Un 19 de enero del año 1914 nació en el pueblo de Victorica, del entonces Territorio Nacional de La Pampa Central, en Argentina, la primera hija del matrimonio constituído por Jacinta Paz y el italiano Luiggi Cesanelli. La bautizaron con el nombre de Trinidad, que no es el nombre de su madre, ni tampoco de su abuela materna, por lo que supongo que pudo haber influído el almanaque gregoriano, o la tradición de la Iglesia Católica, dado que la Trinidad es en esta religión el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Habrá influído en esa decisión la madre, el padre o la abuela materna? No lo sabemos a ciencia cierta, pero podemos elucubrar. En primer lugar el vínculo matrimonial ante la Iglesia Católica, ni siquiera ante el Registro Civil estaba regularizado al momento en que nació la niña, que fue reconocida algunos años después.
La madre era la única hija mujer de su abuela, por lo que es dable suponer que debió tener mucha influencia en la parturienta primeriza, que se había embarazado con un italiano que todavía hablaba con alguna dificultad el idioma castallano.
En la fotografía de arriba, la única que se conserva, se puede ver a Jacinta Paz de Cesanelli con su hija mayor Trinidad, a su derecha y la más pequeña María Luisa del otro lado. Trinidad probablemente tendría alrededor de 13/4 años, siendo esta la única foto familiar a esa edad que poseemos. La misma fue tomada en el patio de la casa, en la esquina de las calles Sidebottom y Rodríguez en Victorica.
No tengo la fecha precisa del momento en que se tomó la fotografía, pero puedo estimar que fue alrededor de 1927/8, probablemente por un fotógrafo profesional, dado la pose en que aparecen.
En la toma de arriba se observa a doña Jacinta muy joven, cuando probablemente todavía era soltera. ¿Cómo se relacionó Jacinta con el italiano Luiggi Cesanelli? Tampoco tenemos memorias escritas, ni siquiera relatos verbales sobre esta cuestión, por lo que puedo recurrir a algunos datos sueltos y tratar de atar cabos.
El primer salón que abrió sus puertas a la diversión en Victorica a principios del siglo XX, fue el que construyera la comisión de la Sociedad Italiana. Los grandes impulsores de la idea fueron los comerciantes italianos de apellido Lemme que llegaron como proveedores del Ejército cuando se fundó el pueblo.
Por lo tanto todo italiano que llegaba a Victorica, a partir de la llegada del ferrocarril el año 1908, concurría a tomar contacto con esta sociedad de socorros mutuos, para que le facilitasen información sobre distintos aspectos. Seguramente así lo hizo el tano Cesanelli, que desde su llegada se dedicó a la construcción.
En la Sociedad Italiana se organizaban fiestas que incluían bailes y las tradicionales kermesses. Además se comenzó a dar cine mudo y también a organizar obras de teatro y otros cuadros que se presentaban apoyados por la Banda de Música de la localidad. Es altamente probable que en una de esas noches las miradas de Jacinta se cruzaron con las del italiano rubio de ojos verdes.
A la derecha de este collage se observa a doña Juana Paz, la madre de Jacinta y por lo tanto la abuela materna de Trinidad. Doña Juana fue una de las tantas mujeres que llegaron a Victorica cuando hizo su ingreso a la zona la columna colonizadora de los regimientos del Ejército Nacional que provenían de las provincias de San Luis y Córdoba.
Doña Juana, muy allegada al Fortín Resina y su gente con la que había llegado, fue además la madre de un hijo de un hermano del Coronel Racedo.
Doña Juana falleció en la década de 1930 y su hija Jacinta a principios de la década de 1960. Ambas descansan en el cementerio de Victorica.
Del matrimonio entre Jacinta Paz con el italiano Luis Cesanelli, quien había llegado a la Argentina el año 1908 y posteriormente ingresó al Territorio de La Pampa, con la empresa constructora que levantaba las estaciones, las casas de los empleados y los galpones de la línea del Ferrocarril del Oeste, nacieron cuatro hijas.
La primera fue Trinidad, le siguió Selva, luego llegó Rosa y finalmente la menor María Luisa. Todas fueron a la escuela de niñas Nro. 8 del pueblo de Victorica. Trinidad siempre recordaba a una de sus maestras, la señora de Eguía.
