Mostrando entradas con la etiqueta General Pico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta General Pico. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de agosto de 2009

General Pico y el Maestro De Fougéres

VINCULOS HUMANOS ENTRE GENERAL PICO Y VICTORICA
MIGUEL DE FOUGERES

Don Miguel de Fougéres había nacido en Moullins (Francia) un 4 de octubre de 1854. Estudió el secundario en la Escuela Politécnica de Saint Cyr, en la que luego sería profesor. Se graduó de capitán del ejército francés, pero sus ideas liberales no coincidieron con el pensamiento de sus superiores, de tal forma que luego de un fracasado movimiento revolucionario, se vio obligado a enfrentar el camino del destierro.

Llegó a la Argentina cuando aquí se estaba gestando la primera gran crisis “made in house”, de 1890 y las nuevas tierras, expropiadas al aborigen, esperaban inversiones y brazos para ponerlas en producción.

También hacían falta maestros en los nuevos centros urbanos, que a medida que se desarrollaban iban solicitando al Consejo Nacional de Educación la creación de escuelas. Es probable que a de Fougéres lo haya convocado Alfonso Capdeville, el bachiller francés, que a partir de 1891 se convirtió en presidente de la Corporación de Fomento del Municipio de Victorica.

En ese pueblo de Fougéres, se acerca a la familia del capitán retirado Adolfo Corvalán, un ex colega del ejército argentino, que se había quedado en el pueblo, cuando las tropas volvieron a sus cuarteles de origen.
 El maestro de Fougéres fue una de las personas que influyó con su cultura en muchas otras, tanto en Victorica, Telén, como en General Pico a travéz del ejercicio de la enseñanza.

Aunque por esas cosas del destino, su suegro fue uno de los que enfrentó a Capdeville en 1899. El maestro y ex militar francés, se casó con una hija de Corvalán, de cuyo matrimonio nació su hijo René de Fougéres, quien en el año del Centenario de Victorica (1982) aún vivía en General Pico.

A partir de 1892 se convierte en director de la escuela nacional N° 7, cargo que desempeñará ininterrumpidamente hasta 1896. Allí demostró que los niños descendientes de aborígenes podían aprender francés igual que el resto de los alumnos. Fue maestro del joven riojano Félix Romero y el impulsor para que se lo aceptara como maestro no titulado. Algo que el Inspector Raúl B. Díaz se negó en un principio, pero ante la escasez de maestros titulados, terminó aceptando.

Después Capdeville lo designa Secretario de la Municipalidad de Victorica, función que atenderá hasta el año siguiente.

Cuando la sociedad victoriquense se enfrenta y le toca elegir, lo sigue a su connacional Capdeville. Luego prosigue su labor como maestro, hasta que nuevamente Capdeville logra que el Consejo Nacional de Educación lo designe director de la escuela Nº 9 del flamante pueblo fundado en su estancia Telén, cargo que ejerce entre 1903 y 1907.

En 1906 de Fougéres edita la “Guía de la Pampa Central”, un trabajo pionero, que salió de su pluma luego de convivir quince años en el oeste y de recorrer en las vacaciones de verano, toda La Pampa.

Dice de Fougéres en la portada de la misma: “El desconocimiento en que yace la Pampa, lamentable no solo para su desarrollo material e intelectual sino también para los intereses generales del país, impone que los poderes nacionales, la alta banca, la gran industria y el comercio tengan a la vista datos irrefutables que les demuestren la importancia considerable a que ya ha alcanzado”.

Aviso-advertencia inserto en la Guía publicada por de Fougéres, que para aquellos años representó un aporte importante al conocimiento del Territorio Nacional de la Pampa Central.

Y a continuación agrega, para ilustrar lo que dice conceptualmente: “hora propicia es, que sepan que 51.843 habitantes viven en este territorio; que la riqueza pública en haciendas, bienes muebles e inmuebles, ha pasado de 300 millones de pesos, haciendo ingresar a las arcas del tesoro público, más de un millón de pesos...”.

