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lunes, 12 de marzo de 2012

Aniversario de Luan Toro (Departamento Loventué) La Pampa

-El RPF Buenaventura Giovannini, en misión desde Victorica, llega a Luan Toro el 31 de marzo de 1892 y dedica a San Justo la capilla en que oficia provisionalmente. Luego pasa a “La Blanca”, donde la sala en que dice misa es ofrecida a San Antonio de Padua. Según su registro, en mayo administra 27 bautismos.
En los campos de “La Blanca” se habían instalado los sobrevivientes de las tribus ranquelinas y araucanas que habían sido dispersados de la zona de Leuvucó y Poitahué, por la discutida “Conquista del Desierto” llevada adelante por las tropas del Ejército Nacional.

El 15 de marzo de 1908 llega el ferrocarril del Oeste, que saliendo desde la estación Once en Buenos Aires, tendría como estación terminal a Telén, que había sido fundada el año 1901 y atravesando previamente Victorica, la primera población pampeana fundada por el Ejército a principios de 1882.
El 29 de abril de 1908, los propietarios de las tierras, señores Eduardo y Carlos Madero, otorgan poder a Juan Smith (martillero de Santa Rosa) para vender chacras, solares y quintas de la “Colonia Lanutor”.
La estación del ferrocarril, que será el motor del progreso local y regional, queda habilitada el 12 de diciembre de 1908, está situada a 665 kilómetros de la Capital Federal y a 286,68 metros sobre el nivel del mar, se halla la cota del riel. En tanto que el agua para esa fecha, según las rigurosas mediciones de los ingleses, se encontraba a unos 44,75 metros de profundidad.

Antes de la fundación, la historia recoge los nombres de los primeros pobladores que se asentaron en el monte de caldén aún intacto en toda su magnificencia, incluyendo algarrobos, chañares, piquillines y la Sombra de toro o peje. 
Entre otras que han quedado en el anonimato, se menciona a las familias de Mercado, Noguera, Etchart, Maceda, Carranza, el indio Milán. Posteriormente y ya puesto en marcha el proceso de urbanización, junto a los ranchos de adobe y casas de madera o de chapa, se construyen las primeras edificaciones de ladrillos. Entre los primeros propietarios se menciona a las familias de Suquía, Echeverría, Iriarte, González, Nahón, Vega, Cisneros, Zubía, Vaqué, Lucero, Álvarez, García, Ordoñez, Lassallette, Toranzo, Godoy, Galache, Guerra, Silvera, Gatica, Carripilón (descendiente aborigen), Ponce, Muñóz, Ferrero, Feito, de Paz y otros cuyos nombres probablemente se han perdido en los pliegues de la historia.
Inmediatamente surge la necesidad de contar con una escuela, dado el crecimiento de las familias con niños que se habían instalado en la joven población. Es por eso que el Consejo Nacional de Educación, decide crear la escuela a la que le asigna el Nº 55. El 16 de febrero del año 1909 es designado como director de la misma el maestro puntano don Laureano González, que hasta ese momento estaba cumpliendo funciones en la escuela de varones Nº 7 de Victorica. Durante dos décadas el maestro-director será el gran animador, no sólo de la faz educativa, sino también de la vida social y cultural de Luan Toro y su zona.
La Estancia “La Blanca” cuyos propietarios eran los socios franceses constituidos bajo la razón social “La Perseverance S.A.” y que tenía una extensión de 15.000 hectáreas era administrada por el señor Juan Galant. Otros establecimientos importantes de los momentos iniciales son “San Ramón” y “El 25” del doctor Facundo de la Rosa.

El año 1914 comienza en Europa la primera Guerra Mundial, por lo cual se producen dos efectos negativos para el país y para el Territorio Nacional de La Pampa Central, uno es la caída de las exportaciones de nuestros productos como cereales, carnes y lanas y el otro es el corte del abastecimiento del carbón que provenía desde Inglaterra para alimentar las máquinas a vapor de los ferrocarriles.
En reemplazo de ese carbón se empezó a utilizar leña del bosque de caldén, dando comienzo al proceso de deforestación.

