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martes, 28 de abril de 2009

THANAN TUE

Según la toponimia en base a las investigaciones de distintos autores, el vocablo Telén, tiene distintas acepciones. En mi libro "Historias de Vida" (1999), he recogido varias de ellas.

Una de las que cité es la realizada por don Esteban Erize quien dice que Telén significa: “Tierra pisoteada” de “tanan” pisoteada y “tue” tierra, vocablo compuesto.

“Este lugar queda entre el actual pueblo de Telén y el paraje Poitahue. Los indios decían tierra pisoteada por ser el lugar de Travun (juntas) de juegos (taba, chueca) y carreras de caballos, con pruebas de equitación.” “En Thanan Tue se trataba de la guerra como de la paz, se podía estudiar una invasión o vender los productos de los robos. Fue uno de los lugares más importantes de la historia Arauco-pampeana. Es allí, que en 1806, don Luis de la Cruz tuvo la junta con Currupilun, jefe de las tribus ranquelinas. Allí también, en 1819, fue recibida la embajada del gobierno patrio presidida por Feliciano Chiclana logrando éste la neutralidad de los indios en momentos muy difíciles para el país, cuando con Chile se

El Parque a la entrada de la vecina localidad de Telén ha sido bautizado con el antiguo nombre aborígen que resuena onomatopéyicamente el sonido de los instrumentos musicales de los dueños originarios del lugar. (Foto Lerc 02-2009)

trataba la cuestión de límites. Fue allí cuando en 1870 el Coronel Lucio V. Mansilla describió el lugar en su libro y también fue allí que, en 1877, los indios araucanos chilenos, con su jefe Meliqueo (cuatro leguas), en representación del jefe de las Fronteras de Arauco, Coronel Bulnes, proponían a los indios locales que desconocieran a las autoridades argentinas, pues a ellos los mandaba Chile.”

Es todavía un enigma no desentrañado, que involucra por un lado, la desaparición de Currupilun como jefe importante y también la existencia de dos lugares. Uno para vivir y otro para las cuestiones políticas. También los Incas tuvieron varios sitios y lugares. Uno religioso, otro político, administrativo y otro civil, para la convivencia, la producción.

Alguna vez Germán Canuhé me dijo que estaba tratando de investigar la localización de los distintos sitios. Incluso que había invitado a varios investigadores entre ellos algunos del Conicet para realizar estudios en la laguna Telén, tratando de hallar rastros que permitan dilucidar la cuestión.
En los terrenos de las viejas vías abandonadas del Ferrocarril en la entrada de Telén, aún se encuentra este cartel que tiene las siglas F.C.B.A.P., que quiere decir "Ferrocarril Buenos Aires Pacífico", dado que esa era la meta final del colosal proyecto que quedó trunco. (Foto Emanuel Roldán 02-2009)

Por otro lado también el profesor Walter Cazenave con otros investigadores ha realizado algunas investigaciones en la zona de Carro Quemado tratando de ubicar el sitio exacto de Poitahué, sin poder localizarlo hasta ahora. En ninguno de los dos casos se han encontrado los enterratorios.

¿CORAZON DEL PODER POLITICO?
A diferencia de Victorica, (antiguo “Echohué”) que tuvo desde su nacimiento, vicisitudes que la pusieron en encrucijadas desde el comienzo, Telén fue primero la región del poderío político ranquel y luego fue el sueño de un colonizador francés que disputó el poder político regional.

Posan frente a la casona de "El Alto" de la familia de Alfonso Capdeville en Telén (antiguo Thanan Tué) José Godhino,cónsul de Portugal en Montevideo, Silvino Gurgeñ de Amaral, primer secretario de la legación del Brasil en Buenos Aires, Von Sanden, cónsul alemán en Buenos Aires, a quienes acompañan Eduardo Dewavrin y Hugo Von Bernard de la zona.(Preparándose para la cacería) Foto del libro "Arando en el desierto" de Ana María Lassalle y Andrea Lluch 2001)

Ese colonizador que era un innovador, empresario, político y un verdadero trotamundos, trajo tempranamente a su estancia Telén a personalidades de distintos gobiernos sudamericanos.

Cuando se funda Telén en 1901, todavía estaban intactas las esperanzas de los grandes proyectos nacionales e internacionales que tendrían a las nuevas tierras confiscadas al aborigen como escenario.

Una de esas epopeyas, fue la del ferrocarril transoceánico, cuyas líneas atravesarían por este territorio, buscando los pasos más bajos de la cordillera, para pasar a Chile.
La quimera del oro llevó a Alfonso Capdeville, fundador de Telén hasta el Sosneado en Mendoza, donde un proyecto de minería consumió sus últimos años.

Fila de carros cargados de lienzos de lana, a la espera de ser descargados en la Barraca de Pablo Jalabert donde la prensa los preparará para el embarque hacia Avellaneda y de allí rumbo a Francia e Inglaterra. (Foto "Arando en el desierto" de Ana María Lassalle y Andrea Lluch 2001)

Allí en Telén, fue primero la lana, después la agricultura temprana, luego el proyecto de la viticultura, para afianzarse después de la primera guerra con la ganadería mayor y, la explotación forestal, con un aserradero, que dio trabajo a muchas familias.

Por último la ganadería vacuna se fue afianzando despacio, a la par de la subdivisión de los campos y de los alambrados, la introducción del molino y de las nuevas razas que permitieron mejorar la criolla primigenia. Hoy la zona está definitivamente centrada en la cría de ganado bovino.

sábado, 25 de abril de 2009

EL MESTIZAJE

Y LAS TRADICIONES ABORIGENES
Doña Aurelia Peracca nació en Victorica, un 18 de agosto del año 1919. Era una de las hijas del matrimonio formado por María Pral, aborigen y Antonio Peracca un italiano.
Su madre había nacido por la zona de General Acha.

Recuerdo que los Pral tenían su rancho por el barrio de los “turcos” Nicolás Hermanos.
Cuenta doña Aurelia que tanto el padre como la madre de su mamá, eran indígenas, aunque su madre no recordaba mucho de ellos, porque era muy chica cuando quedó huérfana de madre y se separó del padre, quien las entregó a una familia en guarda.

