viernes, 26 de febrero de 2010

EL AGUARIBAY DERRIBADO

En la esquina de la plaza que da sobre la actual calle 15 (antigua General San Martín) en Victorica, se encuentra la que fuera por muchos años la vivienda de la familia de don Máximo García y doña Fidela López.
Está situada enfrente de la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de la Merced y también de la otrora casa de Ramos Generales de la firma Llorens, Antich y Cía.

El portentoso aguaribay todavía vivo y resistiendo la sequía y el abandono, ya en el máximo de su desarrollo, probablemente cuando contaba con alrededor de cien años.

La propiedad fue adquirida por Máximo García al escribano don Angel Rodriguez, quien se trasladó a vivir a Macachín, alrededor de 1912. Es probable que don Máximo le haya agregado algunas mejoras, dado que tenían familia numerosa, que debieron incluir también la fachada, porque en el frontispicio de la misma se encuentra (o por lo menos se podía ver hasta hace pocos años) esa fecha.





Después que falleció don Máximo en 1931, (mucho antes había fallecido su esposa), la propiedad fue adquirida por don Gaudencio Pablo, uno de los gerentes de la firma de Llorens, Antich y Cía.
Allí funcionó después, durante muchos años la oficina de Correos y Telecomunicaciones hasta fines de la década del setenta.


Los sucesores de Gaudencio y Manuela Pablo entregaron hace unos años la mencionada propiedad a la Municipalidad local. Esta gestionó ante las autoridades de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de La Pampa, la posibilidad de destinarla a Casa de la Cultura, no solo por su ubicación, sino también por su gran valor histórico patrimonial.


El Arquitecto Miguel García realizó el proyecto y dentro del mismo se incorporó, con muy buen criterio, el gran árbol que había sido plantado en el predio por sus primeros dueños. Se trataba de un gran aguaribay como se puede observar en la primer foto.

La familia de fines del siglo XIX y principios del del XX, eran grandes consumidores de la herboristería casera en su aplicación para condimentar las comidas como para curar distintas enfermedades, no solo con tisanas, sino con ungüentos y otros medicamentos caseros.


En el último numero de la revista 1º de Octubre que edita la Cooperativa de Electricidad de Santa Rosa, en la página 13 se transcribe una anécdota de "El Bardino", el poeta Julio Dominguez, nativo de Algarrobo del Aguila.
"Digame, don Canuto, si me encuentro en algún apuro, ¿podría prestarme alguno de sus caballos?
-!Como no Juan! Las tropillas suelen pastar cerca del bajo del Gringo. El picazo alto obedece al nombre de "Pescado" y es mansito, de parar a mano. Otro que no lo v a dejar a pie es un alazán de frnte blanca; a ése lo llamamos "El Peregrino". Puede tomarlos cuando usted quiera."
"Tomaron un té de aguaribay porque el asado estaba gordo, y se despidieron los paisanos, ya que Bairoletto no acostumbraba a pernoctar en casas." (Fragmento del artículo "Así nació un poema")
Como se esprende del párrafo transcripto, era muy común utilizar las hojas, los frutos y la corteza del aguaribay para aliviar una digestión pesada y muchos otros malestares o enfermedades.

"El árbol contiene y segrega una resina conocida en la boticas europeas bajo el nombre de mastix americana, que tiene un olor fuerte y agradable y virtudes medicinales como purgante. La corteza y las hojas aromáticas se usan exteriormente para la hinchazón de los piés, las heridas y úlceras; tomado interiormente, se ha hecho de él uso para el cólera, y le atribuyen además propiedades emenagogas. Con las frutas se hace arrope, vinagre y una especie de aloja ó chica. Las hojas sirven para teñir de amarillo".
Lamentablemente, para la comunidad de Victorica, este casi centenario árbol, que sobrevivió tantas décadas, impregnando con su fragancia esa esquina, fue derribado, aparentemente sin permiso previo de la Municipalidad, aduciendo el propietario del terreno que estába dentro de su predio.
El daño ya está hecho, pero la injusticia, es que parece que al producirse la mensura correspondiente, el árbol habría estado dentro del terreno que contiene la casa. Es una lástima
que por falta de conciencia ecológica de algunas personas y descuido de las autoridades locales pertinentes, ahora el proyecto que estuvo parado por el litigio, deberá reformularse, dado que el árbol que era un habitante de la casa bandonada y una de las "catedrales de los pájaros" fue abatido.


