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domingo, 24 de mayo de 2015

Marcial Roldán García

Nació en el seno de la familia formada por Elina García, nativa de San Luis y Cirilo Roldán, nacido en la zona del Bragado, provincia de Buenos Aires. Su llegada a este mundo se produjo en una chacra de Loventuel, en la que estaban viviendo sus padres.

Fue el año siguiente del comienzo de la Primera Guerra Mundial. Sus progenitores decidieron registrarlo con un nombre nada común, lo llamaron Marcial. Por aquellos años lo usual era que se le impusiera a los hijos el nombre del padre, del abuelo, del santo del calendario o por algún otro hecho muy particular. El Cura italiano que lo bautizó tres meses después el misionero Juan Roggerone, lo anota como Marziano Francisco.
El Francisco no aparece en el acta de nacimiento en el Registro Civil. Los curas tenían la costumbre de poner el nombre del Santo del Día o el que aparecía el día del bautismo.

La abuela Elina, tenía un hermano que llevaba ese nombre y su propio padre se llamaba Francisco, así que es probable que haya sido tomado de allí por alguna referencia de esa circunstancia.
Una estrofa de un poema de Rafael Obligado, que solía utilizarse para la jura de la bandera dice: 
"En la profunda quebrada,
al pie del cerro vecino
suena el clarín argentino
tocando inmensa llamada.
Sereno el pecho, la espada
a mal guardar, la visera
alta en la frente guerrera,
marcial y firme la planta
Manuel Belgrano levanta
con muda fe su bandera."



Habrá sido ese el origen o hay algún otro motivo que aún no conocemos. Por lo pronto el diccionario de la real Academia Española expresa que se dice marcial al: "que camina muy erguido, con firmeza, como los militares", pero el topónimo de nombres dice: guerrero, nacido bajo el signo de Marte, nombre de origen latino.

Lo cierto es que el niño se crió entre los animales de la chacra, con sus hermanas y otro hermano. Fue alumno de la escuela de las "chacras de Loventuel", que por esos años dirigía el maestro don Félix Romero, que había sido uno de los testigos del casamiento de Elina y Cirilo. Cursó solo los tres primeros grados, pero eso le alcanzó para leer y escribir bien con buena letra y además lograr la habilidad de hacer cálculos mentales con exactitud.

Como todo joven buscó evadirse de las obligaciones caseras los fines de semana para irse al pueblo más cercano donde encontrar diversiones. Así fue como su primera diversión fue integrar el equipo de fútbol "Unidos de Loventuel", en el que también jugaba su cuñado Félix Sad, casado con su hermana Delicia Timotea. El tenía condiciones físicas interesantes para dicho deporte era alto, flaco y saltaba bien para cabecear.

La práctica de ese primer deporte lo llevó a Victorica, dado que allí estaba el rival Cochicó y luego Juventud Unida, equipos de mayor experiencia. Allí se anotició de los bailes y las grandes kermeses que organizaba la gente de la Sociedad Italiana "Umberto 1º", la única institución que tenía salón propio y un amplio patio con unos hermosos caldenes para actividades al aire libre.

Fue en esos años que se inició en el otro deporte que practicaría durante toda su vida activa: la pelota a paleta en el frontón. Por eso se lo ve en la foto de abajo donde me tiene en sus brazos vestido todo de blanco.
Fue en ese lugar donde probablemente conoció a la joven Trinidad, la hija mayor del italiano Luigi Cesanelli y Jacinta Paz, quien se dedicaba con su empresa a la construcción a realizar obras no sólo en el pueblo sino también en los campos y en las chacras de la zona. Después que murió su padre y viendo que el clima de la década del treinta hacía imposible que una pequeña chacra de solo cien hectáreas diese recursos suficientes para toda la familia, intentó probar suerte fuera de su hogar. Sus hermanas, algunas se habían casado y otras se habían ido, junto con su hermano Cristóbal a Buenos Aires en busca de trabajo y mejor suerte (Elina y Trinidad).

Casiana Hipolita se había casado con el francés Juan de la Nava, quien en la década de 1920/30 tenía explotación de bosques. O sea extracción de madera del bosque nativo para alambrar campos (postes, varillas y esquineros), o leña para el mismo ferrocarril o para las panaderías de la Pampa Central y la provincia de Buenos Aires.