Del matrimonio de Aurelia con Gutiérrez nacieron once hijos. Seis mujeres y cinco varones.
Recuerdo que vivían, en la década del cincuenta en un ranchito, cerca de la casa de los Piccolomino y enfrente de lo de don Santiago Di Fernando, en el antiguo “Barrio Latino” de Victorica.

En un reportaje que le hace la periodista Disi Marchesi para el diario La Reforma de General Pico y publicado el 27 de abril del año 1997, le pregunta: “¿Las tierras que reclaman sus congéneres en otras partes del país, según su opinión, les pertenecen?”

A lo que doña Aurelia que ya tenía setenta y ocho años contesta: “Claro que sí, si ellos fueron los que poblaron esas tierras. Cuando yo fui grande, empezaron a venir conocidos de mi madre y un compadre de ella, que vino de allá, me contaba de todas esas tierras que tenían ellos en el Odre, en Árbol Solo, en las que estaban los Baigorrita, que son muy nombrados en aquel lugar, y no se si se las quitaron o que pasó allí. ¡Que cosa, pobre gente!, les retuvieron sus casas, sus tierras,…!Que cosa!”.

De oficio tejedora

Con su sapiencia, Aurelia transmite oralmente a las jóvenes del Instituto de Bellas Artes de General Pico (La Pampa), la tradición aborígen para hilar y teñir lana de oveja.

La periodista, y el fotógrafo le solicitan a doña Aurelia que pose trabajando en el telar, que tenía instalado en su casa de General Pico y hace este comentario sobre la entrevistada: “Una mujer que se ha dedicado a su casa, a los suyos y a tejer para los suyos, hijos y nietos, porque la venta no da”, “no pagan los tejidos lo que valen, así que los hago para los míos.”

Un oficio ancestral, que ella ha recibido como herencia y mandato de sangre de su madre y de su abuela ranquelina. En el Censo Nacional de Población del año 1895, aparecen entre los aborígenes que están viviendo en Victorica, Yanquín Pral de 40 años, María de Pral de 30 años, Ramona Pral de 20 años, Juan Pral de 14 años y Ángela Pral una niña de 1 año de edad. Además de ellos, el censo registró una Ramona Pral de 17 años que se dice tejedora, una Margarita Pral de 58 años que también declara ser tejedora.

Recuerdo que uno de los Pral trabajaba en la Barraca de Eladio Rodríguez hombreando lienzos de lana, salando cueros, estaqueando. Me gustaba mirarlo cuando subía la escalera con el lienzo sobre la espalda apoyado sobre la cabeza para cargar los camiones y acoplados, que las llevarían al Mercado de Avellaneda. Era petiso, pero tenía tal baquía que jamás se le caía un lienzo, de piernas y brazos cortos, pero de una baquía espectacular para manejar esos enormes lienzos desbordantes de lana sucia.

La periodista la pregunta a doña Aurelia: “¿Su madre fue quien le transmitió los conocimientos sobre las artesanías indígenas?”, ante lo cual ella contesta. “Si, lo que ella sabía lo aprendí yo también, mientras ella trabajaba yo la miraba y así fui aprendiendo. Aprendí a tejer, a hilar, a teñir, todo, todo lo que ella sabía aprendí.”

Y agrega como para justificar la tradición: “Mamá murió muy grande, 90 años o más le calculó el médico, y hasta los 80 más o menos trabajó en el telar.” Casi como ella que iba rumbo también a esa longevidad y continuaba apegada al telar.

La artesanía y sus secretos
Doña Aurelia ovillando lana, casi octogenaria, sus manos aún estaban hábiles para el telar y su cuerpo fuerte para resistir parada frente al mismo tejiendo.

La periodista insiste y quiere saber más sobre las artes del oficio de tejedora: “¿Aún hoy tiñe lanas?” Y doña Aurelia contesta: “Si tiño lanas, hilos y hago medias, guantes, pullóveres, de todo. Es un proceso complicado el que se hace para teñirlas, primero hay que saber elegir la planta de piquillín que tenga las raíces rojas, porque no todas tienen la raíz roja, algunas la tienen blanca o amarillita. Elijo entonces la de raíz roja, le saco toda la corteza de arriba, la pongo en un tacho, la hago hervir y meto la lana hilada bien mojada para que hierva ahí bastante tiempo. El color se puede hacer más o menos oscuro agregándole más raíces, más cáscaras o sacándole.”
Y para ilustrar más a quien la interroga agrega: “Se pueden extraer tinturas de otras plantas, como la jarilla, que tiñe de amarillo, también hay una ligustrina que tiñe verdecito, del ceibo hervido se saca un beige.”

La periodista persiste para profundizar en los conocimientos y saberes de doña Aurelia, que es todo un libro abierto para ella: “¿Qué otra cosa aprendió enraizada con sus antepasados?”
Y Aurelia le tiene una sorpresa más a la periodista, porque responde con toda propiedad: “A tejer en lana y en hilo, a preparar la lana que recibo pura de la oveja. Casualmente hace poco tiempo vinieron de Bellas Artes para ver como hacía yo el proceso con la lana, ahí me di cuenta que ellos hilan toda la lana sucia, en bruto, así no… yo la preparo, la pongo al sol, la abro un poco y le pongo bastante ceniza, la doy vuelta, la tengo por lo menos una semana al sol así con ceniza, a la tardecita la entro para que no se humedezca. Después eso se abre para que salga la grasa…, hay que prepararla, hay que limpiarla.”

“El modo en que hacía las cosas mi madre, de la que he aprendido el proceso yo, es muy diferente a lo que hacen acá. Ella trabajaba mucho, yo aprendí un poco, porque mamá también sabía hacer cojinillos de flecos… pero ella, en esos años compraba las anilinas de piedras que veían antes, de esas ahora no hay más.”