viernes, 19 de febrero de 2010

HA MUERTO ARIEL RAMIREZ

Ha dejado de existir uno de los más grandes músicos argentinos que dedicó su música al folklore de todas las regiones de nuestra nación.
Un gran estudioso de los ritmos de nuestra tierra y un gran creador de obras que permanecerán en el recuerdo y la memoria popular.
El maestro Ariel Ramírez había llegado a los 88 años, tuvo la suerte de tomar contacto de muy joven con Atahualpa Yupamqui quien le aconsejó que se fuera al norte para que aprendiera a ejecutar en el piano lo que él ya hacía en la guitarra.

Don Ariel Ramirez, un eximio pianista, que se atrevió a interpretar el folklore tradicional de argentina y otros países latinoamericanos, con un instrumento, que con él fue aceptado para sumarse a las melodías de reconocida raigambre telúrica.


"Contra la opinión y los pronósticos de los ejecutivos de la compañía discográfica, aquella Misa criolla que Ramírez propuso entusiasmado vendió los dos mil discos que se editaron inicialmente sólo en el primer día a la venta –la discográfica había decidido sacar a la calle una cifra baja, como para “darle el gusto” al artista insistente–. En una semana se agotaron otros diez mil, en un mes ya eran cincuenta mil. En lo que fue el fenómeno discográfico más importante del género, Ramírez llegaba a admitir sesenta millones de discos vendidos en todo el mundo, y otros sesenta millones de la obra editados por otros intérpretes."


"Decía que trabaja bien haciendo primero la música para que luego le pusiesen letra, aunque hay algunas excepciones: la milonga “No era más que un perro”, que le dio Cátulo Castillo (la musicalizó recién 22 años después del encargue), y “La hermanita perdida”, la poesía que Atahualpa Yupanqui dedicó a las Islas Malvinas. Contaba Ariel Ramírez sobre este tema que finalmente tomó forma de aire de milonga: “Atahualpa me decía que le devolviera la letra: "Para cuando la termines, los ingleses nos van a haber devuelto las islas y no va a tener sentido".(Página12)



En la foto Ariel Ramirez saluda a Mercedes Sosa, observa detrás de los bombos Domingo Cura.



"Fue uno de los compositores más renombrados de la música folklórica argentina y uno de los que mostró sus posibilidades en el mundo entero, con obras conceptuales y espectáculos que propusieron al folklore como “música para escuchar”, en tiempos en que se acostumbraba encasillar al género como “festivo”. Fue, también, un hombre que marcó records a fuerza de talento: se lo consigna como el autor de la canción traducida a más idiomas del cancionero (“Alfonsina y el mar”) y de la obra del género folklórico que más discos vendió en el mundo (Misa criolla). El pianista y compositor Ariel Ramírez falleció ayer, a los 88 años. " (Karina Micheletto)

domingo, 14 de febrero de 2010

LA INDUSTRIA DEL LADRILLO

Un antiguo trabajo familiar en La Pampa.

Desde hace algunas semanas ha saltado a la agenda publica los reclamos de un grupo de horneros instalados en Santa Rosa, la capital de La Pampa, por la situación de desventaja en la que se encuentran, con respecto al ladrillo proveniente de otras provincias.

La fabricación de ladrillos quizá sea la primera industria pampeana que comenzó allá por 1882 en Victorica por parte de los soldados, en el lugar que hoy conocemos como "Los pisaderos".

La mayoría de ellos funciona con el trabajo familiar incluyendo a los niños, con escasa tecnología y con los procedimientos y elementos primitivos para la fabricación de ladrillos. Aunque a veces aún las mujeres ayudan también al momento de cargar o descargar el transporte.

Los hombres son los que guardan los secretos de los conocimientos vinculados al proceso, que se van transmitiendo oralmente de generación en generación. Uno de los principales artífices es el experto en armar la hornalla y quemar, dado que de su sapiencia depende lograr un buen producto, con el mínimo porcentaje de desperdicio.

La venta, para quien no tiene camión, es otra desventaja. Dado que los competidores se estacionan frente a la obra con modernos camiones y acoplados.