Cuando Capdeville apunta a su proyecto en El Sosneado en Mendoza y comienza a abandonar Telén, también el maestro de Fougéres toma nuevos horizontes.
Luego de unos años en Santa Rosa, donde colabora con los periódicos “La Pampa Moderna” y “La Autonomía”, se instala en General Pico, a partir de 1912, donde funda el colegio privado “Franco-Argentino”, que será el antecedente del Colegio Nacional, ahora provincial, a partir de 1993.

En 1915 con otros camaradas, crea el Centro socialista y será miembro de la Asociación de Maestros Pampeanos. Cuando muere en 1937, General Pico ya se había convertido en el primer centro urbano de La Pampa según los censos de 1914 y 1920, hasta que será desplazada por Santa Rosa definitivamente.

viernes, 14 de agosto de 2009

GENERAL PICO CIUDAD INDUSTRIAL PAMPEANA I

La “Chicago Pampeana”, o “General Milonga”VINCULOS CON VICTORICA


Hace cuatro años se cumplió el Centenario de la fundación de la Biblioteca Popular Bartolomé Mitre de Victorica, la primera dentro de los Territorios Nacionales de entonces, en la que tanto tuvo que ver Pedro Telmo Lobo, que fue su primer tesorero y años después, dos veces intendente de General Pico, ciudad que en noviembre del 2005 festejó su primer centenario.
También el francés Miguel De Fougéres, el italiano Ludovico Brudaglio y Angelina Lémme que formaron parte de la sociedad victoriquense de la primera década del siglo XX, estuvieron vinculados a la Biblioteca Popular como protagonistas de actividades culturales, quienes posteriormente se integraron a la pujante ciudad norteña.

Victorica había sido fundada al noroeste del territorio, cerca del límite sur de San Luis, un 12 de febrero de 1882, por la columna militar que bajó de las provincias de Córdoba y San Luis. Seis meses después lo sería General Acha mucho más al sur, por la columna militar que llegó desde el oeste de la provincia de Buenos Aires, constituyéndose en la primera capital, del territorio nacional de entonces.

Una década después del inicio de la primera población urbana cristiana, don Tomás Masson crearía dentro de su estancia “La Malvina”, el pueblo de Santa Rosa. Esto apuró la decisión de los dueños de las tierras vecinas de agilizar los trámites a efectos de crear Toay.
En tanto que años más tarde en el nordeste y en mejores tierras, nacía Intendente Alvear, aunque la primera población bien norteña hasta ese momento, había sido Parera.
El paseo en Homenaje a los aportes de las distintas colectividades de Inmigrantes que se afincaron en General Pico

EL PREDOMINIO DE GENERAL PICO
Cuando el francés, Eduardo de Chapearouge mensuró las tierras de don Eduardo Castex, quien las había adquirido a Camilo E. de Alvear, para lotearlas y fundar a fines de 1905 un pueblo, al que bautizó con el nombre de su amigo, el ex gobernador, general Eduardo Pico, ya Santa Rosa se había convertido en la nueva Capital del entonces Territorio Nacional de La Pampa Central.

El Ferrocarril Oeste proveniente de Trenque Lauquen llegó a General Pico a principios de 1906 (la estación se habilitó al publico el 20-6-1906) y al promediar el año 1908 ya estaba en Telén, generando un tráfico comercial importante en toda la línea la cantidad de cereales, lanas, frutos del país y pasajeros, atrajeron también al ferrocarril Buenos Aires al Pacífico. Los talleres del Ferrocarril Oeste se inauguraron en diciembre de 1909.
Sobre la avenida se encuentra, frente al edificio de la Municipalidad de General Pico, el gran mástil para el izamiento del pabellón nacional

Poco a poco los pampeanos norteños se preparaban para competir con el eje del poder económico y político que se había generado entre Macachín, General Acha y Santa Rosa-Toay, que ya contaban con dos líneas ferroviarias con la conexión al puerto de Bahía Blanca y tenían la capital cerca.