Todavía viven en Victorica alguno de los hijos y nietos de doña Aurelia Peracca, uno de los cuales fue panadero toda la vida, igual que su finadito esposo, que desde los 13 años trabajó en panaderías.

sábado, 11 de abril de 2009

LOVENTUEL

Loventuel acaba de recuperar su nombre originario, luego de varias confusiones y discusiones, relacionadas con la toponimia y la grafía que le dieron los ingleses a la estación del lugar. Confusión profundizada por cuanto el Departamento en el que está inserta llevaba el nombre aborigen de Leventué primero, que fue luego cambiado a Loventue.

"¿Lóvntuel?...claro...lóvntuel...se dice así porque quedó todo arruinado allí, cuando nos trajeron un malón muy grande de Mercedes, el coronel Racedo y otros...mataron a muchos paisanos, nos llevaron la hacienda y muchos presos y destruyeron los toldos". (Expresiones de Angela Mariqueo anciana aborígen, antigua pobladora de la zona e informante del maestro y escritor Enrique Stieben)

Acceso a la localidad de Loventuel.
Foto Jimena B. Roldán enero 2009
Como se aprecia en esta foto, a pesar de la sequía reinante, aún estos toritos se mantienen en buen estado, merced a la suplementación alimentaria a la que acuden sus dueños. Loventuel tiene su éjido contiguo al de Victorica y muchos de los propietarios de campos o chacras, por razones de costos siempre han preferido solicitar las guias o certificados de movimientos de hacienda en la localidad que les queda más cerca. Lo cual ha originado siempre litigios entre las comunas.
Plazoleta y Estación del ex Ferrocarril Oeste después D.F. Sarmiento.
Foto J.B.Roldán enero de 2009

Ya no pasa más el tren, de modo que este pequeño pueblo que se fundó justamente especulando con el progreso que le traería a la zona la llegada del ferrocarril, ha perdido como otros, las perspectivas de progreso.

Un último intento, fue el que realizaron hace algunos años las autoridades de entonces, cediendoles tierras a los dueños de un Frigorífico que se instaló dentro de su éjido comunal, sobre la ruta 10. Pero lamentablemente la impericia y las crisis económicas de la Argentina que impactaron sobre todo en pueblos pequeños como estos, donde la privatización de los ferrocarriles y la supresión definitiva de los servicios, los ha condenado al riesgo de desaparición.

Pobladores pioneros de Loventuel con sus mejores galas esperando la llegada del primer tren año 1908.
Probablemente entre quienes están en la foto se encuentren Miguel Farías, Primitiva Ortíz de Ferrari, Carlos Ferrari, Domingo Furia, Luis Funes, Egidio Funes, Elina García, José Mariqueo (aborígen del escuadron de "Indios Amigos"), Aniano Orueta, Antonio Demarqui, María Albornoz, Paulino Bazán, Guevara, Costoya, Pereyra, Dominguez, Elías, Lucero, Roldán, Baigorria (aborígen), Heredia, Muñóz, Reimundo, Arias, Romero o Pérez.

Esta lista, seguramente incompleta, registra algunos apellidos de quienes tenian propiedades o ejercían el comercio, al momento de la fundación en 1904. De la Guía de don Miguel de Fougeres confeccionada con datos de 1905, he extraído estos nombres, que obviamente representa a una parte de la población que tenía Loventuel por aquellos años de mediados de la primera década del recien comenzado siglo XX.
Fachada actual del edificio del Club "Atlético Loventuel".
Foto Jimena B. Roldán enero 2009



La llegada del ferrocarril significó, no sólo para la jóven Loventuel, sino también para Luan Toro, que se fundó kilómetros antes y el mismo año de la llegada del riel de acero, muchas cosas.Se valorizaron las propiedades. Se tuvo a disposición el transporte de personas y de cargas, hacia los grandes centros consumidores. El acceso a proveedores de mercaderías perecederas y no, fueran de Buenos Aires o desde General Pico, la ciudad pampeana más populosa de la línea que venía directamente desde la Estación Once.



Pero uno de los aspectos culturales más significativos fue que la llegada del ferrocarril y la puesta en explotación de los campos y posteriormente la industria extractiva del bosque de caldén, trajo a la zona muchos trabajadores.

Eso significó público y practicantes del deporte que se venía haciendo popular en la Argentina, el fútbol. Loventuel supo tener dos clubes de futbol, uno era "Costa Brava", el que estaba integrado por la mayoría de la gente que trabajaba en el ferrocarril y el otro era "Unidos de Loventuel", donde jugaron Marcial Roldán y Alfredo Sad entre otros.

Fachada de la casa de familia y despensa donde vivieron sus últimos años la familia Sad-Roldán. Foto Jimena B. Roldán enero de 2009
Don Alfredo Sad se casó con Delicia Roldán, una de las hijas de una antigua pobladora de una de las chacras de Loventuel, doña Elina García de Roldán, esposa de Cirilo Roldán. La familia se agrandó con la llegada de tres hijos el "Negro" que ingresó a trabajar en el ferrocarril, Aida, que se casó con Nuñez y "Cacho" que permaneció soltero viviendo en la casa de sus padres.

Posando y brindando dueños y clientes del comercio de los Lemme.

La casa de comercio de don Gialdino Lemme de ramos generales, instalada en Victorica a principios de la década del ochenta, del siglo XIX, puso una sucursal de su almacén "La Bella Italia" en Loventuel, después que la zona creció económica y comercialmente.

Según el último Censo Nacional de población del 2001, Loventuel incrementó su población en un 95 % con respecto a 1991, pasando de 63 a 123 habitantes. Muy por debajo de los 396 que registró en el Censo del año 1947.

La desaparición casi definitiva de la explotación del lanar, que fue en los primeros tiempos el motor de la explotación ganadera de la zona y de la explotación forestal a gran escala como fueron las épocas entre las dos grandes guerras mundiales, han cercenado las perspectivas futuras, acotando la explotación agropecuaria a la ganadería vacuna, que con las últimas políticas nacionales no está tampoco ofreciendo buenos negocios.

lunes, 16 de marzo de 2009

PRIMER BANCO EN VICTORICA

Victorica, fundada en febrero del año 1882, se preocupó al poco tiempo de poder
gozar de los adelantos que tenían otras poblaciones creadas en las antiguas provincias argentinas.
Una de las primeras peticiones ciudadanas de las “fuerzas vivas” de la localidad fue la de contar con una línea ferroviaria, que la conectara con la capital de la Nación.

