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miércoles, 12 de mayo de 2010

DOSCIENTOS AÑOS

En el hall del edificio de la Cámara de Diputados de La Pampa quedó inaugurada una muestra numismática que intenta mostrar la historia de nuestra moneda a lo largo de estos dos siglos.
Acompaña la muestra este mapa que enfrenta el del Virreynato del Río de La Plata con el contemporáneo de la República Argentina. La pérdida de grandes territorios que antiguamente formaban parte de la misma unidad económica, fue producto de los intereses de las clases dominantes del Puerto de Buenos Aires que ignoraron desde el inicio las necesidades de las provincias del interior donde estaban instaladas las primeras industrias y artesanado.


La moneda más antigua corresponde al año 1796, que según ha expresado el señor Rodríguez, perteneció a su abuela que era española y de quien la heredó. Los abuelos y aún nuestros padres, tenían no sólo la cultura del trabajo sino también un muy arraigado sentido del ahorro, que ha desaparecido lamentablemente.



En los sucesivos cuadros que conforman la muestra se puede apreciar el enorme deterioro del poder adquisitivo que sufrió nuestra moneda por efecto de la desvalorización causada por los procesos inflacionarios de distinta índole.

Las guerras internas y externas, las malas administraciones, la corrupción, los ciclos económicos adversos, son solo algunas de las causas que han incidido para que el Bicentenario nos encuentre, con esta alta carga de deuda pública, que hemos heredado y que seguirán sintiendo sobre sus bolsillos nuestros hijos y nietos por muchas décadas más.



Este cuadro que también se puede observar en la Muestra es impactante. El Peso Moneda Nacional se puso en vigencia el año 1881 y existió con sus diversos vaivenes de conversión hasta el año 1969.
A partir del año 1970 y hasta 1992 la moneda argentina sufrió el cambio varias veces, lo que trajo aparejado no sólo el cambio de denominación, sino también de valor. Entre fines de 1969 cuando aparece el denominado "Pesos Ley 18.188" y el año 1992 con la entrada en vigencia del "Peso" con convertibilidad uno a uno con el dólar. Se le sacaron trece (13) ceros, lo que equivale a decir que fue reducida a la diez billonésima parte.



Estas son las monedas emitidas dentro del regimen de la "Convertivilidad" que se puso en vigencia a partir del 1º de enero de 1992, pero que ya se sabe dejó de tener vigencia a partir del estallido de fines del 2001 y de la consecuente cesación de pagos de del Estado Argentino a partir del 2002.




Es indudable que gobiernos conservadores, militares, civiles, radicales, peronistas, desarrollistas, cívico-militares, todos han coincidido en gastar más de la cuenta, endeudarse para las más disparatadas actividades, excederse en la emisión de moneda sin respaldo y de jugar con fuego con la inflación, sin importarles demasiado las consecuencias que la misma trae sobre el poder adquisitivo del signo monetario, y consecuentemente sobre el nivel de vida de la gente.





jueves, 25 de septiembre de 2008

INFLACION Y POLITICA III

El largo periodo peronista
Después del incendio de la hiperinflación de Alfonsín y sus muchachos, los argentinos quedamos escaldados con este flagelo. ¿Recuerdan cuando Alfonsín nos hizo pagar un impuesto encubierto al que denominaron “Ahorro Forzoso”?

¿Se acuerdan cuando los funcionarios de aquel gobierno radical, para intentar bajar los precios importaron pollos? Pero resulta que se olvidaron que los argentinos mayoritariamente nos gusta la carne de vaca, no el pescado ni los pollos. Conclusión, los pollos que Mazzorín importó, los estuvieron que gurdar en cámaras frías. Como no se pudieron comercializar rápidamente y pasaron los meses, los pollos se terminaron echando a perder (pudrieron) y al final los vendieron a las empresas que hacen caldo.

Bueno, después de todos esos desastres llegó Menem, que no dio tampoco pie con bola durante el primer año y entonces se le ocurrió engancharnos los plazos fijos a los ahorristas. Una mañana los argentinos nos despertamos con la novedad que no íbamos a poder retirar los plazos fijos de los bancos, en su lugar nos dieron unos Bonex que debimos malvender unos años después para hacernos de algo de plata.

Como la inflación amenazó nuevamente con elevarse a pesar de que se apoderaron de nuestros ahorros, cambió el ministro de economía Erman González y lo puso a Domingo Felipe Cavallo. Nosotros, como muchas familias argentinas estabamos veraneando en Chile cuando esto se produjo.



