene sentido hablar de quien tenía la razón. Para dar una interpretación honesta hay que ubicarse en el momento histórico y en las circunstancias de la lucha. No eran tiempo(s) de paz ni de reflexión serena. La consigna, por ambas partes, era luchar a muerte. Las instrucciones que traía el teniente coronel Eduardo Racedo, al acampar en "La Resina" eran:
"Dominar a los indios rebeldes que aun puedan encontrarse o morir en el cumplimiento del deber. Desde 1882, tanto sus contemporáneos como la posteridad, ha consagrado con el honroso título de héroes a los 8 soldados, cristianos e indígenas, que cayeron en Cochicó. El heroísmo no se discute; se siente, se vive en la emoción que inspira lo que lleva en su entraña vibraciones de excelsa grandeza.

"Si..., fueron héroes... héroes como lo fueron el Sargento Cabral, el Negro Falucho, los gauchos de Güemes y tantos otros que, como los soldados de Nelson en Trafalgar, supieron responder con sus vidas a la sencilla arenga de su jefe:
"!Que cada cual sepa cumplir con su deber! Nuestra simpatía y gratitud hacia los Héroes de Cochicó se une, a su vez con un sentimiento de admiración por el coraje de los vencidos. Su causa imposible no desmerece el idealismo con que defendieron lo que ellos creyeron que era "su libertad" y "su justicia"...
"Y más allá de todo... el juicio de la posteridad: La Nación Agradecida a los Bravos de Cochicó"

BIBLIOGRAFIA UTILIZADA
1.- Escuela Agrícola de Victorica-La Pampa: Revista Huitrú Mapú En adhesión a la 2da Fiesta Provincial de la Ganadería en el Oeste Pampeano. Victorica año 1969
2.- Bustos Bazán de Ares, María Fredesbinda: "Oración y Canto" Victorica (La Pampa) 1982
3.- Ediciones Efebe: "Album del Centenario" Victorica 12-2-1982. Ilustraciones de Carlos Alberto "Pocho" Riela.

martes, 27 de enero de 2009

"POCHO" RIELA

"Ilustrador de la historia pampeana”

El suplemento cultural de los domingos del diario La Arena, “Caldenia” publicó el 14 de abril de 1996, la primera de una serie, que Walter Cazenave denominó “estampas del artista”, realizadas por Carlos Alberto Riela a plumín y tinta china.

La serie fue titulada “Del pasado y de esta tierra” y aunque son pocas, lástima que éstas y otros trabajos publicados en la revista de la Cooperativa de Electricidad Santarroseña no hayan sido recuperadas aún para formar parte de un trabajo mayor de rescatar la personalidad de este auténtico artista que fue el amigo Riela.

Seguramente esta obra estuvo basada en alguna de las fotografías de la década del sesenta, cuando algunos niños se dedicaban al oficio de aguatero en Victorica.

De él en la nota citada dice el propio profesor Cazenave “Para los lectores de nuestro diario resulta obvia la presentación de Carlos Riela en su condición de dibujante. En ese aspecto el artista –autodidacta, de inclinación clásica y tradicionalista- acredita suficientes méritos, especialmente en lo que hace a sus trabajos como ilustrador de la historia pampeana”.

La serie comienza con “A contraviento”, continúa con “La panadería Olmo”, se proyecta con “El vendedor de golosinas”, alcanza un gran momento con la obra “El carrito aguatero”, tiene su clímax con “La visita”.

Probablemente esta estampa haya estado basada o en una antigua foto o en recuerdos de la niñez del dibujante que supo vivir con su familia en el campo.

Sobre ésta última ilustración Cazenave acota en la introducción del epígrafe adjunto: “La intensidad de la alegría de los protagonistas de las visitas campesinas, sesenta y más años atrás, solamente puede contarlas quien las haya experimentado.” Es que justamente “Pocho” Riela ponía en el dibujo sus propios recuerdos y los profundos sentimientos de amor hacia la primera etapa de su vida donde transcurrió su niñez.