Lamentablemente tanto para el país como para los entonces Territorios Nacionales, la década del 90, con la primera crisis económica profunda, es prácticamente una década perdida. Sobre todo para Victorica que sufre un cruento enfrentamiento político lugareño con repercusiones a nivel Territorial y aún Nacional.

Recién a comienzos de la primera década del siglo XX, se retoma el ímpetu, aunque ya con menor intensidad, dado la dispersión de los esfuerzos por la fundación de Telén en 1901, Loventuel en 1904 y Luan Toro en 1908, comunidades que estaban ligadas, antes de la llegada del ferrocarril, comercial y socialmente con Victorica, por ser el único centro regional, en materia no sólo comercial, sino también educacional y aún de salud.
Y ese lazo era sólido por imperio de las circunstancias geográficas. No había caminos, no había automóviles aún y tampoco el ferrocarril, cuya estación más cercana era Toay.

En 1901 el Dr. Benjamín Victorica, ex ministro de Guerra del gobierno del General Roca, es designado en el directorio del Banco Hipotecario Nacional. Al año siguiente es electo Diputado Nacional y siendo este aún un Territorio Nacional, muchas cuestiones locales y territorianas tenían repercusión como caja de resonancia en los recintos del Congreso. En 1904 es electo Presidente de la Cámara de Diputados, por lo que la influencia política de Victorica va en ascenso. Supongo que nada de esto pasó desapercibido para las autoridades lugareñas de entonces.

A partir de la creación de la Biblioteca Popular Bartolomé Mitre, fundada el 4 de junio de 1905, y de la vuelta del General Victorica a la actividad publica, después de la muerte de su esposa, la comunidad del pueblo, que lleva su nombre, le hace objeto de varios homenajes. Uno de ellos es el designarlo Presidente Honorario de la Biblioteca. Así se lo hacen saber en nota firmada por los maestros Hildebrando Ortíz presidente y Félix Romero secretario.

En 1908 el Concejo Deliberante de Victorica, por su parte, decide colocar en la Sala de Acuerdos el retrato del General Victorica, con cuya comunidad mantiene relaciones a través del señor Medardo Bustos, el encargado de su campo en la zona de Leuvucó. Predio que será adquirido años después, por don Cruz García y conocido como “La Naranja”.

El 27 de julio de 1911 el General Victorica le escribe a don Medardo a quien trata de “Estimado amigo” y en un fragmento de su misiva le hace saber: “Le reparé que el Banco que compró una casa para sucursal, tuvo que gestionar largo tiempo el titulo, del que carecía la vendedora”.

Esta foto del día de la inauguración tiene de diferente con la de más abajo que aquí se yergue el molino y no tiene los postes de la energía eléctrica y los cables de la telefonía.

El Dr. Victorica se refiere al problema de la falta de títulos de propiedad de los vecinos en general y en particular a la Sucursal del Banco de la Nación Argentina, en cuya gestión debe haber influido, para que el primer pueblo de La Pampa, que llevaba su propio nombre fuese asiento de una sede, dado que Santa Rosa, General Pico y General Acha ya tenían la suya.

El terreno, que tenía una edificación se le adquirió al señor José Rosalín, en la cantidad de $ 12.000,oo moneda nacional de curso legal. En otra nota fechada en Buenos Aires el 30 de abril de 1912, cuando ya integraba el Directorio del Banco de la Nación Argentina, le dice a don Medardo Bustos: “Muy pronto darán principio a la construcción de la sucursal del Banco, probablemente en el próximo mes. Acaba de corregirse el plano y está listo y aprobado.”

En otra carta, de fecha 10 de agosto de 1912 el General Victorica le da la noticia a Bustos de que “ha sido aprobado el presupuesto para la construcción de la casa de la Sucursal de ésa, por un valor de cerca de $ 100.000,oo m/n” Y en un párrafo final agrega “La verdad es que el movimiento comercial de esa región, aún no dará para costear la obra en mucho tiempo. Entiendo que la Sucursal no costea sus gastos todavía”.

La Sucursal Victorica, de tercera categoría, vio reducida su influencia en la localidad por la instalación de la Sucursal del Banco de La Pampa. Foto Lerc década del 80.

El General Victorica fallece en enero de 1913, estando en funciones en el Directorio del Banco de la Nación Argentina.

La Sucursal Victorica, que había entrado a operar el 1º de septiembre de 1909, alquilando un inmueble, inauguró su nuevo edificio el 5 de Agosto de 1913.

El primer Gerente, señor Baldomero Viller, (h) había sido designado el 15 de junio de 1909 y llegó a Victorica procedente de Victoria provincia de Entre Ríos. Permaneció al frente de la Sucursal Victorica hasta agosto de 1918 en que fue trasladado.
El radio que se le asignó a la Sucursal Victorica fue fijado por distintas Resoluciones del Directorio de la Casa Central y en sus primeros tiempos abarcó los Departamentos de Rancul, Conhelo, Toay, Leventue, Chalileo, Limay Mahuida y Chicalco de La Pampa y el departamento General Pedernera de la provincia de San Luis.

Entre los primeros clientes de la Sucursal podemos mencionar, entre otros:

Año 1909
1.- Domingo Etchegaray, agricultor
2.- Domingo Lemme, comerciante
3.- Llorens, Antich y Cia., comerciantes
4.- Julio R. Bringas, médico
5.- Sebastián Hernáez
6.- Miguel Farías, agricultor
7.- Medardo Bustos, agricultor y recolector de rentas nacionales
8.- Domingo Furia, agricultor
9.- Civila M. de Funes
10.- Emilio F. Balech (contador de la casa “A Capdeville y Cia”)

Año 1910 del Centenario
11.- Tito Biggi, industrial
12.- Crispiniano Fernández, secretario de la Comisión de Fomento
13.- Antonio Fuentecilla, comerciante
14.- Juan Gimenez, relojero y periodista.