Como se puede observar en esta secuencia fotográfica, el trabajo de los caballos no es menos que la de los seres humanos que se dedican a él. Los pisaderos del barro, mezclados con la liga que se utiliza en su fabricación son prácticamente del mismo diseño que hace más de una centuria.




El gobierno provincial, acaba de entregar hace pocos días atrás unas ruedas metálicas para sustituir este sistema ancestral e intentar algún tipo de incorporación de tecnologías que también ya son antiguas.

Estas ruedas las vimos nosotros en la década del setenta funcionando en hornos de ladrillo de los hermanos Suppo en Eduardo Castex, tiradas desde afuera por un pequeño tractor.


La queja de los horneros de Santa Rosa, no es nueva, proviene de hace muchos años. Aunque ahora se ha agudizado, dado la falta de ventas de su producto, ante la presencia de adobones provenientes de la provincia de Mendoza fundamentalmente, que transportan los camiones que vuelven de allí y aprovechan el viaje.

Antes y ahora, están demandando la sanción de alguna norma legal, que les otorgue protección, frente a una competencia, que los acosa y les deja pocas perspectivas de seguir subsistiendo, en este oficio duro, sacrificado.

La ley denominada "Compre Pampeano" podría ser uno de los instrumentos, pero para que se aplique la misma hay que cumplir una serie de requisitos, que no siempre se alcanzan por parte de este grupo.
Los dueños de los hornos, vienen solicitando hace muchos años un tratamiento preferencial para el producto que ellos elaboran, frente a la invasión del adobón que los deja fuera del mercado fundamenalmente por menor precio y mayor calidad del producto, dos cuestiones al que los compradores del sector privado prestan preferencial atención.



El menor precio del producto no pampeano estaría basado, según la queja que han presentado ante los organismos provinciales y nacionales, en que Mendoza entrega tierras a inmigrantes de países vecinos, que en vez de dedicarlos a la agricultura, terminan dedicandolas a la producción de adobones.

Es por eso que están solicitando un "blanqueo" impositivo de esta industria, que ha venido trabajando mayoritariamente en el mercado informal.



Además reconocen que ellos no pueden aumentar la calidad de su producto, dado que las tierras que ocupan ya han sido agotadas y para no encarecer más el producto no pueden irse a lugares lejanos o pagar para comprar el derecho. También la leña y la liga que utilizan se ha comenzado a agotar, después de más de cincuenta años de fabricación en el mismo sitio.




Este es un trabajo que, dado la escasez de recursos, la baja mecanización y la practicamente nula reinversión en la industria, se realiza a "cielo abierto". Son muy pocos los que cuentan con elementos suficientes y necesarios para evitar la destrucción, en casos de lluvias, vientos fuertes, granizo o heladas, y pérdida de una parte del producto en proceso de elaboración.




Por otra parte en Santa Rosa y otras ciudades vecinas, la construcción de edificios de más de una planta se viene realizando, desde hace varias décadas con ladrillos cerámico hueco, que proviene también de otras provincias.

Hubo una experiencia fallida de instalar en Toay una fábrica de ladrillos cerámicos para competir con el que provenía de otro origen.

A todo eso debe sumarse también los bloques huecos de hormigón, otro producto que compite con el ladrillo y el adobón para ciertos tipos de construcciones, reduciendo aún más el mercado que antes se concentraba en el ladrillo común.


La mayoría de los horneros tradicionales continuan faricando el ladrillo común, aunque hay algunos que se han pasado al adobón. Para eso se necesita cambiar la medida de los moldes siendo una inversión que no todos pueden financiar. La mayoría de ellos está desbancarizado, no son sujetos de crédito y los que han obtenido de los organismos provinciales en su momento, no han podido devolverlos.

Casi todos tienen familias numerosas y cuando los jóvenes comienzan con sus demandas a los progenitores que no pueden satisfacerlas, terminan por conchabarse en changas en otro lugar, porque la empresa familiar no puede sufragar los ingresos semanales que pretenden.



La carga tributaria: derecho municipal, impuesto provincial a los ingresos brutos e impuesto nacional (monotributo), no es fácil de soportar. Esto termina siendo un circulo negativo para la comercialización, dado que aquel hornero que no tiene factura en regla, el Estado ni los contratistas, pueden adquirirle su producto.





