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domingo, 26 de abril de 2015

POETAS, MÚSICOS Y CANTORES DE VICTORICA

Invitados por la Asociación Pampeana de Escritores (APE), se hizo presente el pasado sábado 25 de abril de este año 2015 una delegación de poetas y escritores de Victorica, acompañados también por músicos y cantores de esa localidad del noroeste pampeano.

Dijo palabras de Bienvenida a los visitantes, el presidente de la APE el escritor Sergio de Mateo, quien mencionó que este ciclo de Escritores de otros Pueblos y Ciudades de La Pampa, ya tiene agendada actividades para los próximos meses.

Invitado por el Coordinador de las presentaciones -Pedro Cabal- dirigió la palabra el poeta e integrante de la APE don Edgar Morisoli, quien recordó sus dos últimas visitas a Victorica. Una cuando la Cooperativa de Electricidad le rindiese un homenaje a la trayectoria de Alfredito Gesualdi y la otra ocasión cuando se recordó el discurso del maestro Armando Romero Chávez, quien fue el primero que frente a la pirámide de los denominados "Héroes de Cochicó", se atrevió a decir que había otra historia.
La sala estuvo colmada de público, el que siguió con atención la lectura de poemas, cuentos y relatos que leyeron sus autores o que le pusieron voz a poetas no presentes. Hortencia Aguiar, Otilia Vargas, Marisa Serraino, Edgardo Reinhart, Alfonsina Pescara, Hernán Martín, Margarita Serraino y Luis E. Roldán hicieron escuchar las voces de los escritores victoriquenses.

También tuvieron activa participación los músicos y cantores de Victorica, de larga trayectoria en el Cancionero Regional Pampeano, Alfredo Gesualdi, Pedro Cabal y Humberto M. Dasso, a quienes se sumó un invitado especial, el popular "Tuta" Cuello de los pagos de Santa Isabel y cantautor de varios temas relacionados con la lucha por las aguas de nuestro río Atuel.

Las canciones que se pudieron escuchar fueron las de "Chicho" Sejas, las de Alfredo Gesualdi, las de "Lalo" Sosa, del poeta recientemente fallecido Nestor Massolo, quien editó en su momento un "Coplero para Victorica".

Roldán leyó dos poemas de la escritora de Victorica doña María F. Bustos Bazán de Ares poeta fallecida el 31 de enero del año 1990. De su único libro publicado, denominado "Oración y Canto", editado el año 1982, leyó un soneto del año 1949 titulado "Gracias, Señor", destinado a las maestras argentinas. Luego otro soneto que no está contenido en el libro citado, pero que fue publicado por el diario La Reforma un 9 de diciembre del año 1954 y que se titula "Caldenes".

domingo, 14 de agosto de 2011

ALFREDO GESUALDI

De lustrabotas a "oráculo" lugareño.
En el denominado “Barrio Latino” de Victorica, del entonces Territorio Nacional de La Pampa Central, a principios de la década del veinte del siglo XX, vivía la familia del italiano Anunciado Gesualdi, que había formado su hogar con una paisana, cuya familia residía en la misma manzana.
Don Anunciado desposó a Teresa Piccolomini, a quien había entregado su corazón, probablemente en alguna de las reuniones bailables que solían realizarse en la Sociedad Italiana, a una cuadra de sus propias viviendas.


Anunciado fue uno de los fundadores de la Asociación de Socorros Mutuos “Humberto 1º” que inauguró a principios de la década del Centenario de Argentina un espléndido salón.
De esa unión nacieron once hijos. Tres varones y ocho mujeres. Típica familia numerosa de los estratos sociales más pobres de aquellos tiempos.




El 25 de noviembre del año 1921, llegó al seno de la familia el segundo varoncito, al que bautizaron con el nombre de Alfredo.
Por ésos años don Anunciado trabajaba de alambrador. Recién después de la década de la abundancia, luego de la llegada del ferrocarril a la zona en 1908 y con la Argentina constituida en “el Granero del Mundo”, exportadora de lanas, cueros, carnes y cereales, los campos de la zona comenzaron a alambrarse. Había mucho trabajo para las comparsas de esquiladores, para los troperos y para los alambradores.