De 1910 a 1913 no tengo datos asique espero cualquier información al respecto en los comentarios.

Desde enero de 1913, Máximo García, agricultor y ganadero.

Sin lugar a dudas que la presencia en Victorica del Banco de la Nación Argentina era un hito fundamental para su desarrollo. Probablemente esa haya sido una de las causas por las que Alfonso Capdeville decide fundar un Banco de Crédito Rural en Telén que abrió sus puertas el 19 de abril de 1910, a sólo ocho kilómetros de Victorica.

jueves, 12 de marzo de 2009

MONUMENTOS VEGETALES

En otra nota anterior me he referido a las “catedrales de los pájaros”, o a los “padres del monte”. Denominaciones que han surgido para referirnos a los más antiguos caldenes que aún están entre nosotros, formando parte del bosque nativo de La Pampa. En el Parque Luro aún está el "Matusalén".

Pareciera que con la reglamentación sobre explotación forestal, y con las distintas medidas conservacionistas que se han dictado en las últimas décadas, habría pasado el mayor peligro de la extinción de estos portentosos ejemplares, que muy de vez en cuando aparecen en algunos registros fotográficos.

Pero a la par de los frondosos y añosos caldenes de la zona de las chacras o campos de los alrededores de Victorica, aún se encuentran vivos también, algunos pocos ejemplares de árboles implantados por los colonos, que llegaron a las tierras que fueron incautadas al aborigen.

Por las descripciones que hacen algunos recién llegados, los árboles que advierten son álamos, probablemente en alguna antigua población puedan quedar algunos ejemplares de aquellos álamos jóvenes plantados a principios de la primera década del siglo XX.

En las inspecciones que llevaron a cabo en mayo de 1908 los empleados de la Dirección Nacional de Tierras y Colonias, dejaron escrito algunas referencias que como ejemplo cito: Chacra Nº 31 del señor José Ghizzo 16 plantas de álamos; en la Nº 33 de Joaquín Llorens 9 plantas de sauce y 15 parras; en tanto que en la Nº 34 ½ sudeste del señor Andrés Costoya registran 28 árboles frutales, 200 álamos y 12 paraísos.

Cuando don Félix Romero se hizo cargo de la Escuela Nº 269 de las “Chacras de Victorica”, impulsó la realización de la primera Fiesta del Árbol inaugurando un Vivero Escolar en el que se plantaron muchísimos ejemplares de distintas variedades.
Los aborígenes eran muy respetuosos del "Huitrú" y los que vivieron en los alrededores de Victorica (leuvucó-echohué) no tenían necesidad de plantar árboles porque tenían el bosque milenario al que el coronel Racedo menciona en sus memorias como verdaderas "selvas".

Dijo don Félix, en un fragmento de su discurso a los alumnos y padres presentes, en aquella oportunidad: “Aquí en nuestra Pampa, es quizá donde más imperiosamente necesitamos propagar los árboles y los cultivos de todas clases para moderar los rigores del clima, los vientos helados tan frecuentes, los calores excesivos que se hacen aún más abrasadores por la capa arenosa que forma su suelo, y atraer la lluvia ya que se carece de ríos que fecunden los campos. Dando forma material a las ideas, hoy vamos a inaugurar un pequeño vivero de árboles, en esta escuela, que creo será el primero que se realiza en el Departamento, y espero que la providencia ha de ayudarnos para que la escuela pueda colaborar regalando plantas al vecindario, del que no dudo se empeñará en los propósitos que vengo señalando.”

Estas sentencias del maestro Romero siguen hoy, más que nunca, vigentes, luego de todos los perjuicios que estamos sufriendo como consecuencia del cambio climático, generado por el “efecto invernadero” y la rotura de la capa de ozono.

Hace poco tiempo el Concejo Deliberante de Victorica ha declarado histórico un ejemplar de Eucalipto (foto arriba) al que se le atribuyen más de 100 años de antigüedad, sobre lo que tengo mis dudas. Comparto la idea y me parece interesante e importante todas las medidas que permitan resguardar y salvar del hacha o la motosierra a estos árboles, que son parte viviente de la historia de Victorica de hace alrededor de cien años y más.

Seguramente que para los primeros pobladores, venidos de otras provincias argentinas o fundamentalmente de otros países, las propiedades medicinales del Eucalipto eran ampliamente conocidas y formaba parte de la farmacopea casera, eso justificaría la gran cantidad de plantas de esta especie que solían verse hasta unas décadas atrás, muchas de las cuales han caído víctimas del “progreso edilicio".

Y esto no sólo le compete al Municipio, sino también a las Instituciones de la localidad, comenzando por las escuelas que son las que más deben trabajar sobre la formación de la conciencia conservacionista y de preservación de estos verdaderos “monumentos forestales”. Por supuesto que también y en particular al Vivero Forestal de Victorica, la Escuela Agrotécnica y a la Estación Experimental del INTA.

Dentro de poco tiempo habrá de dar comienzo a las obras de remodelación del edificio frente a la plaza, que se transformará en la sede de la Casa de la Cultura de Victorica.
Esa casa perteneció entre los años 1.909 y 1931 a don Máximo García uno de los pioneros innovadores del campo pampeano. Un español que supo comprender la importancia de la agricultura en los primeros tiempos en el noroeste pampeano.

Ya en otras notas publicadas sobre él, en Caldenia, me he referido específicamente a sus éxitos con la alfalfa.
El aguaribay en el patio de la futura Casa de la Cultura, esperando que alguien lo salve y le respete su espacio vital. Dio sombra a la cocina a la salida del sol y preciados frutos para la gastronomía casera de don Máximo y su familia.

En este momento quiero referirme al árbol que aún se encuentra en lo que fuera el patio de su casa, allí donde tenía también su parral, su quinta y el molino con el tanque australiano.
Es muy probable que el aguaribay que muestra la foto tenga alrededor de 90 años por lo menos. Habría que recurrir a los técnicos forestales de la zona o de la provincia para que puedan verificarlo.

