domingo, 24 de mayo de 2015
Marcial Roldán García
Fue el año siguiente del comienzo de la Primera Guerra Mundial. Sus progenitores decidieron registrarlo con un nombre nada común, lo llamaron Marcial. Por aquellos años lo usual era que se le impusiera a los hijos el nombre del padre, del abuelo, del santo del calendario o por algún otro hecho muy particular. El Cura italiano que lo bautizó tres meses después el misionero Juan Roggerone, lo anota como Marziano Francisco.
El Francisco no aparece en el acta de nacimiento en el Registro Civil. Los curas tenían la costumbre de poner el nombre del Santo del Día o el que aparecía el día del bautismo.
La abuela Elina, tenía un hermano que llevaba ese nombre y su propio padre se llamaba Francisco, así que es probable que haya sido tomado de allí por alguna referencia de esa circunstancia.
Una estrofa de un poema de Rafael Obligado, que solía utilizarse para la jura de la bandera dice:
"En la profunda quebrada,
al pie del cerro vecino
suena el clarín argentino
tocando inmensa llamada.
Sereno el pecho, la espada
a mal guardar, la visera
alta en la frente guerrera,
marcial y firme la planta
Manuel Belgrano levanta
con muda fe su bandera."
Habrá sido ese el origen o hay algún otro motivo que aún no conocemos. Por lo pronto el diccionario de la real Academia Española expresa que se dice marcial al: "que camina muy erguido, con firmeza, como los militares", pero el topónimo de nombres dice: guerrero, nacido bajo el signo de Marte, nombre de origen latino.
Lo cierto es que el niño se crió entre los animales de la chacra, con sus hermanas y otro hermano. Fue alumno de la escuela de las "chacras de Loventuel", que por esos años dirigía el maestro don Félix Romero, que había sido uno de los testigos del casamiento de Elina y Cirilo. Cursó solo los tres primeros grados, pero eso le alcanzó para leer y escribir bien con buena letra y además lograr la habilidad de hacer cálculos mentales con exactitud.
Como todo joven buscó evadirse de las obligaciones caseras los fines de semana para irse al pueblo más cercano donde encontrar diversiones. Así fue como su primera diversión fue integrar el equipo de fútbol "Unidos de Loventuel", en el que también jugaba su cuñado Félix Sad, casado con su hermana Delicia Timotea. El tenía condiciones físicas interesantes para dicho deporte era alto, flaco y saltaba bien para cabecear.
La práctica de ese primer deporte lo llevó a Victorica, dado que allí estaba el rival Cochicó y luego Juventud Unida, equipos de mayor experiencia. Allí se anotició de los bailes y las grandes kermeses que organizaba la gente de la Sociedad Italiana "Umberto 1º", la única institución que tenía salón propio y un amplio patio con unos hermosos caldenes para actividades al aire libre.
Fue en esos años que se inició en el otro deporte que practicaría durante toda su vida activa: la pelota a paleta en el frontón. Por eso se lo ve en la foto de abajo donde me tiene en sus brazos vestido todo de blanco.
Fue en ese lugar donde probablemente conoció a la joven Trinidad, la hija mayor del italiano Luigi Cesanelli y Jacinta Paz, quien se dedicaba con su empresa a la construcción a realizar obras no sólo en el pueblo sino también en los campos y en las chacras de la zona. Después que murió su padre y viendo que el clima de la década del treinta hacía imposible que una pequeña chacra de solo cien hectáreas diese recursos suficientes para toda la familia, intentó probar suerte fuera de su hogar. Sus hermanas, algunas se habían casado y otras se habían ido, junto con su hermano Cristóbal a Buenos Aires en busca de trabajo y mejor suerte (Elina y Trinidad).
Casiana Hipolita se había casado con el francés Juan de la Nava, quien en la década de 1920/30 tenía explotación de bosques. O sea extracción de madera del bosque nativo para alambrar campos (postes, varillas y esquineros), o leña para el mismo ferrocarril o para las panaderías de la Pampa Central y la provincia de Buenos Aires.