Ese mes de noviembre en Victorica llovió 27 milímetros y el año cerró con un total acumulado de agua caída de 638 milímetros, por encima de la media. El italiano Pascual Mazzuco, en su chacra, a tres o cuatro cuadras de la vivienda de los Gesualdi hacía maravillas en su quinta de hortalizas y frutales.
Alfredo creció y cuando llegó a los siete años de edad fue el momento de ir a la escuela. El año 1928 todo el vecindario de Victorica, escuchó el 12 de octubre el repique inaugural del flamante campanario de la Iglesia Nuestra Señora de la Merced, al que don Félix Berazategui instaló en la torre.




Alfredo asistió de primero a cuarto grado del nivel primario del Colegio, su hermano Isidro había sido de los primeros alumnos cuando abrió por primera vez sus puertas el año 1923, la escuela de la Misión Salesiana de Don Bosco, en la que supieron trabajar varios curas italianos, entre ellos el recordado Juan Roggerone, apodado “cura gaucho” y luego José Durando “El Apóstol del Oeste Pampeano”.
Así iba transcurriendo la vida del niño Alfredo, hasta que de repente, el año 1931 se produce el fallecimiento de su padre, cuando sus diez años todavía no le permitían aceptar la tragedia humana. Su hermana Dora, la menor, (casada años después con Ricardo Guzmán), contaba tan sólo con once meses.



A partir de ese momento la vida de los Gesualdi-Piccolomini, sin el jefe de familia que proveía los ingresos para la manutención, se complicó mucho más, porque al drama familiar, se sumó la crisis de la década del treinta, en la que escaseó el trabajo y avanzó la pobreza.
Eso impulsó a los miembros de la familia a intensificar el trabajo personal, comenzando por el que realizaban en su propia casa, la que tenía un solar, en la cual había una quinta, un gallinero y un molino con tanque de agua.



De allí obtuvieron pollos, huevos, verduras y algunas frutas del parral y otras plantas como perales y membrillos. El excedente del consumo lo vendían a los vecinos.
Recuerdo haber ido con mi primo Coco Cesanelli a esa casa, a principios de la década del 50, a juntar el fruto carnoso y dulce del Nopal, de cuyas plantas había muchas, en el costado que daba para el lado de los médanos.
Alfredo y sus hermanas/os hicieron eso, para ayudar a su madre y sus hermanos menores. También fue lustrabotas (en aquella época la gente que mayoritariamente vivía en el campo todavía, utilizaba botas), fue también vendedor de diarios y repartidor-vendedor de pan a domicilio en un carrito de dos ruedas.




Después fue “boyero” en la estancia “La Guarida” cercana al pueblo, allí aprendió a andar a caballo y a conocer las costumbres de los animales, sobre todo ovejas (la mayoría) y algunas pocas vacas.



Tiempo después trabajó en la carnicería de don Alfredo Belén, cuyo local estaba situado donde actualmente es el domicilio de la familia de Julio Pagella.
Cada vez que don Belén hacía asado y eso era bastante común, lo mandaba a Alfredo al Almacén “Los Vasquitos”, que estaba en la esquina donde actualmente está situada la firma Calandri y Cía. a cargo de los hermanos Balbi, a traer vino suelto en una pava.



Cuando ya tenía diecinueve años, el señor Guido Nievas, conociendo la capacidad de trabajo como empleado de comercio, y fundamentalmente su honestidad, lo lleva a Rucanelo a trabajar en la casa de Ramos Generales del señor Álvarez, que tenía mucho trabajo, dado que atendía cinco obrajes en los alrededores de donde se extraía leña, postes y varillas del bosque de caldén, que había visto reactivar su explotación porque comenzaba la segunda Guerra Mundial en Europa.
Al cumplir los veinte años se incorpora al servicio militar obligatorio en la base de la Marina Argentina en Puerto Belgrano, (Punta Alta, provincia de Buenos Aires).
De regreso a Victorica ingresa a trabajar en el Almacén de Ramos Generales de los hermanos Imbelloni. Posteriormente se casará con Francisca Vicenta Imbelloni, hija de don Vicente, el socio administrador de la firma.