Victorica, de la mano de Capdeville, quiso competir también por ser capital, pero de a poco fue perdiendo importancia a medida que aparecieron los nuevos centros urbanos en el este y el norte y sobre todo afectada por la quiebra de la paz social, a raíz del enfrentamiento entre leales y adversarios al intendente. Los cruentos sucesos de 1899 dejaron tres muertos y varios heridos, que Capdeville atribuyó después a forasteros y a un romántico capitán retirado (Adolfo Corvalán). El atractivo que General Pico logró en sus primeros años de desarrollo, le sirvió hasta bien entrada la década del 20, en la que todavía lideraba el ranking de los centros urbanos poblados
Una formación de tren trasladando alrededor de 2.500 trabajadores golondrinas para levantar la cosecha en la amplia zona de influencia de General Pico.

El censo territorial de 1920 arrojaba estas cifras para los primeros diez lugares:
1.- General Pico 6.4492.- Santa Rosa 5.563
3.- General Acha 3.266
4.- Intendente Alvear 2.739
5.- Eduardo Castex 2.414
6.- Realicó 2.376
7.- Victorica 2.2668.- Toay 1.863
9.- Quemú Quemú 1.808
10.- Trenel 1.807

El siguiente censo territorial que se llevó a cabo en 1935 reveló el cambio de liderazgo, superando Santa Rosa por escasos 530 habitantes a General Pico, que ya había sufrido los graves problemas de la caída de cenizas de 1932 y el incremento de la desocupación, como consecuencia de la gran crisis del año 30 cuyos coletazos de quiebras y desempleo se hicieron sentir fuerte en aquella naciente ciudad “industrial”.

EDUARDO DE CHAPEROUGE
El que sería fundador de General Pico había nacido en Buenos Aires en 1855. Cursó estudios en el Colegio de Ingenieros del Rey de Londres (Inglaterra) y enriqueció su visión del mundo y sus conceptos culturales en viajes por varios países de Europa y a los Estados Unidos.
 
En 1915 ya los hermanos Borthiry surcaban el cielo de General Pico con un avión y un aeroplano, convertidos en los pioneros de la aviación pampeana.

De esos conocimientos seguramente habrá salido el moderno diseño de la planta urbana de General Pico.
Su amistad con el general Eduardo Gustavo Pico, quien fuera gobernador del territorio nacional de La Pampa, le valió la convocatoria para que lo acompañase desde la Secretaría General de la Gobernación instalada por ese entonces en General Acha. Como retribución a su memoria Chaperouge bautizó con el nombre de Pico, quien había fallecido en 1904, al naciente pueblo que el ex gobernador no tuvo la suerte de conocer.
Fue un activo promotor de la subdivisión de tierras, siendo a veces fundador directo de centros urbanos, no sólo en La Pampa sino también en San Luis, Santa Fe y Buenos Aires y en otras ocasiones fomentando las medidas tendientes a las mensuras y puesta en valor para su posterior loteo.
 El ferrocarril cumplió un importante rol en el desarrollo, la expansión y la consolidación de General Pico en sus décadas iniciales.

En ocasión que el General Pico se encontraba fuera del territorio en 1899 se produjo el levantamiento de la revuelta de Victorica que depuso por las armas al intendente Alfonso Capdeville. A él le tocó ponerse al frente de la columna de policías y agentes de la Gendarmería Nacional, que desde General Acha viajó a Victorica para poner orden y reponer a las autoridades que habían sido tiroteadas y arrestadas por los sediciosos.

Estaba casado con Dolores Bazán, con quien tuvieron una descendencia de cuatro hijos.
El día de la fundación se hizo correr un tren “expreso” en el que arribaron las autoridades de entonces y por supuesto el fundador que poco tiempo después se ausentó. Entre 1906 y 1909 fue diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, siendo electo nuevamente en 1914.
Una calle y un Colegio Secundario de General Pico perpetúan su nombre en dicha ciudad.

martes, 14 de julio de 2009

La "Lluvia de Cenizas" en La Pampa

CONTEXTO INTERNACIONAL Y NACIONAL
La década del treinta había comenzado mal. A fines de 1929 la gran depresión que comenzó en Wall Street, se expandió por todo el mundo.
La Argentina, que tenia su economía absolutamente dependiente de la potencia hasta ese momento, Inglaterra, comenzó a sentir también los efectos negativos.
Disminución de las exportaciones, (se pasó de 509 millones de dólares en 1930, a 331 en el año 1932) caída de los precios internacionales de los granos, carnes y lanas, freno al flujo de inversiones extranjeras y sobre todo aumento del desempleo y la pobreza.