Le gustaba bailar y además cantar, aunque esto lo hacía solo en el seno del hogar. Recuerdo haberlo escuchado entonar tangos, valses y otras canciones de la década del cuarenta en la cocina, mientras esperábamos que mamá Trinidad terminase de hacer la cena.
Se casó con Trinidad hacia fines del año 1941 y como no tenía trabajo fijo, su suegro le proveyó el terreno y los materiales y el levantó su modesta casita a una cuadra de "Los Pisaderos". Dos habitaciones, una cocina y el retrete más allá de la leñera y del gallinero. Bien lejos para que el agua del pozo no se contaminara.
Así pasaron los primeros años de casado, haciendo changas, trabajos por cuenta propia. Fue juntador de maíz, albañil, pintor de brocha gorda, conductor de taxi y trabajador a destajo para las cosechas. Recién a mediados del año 1944 llegó el primer hijo. Su suegro le prestaba el camión para que fuesen a visitar a su madre a la chacra y hacerle conocer al nieto. El que iba a tener más cerca, porque los otros habían nacido en Buenos Aires y venían una vez o dos al año cuando sus padres podían.
Pasaron unos cuantos años, hasta que el líder del peronismo en Victorica, el Juez de Paz don Domingo Di Dio, lo incluyó en la lista de personal a designar cuando se inaugurase la Escuela Agrícola, la que comenzó a funcionar el mes de abril del año 1952.
Eso le cambió las posibilidades para la familia, que ya se había incrementado y que seguiría creciendo hasta alcanzar seis hijos, cuatro varones y dos mujeres. La primera comodidad hogareña fue conectar la luz eléctrica. Hasta el año 1952 nos alumbrábamos con farol y lámparas a kerosene. La primera radio que hubo en casa funcionaba a acumulador, a mí me tocó la tarea de llevar a cargarla a la Cooperativa con una carretilla vieja que él había rescatado.
Después fue la incorporación del primer bien del hogar para aliviarle la tarea a Trinidad que tenía que lidiar todas las mañanas, invierno y verano con la leña para la cocina. Para eso cerró el corredor y allí instaló la cocina a gas de garrafa. Después al año siguiente luego de terminar de pagar las cuotas de la cocina, llegó el lavarropas y mamá Trinidad jubiló la batea que durante tantos años, inviernos y veranos había sido su compañera.
Cuando lo derrocaron a Perón, hubo temor en la familia, porque en la escuela se produjeron traslados y cesantías de simpatizantes y afiliados al peronismo local. Marcial siempre había asistido a todas las manifestaciones públicas, como aquellas dos veces en que el General Juan Pistarini se había hecho presente en la localidad. O cuando murió Evita en julio del año 1952 en que se puso en el brazo la cinta negra en señal de duelo.
La primera en el año 1949 cuando llegó a Victorica junto con su esposa para dejar inaugurado el nuevo edificio del Hospital, que recibió como homenaje el nombre de su madre "Luisa Pedemonte de Pistarini". La segunda visita cuando dejó inaugurado el edificio para la Escuela Agrícola los primeros días del mes de abril del año 1952.
Marcial además había viajado a Buenos Aires cuando llegaban los trenes gratis para quienes quisieren ir a la conmemoración del Día del Trabajador y para los festejos del Día de la Lealtad, cada 17 de octubre. Pero cuando se enteró que habían volteado el monumento a Pistarini en la plaza y que habían sacado las placas, clausurado la Unidad Básica, decidió hacer desaparecer el libro que le habían regalado "La Razón de mi Vida".
Cuando Trinidad le dijo que su hijo mayor había decidido irse a Santa Rosa a estudiar en la Universidad, entonces tomó la decisión de trasladar a toda la familia. Se vino un año antes, renunció a su empleo en la Escuela Agrícola y se instaló en una casa alquilada en Santa Rosa. Era el año 1962, no le fue fácil conseguir trabajo, así que mientras trataba de encontrar a algunos amigos de la juventud que estaban en la capital pampeana para que lo orientaran, tomó algunas changas como jornalero en actividades agropecuarias.