En Santa Rosa en el denominado "Barrio Los Hornos", los gobiernos provinciales que se han sucedido a lo largo de las últimas décadas han tratado de mejorar las condiciones de vida de las familias.

Para ello se construyó una escuela en el Barrio, después se han ido construyendo viviendas lo más cerca posible para los dueños o sus descendientes en los alrededores del Barrio, dotándolas de agua potable y de energía eléctrica.

Se les ha instalado Posta Sanitaria cercana para atender la salud en su etapa de prevención y primaria, dado que la actividad tiene altos riesgos, sobre todo ahora con las enfermedades que se han vuelto a instalar en la Argentina, el cólera, la fiebre amarilla, el dengue y
otras contagiosas.










martes, 9 de febrero de 2010

HACIA EL BICENTENARIO

VICTORICA CAPITAL DE LA GANADERIA

Este año Argentina celebrará el segundo Centenario de la puesta en marcha del camino hacia la libertad, un 25 de mayo, pero antes, el próximo 12 de febrero Victorica, el primer pueblo de la provincia de La Pampa, capital del Departamento Loventué, fundado bajo la visión nacional de ocupar el desierto, festejará sus 128 años de existencia.

Alrededor de la laguna, en el Parque "Los Pisaderos" flamearon desde temprano las banderas argentinas,en el escenario natural donde se llevó a cabo el tradicional desfile de la Fiesta Provincial de la Ganadería del Oeste Pampeano, en un dia a pleno sol. Aunque sensiblemente disminuida en su caudal, los sapos y los loros celebraron aquella mañana alborozados por la lluvia bendita de la noche anterior.

Cuando se cumplió el primer Centenario de Argentina, La Pampa era aún Territorio Nacional y ya se había conformado la primera Comisión Pro Autonomía, en la que participaron dos comerciantes victoriquenses de entonces, Viniegra y Lemme.

La bandera, de la antigua comunidad aborigen ranquel es portada por Dentoni un descendiente de Yancamil, el jefe pehuenche que emboscó y logró vencer a los inexpertos oficiales y soldados, allá en Cochicó.


Victorica, se fundó por el contingente de tropas que envió el Ejercito Nacional, para asegurar la nueva frontera, creando fortines. En realidad el mandato era acampar en Poitahué, pero dado la intensidad de las lluvias de aquel verano de 1882, los comandantes decidieron pegar la vuelta y establecer los cuarteles en Echohué.

Poitahué significa, "atalaya", "divisadero", derivado el nombre de las grandes lomadas y cerros existentes en los alrededores, en el cual pensarían los soldados establecer el mangrullo del fortín para estar precavidos con mucha anticipación de los movimientos de personas y animales .

Según alguna toponimia echohué, en cambio, significaría "donde hay resinas", provenientes de muchas de las plantas autóctonas de la zona. Por eso el Fortín fue bautizado como "Fortín Resina" en sus primeros tiempos.

Con esa resina los indios hacían un pegamento que utilizaban para unir las puntas de obsidiana a las flechas, las lanzas a las tacuaras y los tientos a las boleadoras de piedra.

El lugar elegido cumplía con los requerimientos mínimos de seguridad y subsistencia de las tropas y los colonos que vinieron con ellas. Agua cerca, abundante leña, tierras con buenos pastos y una hondonada rodeada de lomadas.

"¡Victorica…es tradición!...
¡Victorica…es horizonte!...

…y ayer fue pampa nomás…
Campo abierto a los malones…
Relincho prendido al viento,
Lanzas bolas y galopes.
Ausencia del alambrado,
Lugar crecido en rigores…
Y entre pasto puna y cielo
El verde oscuro del monte.
Garras de pumas alzados,
Madrigueras de feroces,
Ciervos, barrancos y gatos,
Grandes lagunas y molles.

¡Victorica…es tradición!...
¡Victorica… es horizonte!... "


(Fragmento del poema de Víctor Abel Gimenez, que fuese recitado por Pedro Cabal desde el palco de locutores y payadores el sábado por la tarde en "Los Pisaderos")

"Thanan tué", traducido por algunos investigadores como Telén, significaría "retumba la tierra". Algunos creen que ese era el retumbar de los kultrunes cuando los jefes aborígenes de las distintas tribus se "juntaban" a parlamentar sobre la mejor estrategia para rechazar el avance de las tropas nacionales.

