domingo 31 de enero de 2010

NUESTRA ABUELA JACINTA (I)

Recuerdos de nuestra niñez

Desde el lugar de la casa paterna, hasta donde vivía nuestra abuela Jacinta, se iba por un sendero que unía ambas casas, dentro de la misma manzana. Saliendo desde el tendal y la leñera nuestra, hasta llegar también a la leñera de los abuelos, que estaba fuera del guarda patio, había más o menos unos ochenta metros.

Hasta los cinco o seis años, como aún no tenía hermanos, mis juegos de niños fueron con mi primo Coco, hijo único de la tía Rosa, que vivía en casa de los abuelos Cesanelli.
Mi visita en los veranos era por las tardes, en que solía encontrar a la abuela Jacinta sentada en el sillón de mimbre en el pasillo, entre el comedor y la cocina, tratando de aprovechar la corriente de aire para refrescarse, mientras tomaba algún te o mate, servido por la tía “Yiya”.
Aquí estoy serio, en el sillón de la abuela Jacinta, al lado de la siempreverde del patio, que me vio llegar tantas veces a la casa familiar de los Cesanelli.

Como aún no sabía leer, nuestros juegos iniciales con Coco eran arrimar figuritas a la pared. A veces las sustituíamos por chapitas, provenientes de botellas de cerveza o gaseosa que recolectábamos en los alrededores y aplastadas a martillazos o en la prensa de la mosaiqueria del abuelo Luis cuyo galpón estaba contiguo a la casa de familia.

Después solíamos jugar a los autitos o a los avioncitos. El tenía algunos de los reyes y yo improvisaba los míos con latas, maderas, clavos y algún alambre. También jugábamos a policías y ladrones o a indios y bandidos. Para eso los caballos eran los palos de escoba de la abuela.

La diferencia de edad, casi cinco años, se fue haciendo más notoria a medida que pasaban los años. Cuando ingresé a la escuela primaria al primer grado, por la tarde, Coco ya cursaba cuarto en el turno mañana.

Pero los fines de semana o en las vacaciones, como todo niño nos encantaba, a la hora de la siesta de los mayores, recorrer el interior y los alrededores de la casa. En la esquina estaba el escritorio del abuelo Luis y allí guardaba Coco las revistas que su madre le compraba semanalmente. En ese lugar tomé contacto con Patoruzú, Fantasía, D! Artagnan, al comienzo mirando las figuritas y años después leyendo las correrías de estos personajes.
Esta fue la modesta casa donde nacimos y viví hasta los dieciocho. Está situada a media cuadra del acceso al hoy Parque Los Pisaderos.

La llegada a la escuela nos hizo compartir la payana. Mi mano más pequeña y el brazo más corto, me hacían cometer torpezas por las que siempre terminaba perdiendo. Coco habí conseguido unas piedras, todas del mismo tamaño, diseñadas en mármol blanco pulido, que eran una maravilla.

Yo en cambio solía escarbar en la pila de arena de río del abuelo Luis, para encontrar cinco piedras medio parecidas. Demás está decir que el ruido que hacían las piedras en el piso del corredor donde nos sentábamos a jugar enfadaba y mucho a la Abuela Jacinta y también a María Luisa "Yiya", la hija menor de los Cesanelli, aún soltera, que compartía el hogar.

La abuela Jacinta guardaba en el amplio baño, porque era el lugar más fresco de la casa, una cesta de mimbre, la que estaba siempre llena de huevos frescos provenientes del gallinero familiar.
La casa del hogar de los abuelos maternos, que aún se mantiene intacta tal cual estaba en nuestra infancia. Está situada en la misma manzana que la nuestra a dos cuadras de los hoy desaparecidos médanos de Victorica.

Después de los diez años, Coco había aprendido a hacer un licuado casero. Tomaba tres o cuatro huevos, buscaba azúcar de la cocina y también un botellón de vino tinto de la alacena. Lavaba bien una botella de litro y comenzaba por hacer un agujerito en cada punta de los huevos. Yo lo miraba hacer y sólo ayudaba a batir.

El agujero inferior lo apoyaba en el pico de la botella y el superior en su boca por donde soplaba fuertemente hasta que cada huevo se vaciaba completamente de su contenido. Luego de lo cual agregaba unos cinco o seis dedos de vino y a todo eso varias cucharadas de azúcar molida.

A continuación tapaba bien la botella y comenzaba a agitar el contenido hasta que el vino, los huevos y el azúcar se mezclaban. Después de un buen batido a mano, colocaba la botella en la heladera para que se enfriara y luego de varios minutos comenzábamos a beberlo hasta que se terminaba.
Lo que se observa como fondo es el galpón donde funcionaba la mosaiquería La Pampeana del abuelo Luis Cesanelli y que estaba situada a continuación de la casa. Ha sido demolido. Quienes han posado son Trinidad Cesanelli y Marcial Roldán nuestros progenitores.