Después de egresar de la escuela primaria, el padre de Trinidad, que necesitaba que su hija mayor continuara aprendiendo para que posteriormente le pudiese ayudar en su escritorio de la empresa que había puesto en marcha, la llevó a Mercedes (Provincia de Buenos Aires) donde la dejó pupila, cuando probablemente tendría alrededor de trece años.
Lamentablemente Trinidad a los pocos meses estubo de regreso al seno familiar, dado que no se adaptaba y extrañaba mucho a su familia, principalmente a sus hermanas. A partir de ese momento se dedicó a aprender lo que el mandato familiar tenía asignado para las mujeres, en primer lugar oficios que tuviesen relación con las necesidades del hogar paterno o el que en el futuro pudiesen formar.
Fue por eso que Trinidad fue a las academias particulares de Corte y Confección y también a la de piano de la señora de don Germán Castillo. Su hermana Selva fue empleda en la sastrería del italiano Garzanitti. En tanto que su hermana Rosa ingresó en la década de 1950 al Hospital Luisa Pedemonte de Pistarini, lugar donde se jubiló, es la única de las hermanas que aún vive con su hija Graciela Gracia en Victorica.
Al poco tiempo Trinidad se hizo de novio con uno de los empleados de su padre en la empresa constructora. Se trataba del joven Marcial Roldán, oriundo de una familia chacarera de Loventuel formada por doña Elina García y don Cirilo Roldán.
En la foto de arriba se aprecia a doña Elina García ya viuda de Roldán y de riguroso luto, acompañada de su hija Felipa y los novios Marcial y Trinidad. El camión que se observa era el Rugby, propiedad de don Luis Cesanelli.
Trinidad y Marcial se casaron el 27 de septiembre del año 1941. De su matrimonio nacieron seis hijos, cuatro varones y dos mujeres. Luis Ernesto, Irma Angélica, Rodolfo Oscar, Mirta Zulema, Juan Carlos y el más pequeño Raúl Alberto.
Trinidad siempre se dedicó a atender las tareas del hogar y la crianza de sus hijos, a todos los que ayudó con ese cariño especial que ponen las madres, después hizo lo mismo con sus nietos cuando ya estaba viviendo en Santa Rosa (La Pampa) donde falleció a comienzos de la década del 2000.
Una de las anécdotas que siempre me solía contar mi madre es que sus amistades le solían preguntar, después de un año de casada, si tenía algún problema para tener hijos. Esa pregunta se repetía cada vez más a menudo a lo largo de cinco años hasta que se supo que en la segunda mitad del año 1943 estaba embarazada, habían pasado más de cuatro años. Después ella se reía al recordar esas preguntas insidiosas, porque al final alumbró a media docena de hijos y siempre mediante parto natural.
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lunes, 19 de enero de 2015
sábado, 18 de enero de 2014
DOÑA TRINIDAD
Cuando nació en Victorica, el primer pueblo cristiano fundado en el Territorio Nacional de La Pampa Central, su madre Jacinta, eligió para el bautismo el nombre de Trinidad, muy probablemente seleccionado del santoral, como se estilaba entre las familias creyentes.
Su abuela materna fue doña Juana Paz, una criolla que llegó junto con la columna colonizadora de los regimientos del Ejército que el año 1882 fundaron el pueblo. Dichas columnas provenían de los regimientos con asiento en Villa Mercedes (San Luis) y de Fuerte Sarmiento en los alrededores de Río Cuarto provincia de Córdoba.
Los soldados por su parte y sus familias, como asimismo los proveedores del Ejército provenían a su vez de distintas localidades y de otras provincias. Doña Juana era muy devota de don Pancho Sierra, aquel curandero que abandonó sus estudios universitarios de medicina y se instaló en la estancia "San Francisco" en la localidad de Rancagua, Partido de Pergamino, provincia de Buenos Aires. Después de allí se fue a Rojas y se instaló en la estancia "El Porvenir".
En la manzana fiscal que se le asignó por la Dirección Nacional de Tierras Fiscales a doña Juana, muy cerquita de "Los Pisaderos", donde los soldados hicieron los adobes para los cuarteles y las primeras viviendas, se construyó la casa que sería el hogar de la familia paterna donde nació Trinidad y sus tres hermanas.