El aguaribay tiene también propiedades y usos medicinales y culinarios diversos. Una de sus denominaciones corrientes es “árbol de Castilla” y estoy casi seguro que en Victorica hasta hace unas décadas atrás había en varios patios amplios y en las quintas de los aledaños alguna de estas plantas. Según su bisnieta Yolanda, don Máximo, quien había sido masitero en la Provincia de Buenos Aires, guardó una colección de recetas de cocina, muchas de las cuales tenían aderezos vegetales y variedad de condimentos extraídos de la huerta y de arbustos.

Si no fue don Máximo quien lo plantó pudo ser el propietario anterior del inmueble el escribano jefe del registro de contratos públicos don Ángel Rodríguez, quien le vendió a García por ausentarse de la localidad.

Pero más allá de que tenga unos años más o años menos, lo importante sería, que el Municipio, de quien depende creo ahora el inmueble, lo declarara también árbol histórico y obligue al diseñador del proyecto a salvarlo e integrarlo dentro del mismo como se ha hecho en otros lugares.

Sugiero además que en el caso del Eucalipto como en éste Aguaribay, se diseñen y se coloquen rejas de protección y placas identificatorias con las descripciones pertinentes. Porque estos verdaderos “Monumentos Vegetales” que la naturaleza ha permitido que subsistan a pesar de su abandono, son dignos de pervivir, porque ya se han adaptado al clima y su entorno geográfico.

martes, 24 de febrero de 2009

RAICES DE NUESTRA IDENTIDAD

Creo que fue el escritor mexicano Carlos Alonso, quien ha expresado que "los mexicanos descienden de los Aztecas, los peruanos de los Incas y los argentinos de los barcos".

Por supuesto que se trata de una "chicana", para hacernos saber que no tenemos identidad, dado que nuestra nacionalidad ha sido producto de una mezcla muy polifacética de culturas. A pesar que durante muchas décadas, alguna generación se creyó que eramos Europa trasplantada a la América. Fueron los momentos que tomábamos distancia de los países hispanoamericanos, con profundas raíces mestizas.
Fachada del Hotel de los Inmigrantes, recuperado y convertido en Museo Nacional.

Nuestros abuelos, abuelas, bisabuelos y bisabuelas, junto a tios y tías, llegaban en barcos que partían de puertos europeos, que trasladaban miembros de familias, de naciones no sólo europeas, sino también asiáticas.

La mayoría de los inmigrantes pobres venían a América por varias causas, entre ellas las más comunes eran, escaparle al hambre y a la guerra. También coincidían en la intención de trabajar algunos años "hacerse la América" y volverse a su Patria, junto a su familia. Pero para la mayoría las circunstancias fueron muy duras y no les fue posible volver.

Luigi Cesanelli dejó en Sant´Angelo de Impontano, provincia de Macceratta, frente al Adriático a sus padres Salvador y María Ricucci y a sus hermanos. A los que nunca volvió a ver, porque jamás pudo regresar.

Los barcos atracaban en un espigón, frente al Hotel "de los Inmigrantes", hoy convertido en Museo. Si entre la tripulación o el pasaje se detectaba alguna enfermedad contagiosa, se imponía a la totalidad de esos pasajeros y tripulantes lo que se llamaba "la cuarentena", en alusión a los cuarenta días que debían transcurrir, desde su llegada hasta que, después de vacunados eran autorizados recien a descender.

El descenso se hacía frente al Hotel, donde luego de registrarse en las oficinas de Migraciones, las familias o personas eran alojadas en las instalaciones del mismo. Allí recibían alimentación, hasta que estuviesen en condiciones de sobreponerse a las peripecias del viaje (que para los pobres era en tercera clase) y emprender por sí mismos los contactos con sus parientes que ya estaban en Argentina, y ofrecer su fuerza de trabajo y experiencias a algún "paisano" de la colectividad y comenzar a ganarse los primeros "garbanzos".

En el caso de nuestro abuelo italiano Luigi Cesanelli, el viajó con un primo José Cesanelli, quien se afincó por Luan Toro, casándose con Rosa Zaldarriaga. Cuando llegaron la Argentina estaba en ebullición, rumbo a la fiesta del Primer Centenario.

Este es el Comedor del "Hotel de los Inmigrantes", con las mesas y réplicas de panes, donde comían los adultos y los niños diariamente. Foto Lerc julio 2001.

Cesanelli, Leyton y Lamónica, según testimonio oral de Carmelo Lamónica (h), habrían sido contratados por la empresa que estaba construyendo las estaciones, las casas, los galpones y las demás dependencias del Ferrocarril del Oeste, que ya se había internado en el Territorio Nacional de La Pampa Central.

Cesanelli llegó el año 1908, a la edad de veinte años, justo cuando el Ferrocarril estaba terminando los tramos de Monte Nievas a Telén, que sería la punta de riel, pero con la perspectiva de continuar luego rumbo al Pacífico.

Los proyectos de las empresas ferrocarrileras de esos años tenían previsto grandes inversiones en extensión de líneas. Así por Victorica además de la línea del Oeste que fue la primera en llegar, estaba previsto que la línea que venía del puerto de Bahía Blanca y que ya estaba en Toay desde 1896, proseguiría rumbo a Victorica, con destino final Villa Mercedes (San Luis).

Por otra parte la línea del Oeste, que llegaría a Winifreda, tenía prevista la prolongación (pasando por Victorica) rumbo a Mendoza y desde allí a Chile.

Victorica era el principal centro urbano poblado del Territorio, según la constatación del II Censo Nacional de Población de 1895 y hasta los primeros años del 1900. Probablemente si no hubiese existido el enfrentamiento entre Alfonso Capdeville y un sector que creyó ver amenazados sus intereses, que partió la sociedad en dos bandos y originó la fundación de Telén en 1901, esa primacía, se hubiese sostenido. Además si se hubieran llevado a cabo las nuevas líneas forraviarias que la hubiesen convertido en un importante nudo de las comunicaciones de mercaderías y personas, eso la habría consolidado.