Cuando el año 1916 el periodista enviado por el diario La Nación de Buenos Aires, don Jaime Wenceslao Molins, pasa por la zona, hizo esta observación desde la ventanilla del tren, que luego plasmó en su libro “La Pampa”, publicado el año 1918: “La leña, en parvas interminables, se alinea junto a los alambres del ferrocarril. En Luan Toro, el stock de consideración aguarda tren rodante para volcarse en la Capital Federal. Cruzamos las hachadas de Marti, de Paz, y Tronconi. Las industrias agropecuarias poca vitalidad dan todavía a la zona. Se está en la faena primitiva de descuajar el bosque para entregar los campos a la roturación.”
A principios de la década de 1920 se instalaron varias colonias importantes como las de “La Pampa del Tigre”, “La Delmira”, “La Veta” y  “Colonia Lanutor”.

Entre los apellidos de los primeros chacareros que se recuerdan  se instalaron con sus familias se menciona, de ascendencia española a García, Martínez, Domínguez, Carranza, Mariñaque, Sánchez,  Collado, Alzamora, Zarza, Rey, Manzano (padre de quien fuera años después corredor de Turismo de Carretera), de ascendencia italiana a Vanni, Cechari, Gaccio, junto a criollos como Pacheco, Urquiza y otros apellidos de nacionalidad del este  europeo como Olizuk, Smijosky.

El año 1921 cayeron 721 milímetros de lluvia y el quinquenio que va de ese año hasta 1925 con 846 milímetros fue muy bueno. El quinquenio comprendido entre 1926 y 1930 ya es menos homogéneo y comienzan a aparecer los primeros años de precipitaciones escasas para la agricultura. Así el año 1927 solo cayeron 359 y el 1929 escasamente 301 milímetros.

La fatídica década de 1930, también afectó a la zona de Luan Toro, que está al este del Departamento Loventué, pero que se encuentra en el límite de la isohieta de 500 milímetros promedio anual,  necesario para aspirar a una agricultura con altas probabilidades de cosecha.

Los años 1935, 1936 y 1937, fueron los "años malos” que descorazonaron a muchos y produjeron el éxodo de unos cuantos y el abandono de la agricultura por otros. Es que en 1937 tan sólo llovió 253 milímetros y los dos años anteriores por debajo de los 500. Combinándose esa década con otros problemas climáticos de creciente rigurosidad como fuertes vientos, que volaron la capa fértil del suelo, la caída de la ceniza del volcán chileno “El Descabezado” y la siempre temible plaga de la langosta que bajaba desde las provincias del norte argentino.

Aquellos "años malos" terminaron definitivamente con la agricultura para cosecha, dado que las pérdidas fueron cuantiosas, llegando en algunos años a superar el 37 % de lo sembrado, con picos extraordinarios del 50 %  la campaña 1930/31, 53 % la campaña 1939/40 y culminando con el máximo del 80 % en los años 1935/6.

Cuando llegó el comienzo de la Segunda Guerra Mundial el año 1939, la explotación forestal se volvió a poner en marcha y se limpiaron muchas más hectáreas, que esta vez no quedarían libre para la agricultura, sino para la ganadería, dado el desastre ambiental producido por los agricultores tempranos sin conocimientos de los suelos y del clima. En principio fue el lanar dada la intima relación de nuestra economía con la potencia mundial de ese momento: Inglaterra que tenía instalada en su territorio las grandes plantas fabriles producto de las denominadas revolución industrial.

Luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, comienza a languidecer la explotación forestal y  es el inicio del refinamiento de la ganadería vacuna cuya explotación extensiva a campo, produjo carnes de buena calidad para el mercado internacional.

Mientras duró el ciclo de la explotación ganadera del lanar, con el acompañamiento de la agricultura para cosecha y el reforzamiento de la explotación forestal, Luan Toro fue creciendo en población, llegando a su máximo en el censo provincial de 1942 en cuyo año se contabilizaron 298 habitantes en la zona rural y 758 en la zona urbana. Cuando llegó el Censo Nacional de Población del año 1947 ya se notó la disminución porque tan sólo se registraron 1.056 habitantes, 230 menos que cinco años antes.

El 11 de abril del año 1923 se hicieron cargo las autoridades electas para la flamante Comisión de Fomento del pueblo bajo la presidencia de don Juan Larrañaga y la secretaría a cargo de don Santiago de Paz.

En 1924 se crea la Capilla de la Iglesia Católica, ofrecida esta vez a “San José”, el santo de los obreros. El Misionero de la Obra de Don Bosco, el italiano José Durando será el gran impulsor de las actividades religiosas. Luan Toro ofreció a la Iglesia dos de sus hijos que se ordenaron sacerdotes, uno de ellos Salvador Galant, (hijo del administrador de “La Blanca”) fue quien ofrendó la misa en esa oportunidad. Los hijos de Galant habían concurrido al Colegio Don Bosco de Victorica que tenía internado.