También se dedicó a trabajos de albañilería, mientras mis hermanos y hermanas mayores también tempranamente ingresaban al mercado laboral de Santa Rosa en aquellos primeros años de la década del sesenta cuanto todavía funcionaba a pleno el Molino Werner, el Ferrocarril Domingo Faustino Sarmiento y a pocos metros se había instalado la distribuidora de gaseosa Fanta en la primera cuadra de la actual calle Santiago del Estero.
Al año siguiente un amigo le consiguió que lo contrataran de sereno en los galpones que el Ente Provincial del Río Colorado tenía sobre la calle Falucho. Ahí trabajó muchos años con sus amigos Bergín, Cuevas y otros.
Después lo trasladaron al Centro Cívico, donde cumplió sus últimos años de vida laboral activa hasta que se jubiló. El acceso a ese trabajo estable y con un préstamo del Instituto de Seguridad Social accedió a la compra de una casa propia en la Villa Alonso.
Desde ese lugar le quedaba cerca el trabajo. Pero después que cumplía con sus obligaciones tomaba su bicicleta, en la que anduvo siempre, porque nunca fue propietario de auto propio. Sin embargo con esa bicicleta se llegaba hasta la cancha de paleta para continuar con su deporte preferido. Juan Carlos Carassay en su libro lo menciona como uno de los veteranos que esperaba a que le dieran lugar para jugar algún partido.
Sus hijos e hijas se casaron y comenzaron a llegar los nietos, la casa de la esquina de Victoria y Tucumán, fue visitada permanentemente y fue el lugar de la alegría de los abuelos. El proseguía con algunas costumbres que había adquirido en su juventud, pero ahora como espectador.
Continuaba escuchando radio, amaba el box. Recuerdo que escuchábamos en Victorica las peleas que se transmitían en la década del cincuenta en la radio a acumulador. Cuando llegó la televisión a Santa Rosa, en la década del setenta, este fue un gran entretenimiento para Marcial y Trinidad, sobre todo para ella que siempre fue muy de su hogar.
En Santa Rosa no se perdía ninguna pelea de los boxeadores pampeanos de la década del sesenta. Cada vez que había encuentros en el Club Fortín Roca o en cualquier otro lugar el estaba presente. Incluso le gustaba ir a ver los entrenar.
También le gustaba jugar al billar, juego que había aprendido en su juventud en Victorica y el que practicaba con muy buena habilidad. Por otro lado también era conocedor y habilidoso de todos los juegos con la baraja española como el truco, el chinchón, la escoba.
Se quedó dormido en la paz del Señor una noche de un 24 de mayo de hace más de veinte años. Fue en su propia casa. Nuestro hermano Juan Carlos que estaba de visita fue a despedirse y se encontró con que no le respondió.
domingo, 14 de agosto de 2011
ALFREDO GESUALDI
En el denominado “Barrio Latino” de Victorica, del entonces Territorio Nacional de La Pampa Central, a principios de la década del veinte del siglo XX, vivía la familia del italiano Anunciado Gesualdi, que había formado su hogar con una paisana, cuya familia residía en la misma manzana.
Don Anunciado desposó a Teresa Piccolomini, a quien había entregado su corazón, probablemente en alguna de las reuniones bailables que solían realizarse en la Sociedad Italiana, a una cuadra de sus propias viviendas.
Anunciado fue uno de los fundadores de la Asociación de Socorros Mutuos “Humberto 1º” que inauguró a principios de la década del Centenario de Argentina un espléndido salón.
De esa unión nacieron once hijos. Tres varones y ocho mujeres. Típica familia numerosa de los estratos sociales más pobres de aquellos tiempos.
El 25 de noviembre del año 1921, llegó al seno de la familia el segundo varoncito, al que bautizaron con el nombre de Alfredo.