Pero la primera Guerra Mundial, iniciada en 1914 paralizó todos los proyectos y luego de finalizada la misma, las inversiones no se hicieron, comenzando el éxodo. Algunos hacia Telén, otros retornando a sus países de origen y muchos a otros pueblos del Territorio que habían comenzado a tener importancia como General Pico (que se había fundado en 1905) y Santa Rosa, que ya se había convertido en la nueva Capital.

Nuestros bisabuelos y abuelos inmigrantes traían sus petates, en baúles, valijas, volsos, cajas, de los mas diversos materiales, tamaños y colores. En este sector del Museo se puede apreciar una pequeña muestra de los mismos. Foto Sigar julio 2001.

Luiggi Cesanelli se casó con Jacinta Paz, hija de Juana Paz, de marcados rasgos aborígenes, que había venido con las tropas fundadoras del Fortín "Resina".

El piamontés Carmelo Lamónica se casó con una "paisana" italiana de apellido Bessone y Teodoro Leyton se casó con una criolla de apellido Medina.

Cesanelli y Leyton fueron socios durante varios años. Todos ellos construyeron sus casas en Victorica donde albergaron sus familias. Aparentemente la más antigua es la de Carmelo Lamónica que aún se mantiene en pie. La de Leyton que esta ubicada frente al lateral izquierdo del Colegio Maria Auxiliadora, de ladrillo a la vista aún está también en pié. Y la del "tano" Cesanelli, también resiste el paso del tiempo, en la esquina, frente al actual Cuartel de Bomberos Voluntarios. Tiene pisos de mosaico fabricados en su propia fábrica y está revocada con materiales y mano de obra de muy buena calidad, los que se mantienen intactos pese a su más de 80 años de antigüedad.

miércoles, 11 de febrero de 2009

HACE UNA DECADA

Hoy hace diez años que presentamos el libro que titulé “Historias de Vida”, acompañado de un subtitulo ambicioso: “De personas, pueblos, instituciones y regiones”.

Lo hicimos en el salón histórico del Club Cochicó de Victorica como parte integrante de los actos de un aniversario más de nuestro pueblo natal. Esa tarde del 12 de febrero de 1999, me acompañaron, amigos, funcionarios y parte de mi familia, haciendo de presentadora, la maestra y profesora, Celia Porras de Ludueña.


El libro lo dediqué como homenaje a dos maestras que luego fueron profesoras nuestras en la Escuela Nº 7 y la Escuela Provincial de Comercio “Félix Romero” de Victorica. Ellas fueron quienes nos contagiaron el “bichito” de la lectura, María Mercedes Bustos Bazán de Ares y Lucy Palmieri, quienes nos introdujeron en la literatura y nos estimularon con su ejemplo.

Me ayudó en la corrección y aconsejó sobre el armado de los capítulos, la desaparecida escritora pampeana Victorina Carlassare de Defonteynes.

El libro está incorporado como consulta dentro de la Bibliografía de Historia Regional de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Pampa y es constantemente consultado por quienes quieren indagar algo sobre nuestro pasado de los pueblos y las instituciones de la región del noroeste pampeano.




El texto fue editado por el Centro Cultural del Oeste Pampeano, el que creamos junto a otros victoriquenses con inquietudes en 1985, y a quien doné la mayor parte de la tirada de 1.200 ejemplares.

A todos quienes colaboraron muchas gracias y a quienes utilicen los textos allí reunidos, lo único que les solicito es que tengan a bien citar la fuente.

lunes, 9 de febrero de 2009

ANTIGUOS BOLICHES VICTORIQUENSES

Victorica, como todo pueblo de frontera tuvo desde sus inicios los denominados “Boliches”. Los boliches de campaña y los boliches urbanos. Pero no sólo en los “boliches” se expendía bebidas al mostrador, sino también en aquellos que estaban registrados como almacenes. Incluso hasta los de Ramos Generales supieron tener algún sector en el que se vendía bebidas en copa para degustar allí mismo.

Hasta los Hoteles o Restaurantes, también vendían bebidas al mostrador en su bar anexo. En las canchas de bochas o en las de pelota a paleta también se vendía bebida en mesas al costado de las canchas.
Interior del Boliche "La Posta" de Valentín Ramos, sentado a la izquierda, detrás suyo parada su esposa, doña Luisa y tres parroquianos (Ojeda, Martínez y Echeveste). Aquí la tertulia suele ser animada por el "Chicho" Sejas el ciego del acordeón o Alfredito Gesualdi y sus amigos guitarreros. (Foto Jimena Roldán década del 90)

Cuando promediaba la década del sesenta en Victorica estaban activos estos “Boliches”. “La pobrecita” de los Torres. El “Boliche” de Jofré, el del judío Roithman, el de “Pepe” Álvarez, el de Valentín Ramos apodado “la Posta”. A éstos debían sumarse algunos otros de más categoría como la Cantina del Club Cochicó, la “Confitería”.

Siempre hay una ocasión para una discusión y una reyerta cuando los vahos del alcohol destraban la lengua y se pierden los límites de la prudencia.
Tal vez el suceso más impactante en la década del cincuenta fue en el boliche de “Priani”, cuando un hermano mató a balazos al otro hermano.

Recuerdo que mi padre lo comentó en casa, como algo inexplicable, dado que el homicida era un buen hombre, reconocido por todos los amigos, como trabajador y honesto.
A medida que pasaron los años los boliches se fueron quedando con poca concurrencia. Pero algunos que funcionaban en la propia casa de los dueños subsistieron más tiempo.

Cuando regresé a Victorica a principios del setenta y me tocó estar al frente de la Secretaría de la Municipalidad, el Inspector “Negro” Lamónica era quien cobraba las tasas de habilitación a domicilio y quien traía las novedades sobre funcionamiento, cierre y apertura de estos “Boliches”.
 Dos parroquianos habitues diarios de "la Posta". El Boliche tenía el nivel interior más bajo que el de la calle por eso los escalones en la puerta de entrada. Cuando llovía el agua ingresaba al local que estaba justo en la base de la pendiente.