De ese matrimonio nacerán tres hijos, Alfredo Eduardo, María Angélica y Luis Alberto.
Domingo Di Dio, que fue presidente del Club Cochicó desde el año 1937 al año 1945 ininterrumpidamente, y que vivía en la casa vecina a la de los Gesualdi, es quien lo invita a Alfredo que se incorpore al equipo de futbol que ya vestía la casaca con la banda roja en diagonal.
Jugó con el número 2 y 3 hasta los treinta y cuatro años en que abandona definitivamente la práctica activa de ese deporte.
Después fue Presidente del Club en los años 1956-57 y 1960-61.




El 2 de Septiembre del año 1955, el azar cambió la vida ajustada y difícil de Alfredo Gesualdi, que lo había obligado a trabajar desde niño, alejándose de la escuela tempranamente.
Ese día su tío, “Pipo” Piccolomini le hace conocer que ha tenido la suerte de sacar el premio mayor de la Lotería Nacional con el número fijo que venía jugando el 10.611, con un premio de 200.000 pesos moneda nacional de curso legal.


Viaja a la provincia de La Rioja donde le pagan el neto del premio que alcanzó a la fabulosa cifra de m$n 156.000. Con ese monto hizo arreglar su vivienda y se convierte en comerciante autónomo. Abre una Barraca bajo el nombre de “El Cimarrón” y después una casa de comercio con el nombre de fantasía de “Líder Sport”, que como lo indica, tenía mercadería relacionada con la nueva juventud, aunque también con la vida tradicional de un Victorica que todavía no tenía asfalto, ni teléfono, ni agua potable corriente.



Lo conocí personalmente y lo traté a Alfredo Gesualdi a partir del momento que ingresé a trabajar en la cantina del Club Social desde fines de 1958 hasta mediados del año 1962. El era uno de los tantos socios que diariamente al mediodía y por las noches llegaba hasta las instalaciones del Club Social que supo tener una villa a la entrada y luego mesas donde se jugaba a distintos juegos a veces por la vuelta y otras por un pozo en efectivo al que todos debían depositar previamente.



Después en la década del setenta el Club habilitó canchas de bocha y Alfredo era uno de los más hábiles bochófilos. También integró la Comisión Directiva del Club Social.
Alfredo había sido una de las personas que integró la Comisión fundadora del Instituto de Enseñanza Media Básica “Félix Romero”, creada en el año 1958. El año 1970 tuvo la satisfacción de ver egresar a su hija María Angélica diplomada de esa escuela, como Perito Mercantil y como abanderada por sus altas calificaciones.
También integró la Comisión de la Liga de Fútbol del Oeste Pampeano en la década del sesenta.



Por otro lado y fiel a su espíritu de colaborador de las actividades comunitarias fundamentales para Victorica, fue integrante de la Comisión de la Cooperativa de Electricidad de Victorica Limitada.
Después, cuando su hijo Luis ingresó a la Escuela Agrotécnica, él se incorporó a la Comisión de la Asociación Cooperadora de dicho establecimiento.



En la década del setenta, cuando su hijo Alfredito comenzó a incursionar en el folklore, abrió la puerta de su casa para que los referentes del cancionero pampeano pudiesen tener un lugar de encuentro. Por allí pasaron “El Bardino”, “El Penca” Bustriazo, y Guillermo Mareque, entre otros, como ha recordado Néstor Massolo.
Luego cuando vino la década del ochenta y se repuso el sistema democrático, también su casa se llenó de jóvenes que, mate mediante discutían como hacer más justa nuestra sociedad, después de la larga noche de la dictadura.
Sus hijos Alfredo Eduardo y Luis Alberto le dieron la satisfacción de haberse convertido en los referentes provinciales del cancionero regional de La Pampa, con temas nacidos con letra y música de su propio cuño.