A la abuela Jacinta y tía Yiya mucho no le agradaban nuestras andanzas a la hora de la siesta, porque les interrumpíamos su descanso. El abuelo Luis casi no se enteraba, porque a las 14,30 horas salía todos los días religiosamente rumbo a la obra en construcción, dado que tenía una pequeña empresa con personal a cargo.

En otras ocasiones, también en los veranos y siempre a la hora de la siesta, partíamos, después de almorzar, rumbo a Los Pisaderos a juntar piquillín, un delicioso manjar de la naturaleza, que algunos años se daba con una dulzura y un tamaño de grano espectacular. Después de desgranar las pocas plantas de allí pasabamos a la chacra de Cazaux, donde hoy está el Campo de Doma Rosario Balmaceda. Allí había muchas plantas de piquillín de distinto color y también algunos algarrobos de los que tomábamos las chauchas para comer, a la vieja usanza aborígen.

sábado 23 de enero de 2010

LA FIESTA DE LA GANADERIA

Y EL "CANCIONERO POPULAR ARGENTINO"
Nota I.
Hace unos cuantos años apareció una producción discográfica editada en discos compactos por la empresa Hispa Music. Fueron 2o discos conteniendo una excelente selección que abarcó una variada gama de temas, letras, musica, interpretes, como poetas y distintas formaciones desde los solistas hasta los conjuntos.


El duo Los visconti, fue uno de esos casi desconocidos en aquella época que Miguel Franco tuvo que gastar saliva para convencer a la Comisión de contratarlos.

Si algo nos permitió la Fiesta de la Ganadería, fue tener acceso a una gran variedad de artistas provenientes de las más diversas regiones folklóricas de nuestro país y poder escucharlos en vivo allí en el Club Cochico.

Algunos eran ya consagrados con discos grabados y otros en cambio recien estaban iniciando su trayectoria. De estos últimos varios alcanzaron a consolidarse y el antecedente de haber actuado en la Fiesta de la Ganadería no fue menor, porque el publico que anualmente se daba cita a fines de la decada del sesenta y del setenta estaban consustanciados con ese Cancionero Popular Argentino.



Cuando subió al escenario de la Fiesta de la Ganadería Horacio Guarany ya tenía camino andado y estaba en su mejor momento. Su presentación junto al conjunto de música litoraleña de don Damacio Esquivel fue una de esas que se recuerdan a pesar de los años.

Guarany fue uno de los artistas que entusiasmaba y arrancaba el aplauso espontáneo, un auténtico cantautor que llegó al gran público masivamente. Sin dudas uno de los más festivaleros y todo un personaje.

Los del Suquía fue un conjunto de jóvenes, oriundos de la provincia de Córdoba, que para muchos no relacionados demasiado con las nuevas voces del folklore, sobre todo las que aún no habían triunfado en Buenos Aires, tampoco sonaba como conocido.

Sin embargo después de un par de temas, todos en la platea entendimos que estábamos en presencia de uno de los conjuntos que tenía un promisorio futuro. Por su repertorio y por la primera voz inconfundible del "petiso".

Cuando Ramona Galarza llegó por primera vez a Victorica y subio al escenario de Cochicó en la Fiesta de la Ganadería, ya era una de las voces femeninas, que cantando el repertorio litoraleño, se había hecho conocer ya en otras regiones del pais.

Ramona Galarza volvió en otras oportunidades a presentarse en la Fiesta de la Ganadería y en todas ellas siempre cautivó al público con sus ajustadas interpretaciones y el sello inconfundible de su voz con tonada regional.

martes 19 de enero de 2010

FIESTA PROVINCIAL DE LA GANADERIA

HACIENDO MEMORIA Y RASTREANDO
RECUERDOS Y ANECDOTAS DE LAS PRIMERAS FIESTAS

La primera fiesta de la Ganadería se llevó a cabo el año 1968. Se la denominó Fiesta de la Ganadería del Oeste Pampeano, porque la intención fue hacer una Gran Fiesta que integrara a todo el Oeste, incluyendo a todos los pueblos de los Departamentos Loventué, Chalileo y Chicalcó.

Se había elegido que se realizara en el mes de octubre de cada año porque era una forma de adelantarse a los grandes Festivales que ya existían en otras provincias y en el país. Incluso en la misma provincia de La Pampa, donde la Fiesta Provincial del Trigo se hacía en febrero. Esto permitía conseguir contratos en baja temporada a precios accesibles para los presupuestos de un Festival pequeño, comparado con los nacionales.