No se si esta que comento fue la última de las “estampas” publicadas en Caldenia, pero vale como muestra estas, algunas de las cuales reproduzco para que puedan apreciarlas.
Foto tomada por Lazaro Perez en Victorica en la década del 60 en la esquina de la casa de Mauricio Sarranz había un grifo. Más atrás a la derecha se alcanza a divisar el antiguo Hotel de Lemme demolido en la década del 70.

Aprovecho para insertar una fotografía tomada por Lázaro Pérez en la década del 60 cuando varios niños se dedicaban a llevar agua desde los grifos de Obras Sanitarias hasta las viviendas de los pobladores cuyos pozos se habían secado.

Seguramente los abuelos victoriquenses de la década del 50 recordarán a los Olmos y su carro ambulante de distribución de galleta, pan y facturas a domicilio. Había también verduleros ambulantes, heladeros ambulantes y por supuesto los lecheros ambulantes que día por medio o a veces diariamente dejaban la leche en los hogares victoriquenses.


La noticia periodistica ilustrada con una toma donde se puede apreciar el oleo pintado sobre la pared de la chimenea de una estufa en una casa antigua del campo donde vivieron la familia de su esposa.

La iniciativa de otros amigos de Victorica de rescatar un friso que “Pocho” pintó en el frente de la estufa de la casa de campo donde antiguamente habitaron los García con su familia y trasladarlo a Victorica para revalorizar un proyecto de paseo del Arte que piensan bautizar con el nombre de Carlos Alberto Riela, será un justiciero y merecido homenaje. Lástima que, como siempre, los homenajes no se hacen en vida. Los argentinos tenemos demasiado adentro la cultura necrofílica. Declaramos el amor a las personas cuando ya se han ido de entre nosotros.

Links relacionados:

Homenaje a Pocho Riela

ARTISTA VICTORIQUENSE

“POCHO” RIELA

Carlos Alberto Riela, conocido entre los amigos como “Pocho”, nació un 20 de noviembre de 1942 en el paraje Leubucó, en el Departamento Loventué , de la actual provincia de La Pampa.
Nació y se crió en el medio rural, su familia ocupaba el campo el “5”. Era el hijo menor de Antonio Riela y Felisa Pereyra. Sus hermanos Humberto “Cato”, Benito Domingo, “Chuma”, Andrés “Coco”, Estela la mayor de todas, casada con Miguel Peralta, Margarita, “Porota”casada con José Lobato, Francisca, casada con José Hadad, Felisa, “Pila” casada con Fermín Hadad y “Negra” la más chica.

Cuando vinieron al pueblo se afincaron en una quinta a 4 o 5 cuadras de la plaza hacia el oeste, cerca de la cancha del Club Independiente, allí todavía se conserva la antigua vivienda que fue el hogar familiar de los Riela.
De derecha a izquierda: Zanín, Caffarel y Humberto "Cato" Riela junto a los demás empleados de Correos y Telecomunicaciones a principios del 60 en Victorica.

Hizo la escuela primaria en el Colegio Don Bosco de Victorica. Alrededor de 1953 llega al Colegio el RPS José Rizzi, con quien “Pocho” tendrá sus primeras incursiones en el dibujo y la pintura.

Después de finalizada la escuela primaria, “Pocho” incursiona en la secundaria por los pagos de General Acha y allí se encontrará a fines de la década del 50 con Andrés Arcuri, que estaba comenzando a desarrollar su pasión por la pintura de los paisajes regionales. Recuerdo que cuando lo invitamos a exponer en Victorica en 1971, “Pocho” se acercó a saludar a su antiguo maestro a quien admiraba. Él mientras le ayudaba a llevar los petates entre los médanos de los alrededores de General Acha, charlaba sobre colores y otros temas relacionados a las técnicas con el sensible Andrés.

En General Acha realiza el primer año del secundario y al siguiente se viene a Santa Rosa, aprovecha la Escuela Hogar que lo alberga y cursa el 2º y 3º año en el Colegio Nacional.



El primero a la izquierda desde abajo es Benito Domingo "Chuma" Riela ejecutante del acordeón en la Orquesta Santarroseña "Los Príncipes del Tango" de recordadas actuaciones.