Sus últimos años lo encontraron convertido en el “Oráculo Victoriquense”, a quien recurría todo quien tuviera interés en conocer algo de la historia pueblerina y de la comarca regional, de la que conocía bastante, por haber andado recorriéndola con su camioncito como vendedor, por el sur de San Luis, todo el noroeste, 25 de Mayo y hasta Catriel, (Río Negro) en la década del sesenta.
Falleció el pasado 4 de agosto del año 2011 a la edad de 89 años, lo sobrevivieron sus hermanas Dominga y Clora.

sábado, 8 de agosto de 2009

ALFREDITO GESUALDI Cantautor

Un poeta popular victoriquense
Este joven nació en Victorica en el seno de una familia formada por Alfredo Gesualdi y una de las hijas de don Vicente Imbelloni, allí vive aún con su padre ya octogenario y su hermano menor.

Sus padres descienden ambos de antiguas familias de inmigrantes italianos que poblaron Victorica a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Vicente Imbelloni, el abuelo materno italiano, se había casado con la hija de uno de los Expedicionarios al Desierto, muerto en el combate de Cochicó.

Cursó la escuela primaria en el Colegio Don Bosco donde también transitó el nivel secundario.
Allí en esos años de estudiante aún, fue que comenzó a tocar la guitarra y cantar, junto a otros compañeros. Uno de ellos, el más cercano afectivamente fue su hermano Luis y los otros fueron Agustín Borthiry y Oscar Puegher.

Cuando en 1973 se realizaron las elecciones nacionales, provinciales y municipales, Alfredito junto a otros jóvenes participó de la alegría de la recuperación del sistema democrático.

Contratapa de la revista 1º de Octubre de la Cooperativa Popular de Electricidad de Santa Rosa

En la cuadra donde los Gesualdi tienen la casa familiar en Victorica, enfrente a la de sus progenitores estaba en aquellos años la de los padres de los Vergez y a media cuadra estaba el Hotel “El Cóndor”, atendido por la familia de Oscar Di Dio, uno de los desaparecidos durante la dictadura del “Proceso de Reorganización Nacional”.

Hacía pocos años que había comenzado a realizarse la Fiesta Provincial de la Ganadería del Oeste Pampeano, que organizaba un gran festival folklórico, allí Alfredito y sus amigos toman contacto con las voces del Cancionero Pampeano y con la música y la poesía regional a la que adscriben.

En el año 1974 se presenta en la planta alta del Colegio Don Bosco un espectáculo denominado “Las Voces de la Patria Baya”, un disco que grabaran el dúo Sombrarena, integrado por Delfor Sombra y Rubén Evangelista, alias “Cacho Arenas” y allí están Alfredito y el recién formado trío “Las Voces del Pueblo”, integrado por él, su hermano Luis y Agustín Borthiry primigeniamente, pero que a lo largo de estas tres décadas ha tenido distintas variantes en sus formación.

Habían aprendido a tocar la guitarra asistiendo a cursos que brindaba la Comisión Municipal de Cultura con maestros que enviaba la Dirección Provincial de Cultura, pero que luego practicaban en las peñas y los boliches de aquellos años, además de las Fiestas Patrias y los actos escolares.

Tapa del suplemento Kresta del Diario de La Pampa en cuya edición se le hizo un reportaje a este genuino representante del canto regional.

Alfredito comenzó a escribir sus propias canciones a la par que elegía un repertorio integrado mayoritariamente por el Cancionero Regional Pampeano que ya a mediados de la década del ochenta y luego de haber transcurrido la negra noche de la dictadura, volvía a florecer en los escenarios.

Cuando en 1985 El “Centro Cultural del Oeste Pampeano” que fundamos en Victorica, envió una delegación de artistas para una Velada Especial en el Teatro Español de Santa Rosa, Alfredito ya había escrito y musicalizado junto a Luis Gimenez, “Esta Julia que yo nombro”, una canción dedicada a una antigua descendiente de aborígenes, que vivía de la caridad. “Ella es, la flor del alpataco, la jarilla, el tomillo, la calandria sin voz” dice la última estrofa.