Por ésos años don Anunciado trabajaba de alambrador. Recién después de la década de la abundancia, luego de la llegada del ferrocarril a la zona en 1908 y con la Argentina constituida en “el Granero del Mundo”, exportadora de lanas, cueros, carnes y cereales, los campos de la zona comenzaron a alambrarse. Había mucho trabajo para las comparsas de esquiladores, para los troperos y para los alambradores.
Ese mes de noviembre en Victorica llovió 27 milímetros y el año cerró con un total acumulado de agua caída de 638 milímetros, por encima de la media. El italiano Pascual Mazzuco, en su chacra, a tres o cuatro cuadras de la vivienda de los Gesualdi hacía maravillas en su quinta de hortalizas y frutales.
Alfredo creció y cuando llegó a los siete años de edad fue el momento de ir a la escuela. El año 1928 todo el vecindario de Victorica, escuchó el 12 de octubre el repique inaugural del flamante campanario de la Iglesia Nuestra Señora de la Merced, al que don Félix Berazategui instaló en la torre.
Alfredo asistió de primero a cuarto grado del nivel primario del Colegio, su hermano Isidro había sido de los primeros alumnos cuando abrió por primera vez sus puertas el año 1923, la escuela de la Misión Salesiana de Don Bosco, en la que supieron trabajar varios curas italianos, entre ellos el recordado Juan Roggerone, apodado “cura gaucho” y luego José Durando “El Apóstol del Oeste Pampeano”.
Así iba transcurriendo la vida del niño Alfredo, hasta que de repente, el año 1931 se produce el fallecimiento de su padre, cuando sus diez años todavía no le permitían aceptar la tragedia humana. Su hermana Dora, la menor, (casada años después con Ricardo Guzmán), contaba tan sólo con once meses.
A partir de ese momento la vida de los Gesualdi-Piccolomini, sin el jefe de familia que proveía los ingresos para la manutención, se complicó mucho más, porque al drama familiar, se sumó la crisis de la década del treinta, en la que escaseó el trabajo y avanzó la pobreza.
Eso impulsó a los miembros de la familia a intensificar el trabajo personal, comenzando por el que realizaban en su propia casa, la que tenía un solar, en la cual había una quinta, un gallinero y un molino con tanque de agua.
De allí obtuvieron pollos, huevos, verduras y algunas frutas del parral y otras plantas como perales y membrillos. El excedente del consumo lo vendían a los vecinos.
Recuerdo haber ido con mi primo Coco Cesanelli a esa casa, a principios de la década del 50, a juntar el fruto carnoso y dulce del Nopal, de cuyas plantas había muchas, en el costado que daba para el lado de los médanos.
Alfredo y sus hermanas/os hicieron eso, para ayudar a su madre y sus hermanos menores. También fue lustrabotas (en aquella época la gente que mayoritariamente vivía en el campo todavía, utilizaba botas), fue también vendedor de diarios y repartidor-vendedor de pan a domicilio en un carrito de dos ruedas.
Después fue “boyero” en la estancia “La Guarida” cercana al pueblo, allí aprendió a andar a caballo y a conocer las costumbres de los animales, sobre todo ovejas (la mayoría) y algunas pocas vacas.
Tiempo después trabajó en la carnicería de don Alfredo Belén, cuyo local estaba situado donde actualmente es el domicilio de la familia de Julio Pagella.
Cada vez que don Belén hacía asado y eso era bastante común, lo mandaba a Alfredo al Almacén “Los Vasquitos”, que estaba en la esquina donde actualmente está situada la firma Calandri y Cía. a cargo de los hermanos Balbi, a traer vino suelto en una pava.