Unos meses después Cavallo inventa el plan de la “Convertibilidad” con el famoso 1 a 1, es decir a partir de allí el dólar pasaba a costar un peso. Realmente todo un mago este pelado, que nos sorprendió a todos con un plan tan ajustado a la mentalidad argentina. Es decir, vivir como en el primer mundo, trabajar como en el tercer mundo y pagar impuestos como del cuarto mundo.

El asunto comenzó a funcionar a partir del año 1991 y los efectos beneficiosos se comenzaron a notar a partir de 1993. La moneda se estabilizó, reapareció el crédito de mediano y largo plazo. Los comerciantes también se animaron a otorgar planes de pagos en cuotas con el dinero plástico sin interés, porque los precios se estabilizaron y muchos argentinos viajaron por el mundo disfrutando de este gran invento.

Menem convenció a Alfonsín, hizo el Pacto de Olivos, por el cual se reformó la constitución en 1994 y como la Convertibilidad estaba en su pleno apogeo y la gente se seguía endeudando con tal que le dieran cuotas, el “menemismo” avanzó en la Reforma del Estado y las privatizaciones. Esto trajo despidos masivos de empleados públicos y los liberales saltaban de contentos.

En el año 1995 Menem a pesar de la crisis del “Tequila”, que hizo temblar el mundo financiero y repercutió en la Argentina, logró ganar su reelección. La gente había optado por asegurarse la continuidad de la política del “menemismo”, porque eso era garantía de convertibilidad “para siempre”.

Pero Menem, se creyó que era el padre de la criatura y entonces lo despidió a Cavallo, porque pensó que se le estaba interponiendo en su plan de aspirar a un tercer mandato avalado por la Suprema Corte de Justicia, con mayoría automática.

Pero el diablo metió la cola. Llegó la crisis asiática o del “arroz”. Al año siguiente la crisis de Rusia o del “vodka”, que declaró la cesación de pagos. En enero de 1999 llegó la crisis de Brasil, o del “café”, que era uno de nuestros principales compradores y para colmo la argentina había entrado en recesión a mediados de 1998. El “menemismo” creyó que iba a ser fácil salir, así que siguió pidiendo prestado. Todo préstamo que andaba dando vuelta fue solicitado y los organismos internacionales de toda laya se los otorgaron porque Argentina había sido “el alumno disciplinado”, del “Consenso de Washington”.

La recesión, el alto desempleo, los ajustes continuos a los presupuestos públicos para intentar achicar el déficit lograron no sólo que no hubiese inflación, sino que hasta tuviésemos deflación. Si algo no visto en los últimos sesenta años en Argentina. Increíble pero real, los precios bajaban, pero ya la gente no tenía ingresos con que comprar, ni ahorros para gastar. Todos los que tenían trabajo tenían su salario afectado por cuotas de todo tipo.
La Alianza fugaz.
Así fue como el peronismo perdió las elecciones presidenciales de 1999 a manos de la “Alianza” entre el Radicalismo y el Frepaso. Asumió la presidencia de la Rúa quien había prometido en la campaña respetar la convertibilidad, pero eliminar la corrupción y solucionar el déficit del Estado.

Como la gente le creyó se alzó con el triunfo, pero después de los primeros seis meses de gobierno y pasado el periodo de gracia, se dieron cuenta de que la coalición entre el agua y el aceite no iba a funcionar.

Al poco tiempo se bajaron los salarios y se recortaron las jubilaciones, como forma de ahorrar para bajar el déficit, dado que el crecimiento de la economía prometido no aparecía. Esto fue el comienzo del fin. De la Rúa siguió tomando préstamos hasta donde pudo, incluso llamó nuevamente a Cavallo como ministro de Economía, se hizo la operación “Blindaje” y después el “Megacanje” de los vencimientos de bonos, pero todo fue en vano.

El estallido de la convertibilidad y la ineficacia de un gobierno desgastado por las internas partidarias y un peronismo que se atalonó en las gobernaciones y el congreso hicieron el resto. Cuando llegó el estallido social, el error final de de la Rúa fue creer que el podía solucionar el problema aun en contra de Alfonsín, de Duhalde y del “Chacho”, quien un año antes se había mostrado arrepentido de no haber votado en su momento la ley que puso en vigencia la "Convertivilidad", lo había abandonado a su suerte.

Antes de caer, los manotazos de ahogado, Cavallo inventó el “corralito”, ¿se acuerdan que solo podíamos extraer del cajero no más de cinco extracciones por mes y no más de algunos pocos pesos? Quiso ensayar una canasta de monedas para que el peso no quedara atado solamente al dólar, así que mezcló algo de euros y en sus planes estaba incluir después el real, pero esta vez la magia no funcionó.