Le había puesto música y cantaba además, dos composiciones de otros tantos poetas lugareños, la primera se llama “Corralera de La Posta” cuyo autor es Roberto “Chicho” Sejas un poeta no vidente. La otra composición era “Corralera por don Irineo Figueroa” de su amigo Eduardo “Lalo” Sosa, fallecido hace poco tiempo.

Alfredo Gesualdi (h) se ha transformado, merced a su estilo, a la elección de su repertorio y fundamentalmente por su poética, en un referente de la nueva generación del Cancionero Pampeano.

La Posta era el boliche de don Valentín Ramos un lugar de encuentro diario de los amigos guitarreros del lugar y de los que llegaban al pueblo. “Chicho” Sejas que por ese entonces vivía a media cuadra y tocaba el acordeón a piano era uno de esos parroquianos, los otros y sin que esta sea la lista completa, eran el “Negro” Dasso que vivía también a una cuadra del boliche. El “Lalo” Sosa, Luis Giménez, Pedro Cabal, Julio César Ortiz uno de los grandes guitarreros que actualmente reside en General Pico.

Otros parroquianos asiduos eran don Juan Arias un antiguo arriero, el “Laucha” Muñoz, Julián Pérez que después se integraría a las Voces del Pueblo y Nelo Leonardi un jubilado vecino de don Valentín. También eran de la partida otro habitante del barrio “Rikin” Lonatti, el más chico de los Ojeda y Emilio Martínez.

En una de las cuartetas de la coralera “De la Posta”, dice Sejas “Le canto a don Valentín, a doña Luisa, la tía, ellos infunden ternura nos regalan alegría”.

En esta foto Alfredito como le dicen sus amigos, está compartiendo con sus compañeros de ruta del canto popular, de profunda raiganbre de identidad pampeana.

Cuando llega el año 1986, Alfredito Gesualdi ha escrito la letra a un aire de cueca titulada “Trasnochador de la copla” a la que le puso música su amigo Luis Giménez, otro virtuoso del acordeón a piano, dedicada a “Chicho” Sejas.

Tal vez una de las canciones de mayor raigambre popular es la obra cuya letra pertenece a Luis Gimenez y la música a Gesualdi y que lleva por título “Mi pueblo quiere ver niños”. “Lo veo andar por las mesas mendigando en soledad y el silencio no es amigo de este canto popular” dice una de las cuartetas.

Cierro esta breve síntesis sobre los aportes de Alfredo Gesualdi (hijo) al Cancionero Regional Pampeano citando otra corralera de su autoría dedicada a Juan Coria uno de esos personajes entrañables que hay en todos los pueblos.
El trío las "Voces del Pueblo" integrado durante la década de los ochenta y parte de los noventa por los hermanos Alfredo y Luis Gesualdi y Julián Pérez.

Le puso música también Luis Giménez y lleva por título “Caminador sin estrella”, dice la segunda estrofa: “Parroquiano en los boliches/ de comadres bullangueras/, enemigo de los perros, / armador de tabaquera”.

Sin duda Alfredito Gesualdi ha crecido estas dos últimas décadas en la profundidad de su canto. Ha seguido produciendo obras propias, participando intensamente de festivales regionales y aún nacionales, llevando su mensaje de cantautor popular como le gusta reconocerse.
Una de sus últimas obras que conocimos es “Chilenita”, cuya letra ilustrada con una fotografía suya, acaba de aparecer en la última revista de la Cooperativa de Electricidad de Santa Rosa.
El trio original se ha transformado últimamente en un duo. El hermano de Alfredito, Luis tomó la decisión de continuar su propia experiencia junto a otros músicos. Así los hemos visto participar los últimos años en distintos espectáculos en Santa Rosa, ya sea en el Teatro Español, en el Centro Municipal de Cultura o en "Música en la Plaza".
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