Cuando ya tenía diecinueve años, el señor Guido Nievas, conociendo la capacidad de trabajo como empleado de comercio, y fundamentalmente su honestidad, lo lleva a Rucanelo a trabajar en la casa de Ramos Generales del señor Álvarez, que tenía mucho trabajo, dado que atendía cinco obrajes en los alrededores de donde se extraía leña, postes y varillas del bosque de caldén, que había visto reactivar su explotación porque comenzaba la segunda Guerra Mundial en Europa.
Al cumplir los veinte años se incorpora al servicio militar obligatorio en la base de la Marina Argentina en Puerto Belgrano, (Punta Alta, provincia de Buenos Aires).
De regreso a Victorica ingresa a trabajar en el Almacén de Ramos Generales de los hermanos Imbelloni. Posteriormente se casará con Francisca Vicenta Imbelloni, hija de don Vicente, el socio administrador de la firma.
De ese matrimonio nacerán tres hijos, Alfredo Eduardo, María Angélica y Luis Alberto.
Domingo Di Dio, que fue presidente del Club Cochicó desde el año 1937 al año 1945 ininterrumpidamente, y que vivía en la casa vecina a la de los Gesualdi, es quien lo invita a Alfredo que se incorpore al equipo de futbol que ya vestía la casaca con la banda roja en diagonal.
Jugó con el número 2 y 3 hasta los treinta y cuatro años en que abandona definitivamente la práctica activa de ese deporte.
Después fue Presidente del Club en los años 1956-57 y 1960-61.
El 2 de Septiembre del año 1955, el azar cambió la vida ajustada y difícil de Alfredo Gesualdi, que lo había obligado a trabajar desde niño, alejándose de la escuela tempranamente.
Ese día su tío, “Pipo” Piccolomini le hace conocer que ha tenido la suerte de sacar el premio mayor de la Lotería Nacional con el número fijo que venía jugando el 10.611, con un premio de 200.000 pesos moneda nacional de curso legal.
Viaja a la provincia de La Rioja donde le pagan el neto del premio que alcanzó a la fabulosa cifra de m$n 156.000. Con ese monto hizo arreglar su vivienda y se convierte en comerciante autónomo. Abre una Barraca bajo el nombre de “El Cimarrón” y después una casa de comercio con el nombre de fantasía de “Líder Sport”, que como lo indica, tenía mercadería relacionada con la nueva juventud, aunque también con la vida tradicional de un Victorica que todavía no tenía asfalto, ni teléfono, ni agua potable corriente.
Lo conocí personalmente y lo traté a Alfredo Gesualdi a partir del momento que ingresé a trabajar en la cantina del Club Social desde fines de 1958 hasta mediados del año 1962. El era uno de los tantos socios que diariamente al mediodía y por las noches llegaba hasta las instalaciones del Club Social que supo tener una villa a la entrada y luego mesas donde se jugaba a distintos juegos a veces por la vuelta y otras por un pozo en efectivo al que todos debían depositar previamente.
Después en la década del setenta el Club habilitó canchas de bocha y Alfredo era uno de los más hábiles bochófilos. También integró la Comisión Directiva del Club Social.
Alfredo había sido una de las personas que integró la Comisión fundadora del Instituto de Enseñanza Media Básica “Félix Romero”, creada en el año 1958. El año 1970 tuvo la satisfacción de ver egresar a su hija María Angélica diplomada de esa escuela, como Perito Mercantil y como abanderada por sus altas calificaciones.
También integró la Comisión de la Liga de Fútbol del Oeste Pampeano en la década del sesenta.
Por otro lado y fiel a su espíritu de colaborador de las actividades comunitarias fundamentales para Victorica, fue integrante de la Comisión de la Cooperativa de Electricidad de Victorica Limitada.
Después, cuando su hijo Luis ingresó a la Escuela Agrotécnica, él se incorporó a la Comisión de la Asociación Cooperadora de dicho establecimiento.
En la década del setenta, cuando su hijo Alfredito comenzó a incursionar en el folklore, abrió la puerta de su casa para que los referentes del cancionero pampeano pudiesen tener un lugar de encuentro. Por allí pasaron “El Bardino”, “El Penca” Bustriazo, y Guillermo Mareque, entre otros, como ha recordado Néstor Massolo.