El 23 de agosto del año 1930 se crea el Club Sportivo Luan Toro, que eligió como primer presidente al médico Andrés H. Montaña Alzaga. Como vicepresidente es electo Héctor González, como secretario Héctor Petriela, como tesorero Segismundo Lorences y como vocales Juan A. Cabrera, Orlando Martín (hijo de Amador) y Mario Delbene. En tanto que el señor Presbiterio Mercado es electo como Seleccionador de Fútbol.

La comunidad de Luan Toro ha trascendido a nivel regional, provincial y aún nacional a través de algunos de los hijos de los pioneros. Así en el campo deportivo se puede mencionar el caso de los hermanos Arnaldo y Rubén Martín (hijos de Antonio y nietos de Amador), que jugaron en el club de su pueblo, pero luego lo hicieron en Sarmiento y All Boys de Santa Rosa (La Pampa). En el campo futbolístico también brillaron a nivel provincial Elías Galant y Ricardo Lezcano todos de recordadas y exitosas trayectorias, el primero como arquero de All Boys y el segundo como mediocampista del Club Sarmiento..

En el campo del boxeo se menciona a Vicente Espinosa, boxeador y luego entrenador de larga trayectoria.
Y en el ámbito del folklore nacional el nombre de Víctor Hugo Godoy, integrando “Los 4 de Córdoba” ha recorrido la Argentina y varios países, volviendo permanentemente a los escenarios de su provincia natal.

Fuente: "Historias de Vida" Roldán, Luis Ernesto, editado el año 1999.
Fotos: Archivo Histórico Provincial y Web

miércoles, 18 de febrero de 2009

LA RUTA DE LA LANA

La oveja, desde el momento en que se poblaron los campos confiscados al indio, y que ya estaba encerrada en los límites de las provincias de San Luis, Mendoza, Buenos Aires, tuvo una expansión hacia el sur.
Una de las zonas de mayor desarrollo fue justamente la cuenca de la confluencia de los ríos Atuel y Salado, con agua abundante y mucho pasto natural, donde supieron pastar más de 250.000 cabezas. Cuando en toda La Pampa llegó a criar más de 4.000.000 de lanares.

En los años que van entre 1882 a 1914 comienzo de la primera Guerra Mundial, Inglaterra era el principal comprador de lana para alimentar a su afamada industria textil. Nos compraban lana sucia y nos vendían telas y casimires.

Uno de los tantos que llegaron a La Pampa con muchas ovejas, algunos caballos y pocas vacas fue don Máximo García, acompañado por su amigo Ramón Galindez y por don Nicomedez Gomez, quienes compraron campos justo en el límite entre el Territorio Nacional de La Pampa Central y la provincia de San Luis.
Esta foto es una toma preparada especialmente por el dueño del carro don Vicente Serraino, quien está de pañuelo blanco y sostiene en sus manos los aperos de la mula.

Para que el fotografo pudiese registrar el momento su truco consistía en desatar la otra mula, atar el "muchacho" de atrás y colocar todo el peso al fondo del carro.

Esta toma es de alrededor de 1923/4, a la izquierda se encuentra don Isidoro Orgales quien era gerente de la Casa de Ramos Generales J. Llorens, J. Antich y Cía. de Victorica que tenía sucursal en Santa Isabel.

La ocasión del oportuno fotógrafo es porque formaba parte de la comitiva que viajó a Santa Isabel a entregar los primeros Ford "T" vendidos por la firma, uno de los cuales lo adquirió don Angel Nicolás, un árabe que se había instalado en un campo cerca del Salado con su familia.

El edificio que se observa era la "Barraca" de Eladio Rodriguez en la década del cincuenta. El encargado del escritorio era su hermano Alberto Rodriguez. Allí trabajaba el "Chocho" Gatica, el paisano Orozco y otros peones como uno de los indios Pral.

Las huellas, antiguas rastrilladas indigenas, se fueron convirtiendo en caminos de una sola mano para los vehículos que comenzaron a poblar la geografía del campo pampeano.

Javier Pérez, parado, conduciendo el camión de don Corsino Pérez, de Telén, paradas sobre el estribo sus hermanas Maricha y Laura, sobre la pila de lienzos un peón. Los camiones ya habían desplazado a los antiguos carros, aunque todavía los caminos eran guadales sobre todo en la "travesía" de Telén para el oeste.