Lo demás es lo que estamos sufriendo y como es mas reciente es bastante conocido, aunque no por eso aceptable. El Kirchnerismo ha vuelto a jugar con fuego, incubando una tasa más elevada que lo aconsejable de inflación.
La inflación es a la economía lo que la fiebre es al cuerpo humano. Cuando hay fiebre es porque en algún lado hay una infección. Hay que descubir la causa para erradicar el problema. Para la primera noche alcanza con bajar la fiebre, pero para los días subsiguientes hay que tener un buen diagnóstico y una excelente terapia.

martes, 23 de septiembre de 2008

INFLACION Y POLITICA II

Historial de la Inflación en Argentina
La variación del nivel de precios de los bienes y servicios de consumo, es el indicador utilizado para medir la inflación.
Cuando ese índice se desplaza rápidamente, produce también el deterioro del poder adquisitivo de los salarios o ingresos fijos, de las clases más populares, como trabajadores, jubilados o pequeños rentistas.
Ese deterioro es producido por cuanto el valor real de la moneda se ha deteriorado merced justamente al incremento del nivel de los precios.
Esto instaura una carrera entre el nivel de los precios y el nivel de los salarios, en los que siempre sale perdiendo el salario. Es por eso que los gobiernos tienen que evitar que el nivel de la inflación se espiralice y para eso hay que desactivar las expectativas negativas. La inflación se vence con un plan, con un programa y con fuertes acciones de intervención, a los efectos de desterrar los orígenes de la misma, que pueden seer diversos.
El peronismo histórico

El año 1948 el nivel de precios al consumidor fue del 18,8 %, al año siguiente, año de elecciones de convencionales constituyentes para reformar la Constitución Nacional, que le daría la posibilidad de reelección a Juan Perón, la inflación pasó al 33,7 % por efecto de incremento del consumo de las clases populares. Al año siguiente se la consiguió meter en caja nuevamente y el índice retrocedió al 22,1 %. Pero el año 1951 el país sufrió una enorme sequía y esto hizo fracasar la cosecha de trigo y otros cereales, faltó la harina, aumentó el precio de la misma y por ende el de los fideos y del pan. Como consecuencia de ello la inflación sobrepasó el 50 %. Perón obligó a las masas populares a ajustarse el cinturón y hubo que comer pan negro amasado con centeno.
En el año 1952 hubo nuevas elecciones y Perón fue reelecto, murió Evita en Julio de ese año y el gobierno cerró el ejercicio con una inflación de sólo el 19,1 %.
El gobierno peronista del segundo mandato, logró bajar la inflación en 1954 al 16 % y el año 55 la tendencia era bajista, pero esto no sirvió para evitar el golpe de Estado que hicieron las fuerzas armadas opositoras al régimen.



El desarrollismo

Frondizi asumió a fines de 1958 y ese año el nivel de precios superó el 39 %, pero al año siguiente se disparó al 101,6 %, lo que trajo una gran preocupación por el tema a los desarrollistas, que veían complicadas las elecciones legislativas en 1960, dado que Perón ya había retirado el apoyo, con el que pudo ganar las elecciones. Rogelio Frigerio el mentor ideológico, logró bajar la inflación al 18,5 %.
Y así entre gobiernos civiles y militares transcurre la década que va de 1961 a 1970 en que la inflación oscila alrededor del 20 % con algunos años pico que sobrepasa el 30 %.
El interregno peronista

La llegada del peronismo nuevamente al poder en 1973, luego de 18 años de proscripción política hizo su debut con precios máximos y un acuerdo de precios y salarios entre los empresarios y los sindicatos, garantizado por el Estado. Esto sirvió para reducir la inflación al 43, del 64 % con el que había terminado el año 1972 conducido por el general Alejando A. Lanusse.
Pero las pujas políticas, la explosión internacional del precio del barril de petróleo, el mercado negro y la muerte de Perón a mediados de 1974, llevaron al estallido en 1975 con el conocido ajuste ortodoxo. Apareció la indexación de los créditos bancarios y rápidamente toda la economía indexó los precios. Ese año el nivel de la inflación fue del 335 % y al año siguiente sobrepasó el 347 %.
El "Proceso de Reorganización"