Después iría a Buenos Aires a continuar su carrera en el Colegio Nacional 17 de Villa Fiorito, pero llegó hasta cuarto año y no terminó. Regresó dado que su padre falleció en 1958 y el vuelve a Victorica en 1959. Cacho Peralta dice que muchas veces faltaba porque se iba a estudiar dibujo y pintura o a pintar a las plazas de Buenos Aires.

Según me contó “Cacho” , sobrino de Carlos A. Riela, el padre de los Riela sabía tocar un instrumento musical denominado “Bandónica” (aparentemente sería parecido a los acordeones tipo “verdulera”, pero más chicos, que se toca a la altura del pecho).

En la vida de campo, en las zonas rurales, uno de los entretenimientos después de las tareas era practicar alguno de estos instrumentos, para no olvidarse o para alegrar ciertas ocasiones. Los niños Riela, entre ellos Pocho, aprenden a pulsar el instrumento musical (una verdulera de ocho bajos) que luego ejecutan en su paso por la escuela primaria.
Y a partir de allí los niños sienten la inquietud, primero el "Cato" y su hermana "Chola", los mayores, luego“Chuma” y después “Pocho” aprenden los rudimentos de las notas, a conocer las teclas y a afianzarse en el oído musical, dado que la mayoría fueron autodidactas e improvisadores.

Benito Domingo Riela hizo carrera con el bandoneón siendo uno de los mejores ejecutantes de Victorica donde supo integrar alguna orquesta. Después con Hugo Cabada, formaron su propia agrupación. Prosiguió posteriormente su recorrido en Santa Rosa en orquestas de tango, siendo una de las más recordadas “Los Príncipes del Tango” una formación integrada por Riela, Mansilla, Cabada, Tubán y otros.


Dibujo de "Pocho" en el que imagina un momento del Combate de Cochicó entre las huestes de Yancamil y el piquete del Escuadrón de "Indios Amigos" del Ejercito Nacional.


Pero “Pocho” por su timidez, jamás había querido ejecutar en público. Lo hacía sólo en la intimidad de su hogar y para sus momentos de expansión espiritual. Hasta que una noche de los carnavales de la década del sesenta cuyos bailes se hacían en el Club Cochicó, el director de la orquesta Jorge Ardhú de la ciudad de Córdoba, paseando por los alrededores escucha que por la puerta abierta de un zaguán y la ventana de un comedor, la melodía de un bandoneón que le impacta por su muy buena ejecución.

Al regresar al Hotel “El Cóndor” de Nicola Di Dio y su familia, comenta y pregunta quien es el personaje que acaba de escuchar, pero no ha podido ver. Ricardo Di Dio lo va a buscar y Pocho acepta la invitación para subir al escenario y tocar un par de piezas junto a los músicos de la orquesta de Jorge Ardhú. Así lo hizo y recuerdo que nos causó una muy grata impresión y fue largamente aplaudido.

De I a D: Parados Bruno Rovito, Barneix, Alfredo García (cuñado de Pocho) Carlos Alberto "Pocho" Riela, Ojeda, Vargas, (hincados) Mendiara, Becerra, Piccolomini, "Cacho" Peralta (sobrino)


A la par de estas inquietudes Carlos Alberto Riela le apasiona también el fútbol, siendo uno de los más hábiles delanteros que vistió la casaca del club local Cochicó durante las décadas del 60 y principios del 70.

Junto a Omar D. Becerra, Piccolomini, Cacho Peralta, Tonny Pescara, con el "Negro" Di Dio o Rovito de arqueros y otros, deleitan a la hinchada domingo a domingo. El rival histórico era el Sportivo Telén. Casi un Boca River local. Cuentan que cierta vez para evitar que Telén avanzara peligrosamente hacia la punta alguien le propuso a “Pocho” que el partido contra Luan Toro había que ir a menos, ante lo cual la respuesta fue “conmigo no cuenten”.

Ingresó a trabajar en la sucursal local del Banco de la Nación Argentina, se había casado con Maruca García, la hija menor de “Chun” García. El trabajo y el fútbol lo llevaron a trasladarse a Eduardo Castex donde vistió la casaca del Racing Club. Posteriormente recaló en la ciudad de Santa Rosa.