Enfrente a esa manzana estaba la que perteneció a la familia del italiano Nicolás Marzano, cuya instalación del horno de panadería lo realizó Cesanelli, junto con Leyton, Condotta y la cuadrilla que integraron esos años la empresa constructora.
Jacinta Paz se casó con el italiano Luiggi Cesanelli, quien llegó a la Argentina el año 1908 y que apareció por Victorica, en la cuadrilla que construía para la empresa del Ferrocarril del Oeste, las estaciones, los galpones y las viviendas para sus empleados.
Trabajé junto con él durante más de tres años en la cantina del Club Social de Victorica, desde 1959 hasta 1962. Fue mi tutor en los últimos años de la escuela secundaria. Cuando era niño mamá Trinidad y Tía Yiya, me recomendaban que pasara por la Confitería al lado del cine Armonía, para los domingos de la matinée donde el me daba los cincuenta centavos para la entrada y caramelos.
Después cuando aprendí a escribir a máquina al tacto le solía pasar algunos presupuestos para presentarlos a los clientes. La casa que fue su hogar durante tantos años hoy está en franco proceso de deterioro. Y Victorica aún no tiene una calle o un barrio de viviendas que lleve su nombre.
Trinidad terminó su escuela primaria y su padre la llevó a Mercedes, provincia de Buenos Aires, para estudiar el nivel secundario, pero al poco tiempo, estuvo de regreso en su casa, porque extrañaba a su familia, sus hermanas y sus amigas.
Después de Trinidad, el hogar de los Cesanelli-Paz se aumentó con la llegada de Selva, Rosa y la más pequeña y última hija María Luisa. El tano Cesanelli no fue bendecido con hijos varones, pero dos de sus yernos trabajaron con él algún tiempo. El primero fue Marcial Roldán y el segundo Luis Anselmo Spadini. Marcial se casó con Trinidad y Spadini, lo hizo con Selva.
Cesanelli, luego de haber creado una empresa de construcción, se había convertido además en uno de los miembros dirigentes de la Sociedad Italiana de Victorica y también puesto en funcionamiento una fábrica de mosaicos para atender la demanda de los clientes.
La joven Trinidad había estudiado algunos meses el piano a principios de la década del treinta. Don Luiggi tenía en su hogar una antigua mandolina que lo había acompañado en la nostalgia de sus pagos paternos en sus primeros años en La Pampa.
Trinidad conoce en los bailes de las romerías de la Sociedad Italiana a un joven oriundo de las chacras de Loventuel, hijo de doña Elina García y don Cirilo Roldán. Este joven integraba además por aquellos años el equipo de "Unidos de Loventuel", que supo ser uno de los rivales de la zona del equipo del club "Cochicó".
Marcial Roldán, después que murió su padre se casó con Trinidad a fines de la década de 1930, para ésa época integraba la cuadrilla de la empresa de construcción de Cesanelli. Había aprendido a manejar el camión y la Ford "T" de su patrón y con ella iban a visitar a doña Elina que todavía vivía en su chacra, a pesar de tener ya edad avanzada.
Los esposos Roldán-Cesanelli vivieron en una casa sencilla en la misma manzana que la familia Cesanelli-Paz, sobre la calle de acceso a "Los Pisaderos", muy cerca de la panadería de la familia Marzano.
Después de cinco años de casados, la familia Roldán-Cesanelli recibió el primer hijo varón, al que bautizaron como Luis Ernesto, el primer nombre como homenaje a su abuelo materno y el segundo probablemente por el santoral. Mamá Trinidad siempre recordaba que sus amistades le preguntaban si tenían algún problema para tener hijos, dado que transcurrían los años y estos no llegaban.
Después el hogar recibió la bendición de otros cinco hijos. Irma Angélica, Oscar Rodolfo, Juan Carlos, Mirta Zulema y Raúl Alberto, que llegaron a este mundo en esa casa que aún existe, con la colaboración de la partera criolla doña Procesa Medina, que vivía a una cuadra y media de ese lugar.
Todos los hijos se educaron en la escuela primaria Nº 7 de Victorica. Trinidad convertida en una experta ama de casa y Marcial, que después de probar varios oficios, ingresó como uno de los empleados de la recientemente creada Escuela de Agricultura y Ganadería de la Nación, el año 1952, bajo la organización del Ingeniero Juan Carlos Lassalle.