Otros, como Rodolfo Casamiquela se inclinan por aceptar que en algun tiempo remoto hubo en ese lugar un gran temblor, que habría producido el hundimiento del suelo. Esa gran cava habría dado origen a la laguna que algunos aborígenes denominaban "tulüm o trelén".

Muchos años después, un francés, dueño de campo en la zona y que había sido intendente de Victorica entre los años 1891 y 1899, fundaría una colonia francesa a la que denominó con el nombre de su campo.

La llegada a la zona por el operativo militar que produjo el emplazamiento del Fortín Resina y luego la fundación del pueblo, estuvo precedida de la excursión que realizara el Coronel Lucio V. Mansilla a los aduares de Mariano Rosas en Leuvucó, situados a veinticinco kilómetros al norte de la actual Victorica.

Luego ya puesto en marcha la denominada "Conquista del Desierto", en la batida preliminar, por allí ingresó la tercera columna al mando del Coronel Eduardo Racedo, quien persiguió a los jefes, apresó a los más débiles y dio orden de matar a quienes se resistieran.

El coronel Ernesto Rodriguez quedó al mando de las tropas que desensillaron en los montes de echohué. Después que cortó postes y preparó bastante leña para el invierno, se dio a la tarea de construir las comodidades necesarias para el fortín y la comandancia. Una de esas tareas, fue la de amasar barro con pasto puna y hacer adobes para las primeras construcciones que suplantaron las carpas de campaña originales.

El barro se pisaba con los caballos, como aún hoy se sigue haciendo en hornos de ladrillos no mecanizados. Ese es el orígen del nombre "Los Pisaderos" un sitio que ha sido declarado lugar histórico por ley provincial.

Los primeros informes del coronel Rodriguez a sus superiores, fueron favorables, dado que se estaban cumpliendo los objetivos por los que habían llegado al lugar.

Hasta que a mediados de agosto de 1882, un grupo aborigen que andaba rondando por la zona les roba una caballada. La persecución terminaría unos días después en un paraje mucho más al oeste en la zona del rio Salado.

En aquellos primeros tiempos, se podía conquistar el desierto si se tenía buenos caballos, se conocia la situación de las lagunas y los sitios para guarecerse, además de donde conseguir comida.

Eso lo sabían los aborígenes que habían vivido en el bosque milenario de caldén, cazando animales de la fauna autóctona y recolectando frutos de la flora lugareña. Además de las rastrilladas por donde iban y venían el contingente de los malones rumbo a Chile, ellos conocían cada una de las innumerables sendas, huellas y atajos.

Pero el Ejército tenía el remington y los aborígenes estaban sufriendo el hambre y las enfermedades, que los ponían en inferioridad de condiciones, no sólo para atacar, sino aún para defenderse.

Los aborígenes eran duchos para andar a caballo, los que amansaban y enseñaban para andar, tanto entre los caldenes, como en los guadales de los alrededores y en los cerros. Se paraban encima del animal para otear el horizonte y descubir alguna presencia extraña.

Muchos de los estancieros de la zona que se establecieron después que pasó el peligro del indio intentando volver a su tierra y que se retiraron las tropas del Ejército en 1887, emplearon a aborígenes para amansar equinos para el trabajo con los animales en el campo.

Sabían ahuecar los grandes caldenes y algarrobos para juntar agua de lluvia que era fundamental para los años de sequía. Se alimentaban con carne de caballo y se curaban con las hierbas y plantas de la zona.

Eran conocimientos transmitidos de generación en generación en forma oral. Muchos años después allí cerca de Leuvucó se fundó la Escuela de Agricultura y Ganadería de la Nación (1952) donde se forman técnicos para las explotaciones agropecuarias.

Victorica, el primer pueblo fundado por los regimientos militares colonizadores en el territorio, por entonces de la Gobernación de La Pampa Central, verá cercenada una gran parte de su territorio al norte, cuando al sancionarse la ley nacional 1532 de organización de los Territorios Nacionales, las provincias de Córdoba, San Luis y Mendoza, logran en el Congreso Nacional en 1884, bajar el límite del paralelo 35 original al 36.