Le gustaba bailar y además cantar, aunque esto lo hacía solo en el seno del hogar. Recuerdo haberlo escuchado entonar tangos, valses y otras canciones de la década del cuarenta en la cocina, mientras esperábamos que mamá Trinidad terminase de hacer la cena.

Se casó con Trinidad hacia fines del año 1941 y como no tenía trabajo fijo, su suegro le proveyó el terreno y los materiales y el levantó su modesta casita a una cuadra de "Los Pisaderos". Dos habitaciones, una cocina y el retrete más allá de la leñera  y del gallinero. Bien lejos para que el agua del pozo no se contaminara.
Así pasaron los primeros años de casado, haciendo changas, trabajos por cuenta propia. Fue juntador de maíz, albañil, pintor de brocha gorda, conductor de taxi y trabajador a destajo para las cosechas. Recién a mediados del año 1944 llegó el primer hijo. Su suegro le prestaba el camión para que fuesen a visitar a su madre a la chacra y hacerle conocer al nieto. El que iba a tener más cerca, porque los otros habían nacido en Buenos Aires y venían una vez o dos al año cuando sus padres podían.

Pasaron unos cuantos años, hasta que el líder del peronismo en Victorica, el Juez de Paz don Domingo Di Dio, lo incluyó en la lista de personal a designar cuando se inaugurase la Escuela Agrícola, la que comenzó a funcionar el mes de abril del año 1952.

Eso le cambió las posibilidades para la familia, que ya se había incrementado y que seguiría creciendo hasta alcanzar seis hijos, cuatro varones y  dos mujeres. La primera comodidad hogareña fue conectar la luz eléctrica. Hasta el año 1952 nos alumbrábamos con farol y lámparas a kerosene. La primera radio que hubo en casa funcionaba a acumulador, a mí me tocó la tarea de llevar a cargarla a la Cooperativa con una carretilla vieja que él había rescatado.

Después fue la incorporación del primer bien del hogar para aliviarle la tarea a Trinidad que tenía que lidiar todas las mañanas, invierno y verano con la leña para la cocina. Para eso cerró el corredor y allí instaló la cocina a gas de garrafa. Después al año siguiente luego de terminar de pagar las cuotas de la cocina, llegó el lavarropas y mamá Trinidad jubiló la batea que durante tantos años, inviernos y veranos había sido su compañera.
Cuando lo derrocaron a Perón, hubo temor en la familia, porque en la escuela se produjeron traslados y cesantías de simpatizantes y afiliados al peronismo local. Marcial siempre había asistido a todas las manifestaciones públicas, como aquellas dos veces en que el General Juan Pistarini se había hecho presente en la localidad. O cuando murió Evita en julio del año 1952 en que se puso en el brazo la cinta negra en señal de duelo.

La primera en el año 1949 cuando llegó a Victorica junto con su esposa para dejar inaugurado el nuevo edificio del Hospital, que recibió como homenaje el nombre de su madre "Luisa Pedemonte de Pistarini". La segunda visita cuando dejó inaugurado el edificio para la Escuela Agrícola los primeros días del mes de abril del año 1952.

Marcial además había viajado a Buenos Aires cuando llegaban los trenes gratis para quienes quisieren ir a la conmemoración del Día del Trabajador y para los festejos del Día de la Lealtad, cada 17 de octubre. Pero cuando se enteró que habían volteado el monumento a Pistarini en la plaza y que habían sacado las placas, clausurado la Unidad Básica, decidió hacer desaparecer el libro que le habían regalado "La Razón de mi Vida".
Cuando Trinidad le dijo que su hijo mayor había decidido irse a Santa Rosa a estudiar en la Universidad, entonces tomó la decisión de trasladar a toda la familia. Se vino un año antes, renunció a su empleo en la Escuela Agrícola y se instaló en una casa alquilada en Santa Rosa. Era el año 1962, no le fue fácil conseguir trabajo, así que mientras trataba de encontrar a algunos amigos de la juventud que estaban en la capital pampeana para que lo orientaran, tomó algunas changas como jornalero en actividades agropecuarias.