Luego cuando vino la década del ochenta y se repuso el sistema democrático, también su casa se llenó de jóvenes que, mate mediante discutían como hacer más justa nuestra sociedad, después de la larga noche de la dictadura.
Sus hijos Alfredo Eduardo y Luis Alberto le dieron la satisfacción de haberse convertido en los referentes provinciales del cancionero regional de La Pampa, con temas nacidos con letra y música de su propio cuño.
Sus últimos años lo encontraron convertido en el “Oráculo Victoriquense”, a quien recurría todo quien tuviera interés en conocer algo de la historia pueblerina y de la comarca regional, de la que conocía bastante, por haber andado recorriéndola con su camioncito como vendedor, por el sur de San Luis, todo el noroeste, 25 de Mayo y hasta Catriel, (Río Negro) en la década del sesenta.
Falleció el pasado 4 de agosto del año 2011 a la edad de 89 años, lo sobrevivieron sus hermanas Dominga y Clora.
lunes, 1 de febrero de 2010
NUESTRA ABUELA JACINTA (II)
Don Luis Cesanelli como tantos inmigrantes llegó a la Argentina en 1908 escapandole a las guerras y el hambre en Europa. Doña Jacinta nació en Victorica a fines del siglo XIX. Su primera hija Trinidad nació el año 1914.
Esta es la foto más nítida que conservo de mi niñez, de la que tengo memoria, tomada por esos fotógrafos que venian de Buenos Aires y recorrian los pueblos buscando sobre todo a familias con niños. Tendría alrededor de 5 o 6 años mis manos y mi cara denotan cierta preocupación por no saber que me iba a pasar.
En la foto en primer plano sentados: de izquierda a derecha, Américo Viglino, Ruben Atilio Palmieri, Ricardo Di Dio, Carlos Alberto Cesanelli "Coco", Alfredo Gesualdi, Ruben Guzmán y Daniel Martín. Parado "Tito" Collado.
Hasta aquí yo era testigo presencial que solo miraba, tratando de no perderme detalle, a veces el me hacia poner el dedo al centro mientras hacía el nudo ciego y al final me pedía que le ayudara a transportar el barrilete llevando la cola o el hilo.
Esta foto está tomada en un estudio de un italiano en un pueblo de la provincia de Buenos Aires, alrededor de mediados de la década del treinta. Trinidad había sido internada para proseguir estudios, pero como extrañaba mucho a su familia, volvió al seno de su hogar, donde por algun tiempo estudio piano.
Con respecto a esta actividad los mayores disgustos de abuela Jacinta era por el hule de la mesa de la cocina, que Coco utilizaba como banco de armado y aunque trataba de tener cuidado, siempre quedaba algún resto de engrudo o incluso algún pequeño tajo al mantel.
Coco Cesanelli aprendió a manejar las máquinas para proyectar cine. Le enseñó su amigo Ruben Atilio Palmieri, el anterior operador de las máquinas del cine Armonía de Victorica, alquilado por el "turco" Pentimalle de General Pico.Si había descargas, o dificultades con la recepción y a eso se le sumaban nuestros ruidos, propios de los juegos, risas o discusiones en voz alta, éramos objeto de frases no reproducibles, que nos indicaban que el “horno no estaba para bollos” y había que poner pies en polvorosa. Ese era el momento justo de irnos a los médanos a realizar una excursión con el “Batuque”, el perro coli de Coco.
Esta foto la tomé al fondo del patio de la casa de los abuelos Cesanelli hacia el lateral donde estaba la mosaiquería. Tia Yiya está al centro, a la derecha Sara García mi esposa y a la izquierda Graciela Gracia, la hermana por parte de madre de "Coco" Cesanelli.miércoles, 11 de febrero de 2009
HACE UNA DECADA
Lo hicimos en el salón histórico del Club Cochicó de Victorica como parte integrante de los actos de un aniversario más de nuestro pueblo natal. Esa tarde del 12 de febrero de 1999, me acompañaron, amigos, funcionarios y parte de mi familia, haciendo de presentadora, la maestra y profesora, Celia Porras de Ludueña.