Marcial además del fútbol en su juventud, practicó el deporte de las bochas, la pelota a paleta, el billar y por supuesto los juegos de mesa. El año 1962 Oscar Rodolfo integrando el equipo de Baby Fútbol de "Correos y Telecomunicaciones", dirigido por Rogelio Sosa y entrenados por nuestro amigo Jorge Viglino, resultaron campeones, dando una enorme alegría a sus padres.
Los esposos fueron asiduos concurrentes a distintas casas de familias amigas, una de ellas la quinta de la familia Riela, otra la casa de don Vicente Muñoz, también a la de la familia Ochoa y asimismo a la de Geroma Nuñez de Pérez peluquera de damas. En casi todos esos hogares el programa era jugar a la lotería de cartones donde participaban también las mujeres, lo mismo que el chinchón o la escoba y la perinola. En cambio el truco estaba reservado para los hombres. Y en los últimos tiempos cuando los hijos ya estaban crecidos a la casa de Fortunato y Ñata Romeo.
Si la invitación había sido previendo la cena o el almuerzo después de la misma continuaba la sesión de entretenimientos. Estos eran variados según la época del año en algunas casas había alguien que pulsaba instrumentos musicales como en la de los Riela y la de los Ochoa.
Después de terminado el secundario en Victorica, el hijo mayor ingresó a la Facultad de Ciencias Económicas en Santa Rosa. Ese fue el motivo que toda la familia, unos meses después de comenzado el año 1963 deciden trasladarse a la capital de La Pampa.
Esto significó un cambio fundamental para toda la familia numerosa, que se instalan en una casa alquilada de la calle 19 (actualmente designada como Santiago del Estero), muy cerca de la Estación del Ferrocarril.
Era costumbre de la familia para los carnavales, fiestas de fin de año o cumpleaños u otros aniversarios las reuniones familiares. Las más recordadas fueron las que se llevaban a cabo en la chacra de Loventuel o en la casa de Victorica de abuela Elina. En esas ocasiones quien amenizaba el baile familiar era don Modestino Pérez que ejecutaba el bandoneón.
En la foto de arriba están las cuatro hermanas Cesanelli a la izquierda y las cuatro hermanas Roldán a la derecha. Detrás están Marcial y su hermano Cristóbal. El otro hombre era Emilio Rodríguez, el esposo de tía "Tuca". La ocasión fue el cumpleaños de Marcial que en enero de 1984 cumplió sus 70 años y lo festejamos en el local de la Sociedad Italiana en Victorica.
Cuando abuela Trinidad cumplió sus 75 años, el festejo fue realizado en Santa Rosa. Estuvo rodeada de sus hijos, nietos, yernos y nueras. Acompañada por sus dos hermanas Selva y Rosa, algunas sobrinas y amigos.
Mamá Trinidad fue el principal sostén emocional de toda la familia con su infinita bondad. Después cuando llegaron sus nietos asumió su rol de abuela ayudando a sus hijas, que al contrario de ella que siempre se dedicó al trabajo del quehacer del hogar, ellas tuvieron que trabajar fuera del hogar.
Después que nos vinimos con nuestra familia desde Victorica a Santa Rosa definitivamente, durante algunos años tanto mamá Trinidad como papá Marcial, fueron nuestros invitados para las fiestas navideñas o de fin de año.
En esta foto tomada el día de mi cumpleaños en nuestra casa, nos acompañó mamá. Hacía pocos meses que había fallecido papá. Ella continuó viviendo en la casa de la Villa Alonso que habían comprado desde mediados de la década de 1960.
Nuestras hermanas se ocuparon de acompañarla en sus últimos años, cuando se deterioró su salud. Su capacidad de sufrimiento también fue digna de admirar, porque a pesar de su dolorosa enfermedad muy pocas veces la escuchamos quejarse. También María Elena, esposa de Oscar se preocupó por colaborar en otros aspectos
Hoy 19 de enero, es el día de su natalicio, producido hace 100 años atrás, por eso quise recordarla. Falleció en septiembre del año 2001 en Santa Rosa. Con esta síntesis evocamos su memoria y elevamos una plegaria a nuestro Señor, por el eterno descanso de su alma.
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