También se dedicó a trabajos de albañilería, mientras mis hermanos y hermanas mayores también tempranamente ingresaban al mercado laboral de Santa Rosa en aquellos primeros años de la década del sesenta cuanto todavía funcionaba a pleno el Molino Werner, el Ferrocarril Domingo Faustino Sarmiento y a pocos metros se había instalado la distribuidora de gaseosa Fanta en la primera cuadra de la actual calle Santiago del Estero.

Al año siguiente un amigo le consiguió que lo contrataran de sereno en los galpones que el Ente Provincial del Río Colorado tenía sobre la calle Falucho. Ahí trabajó muchos años con sus amigos Bergín, Cuevas y otros.
Después lo trasladaron al Centro Cívico, donde cumplió sus últimos años de vida laboral activa hasta que se jubiló. El acceso a ese trabajo estable y con un préstamo del Instituto de Seguridad Social accedió a la compra de una casa propia en la Villa Alonso.

Desde ese lugar le quedaba cerca el trabajo. Pero después que cumplía con sus obligaciones tomaba su bicicleta, en la que anduvo siempre, porque nunca  fue propietario de auto propio. Sin embargo con esa bicicleta se llegaba hasta la cancha de paleta para continuar con su deporte preferido. Juan Carlos Carassay en su libro lo menciona como uno de los veteranos que esperaba a que le dieran lugar para jugar algún partido.
Sus hijos e hijas se casaron y comenzaron a llegar los nietos, la casa de la esquina de Victoria y Tucumán, fue visitada permanentemente y fue el lugar de la alegría de los abuelos. El proseguía con algunas costumbres que había adquirido en su juventud, pero ahora como espectador.

Continuaba escuchando radio, amaba el box. Recuerdo que escuchábamos en Victorica las peleas que se transmitían en la década del cincuenta en la radio a acumulador. Cuando llegó la televisión a Santa Rosa, en la década del setenta, este fue un gran entretenimiento para Marcial y Trinidad, sobre todo para ella que siempre fue muy de su hogar.
En Santa Rosa no se perdía ninguna pelea de los boxeadores pampeanos de la década del sesenta. Cada vez que había encuentros en el Club Fortín Roca o en cualquier otro lugar el estaba presente. Incluso le gustaba ir a ver los entrenar.

También le gustaba jugar al billar, juego que había aprendido en su juventud en Victorica y el que practicaba con muy buena habilidad. Por otro lado también era conocedor y habilidoso de todos los juegos con la baraja española como el truco, el chinchón, la escoba.

Se quedó dormido en la paz del Señor una noche de un 24 de mayo de hace más de veinte años. Fue en su propia casa. Nuestro hermano Juan Carlos que estaba de visita fue a despedirse y se encontró con que no le respondió.

sábado, 18 de enero de 2014

DOÑA TRINIDAD

Cuando nació en Victorica, el primer pueblo cristiano fundado en el Territorio Nacional de La Pampa Central, su madre Jacinta, eligió para el bautismo el nombre de Trinidad, muy probablemente seleccionado del santoral, como se estilaba entre las familias creyentes.


Su abuela materna fue doña Juana Paz, una criolla que llegó junto con la columna colonizadora de los regimientos del Ejército que el año 1882 fundaron el pueblo. Dichas columnas provenían de los regimientos con asiento en Villa Mercedes (San Luis) y de Fuerte Sarmiento en los alrededores de Río Cuarto provincia de Córdoba.

Los soldados por su parte y sus familias, como asimismo los proveedores del Ejército provenían a su vez de distintas localidades y de otras provincias. Doña Juana era muy devota de don Pancho Sierra, aquel curandero que abandonó sus estudios universitarios de medicina y se instaló en la estancia "San Francisco" en la localidad de Rancagua, Partido de Pergamino, provincia de Buenos Aires. Después de allí se fue a Rojas y se instaló en la estancia "El Porvenir".

En la manzana fiscal que se le asignó por la Dirección Nacional de Tierras Fiscales a doña Juana, muy cerquita de "Los Pisaderos", donde los soldados hicieron los adobes para los cuarteles y las primeras viviendas, se construyó la casa que sería el hogar de la familia paterna donde nació Trinidad y sus tres hermanas. 

Enfrente a esa manzana estaba la que perteneció a la familia del italiano Nicolás Marzano, cuya instalación del horno de panadería lo realizó Cesanelli, junto con Leyton, Condotta y la cuadrilla que integraron esos años la empresa constructora.