Por pasar con voluminosas cargas de lanas don Máximo se enfrentó a Sidebottom ex capitan del ejercito Inglés, quien le había alambrado el camino vecinal y hechado llave a las tranqueras, obligándolo a dar una extensa vuelta con los carros y la recua de mulas, alargando el trayecto no en horas, sino en días.

La "Comparsa" de esquiladores acaba de entrar al campo "Las Vertientes" de la zona de Carro Quemado, con la máquina y los "bártulos" de sus componentes.

Pero para que llegara la lana al puerto y de allí embarcarla rumbo a Europa, primero había que realizar en los campos la tarea de esquilar las ovejas. Miles y cientos de miles de cabezas de ovejas, carneros, corderos, borregos, eran sometidos al proceso de la esquila.

Lo que se llamaba vulgarmente "la comparsa", que está integrada por un camión en el que se transporta la máquina esquiladora y algunos bártulos de los esquiladores, como elementos para cocinar y para dormir.

También un carro que se ve a la par, y un perro ovejero enseñado especialmente para el trabajo del encierro de las ovejas en el corral.

Y varios hombres, uno era el cocinero, otros hacían el trabajo de agarrar las ovejas y maniatarlas cerca de donde estaban los esquiladores con los peines de la máquina.

Esta comparsa tiene más de quince integrantes, entre el que está también el camionero. Las máquinas podían tener cuatro, seis u ocho brazos en cada uno de los cuales se apostaba el esquilador.

Cuando la lana tuvo buen precio en el mercado internacional, los ganaderos se encontraron con mucho dinero que invirtieron, gastaron y ahorraron los más previsores. Pero cuando llegó la década del treinta algunos consignatarios y representantes quebraron y no les pagaron las lanas a los productores que sufrieron el incumplimiento, sin siquiera iniciar juicio.

lunes, 16 de febrero de 2009

"CATEDRALES DE LOS PAJAROS"

El caldén, huitrú en araucano y trumphel huitrú en ranquel, es el árbol declaradó típico del bosque nativo de la Provincia de La Pampa. Huitru Mapu significa tierra del caldén. Es un árbol de hojas pequeñas y espinoso por estar dentro de la zona árida. En épocas de sequia como la actual, el fruto (la chaucha) es un buen alimento para el ganado. Y en época de "temporal" (granizo, nevadas, lluvias copiosas, frios intensos o altas temperaturas) son un excelente resguardo para los animales.

Foto tomada por Tony Pescara para ilustrar su nota en Caldenia. Se puede comparar el diametro y la altura, con los cuerpos de los alumnos subidos a este magnífico y añoso ejemplar de caldén, del campo de la Escuela Agrotécnica de Victorica.

Mientras estas tierras estuvieron en manos del aborigen, el bosque permaneció intacto, salvo los incendios y el aprovechamiento de la leña para los fogones. Los aborígenes ahuecaban los troncos de los grandes caldenes como estos, para juntar el agua de lluvia. A estos reservorios, a veces ocultos a los ojos extraños y no conocedores, se les conoce como Tinajeras.

El Caldén junto con el aborígen están integrados en el logotipo que La Pampa eligió como su escudo provincial a partir de 1961.

Foto tomada hace una década, en el parque de la Laguna Guatraché, donde aún se conservan algunos formidables ejemplares de caldén como este.

Algunos han bautizado a estos portentosos ejemplares como las "catedrales de los pájaros", dado que en su extendido ramaje los pájaros del bosque nativo construyen sus nidos, bien arriba para evitar depredadores.

El caldén que al aborigen le daba leña, postes para sus corrales, chaucha para alimento y vasijas para juntar agua, fue aprovechado décadas después con fines industriales. Se instalaron aserraderos, para hacer no sólo leña que se enviaba a las panaderías para alimentar los hornos, sino también se puso de moda el parquet para pisos de caldén y también los muebles.

Asimismo el desarrollo de los alambrados, la subdivisión de los campos, el apotreramiento, la apertura de caminos, incentivó la demanda de postes y varillas de caldén no sólo dentro de La Pampa, sino tambien en las provincias aledañas. Buenos Aires, Mendoza, Neuquén, y Río Negro fueron receptoras de productos forestales del bosque de caldén. También el caldén es utilizado para hacer bebidas, comederos y tranqueras para los animales.


Este ejemplar extraordinario de caldén estaba hasta hace veinte años atrás en la zona de Trenel. Quien se observa mirando la cámara es Hector Walter Cazenave, geografo, investigador y escritor pampeano.