El libro lo dediqué como homenaje a dos maestras que luego fueron profesoras nuestras en la Escuela Nº 7 y la Escuela Provincial de Comercio “Félix Romero” de Victorica. Ellas fueron quienes nos contagiaron el “bichito” de la lectura, María Mercedes Bustos Bazán de Ares y Lucy Palmieri, quienes nos introdujeron en la literatura y nos estimularon con su ejemplo.
Me ayudó en la corrección y aconsejó sobre el armado de los capítulos, la desaparecida escritora pampeana Victorina Carlassare de Defonteynes.
El libro está incorporado como consulta dentro de la Bibliografía de Historia Regional de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Pampa y es constantemente consultado por quienes quieren indagar algo sobre nuestro pasado de los pueblos y las instituciones de la región del noroeste pampeano.

El texto fue editado por el Centro Cultural del Oeste Pampeano, el que creamos junto a otros victoriquenses con inquietudes en 1985, y a quien doné la mayor parte de la tirada de 1.200 ejemplares.
A todos quienes colaboraron muchas gracias y a quienes utilicen los textos allí reunidos, lo único que les solicito es que tengan a bien citar la fuente.
sábado, 31 de enero de 2009
LOS MARZANO
La familia estaba integrada por varios hijos varones Julio, Antonio, Francisco, Miguel, Pedro, Nicolás (h) y Luis.
Después que han trabajado en el campo durante varios años, los Marzano deciden instalarse en Victorica con una industria de la alimentación. Para ello compran un horno para la panadería a la que han bautizado “La Vencedora”.
En enero de 1919 los técnicos junto a los constructores Luis Cesanelli su socio Leyton y la cuadrilla instalan el horno, asistidos técnicamente por Eduardo Querol, enviado expresamente por la firma vendedora para inspeccionar que se cumplan las recomendaciones.
Los Marzano militarán en el socialismo y alguno de ellos son fundadores de las primeras revistas locales. Una de ellas llevaba el nombre “Palestra” en donde hicieron sus primeras armas como periodistas. La revista aparece el año 1933 y está dirigida por Francisco Marzano y su amigo el maestro Cristóbal Rodríguez Kessy.
miércoles, 28 de enero de 2009
LOS BERAZATEGUI
UNA FAMILIA DE INTREPIDOS INNOVADORES.
El 10 de febrero de 2002 Caldenia publicó una nota con mi firma titulada “Entre los pozos y el cielo”, referida a la familia de inmigrantes españoles Berazategui, residentes en Victorica.
En Victorica tuvo la oportunidad de llevar a cabo su sueño, adquiriendo en Arizona (San Luis) un motor marca Gnome Rhone diseñado en 1909 por los hermanos franceses Laurent y Luis Seguin. El motor era radial rotatorio de nueve cilindros y se refrigeraba a si mismo girando sus cilindros al máximo de 1.000 rpm.
Corría el año 1935 cuando los hermanos Berazategui comienzan la construcción con sus propias manos del avión. Las estructuras las fabrican de tubo, el fuselaje tipo cajón, le colocan ruedas de Ford “T” e instalan el motor, haciendo inmediatamente una prueba allí mismo en un terreno contiguo a la Herrería de la calle Cochicó, frente a la cancha de pelota a paleta de los Reale.
César Máximo Viniegra un espectador de ese día memorable nos contó la experiencia: “Felucho impulsaba con sus brazos la hélice, mientras “Paco” tiraba de un acelerador improvisado. De repente el motor arrancó envolviendo a todos en una nube de polvo. Dio un respingo, parecía que se elevaría hasta el techo con toda su potencia, pero se produjo un “estertor” y se paró. Todos habían quedado envueltos por la arena, el polvo, el olor a la combustión con la consiguiente mezcla de susto, emoción y alegría no exenta de sorpresa, combinada con algo de pavura.”