Jacinta Paz se casó con el italiano Luiggi Cesanelli, quien llegó a la Argentina el año 1908 y que apareció por Victorica, en la cuadrilla que construía para la empresa del Ferrocarril del Oeste, las estaciones, los galpones y las viviendas para sus empleados. 

Trabajé junto con él durante más de tres años en la cantina del Club Social de Victorica, desde 1959 hasta 1962. Fue mi tutor en los últimos años de la escuela secundaria. Cuando era niño mamá Trinidad y Tía Yiya, me recomendaban que pasara por la Confitería al lado del cine Armonía, para los domingos de la matinée donde el me daba los cincuenta centavos para la entrada y caramelos.

Después cuando aprendí a escribir a máquina al tacto le solía pasar algunos presupuestos para presentarlos a los clientes. La casa que fue su hogar durante tantos años hoy está en franco proceso de deterioro. Y Victorica aún no tiene una calle o un barrio de viviendas que lleve su nombre.


Trinidad terminó su escuela primaria y su padre la llevó a Mercedes, provincia de Buenos Aires, para estudiar el nivel secundario, pero al poco tiempo, estuvo de regreso en su casa, porque extrañaba a su familia, sus hermanas y sus amigas. 

Después de Trinidad, el hogar de los Cesanelli-Paz se aumentó con la llegada de Selva, Rosa y la más pequeña y última hija María Luisa. El tano Cesanelli no fue bendecido con hijos varones, pero dos de sus yernos trabajaron con él algún tiempo. El primero fue Marcial Roldán y el segundo Luis Anselmo Spadini. Marcial se casó con Trinidad y Spadini, lo hizo con Selva.


Cesanelli, luego de haber creado una empresa de construcción, se había convertido además en uno de los miembros dirigentes de la Sociedad Italiana de Victorica y también puesto en funcionamiento una fábrica de mosaicos para atender la demanda de los clientes.

La joven Trinidad había estudiado algunos meses el piano a principios de la década del treinta. Don Luiggi tenía en su hogar una antigua mandolina que lo había acompañado en la nostalgia de sus pagos paternos en sus primeros años en La Pampa.

Trinidad conoce en los bailes de las romerías de la Sociedad Italiana a un joven oriundo de las chacras de Loventuel, hijo de doña Elina García y don Cirilo Roldán. Este joven integraba además por aquellos años el equipo de "Unidos de Loventuel", que supo ser uno de los rivales de la zona del equipo del club "Cochicó".


Marcial Roldán, después que murió su padre se casó con Trinidad a fines de la década de 1930, para ésa época integraba la cuadrilla de la empresa de construcción de Cesanelli. Había aprendido a manejar el camión y la Ford "T" de su patrón y con ella iban a visitar a doña Elina que todavía vivía en su chacra, a pesar de tener ya edad avanzada.

Los esposos Roldán-Cesanelli vivieron en una casa sencilla en la misma manzana que la familia Cesanelli-Paz, sobre la calle de acceso a "Los Pisaderos", muy cerca de la panadería de la familia Marzano.

Después de cinco años de casados, la familia Roldán-Cesanelli recibió el primer hijo varón, al que bautizaron como Luis Ernesto, el primer nombre como homenaje a su abuelo materno y el segundo probablemente por el santoral. Mamá Trinidad siempre recordaba que sus amistades le preguntaban si tenían algún problema para tener hijos, dado que transcurrían los años y estos no llegaban.

Después el hogar recibió la bendición de otros cinco hijos. Irma Angélica, Oscar Rodolfo, Juan Carlos, Mirta Zulema y Raúl Alberto, que llegaron a este mundo en esa casa que aún existe, con la colaboración de la partera criolla doña Procesa Medina, que vivía a una cuadra y media de ese lugar.

Todos los hijos se educaron en la escuela primaria Nº 7 de Victorica. Trinidad convertida en una experta ama de casa y Marcial, que después de probar varios oficios, ingresó como uno de los empleados de la recientemente creada Escuela de Agricultura y Ganadería de la Nación, el año 1952, bajo la organización del Ingeniero Juan Carlos Lassalle.