Cuando llegaba la semana de la Fiesta de la Ganadería se abrían algunos de ocasión. La llegada y el afincarse definitivamente de gente del extremo oeste, a veces traían nuevos emprendimientos de este tipo, que probaban el terreno. Ejemplos de estos casos fueron los de Etcheveste, que tocaba el acordeón a piano para deleite de sus parroquianos, los Fuentes que vendieron las ovejas, los caballos y las pocas vacas y se vinieron a las afueras de Victorica y compraron una casa vieja en la que hicieron una ramada a la usanza del campo. Por eso justamente el boliche fue conocido como “La Enramada”, donde muchas veces se supo hacer baile.

En algunos de estos “Boliches” que a veces también atendían “minutas”, se contrataba a músicos para amenizar la reunión y atraer a más parroquianos. En otros el juego de las barajas era un atractivo para matar el tiempo. No en pocas ocasiones era juego clandestino, que originaba procedimientos policiales.

Aún cuando en algunos trabajaba el hombre solo ayudado por algún otro, en los de carácter familiar también la esposa y los hijos ayudaban a presentar mejor el local, las comidas y los eventos que pudiesen realizarse como por ejemplo bailes, o guitarreadas.
A la derecha el "Chino" de la Nava brinda junto con el parroquiano "Tito" Rebollo. En la pared se observan fotos de algunos de los caballos de carrera que supo tener el dueño del boliche.

Menciono como ejemplo de este caso el de la familia Jofré que tenía el Bar el “Diablo Rojo”, nombre puesto en alusión a su fanática pasión por el “Rojo de Avellaneda”.


En algunos de estos boliches han nacido en esas guitarreadas algunas canciones que luego se han afianzado en el tiempo. Incluso algunos poetas han escrito versos pintando el clima y los personajes de alguno de estos Boliches.

Néstor Massolo publico en julio de 1987 su “Coplero de Victorica” (que tuvo la amabilidad de regalarme con dedicatoria), donde hay varios poemas que registran sus percepciones en algunos de estos “Boliches”. El poema Nº 2 lo tituló “Bolichera de ojos vinos” y está situado en el boliche de Etcheveste. El poema Nº 4 se titula “Un boliche, una miseria, un hombre”:

“En el boliche del “chino”/el Pedro tomó una caña
Por cada pobre que sufre/por cada paisano que anda.
Afuera el caldén añoso/ una copla meditaba
Y por la rueda del carro/la hiedra vede floraba.”
El "Chino", hincha de Boca Junior, tenía un televisor en su Boliche, eso es lo que están mirando el y su amigo Rebollo. Este boliche es más paquete porque tiene hasta piso de granito.

La cuarta estrofa dice
“El chino sombrero antiguo/sonreía de mirada
Mejor sonreír por dentro/ que por fuera y no ser nada.”
Y finaliza con estos dos versos: “(por el boliche del chino/ vi. la miseria sentada).”


El “Coplero” está ilustrado en la tapa por el pintor achense Andrés Arcuri y el interior por Osmar Sombra un plástico de Santa Rosa.

NOTA : Jimena Roldán realizó un trabajo de investigación sobre los antiguos “Boliches en La Pampa” para su carrera de Licenciatura en Turismo, en cuya ocasión tomó estas imágenes.

domingo, 8 de febrero de 2009

LOS PRIMEROS TAXIS

Ya se sabe que los primeros automóviles llegaron a Victorica, a principios de la década del 20. Fueron vendidos por la Agencia Ford de la casa de Ramos Generales de J.Lllorens, J. Antich y Cía., sucursal de la casa central de Trenque Lauquen.


Esos primeros vehículos fueron adquiridos por representantes de la clase media alta, comerciantes, ganaderos y propietarios. Don Nicomedes Gómez y don Ángel Nicolás fueron algunos de los pioneros en la introducción del automotor en las calles de Victorica, ambos comerciantes.


Pero con el correr de las décadas y la popularización del invento de Ford y el abaratamiento del precio, su adquisición se hizo accesible a personas de clase media media y media baja. Y además se comenzó a desarrollar el mercado del usado a precios más reducidos.


Los primeros vehículos necesitaron contar con chofer, porque la mayoría de sus propietarios no sabían y no se animaban a entenderse con la nueva tecnología motriz. Silvano Costantino me contó que las “chicas” de Lemme, paseaban por las calles de Victorica de la década del treinta en su flamante vehiculo, con sombrillas desplegadas y conducidas por el chofer don Casimiro Pérez Casas.

En alguna antigua fotografía puede verse a esos choferes con antiparras para evitar los bichos, el polvo y todo objeto volador que pudiese ingresar por el parabricas o las puertas que no tenían vidrio.

Al volante del taxi su propietario don Tomás Pérez, transportando a la familia Hoses, madre e hijas, la mayor de la cual se asoma para ser bien retratada. (Foto familia Hoses circa 1940)

Parece ser que el primer taller organizado, con fosa, repuestos y personal especializado habría sido el de los Berazategui. Al finalizar la década del veinte "La Vizcaina" de Félix Berazategui y Hermano ofrecía servicios de "reparación de automóviles".

Y probablemente al promediar la siguiente, hayan aparecido los primeros servicios de taxis.


Recordemos que todavía por aquellos años las calles de tierra, en muchas de las cuales había tramos de arena muy pesados, no eran fáciles de ser recorridos, sobre todo por quienes debieran desplazarse hacia la estación del Ferrocarril por ejemplo que está situada a la orilla del pueblo donde comienzan las chacras.


De a poco los taxis fueron desplazando a los sulky y los carros que hacían el transporte de personas y bultos dentro de la localidad y sus aledaños.

Parado frente al ex Hotel Francés administrado por la familia Figueroa, el taxi de Juan Mazzuco, hijo del italiano quintero Pascual Mazzuco. (Victorica principios década del 60 Foto Lázaro Pérez)

En la medida que se fueron abriendo huellas o mejorando los caminos que permitían el paso de los vehículos el servicio se fue extendiendo a la zona rural. Es de recordar que Victorica tenía a principios de la década del cuarenta más de 150 chacras en los alrededores donde vivían familias.

Por otro lado también la ubicación del Hospital, que está situado cerca de la estación requería del traslado que ofrecían los taxis. Claro está que siempre y cuando se pudiese pagar por este servicio.
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