El 24 de marzo de 1976 los militares dieron el golpe de Estado e instauraron el “Proceso de Reorganización Nacional”, para el área económica designaron al civil Dr. Alfredo Martínez de Hoz, quien desde que asumió hasta que se fue del cargo en 1980, logró reducir la inflación al 87,6 %. Luego asumió como ministro Lorenzo Sigaut, aquel que dijo la célebre frase “el que apuesta al dólar pierde”, dado que la reforma financiera había llevado a los ahorristas a inclinarse por buscar una tabla de salvación para sus ahorros en la moneda norteamericana, en esos momentos sin la competencia del Euro que no había nacido. El marco alemán había quedado desprestigiado luego de la gran inflación de la primera guerra mundial y luego de la segunda con la partición de este gigante con media capital ocupada por las fuerzas soviéticas y la otra media con tropas de la OTAN.
Por su parte la libra esterlina inglesa había sido desplazada del comercio internacional por el dólar. El área del dólar se había difundido hasta en Europa, donde se hablaba de un mercado del eurodólar y la moneda soviética estaba restringida a los países detrás de la “cortina de hierro”. No obstante Estados Unidos mantenía con Inglaterra un nivel de relaciones políticas y comerciales, además de las históricas, que permitieron que Inglaterra fuese salvada de las garras del nazismo por los aliados.
Los árabes de la OPEP, reciclaron sus petrodólares a través del sistema financiero estadounidense y los países del tercer mundo fueron inundados de préstamos atados a tasas y plazos que luego no pudieron devolver porque lo que vendían en el mercado internacional eran materias primas sin valor agregado y compraban manufacturas industrializadas al mundo desarrollado.
Eso no fue tenido en cuenta por los militares argentinos que en 1982 invaden Las Malvinas, llevándonos a la primera guerra del siglo XX. La inflación después de perdida la guerra y de haber aumentado la deuda externa a cifras varias veces más alta de lo que había sido en la época de Isabel Perón, elevaron la inflación al 209,7 %.
El periodo radical de Alfonsín

El año siguiente en las elecciones del 30 de Octubre en las que ganó Alfonsín sobre el peronismo, la inflación cerró con la tasa más alta hasta ese momento el 433,7 efecto todo de la dictadura militar del nefasto “Proceso de Reorganización”.
Alfonsín el primer año de su mandato no acertó con el plan económico y la inflación trepó al 688 %, como el año siguiente había elecciones Legislativas, el gobierno radical cambio el ministro de economía y lanzó un plan de reducción de la inflación que incluyó el cambio de la moneda. Allí apareció el austral. Alfonsín había lanzado el proyecto de trasladar la Capital a la ciudad de Viedma (Río Negro). Ganó las elecciones y pudo disminuir la inflación al 385 %, bajándola el año siguiente al 81,9 %.
El año 1987 Alfonsín perdió las elecciones en la mayoría de las provincias. El peronismo recuperó varias que pasaron nuevamente a ser conducidas por hombres de ese origen. La puja distributiva por la coparticipación elevó la temperatura fiscal. El año 1988 los peronistas lograron sancionar una nueva ley de coparticipación mediante la cual le sacaron seis puntos a la provincia de Buenos Aires, la más grande que estaba gobernada por el radicalismo y que había recuperado Antonio Cafiero para el peronismo. La inflación ese año cerró nuevamente en alza, llegando al 387,7 %, dado que la mayor industria que funcionaba en el país se decía que era “La Casa de la Moneda” que trabajaba horas extras para producir todos los billetes necesarios.
El año 1989, sin posibilidad de reelección Alfonsín se enfrenta con el propio candidato de su partido Angeloz de la provincia de Córdoba, quien había enarbolado una política de lápiz rojo contra el déficit fiscal de la Nación. El radicalismo perdió las elecciones a manos del Justicialismo cuya formula fue Menem-Duhalde y caímos en la hiperinflación con la astronómica suba del índice de precios del 4.923,6 %. Fue la más grande de todas las hecatombes inflacionarias de la historia Argentina, que dejó consecuencias muy graves en el terreno social, económico y político.
La actualidad
El problema que tenemos ahora los argentinos, además de una tasa de inflación alta en comparación con el resto delos países emergentes e incluso que Chile y Brasil, es que el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, organismo que construye el índice de precios al consumidor con el cual se mide la tasa de inflación está altamente sospechado de manipular esos indicadores. Si no hay confianza en las cifras que oficialmente son emitidas por el organismo estatal, no sabemos realmente cual es el índice. Los expertos privados y las instituciones como las Universidades y Fundaciones o Bancos hacen sus propios cálculos que son muy diferentes de las cifras oficiales. Por otro lado el FMI que da a conocer los índices mundiales, ha aceptado seguir colocando en el Informe sobre inflación las cifras de Argentina, pero con la aclaración que los índices relevados por el sector privado no coinciden, con lo cual pone en tela de juicio el patrón de medida utilizado por los empresarios o sindicalistas para la demarcación de precios y para la renegociación salarial.
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