La indigencia, se extendió a todos los ámbitos. En el sector rural aparecieron más linyeras que antes, esto dio origen a que el Diputado Crotto presentase una ley para que se les permitiese viajar gratis en los trenes.
La Pampa era por ese entonces Territorio Nacional, con su economía totalmente dependiente del sector agropecuario. Obviamente que la crisis mundial produjo un impacto totalmente negativo en la economía pampeana. Muchos comercios fueron a la quiebra o tuvieron que hacer convocatoria de acreedores.

Algunas familias se vieron afectadas por la quiebra de los Consignatarios, Acopiadores o intermediarios, de lanas, a quienes no les pudieron cobrar. Eso le sucedió a la familia del italiano Vanni de Luan Toro. Otras se vieron afectadas por garantías bancarias que habían dado a sus amigos o parientes, quienes al no poder pagar, los bancos ejecutaron las hipotecas o garantías prendarias en cabeza del deudor subsidiario.
Eso le ocurrió al dueño del Hotel “Apolo” de Victorica, (Hoses y Alcántara) que no pudo zafar de la ejecución bancaria. También el italiano José Vittanza fue a la quiebra, a pesar de todos los esfuerzos por tratar de cumplir.
Los poderosos se asustaron y en 1930, dieron el golpe de Estado que derrocó al Presidente Hipólito Yrigoyen quien había tenido una política inclusiva para con los inmigrantes, los criollos y los más desposeídos de familias numerosas.

Con todas esas preocupaciones económicas, políticas y sociales, las familias, las Entidades y las Instituciones de Bien Público comenzaron el año 1931.
La gran artista argentina Tita Merello puso de moda, lo que sería el himno a la “mishiadura”, el tango “¿Dónde hay un mango, viejo Gómez”?


Llega la ceniza.
Desde la medianoche del domingo 10 de abril del año 1932, hasta pasado el mediodía del lunes 11 de abril, (un día caluroso) que comienza a aclarar, cayó la lluvia de cenizas. El aire quedó enrarecido por dos o tres días.
La ceniza provenía de la erupción de un Volcán de la zona de “El Descabezado” de la República de Chile en la que las regiones de Rancagua y Curicó quedaron totalmente a oscuras, obligando a utilizar el alumbrado publico de día. Dada la enorme cantidad expulsada, la misma fue levantada a gran altura por un viento del oeste y transportada hacia la Argentina, llegando también hasta el Uruguay y sur de Brasil. 
Una calle del pueblo General Pico, de la Pampa Central, con la ceniza acumulada para ser trasladada al lugar donde se la enterró posteriormente.

No hubo víctimas fatales, pero los ruidos subterráneos se sintieron en un radio de 500 kilómetros. El hongo de la nube de cenizas fue inmenso.
Un manto oscuro tapó el sol, por lo que hubo que recurrir a prender las luces (velas, lámparas, faroles, o electricidad el que tenía) para poder ver dentro de las casas. La gran cantidad de cenizas acumuladas produjo una serie de inconvenientes que se notaron en forma inmediata y otros que aparecieron posteriormente.

La ceniza se introdujo en los automóviles, tapó las vías del ferrocarril, derrumbó por su peso algunos techos. Afectó la ganadería y también los sembrados.
En una sintética enumeración de los perjuicios para la ganadería se puede decir que se cubrieron las pasturas de ceniza, se ensuciaron los bebederos, a los animales les sangraron las encías y se les gastaron los dientes, les ardían los ojos. Tenían síntomas de asfixia y de locura, lo que los impulsaba a huir, muchos murieron a causa de estas complicaciones.