Sin embargo, un decreto de un gobierno de facto institucionalizó como día de La Pampa el 16 de Octubre, en que se sancionó dicha ley que amputó tierras pampeanas, a favor de los antiguos terratenientes de las provincias arribeñas, festejando el instrumento del primer despojo.

Por ese motivo y las fundaciones de pueblos vecinos que se realizaron posteriormente, Telén (1901), Loventuel (1904), antes de la llegada del ferrocarril y Carro Quemado (1924), su ejido se vio reducido sensiblemente, siendo esta una de las causas del estancamiento de Victorica a partir de la primera guerra mundial de 1914, en que se produce además la paralización de los proyectos de ferrocarriles que la cruzarían y que nunca se realizaron.

lunes, 1 de febrero de 2010

NUESTRA ABUELA JACINTA (II)

Para juntar piquillín, generalmente llevábamos un botellón o una botella de aceite de dos litros que tenían boca ancha, o en última instancia una lata de durazno o un jarro grande. Luego de desgranar las plantas de los alrededores de Los Pisaderos, pasábamos a la chacra que era de los Cazaux, ahí nos encontrábamos con otros haciendo lo mismo: los Acosta, los Flores, los Yanakén, los Cortés. Es la misma chacra donde hoy se sitúa el campo de doma y allí si nos encontrábamos con gran cantidad de plantas con piquillines de diversos colores, tamaños y sabores. También solíamos encontrar algunos algarrobos que se habían salvado de las grandes hachadas de las dos guerras mundiales. Cuando tenían chaucha también las tomábamos para comer, porque son dulces y las comíamos a la usanza aborigen.
Don Luis Cesanelli como tantos inmigrantes llegó a la Argentina en 1908 escapandole a las guerras y el hambre en Europa. Doña Jacinta nació en Victorica a fines del siglo XIX. Su primera hija Trinidad nació el año 1914.

Al regreso, luego de un par de horas, vaciábamos cada uno la cosecha en un plato hondo o en una fuente, si era mucha cantidad. Procedíamos a lavarlo, sacarle las hojas y palitos y luego de un golpe de frío en la heladera, lo comíamos provistos cada uno de una cuchara.

A la abuela Jacinta, que era bien criolla, hija de doña Juana Paz, una de las mujeres que llegó con la columna colonizadora de los soldados que bajaron de Córdoba y San Luis, también la hacíamos partícipe del apreciado manjar.

Por supuesto que tía Yiya, que era más comprensiva con nuestras travesuras, recibía nuestro trato preferencial, porque además era la que nos preparaba la leche de la merienda, ofreciéndonos pan con manteca o mermelada.

Esta es la foto más nítida que conservo de mi niñez, de la que tengo memoria, tomada por esos fotógrafos que venian de Buenos Aires y recorrian los pueblos buscando sobre todo a familias con niños. Tendría alrededor de 5 o 6 años mis manos y mi cara denotan cierta preocupación por no saber que me iba a pasar.

Durante los inviernos variaban las actividades, solíamos jugar a la bolita, al trompo, al yo-yo, o al balero. Los vientos entre mediados de junio y fines de agosto, eran propicios para los barriletes. Coco, el “colorado” Cesanelli como lo apodaban sus amigos, era un experto constructor de cometas.
El sabía en que casa se podía conseguir las cañas, que tipo de hilo había que comprar, que tipo de generos servían para la cola, que no debía ser ni muy pesada ni nuy liviana. Los diarios viejos del abuelo Luis servían para pegarlos en las cañas y hacer un barrilete resistente a los fuertes vientos. Lo primero que hacía era cortar las cañas al medio, todas del mismo tamaño. Luego preparaba el engrudo casero, harina mezclada con agua y calentada en la hornalla de la cocina en una lata o un jarro, para que tuviese la viscosidad exacta. Mientras estaba listo el pegamento, ataba las cañas al centro y en toda la circunferencia de tal forma que la estructura quedase bien asegurada.
En la foto en primer plano sentados: de izquierda a derecha, Américo Viglino, Ruben Atilio Palmieri, Ricardo Di Dio, Carlos Alberto Cesanelli "Coco", Alfredo Gesualdi, Ruben Guzmán y Daniel Martín. Parado "Tito" Collado.