Cuando regresa de Europa su hermano mayor “Felucho” le da la bienvenida sobrevolando el tren desde Luan Toro a Victorica.
El último avión que adquiere “Felucho” es un Luzcombe-Silvaire, adquirido en Mendoza, que le dura escasamente cuarenta días dado que el 27 de julio de 1963 regresando con el desde Bahía Blanca tiene un accidente donde pierde la vida
Había ido a Bahía Blanca a buscar el Gerente de YPF para que hiciese la inspección a la Estación de Servicio y aprobara los planos cuya ejecución se disponían a llevar adelante los hermanos Berazategui.
Hace escala en General Acha, pero al momento de intentar despegar para continuar a Victorica, la intensa niebla, le impide ver los médanos que rodean a esta ciudad y un error de cálculo hace que se los lleve por delante.
Félix Viejo se había dedicado a la Herrería y también a la instalación de molinos y a realizar pozos o eventualmente alambrados, en los campos de los alrededores.
“Paco” quedó a cargo de la Estación de Servicio de YPF, la única que existía en aquellos años en Victorica, junto a un negocio de repuestos para molinos y automotores.

martes, 27 de enero de 2009
"POCHO" RIELA
Seguramente esta obra estuvo basada en alguna de las fotografías de la década del sesenta, cuando algunos niños se dedicaban al oficio de aguatero en Victorica.
Probablemente esta estampa haya estado basada o en una antigua foto o en recuerdos de la niñez del dibujante que supo vivir con su familia en el campo.
Foto tomada por Lazaro Perez en Victorica en la década del 60 en la esquina de la casa de Mauricio Sarranz había un grifo. Más atrás a la derecha se alcanza a divisar el antiguo Hotel de Lemme demolido en la década del 70.
La noticia periodistica ilustrada con una toma donde se puede apreciar el oleo pintado sobre la pared de la chimenea de una estufa en una casa antigua del campo donde vivieron la familia de su esposa.Links relacionados:
Homenaje a Pocho Riela
ARTISTA VICTORIQUENSE
Carlos Alberto Riela, conocido entre los amigos como “Pocho”, nació un 20 de noviembre de 1942 en el paraje Leubucó, en el Departamento Loventué , de la actual provincia de La Pampa.
Cuando vinieron al pueblo se afincaron en una quinta a 4 o 5 cuadras de la plaza hacia el oeste, cerca de la cancha del Club Independiente, allí todavía se conserva la antigua vivienda que fue el hogar familiar de los Riela.
De derecha a izquierda: Zanín, Caffarel y Humberto "Cato" Riela junto a los demás empleados de Correos y Telecomunicaciones a principios del 60 en Victorica.
Dibujo de "Pocho" en el que imagina un momento del Combate de Cochicó entre las huestes de Yancamil y el piquete del Escuadrón de "Indios Amigos" del Ejercito Nacional.
De I a D: Parados Bruno Rovito, Barneix, Alfredo García (cuñado de Pocho) Carlos Alberto "Pocho" Riela, Ojeda, Vargas, (hincados) Mendiara, Becerra, Piccolomini, "Cacho" Peralta (sobrino)
Un día cualquiera en la Victorica de antaño imaginada por Cazenave y dibujada por Carlos "Pocho" Riela en el libro del Album del Centenario 1982.
"Pipo" Piccolomini el infaltable vendedor ambulante en todas las fiestas y en particular en la cancha de "Cochicó", dibujado magistralmente por "Pocho".De su etapa santarroseña se puede mencionar algunos otros trabajos que conocemos como los publicados en Caldenia, de la serie titulada "Del pasado y de esta tierra" o los aparecidos en un almanaque de una firma comercial de transporte pampeana o los que efectuara para el festival Internacional de Jazz.
