Marcial además del fútbol en su juventud, practicó el deporte de las bochas, la pelota a paleta, el billar y por supuesto los juegos de mesa. El año 1962 Oscar Rodolfo integrando el equipo de Baby Fútbol de "Correos y Telecomunicaciones", dirigido por Rogelio Sosa y entrenados por nuestro amigo Jorge Viglino, resultaron campeones, dando una enorme alegría a sus padres.

Los esposos fueron asiduos concurrentes a distintas casas de familias amigas, una de ellas la quinta de la familia Riela, otra la casa de don Vicente Muñoz, también a la de la familia Ochoa y asimismo a la de Geroma Nuñez de Pérez peluquera de damas. En casi todos esos hogares el programa era jugar a la lotería de cartones donde participaban también las mujeres, lo mismo que el chinchón o la escoba y la perinola. En cambio el truco estaba reservado para los hombres. Y en los últimos tiempos cuando los hijos ya estaban crecidos a la casa de Fortunato y Ñata Romeo.

Si la invitación había sido previendo la cena o el almuerzo después de la misma continuaba la sesión de entretenimientos. Estos eran variados según la época del año en algunas casas había alguien que pulsaba instrumentos musicales como en la de los Riela y la de los Ochoa.


Después de terminado el secundario en Victorica, el hijo mayor ingresó a la Facultad de Ciencias Económicas en Santa Rosa. Ese fue el motivo que toda la familia, unos meses después de comenzado el año 1963 deciden trasladarse a la capital de La Pampa.

Esto significó un cambio fundamental para toda la familia numerosa, que se instalan en una casa alquilada de la calle 19 (actualmente designada como Santiago del Estero), muy cerca de la Estación del Ferrocarril.


Era costumbre de la familia para los carnavales, fiestas de fin de año o cumpleaños u otros aniversarios las reuniones familiares. Las más recordadas fueron las que se llevaban a cabo en la chacra de Loventuel o en la casa de Victorica de abuela Elina. En esas ocasiones quien amenizaba el baile familiar era don Modestino Pérez que ejecutaba el bandoneón.

En la foto de arriba están las cuatro hermanas Cesanelli a la izquierda y las cuatro hermanas Roldán a la derecha. Detrás están Marcial y su hermano Cristóbal. El otro hombre era Emilio Rodríguez, el esposo de tía "Tuca". La ocasión fue el cumpleaños de Marcial que en enero de 1984 cumplió sus 70 años y lo festejamos en el local de la Sociedad Italiana en Victorica.

Cuando abuela Trinidad cumplió sus 75 años, el festejo fue realizado en Santa Rosa. Estuvo rodeada de sus hijos, nietos, yernos y nueras. Acompañada por sus dos hermanas Selva y Rosa, algunas sobrinas y amigos.

Mamá Trinidad fue el principal sostén emocional de toda la familia con su infinita bondad. Después cuando llegaron sus nietos asumió su rol de abuela ayudando a sus hijas, que al contrario de ella que siempre se dedicó al trabajo del quehacer del hogar, ellas tuvieron que trabajar fuera del hogar.

Después que nos vinimos con nuestra familia desde Victorica a Santa Rosa definitivamente, durante algunos años tanto mamá Trinidad como papá Marcial, fueron nuestros invitados para las fiestas navideñas o de fin de año.



En esta foto tomada el día de mi cumpleaños en nuestra casa, nos acompañó mamá. Hacía pocos meses que había fallecido papá. Ella continuó viviendo en la casa de la Villa Alonso que habían comprado desde mediados de la década de 1960.

Nuestras hermanas se ocuparon de acompañarla en sus últimos años, cuando se deterioró su salud. Su capacidad de sufrimiento también fue digna de admirar, porque a pesar de su dolorosa enfermedad muy pocas veces la escuchamos quejarse. También María Elena, esposa de Oscar se preocupó por colaborar en otros aspectos




En esta foto mamá Trinidad está compartiendo una partida a la escoba con sus compañeras y compañeros de la casa donde pasó sus últimos años.

Hoy 19 de enero, es el día de su natalicio, producido hace 100 años atrás, por eso quise recordarla. Falleció en septiembre del año 2001 en Santa Rosa. Con esta síntesis evocamos su memoria y elevamos una plegaria a nuestro Señor, por el eterno descanso de su alma.

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