En tanto que las personas, tuvieron distinto tipo de comportamiento según su grado de conocimientos y condición social.
Algunos tuvieron mucho miedo, ese temor los llevó en casos extremos a dramatizar el cuadro que les tocó vivir y se derramaron muchas lágrimas. Otros comenzaron por ver de qué se trataba y llevados por su curiosidad se dieron a la tarea de investigar que era lo que había caído. Varios llevados por su olfato y el olor a azufre de la que venía acompañada, la compararon con la pólvora. Hubo quienes en virtud del color, la asimilaron con el cemento. Algunos otros, con talco grueso de baja calidad y varios hasta imaginaron que podría tratarse de alguna especie de harina, con la que solía hacerse el pan negro.
“La lluvia de polvo de piedra pómez se observa también hasta Buenos Aires”, escribió en sus páginas el diario La Reforma de General Pico. “Por el atascamiento de las vías no pudieron correr los trenes de las líneas Arizona y Telén” acota el periodista.

Pero pasados las primeras horas de desconcierto, de temor y aún de angustia, con las primeras noticias que se fueron teniendo, a través de la radio, el teléfono y los diarios del día siguiente, comenzó a renacer la calma. Las autoridades comunales se dieron entonces a la tarea de juntar la ceniza, limpiar los techos, sacarla a la calle. Ayudar a los animales y tomar medidas para hacer la vivienda más habitable.
La medida más común fue colocar trapos húmedos en puertas y ventanas para evitar que la ceniza penetrara en la vivienda.

Relatos de Testigos oculares.
“Yo estaba ordeñando las vacas en el campo donde vivía, en Victorica. No me acuerdo bien cuando cayó. Me parece que en el año 1935 más o menos. Vi que caía polvo blanco del cielo… Caía arriba de las vacas, y yo le toqué el lomo a la que estaba ordeñando para ver que era el polvo, porque yo creía que era talco. La ceniza cayó a las dos de la mañana, cuando estaba ordeñando. El cielo estaba negro. 

Al otro día estaba igual, como si fuera de noche. Había mucha gente que se creía que era el fin del mundo. Yo iba a una Escuela de Hermanas, y cuando ese día vieron que no amanecía, nos hicieron comprar velas grandes para que nos iluminara hasta nuestro último día, porque las monjas se creían que era el fin del mundo. Yo escuché que había gente que se tiraba de los balcones, en Buenos Aires. Eso duró tres días más o menos. Después, cuando vine a Pico con mis hijos, hicieron la cuneta en la calle 25, y encontraron ceniza, pero dura, tipo piedra… ¡Ah, en Victorica, cuando pasó todo, la ceniza llegaba hasta los setenta centímetros de alto!.”(Juana Collado de Martínez)
La ceniza que se extraía de las viviendas y los comercios se depositaba en el centro de la calle. De allí se llevó a la zona de los médanos de General Pico donde se enterró.


Este relato transcripto arriba, fue realizado por doña Juana Collado (66 años) en General Pico durante el año 1989 a un alumno que la entrevistó para un trabajo de Feria de Ciencias. Posteriormente esa investigación en la que intervinieron muchos alumnos de distintas escuelas secundarias se transformó en el libro “La caída de ceniza en La Pampa” publicado en noviembre de 1990 por la fallecida profesora Irma Zanardi de Rivera.
Imagen de un campo no determinado de la zona rural del norte de la Pampa Central

Del mismo libro extraemos este otro testimonio de un paraje más al oeste de Victorica. (“Yo vivía en La Pastoril, hacía cinco años que vivía ahí porque había venido de España con mis padres). Ese día mi papá escuchó que los terneros mugían, como todos los días, a la hora de ordeñar las vacas (porque los terneros eran como un despertador para mi papá), pero ese día se extrañó porque estaba todo oscuro. Entonces mi papá salió afuera para ver que pasaba y cuando entró tenía los hombros todos blancos. 

Nosotros pensamos que estaba nevando y mis hermanos, que eran chiquitos, se pusieron a saltar de alegría, pero cuando mi papá se tocó los hombros se dio cuenta que no era nieve porque estaba seca. La ceniza, en algunos lados, tapaba el pasto. De la cantidad que había, los animales no podían comer y se morían de hambre, y otros se asfixiaban porque era una especie de talco. Mirá…yo no me acuerdo de que nadie se haya matado por eso. Algunos decían que era el fin del mundo, pero de ahí a que se mataran no sé…Mamá le ponía a mis hermanitos, pañuelos mojados en la nariz y en la boca, para que pudiesen respirar mejor.” (Trinidad Soto 92 años)

Otras noticias.
Recuerdo que siendo aún niño fuimos con mi padre en el camión canadiense que conducía su sobrino José de la Nava a buscar leña al campo de don Eladio Rodríguez. El campo se llamaba por aquel entonces (principios de la década del cincuenta) "Los bajos duros". Era a la mañana, no bien llegamos y entramos, comenzamos a ver en el suelo entre el pasto puna, algo de color blancuzco, medio grisáceo claro.