Después de pegar el papel armaba los tiros. Los superiores eran para comandar el barrilete y desde donde se prendería el hilo para elevarlo y el inferior del cual se prendería la “cola” que era el contrapeso, generalmente confeccionada con trapos viejos proporcionados por tía Yiya.

Hasta aquí yo era testigo presencial que solo miraba, tratando de no perderme detalle, a veces el me hacia poner el dedo al centro mientras hacía el nudo ciego y al final me pedía que le ayudara a transportar el barrilete llevando la cola o el hilo.

Inmediatamente de terminado, había que probar el barrilete, para ver si los tiros estaban bien alineados, si la cola no era muy pesada o corta y si el hilo no hacía panza, y para eso estaba el cuarto de manzana baldía más allá de la casa, o en la de enfrente a la casa de Coco Marini, con el que competían, para ver quien elevaba más alto esa temporada el barrilete.
Esta foto está tomada en un estudio de un italiano en un pueblo de la provincia de Buenos Aires, alrededor de mediados de la década del treinta. Trinidad había sido internada para proseguir estudios, pero como extrañaba mucho a su familia, volvió al seno de su hogar, donde por algun tiempo estudio piano.


Con respecto a esta actividad los mayores disgustos de abuela Jacinta era por el hule de la mesa de la cocina, que Coco utilizaba como banco de armado y aunque trataba de tener cuidado, siempre quedaba algún resto de engrudo o incluso algún pequeño tajo al mantel.

Esto desataba acalorados retos de abuela Jacinta, quien sólo había dado a luz cuatro mujercitas y no tenía experiencias de los juegos y los juguetes de los varones.

En verano doña Jacinta escuchaba radio nacional filial Santa Rosa, “Tardecitas Pampeanas” y a continuación alguna novela de las emisoras de Buenos Aires. La radio estaba instalada en la cocina que tenía una ventana corrediza para pasar los platos de la comida al comedor que estaba enfrente, pasillo de por medio, donde abuela había instalado su sillón.
Coco Cesanelli aprendió a manejar las máquinas para proyectar cine. Le enseñó su amigo Ruben Atilio Palmieri, el anterior operador de las máquinas del cine Armonía de Victorica, alquilado por el "turco" Pentimalle de General Pico.

Si había descargas, o dificultades con la recepción y a eso se le sumaban nuestros ruidos, propios de los juegos, risas o discusiones en voz alta, éramos objeto de frases no reproducibles, que nos indicaban que el “horno no estaba para bollos” y había que poner pies en polvorosa. Ese era el momento justo de irnos a los médanos a realizar una excursión con el “Batuque”, el perro coli de Coco.

La abuela Jacinta falleció el primer año de la década del sesenta, fue de las primeras habitantes de la casa. Tía Yiya quedó atendiendo al abuelo Luis, como ama de casa. En la década del setenta murió el abuelo Luis, un italiano que construyó muchas de las casas y estancias de Victorica y otros pueblos vecinos de su amplia zona de influencia, dueño además de la mosaiquería. Todavía muchísimas veredas victoriquenses están cubiertas por mosaicos vainilla y aún se conservan los pisos de mosaico calcáreo de distintos colores con guardas en muchas casas, negocios, dependencias y residencias de campo que produjo su empresa "La Pampeana".
Esta foto la tomé al fondo del patio de la casa de los abuelos Cesanelli hacia el lateral donde estaba la mosaiquería. Tia Yiya está al centro, a la derecha Sara García mi esposa y a la izquierda Graciela Gracia, la hermana por parte de madre de "Coco" Cesanelli.

También tía Yiya, a la que todos apreciábamos mucho dejó de existir, luego de unos cuantos años de haberse ido de la casa, muy a su pesar, donde había quedado sola. Se casó ya muy mayor y no tuvo descendientes.

Coco partió de este mundo hace unos días, se había ido de la casa cuando se casó con Dora Zapata, de cuyo matrimonio nacieron dos hijos Verónica y Fabricio. En esa casa de los abuelos que aún resiste el paso del tiempo ha quedado su alma de niño. Algunos dicen que lo han visto por las noches jugar a las escondidas con Omar Conchado, Bebe Castillo, Coco Marini y otros amigos de su infancia, que vivían en el barrio "Los Pisaderos".
Related Posts with Thumbnails