Oleo pintado por Carlos Alberto Riela década del 70 de nuestra colección particular.


Antes que se fuera de Victorica le dije un día que quería comprarle alguna obra de su autoría. Me invitó ir a su casa, en esa época vivía con su familia en la vivienda contigua a la Farmacia de Domingo Frois Regis. La primera visita fue de acercamiento porque las obras que tenía terminadas eran de gran tamaño y como nosotros todavía vivíamos en el Departamento de Zaldarriaga, no teníamos prácticamente espacio, así que le encargué que cuando hiciese algunos de pequeño formato me avisara. Así fue que un día se acerca hasta la Oficina y me dice que ya tiene otros terminados. Fui y le compré dos cuadros, uno de ellos es un caldén en invierno y el otro es un caballo recortado sobre un cielo oscuro.

Casi todos los años visitaba Victorica en la que aún estaban familiares suyos y de su esposa. En la década del setenta Raúl Horacio Kenny intendente y Presidente de la Fiesta Provincial de la Ganadería lo contrata para que pinte un mural en el escenario del Club Cochicó.

Pocho hace un inmenso mural con un motivo campero que incluye un rancho y un caballo, que es alabado por propios y extraños.  Ese mural se conservó por varios años, porque él personalmente, cada tanto, se preocupaba por restaurarlo y de preservarlo. Después lo suplantó por otro motivo que aún se puede apreciar en el salón de la sede del Club Cochicó.

Un día cualquiera en la Victorica de antaño imaginada por Cazenave y dibujada por Carlos "Pocho" Riela en el libro del Album del Centenario 1982.

Luego cuando llega la fecha próxima al Centenario, Pedro Carlos “Cachi” Fiorda, lo convoca para integrar el equipo con el que EFEBE Ediciones preparó el “Álbum del Centenario Victorica 1882-1982”, con textos e investigación del Profesor Walter Cazenave e ilustración de Carlos A. Riela. Las ilustraciones están realizadas con plumín y tinta china, algunas a partir de antiguas fotografías y otras son creaciones a partir del conocimiento de los hechos y la región en la que se llevaron a cabo. Las páginas 30 y 31 contienen la ilustración de lo que habría sido la vida en el Fortín en tanto que la 56 y 57 tienen una magnífica representación de lo que pudo haber sido el combate de Cochicó entre el piquete del escuadrón de los “indios amigos” y las lanzas de Gregorio Yancamil.

En las páginas 90 y 91 hay una magnífica composición a partir del texto que Cazenave imagina para una tarde en Victorica. Riela dibuja detalladamente una esquina de la plaza con parroquianos en la vereda de un Bar, viendo pasar caminando y en sulky, a otros vecinos del lugar.

"Pipo" Piccolomini el infaltable vendedor ambulante en todas las fiestas y en particular en la cancha de "Cochicó", dibujado magistralmente por "Pocho".


Tiempo después Cazenave que dirigió una revista que edita la Cooperativa Popular de Electricidad de Santa Rosa, lo invita a Riela a ilustrar una serie de historias a la que “Pocho” se suma. Ya había demostrado gran habilidad para dibujar con plumín y tinta china y esa es la técnica que utilizará también en esta serie, cuya edición fue financiada por el Gobierno de La Pampa.

De su etapa santarroseña se puede mencionar algunos otros trabajos que conocemos como los publicados en Caldenia, de la serie titulada "Del pasado y de esta tierra" o los aparecidos en un almanaque de una firma comercial de transporte pampeana o los que efectuara para el festival Internacional de Jazz.
Un observador que conoce muy bien los caballos ha acotado que Riela es uno de los pocos dibujantes que ha podido apreciar que dibuja con maestría a los equinos en distintas actividades y contextos.
Pero no es solo con los animales que logra dibujos ajustados a los tipos reales. También las figuras humanas y fundamentalmente los rostros, son logrados con gran calidad. Tal el caso del retrato de “Pipo” Piccolomini de la página 155 del Álbum mencionado.

NOTA: Texto inicial provisorio sujeto a correcciones, rectificaciones y ampliaciones 23 de enero de 2009.
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