Mi padre hizo la pregunta que yo tenía en mente ¿che eso blanco que es?. A lo que José de la Nava, que era de pocas palabras, respondió "esa es la ceniza que cayó hace muchos años"
A mediados de la década del sesenta el odontólogo Dr. César Máximo Viniegra,  de Victorica, comenzó a realizar una experiencia para colocar prótesis dentarias a vacunos, cuyas dentaduras habían sido desgastadas tempranamente por efecto de productos abrasivos como arenas y cenizas. La reposición de dientes permitía al animal volver a alimentarse bien, evitando la desnutrición temprana y su consecuencia inmediata perder su capacidad de reproducción.

BIBLIOGRAFIA CONSULTADA
Zanardi, Irma: "La caída de Ceniza en La Pampa, editado año 1990
Fotografías: Fototeca Bernardo Graff del Archivo Histórico Provincial "Fernando E. Araoz", Santa Rosa (La Pampa), Argentina.

sábado, 25 de abril de 2009

EL MESTIZAJE

Y LAS TRADICIONES ABORIGENES
Doña Aurelia Peracca nació en Victorica, un 18 de agosto del año 1919. Era una de las hijas del matrimonio formado por María Pral, aborigen y Antonio Peracca un italiano.
Su madre había nacido por la zona de General Acha.

Recuerdo que los Pral tenían su rancho por el barrio de los “turcos” Nicolás Hermanos.
Cuenta doña Aurelia que tanto el padre como la madre de su mamá, eran indígenas, aunque su madre no recordaba mucho de ellos, porque era muy chica cuando quedó huérfana de madre y se separó del padre, quien las entregó a una familia en guarda.

Del matrimonio de Aurelia con Gutiérrez nacieron once hijos. Seis mujeres y cinco varones.
Recuerdo que vivían, en la década del cincuenta en un ranchito, cerca de la casa de los Piccolomino y enfrente de lo de don Santiago Di Fernando, en el antiguo “Barrio Latino” de Victorica.

En un reportaje que le hace la periodista Disi Marchesi para el diario La Reforma de General Pico y publicado el 27 de abril del año 1997, le pregunta: “¿Las tierras que reclaman sus congéneres en otras partes del país, según su opinión, les pertenecen?”

A lo que doña Aurelia que ya tenía setenta y ocho años contesta: “Claro que sí, si ellos fueron los que poblaron esas tierras. Cuando yo fui grande, empezaron a venir conocidos de mi madre y un compadre de ella, que vino de allá, me contaba de todas esas tierras que tenían ellos en el Odre, en Árbol Solo, en las que estaban los Baigorrita, que son muy nombrados en aquel lugar, y no se si se las quitaron o que pasó allí. ¡Que cosa, pobre gente!, les retuvieron sus casas, sus tierras,…!Que cosa!”.

De oficio tejedora

Con su sapiencia, Aurelia transmite oralmente a las jóvenes del Instituto de Bellas Artes de General Pico (La Pampa), la tradición aborígen para hilar y teñir lana de oveja.

La periodista, y el fotógrafo le solicitan a doña Aurelia que pose trabajando en el telar, que tenía instalado en su casa de General Pico y hace este comentario sobre la entrevistada: “Una mujer que se ha dedicado a su casa, a los suyos y a tejer para los suyos, hijos y nietos, porque la venta no da”, “no pagan los tejidos lo que valen, así que los hago para los míos.”