La primera y segunda Guerra Mundial entre 1914 y 1919 una y entre 1939 y 1945 la otra, fueron momentos algidos del desmonte y la tala del caldén porque estas guerras impedían que llegara a la Argentina el carbón de cooke desde Liberpool.

Esto llevó a que se hicieran andar las máquinas locomotoras con leña de caldén, que aunque tenía menos calorías y por lo tanto levantaban menos presión al vapor de agua, sirvió durante esos años para que los ferrocarriles continuaran funcionando, dado que el carbón de Rio Turbio no era apto.

Una máquina con carbón importado de Inglaterra tiraba hasta sesenta vagones. La misma máquina alimentada su caldera con leña de caldén solo soportaba cuarenta a cuarenta y cinco vagones con igual carga.

sábado, 14 de febrero de 2009

FABRICA DE FIDEOS

Los vecinos de Victorica del 30 tuvieron la oportunidad de tener una fábrica de fideos en la localidad, que les permitía el acceso a pastas frescas, sobre todo en la época en que aún vivían varios de los italianos afectos, ellos y sus descendientes, a este tipo de alimentos.

Recordemos que en Victorica en 1904 se inauguró un moderno edificio de la “Sociedad Italiana Humberto Primo” y que por los alrededores existía lo que Pedro Telmo Lobo denominó “el barrio latino”, por la cantidad de familias de descendencia italiana que estaban afincadas.

El empresario industrial que puso en marcha la fábrica habría sido don Ceferino Huarte. Según nos contó su nieta Yolanda Huarte, quien nos facilitó las fotografías, don Ceferino no sólo vendía la producción en Victorica, sino también levantaba pedidos en los pueblos vecinos, que él mismo entregaba. Aparentemente el empuje inicial dio como para llegar hasta el sur de San Luis, en aquella época de caminos de tierra.


El personal posa para el fotografo en plena tarea de producción. Hombres jóvenes ¿y las mujeres?

La fábrica estuvo instalada en el local de su propiedad en la esquina de las calles Jaime Sidebottom y Coronel Ernesto Rodríguez, cruzando la calle estaba la casa de familia de los abuelos Cesanelli-Paz, uno de los italianos y dos cuadras más allá la panadería de los Marzano, enfrente de la panadería vivía el italiano Orestes Marini, el placero.

Es la primera noticia que tenemos de este emprendimiento, dado que cuando conocí el edificio, ya estaba instalada allí la Barraca de Eladio Rodríguez en la década del cincuenta.
En una de las habitaciones de la casa de familia de ese antiguo edificio, Sara García comenzó con un Instituto Regional de Enseñanza Privada Integral.

Por lo que se observa en una de las fotos, en la fábrica trabajaban tres o cuatro personas, lo cual da una idea aproximada del volumen de producción que pudo haber alcanzado, dado que para la misma se empleaban también maquinarias.

Por lo que se puede apreciar hubo una oportunidad laboral para jóvenes, que se iniciaron en una tarea no tradicional. En una bandeja se puede ver tallarines y en la mesa de al lado otras pastas puestas a orear.

La industria de la alimentación, como la producción de pan y galleta, las sodas y bebidas gaseosas, los chacinados, las hortalizas y hasta algunas frutas tuvieron como vemos en este caso un desarrollo local importante desde 1900 hasta el mediados del treinta, comenzando desde allí una lenta declinación que termina de agotarse por una serie de circunstancias internacionales, nacionales y propiamente locales.


En el salón de la esquina funcionó la Fábrica de fideos de Ceferino Huarte

También el desarrollo de la vid tuvo comienzos promisorios y aún hasta hace algunas décadas atrás todavía quedaban en algunas antiguas casas de familia restos de frondosos parrales que supieron proveer de uvas frescas para la mesa.

Aún hoy en la Estancia "La Marianita" hay parrales plantados probablemente por don Ceferino Huarte, o acaso por don Máximo García su suegro, que fue tambien vitivinicultor, y que aún producen sus buenos racimos de uvas frescas.


Después don Ceferino se dedicó de lleno a las actividades agropecuarias y abandonó este emprendimiento de fabricar pastas frescas para las mesas victoriquenses y sus alrededores.

En la Guia que publicó el Ferrocarril del Oeste bajo el rubro Industrias se incluye una "Fideería" (sic) cuyo propietario por 1938 (año de publicación) era don Tomás Rodriguez Bouciguez.

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