Un oficio ancestral, que ella ha recibido como herencia y mandato de sangre de su madre y de su abuela ranquelina. En el Censo Nacional de Población del año 1895, aparecen entre los aborígenes que están viviendo en Victorica, Yanquín Pral de 40 años, María de Pral de 30 años, Ramona Pral de 20 años, Juan Pral de 14 años y Ángela Pral una niña de 1 año de edad. Además de ellos, el censo registró una Ramona Pral de 17 años que se dice tejedora, una Margarita Pral de 58 años que también declara ser tejedora.

Recuerdo que uno de los Pral trabajaba en la Barraca de Eladio Rodríguez hombreando lienzos de lana, salando cueros, estaqueando. Me gustaba mirarlo cuando subía la escalera con el lienzo sobre la espalda apoyado sobre la cabeza para cargar los camiones y acoplados, que las llevarían al Mercado de Avellaneda. Era petiso, pero tenía tal baquía que jamás se le caía un lienzo, de piernas y brazos cortos, pero de una baquía espectacular para manejar esos enormes lienzos desbordantes de lana sucia.

La periodista la pregunta a doña Aurelia: “¿Su madre fue quien le transmitió los conocimientos sobre las artesanías indígenas?”, ante lo cual ella contesta. “Si, lo que ella sabía lo aprendí yo también, mientras ella trabajaba yo la miraba y así fui aprendiendo. Aprendí a tejer, a hilar, a teñir, todo, todo lo que ella sabía aprendí.”

Y agrega como para justificar la tradición: “Mamá murió muy grande, 90 años o más le calculó el médico, y hasta los 80 más o menos trabajó en el telar.” Casi como ella que iba rumbo también a esa longevidad y continuaba apegada al telar.

La artesanía y sus secretos
Doña Aurelia ovillando lana, casi octogenaria, sus manos aún estaban hábiles para el telar y su cuerpo fuerte para resistir parada frente al mismo tejiendo.

La periodista insiste y quiere saber más sobre las artes del oficio de tejedora: “¿Aún hoy tiñe lanas?” Y doña Aurelia contesta: “Si tiño lanas, hilos y hago medias, guantes, pullóveres, de todo. Es un proceso complicado el que se hace para teñirlas, primero hay que saber elegir la planta de piquillín que tenga las raíces rojas, porque no todas tienen la raíz roja, algunas la tienen blanca o amarillita. Elijo entonces la de raíz roja, le saco toda la corteza de arriba, la pongo en un tacho, la hago hervir y meto la lana hilada bien mojada para que hierva ahí bastante tiempo. El color se puede hacer más o menos oscuro agregándole más raíces, más cáscaras o sacándole.”
Y para ilustrar más a quien la interroga agrega: “Se pueden extraer tinturas de otras plantas, como la jarilla, que tiñe de amarillo, también hay una ligustrina que tiñe verdecito, del ceibo hervido se saca un beige.”

La periodista persiste para profundizar en los conocimientos y saberes de doña Aurelia, que es todo un libro abierto para ella: “¿Qué otra cosa aprendió enraizada con sus antepasados?”
Y Aurelia le tiene una sorpresa más a la periodista, porque responde con toda propiedad: “A tejer en lana y en hilo, a preparar la lana que recibo pura de la oveja. Casualmente hace poco tiempo vinieron de Bellas Artes para ver como hacía yo el proceso con la lana, ahí me di cuenta que ellos hilan toda la lana sucia, en bruto, así no… yo la preparo, la pongo al sol, la abro un poco y le pongo bastante ceniza, la doy vuelta, la tengo por lo menos una semana al sol así con ceniza, a la tardecita la entro para que no se humedezca. Después eso se abre para que salga la grasa…, hay que prepararla, hay que limpiarla.”

“El modo en que hacía las cosas mi madre, de la que he aprendido el proceso yo, es muy diferente a lo que hacen acá. Ella trabajaba mucho, yo aprendí un poco, porque mamá también sabía hacer cojinillos de flecos… pero ella, en esos años compraba las anilinas de piedras que veían antes, de esas ahora no hay más.”

Todavía viven en Victorica alguno de los hijos y nietos de doña Aurelia Peracca, uno de los cuales fue panadero toda la vida, igual que su finadito esposo, que desde los 13 años trabajó en panaderías.
Related Posts with Thumbnails