La primera Fiesta tuvo una notable repercusión y en virtud de ello el año siguiente se anticipó la difusión de la programación, para que todos quienes quisieran participar pudieran anoticiarse. Se había decidido hacer una fiesta de caracter popular y por lo tanto el costo de la entrada a los espectáculos era razonable y además se brindaban espectáculos totalmente gratuitos.
No participé de la primera, porque estaba muy ocupado en esos meses tratando de terminar mis estudios universitarios. Pero al año siguiente y dado el impacto publicitario en los medios gráficos, nos fuimos a Victorica donde hacía cinco años que había salido.
Ese día hizo un "ventarrón" de aquellos que no se olvidan. El pampero sopló y levantó desde la mañana hasta la noche de aquel sábado, todo el polvo y la arenisca imaginable y que era normal por entonces en los meses de julio y agosto.

El almuerzo estaba previsto en el nuevo tinglado que se había implantado en el Club Cochicó. Era al mediodía y como se habían vendido muchas entradas, el concesionario del menú colocó temprano sobre las mesas el primer plato del fiambre con ensalada rusa.
Después de eso vendría el asado. Hacía frío y el viento se colaba por las puertas, ventanas y toda rendija que encontraba.
El locutor anunció algunas palabras de un representante de la Organización y luego que hubo terminado presentó al representante del Gobierno provincial de entonces, perteneciente al área de Asuntos Agrarios.
Las mesas estaban llenas de arenilla, ya eran aproximadamente las 13 horas y algunos minutos, hacía frío, todos estábamos cansados del viaje de esa mañana y por sobre todo también teníamos hambre.
La mayoría empezó a comer mientras el funcionario hablaba desde la silla que le había tocado en una de las mesas en una orilla. En su afán de hacer notar el apoyo del gobierno a los productores del sector de la ganadería el hombre se extendió mucho más de lo prudente para la hora y la ocasión.
Como en realidad ya se había extendido más de media hora, alguien con mucha picardía le desconectó la ficha del amplificador, pero no contó con la persistencia del orador que prosiguió hablando a capela por lo menos otros diez minutos más

El desfile de la primera fiesta se realizó sobre la calle que pasa frente a la plaza y el salón de la Municipalidad. Para la segunda Fiesta estaba previsto que el mismo se realizara en Los Pisaderos, pero dado que el viento destrozó varias carrozas el mismo fue suspendido.

En Octubre de 1972 en ocasión de realizarse la V Fiesta, ya Provincial de la Ganadería, inauguró la misma con un discurso en el escenario de Los Pisaderos, el entonces Gobernador de La Pampa don Angel Benjamín Trapaglia, vecino de Telén.

Ese año Victorica había cumplido el 12 de febrero sus noventa años de existencia, de tal modo que se realizaron algunos actos especiales con motivo de esta coincidencia de acontecimientos.

El formato de la Fiesta de la Ganadería consistía en una muestra de ganado, fundamentalmente vacuno, aunque también de lanares, dado que ya era la zona de cría del caldenal. Por la tarde se hacía un desfile de tropillas y emprendados, al que se le agregaba la presentación de las aspirantes a reinas y la presentación de algunos números folklóricos.

Por la noche del sábado en el escenario del Club Cochicó iba el espectáculo de folklore y el día domingo arrancaba antes del mediodía con la jineteada y culminaba por la noche con el baile y la elección de la reina.

Los primeros años se aprovechaba tambien el baile para la entega de premios a los productores que habían resultado seleccionados por sus productos presentados. Con los años todo esto se fue cambiando y adecuándose más a lo que la experiencia iba indicando como más conveniente.

Las embajadas artísticas de folkloristas provenientes en su mayoría de Buenos Aires, estaban compuestas por varios números, por lo que la velada comenzaba alrededor de las 22 horas y terminaba alrededor de las 3 de la madrugada.

En la foto de arriba se aprecia la presentación de los "Quilla Huasi" uno de los grandes conjuntos folklóricos de la década del sesenta, que integraba el pampeano nacido en General Pico Roberto Paglia, conocido bajo el seudónimo de Roberto Palmer.

En la Planificación, Organización y Ejecución de las diversas actividades de la Fiesta participaban gran cantidad de personas, en su calidad de miembros plenos de las Comisiones o Subcomisiones, en su caracter de representantes o delegados.

He agregado el Organigrama incompleto de los primeros años de funcionamiento, como reconocimiento a la participación que tuvieron destacadas personas, algunas de las cuales hoy ya no están entre nosotros.

Era tal el despliegue y la convocatoria que tenía la Fiesta en los primeros años, que una inusual cantidad de vehículos provenientes de todos los puntos cardinales de La Pampa y fuera de ella se daban cita en esos dos o tres días.

Esto produjo en horas pico ciertos embotellamientos alrededor de la plaza como se puede apreciar en la foto de arriba, que obligaron al operativo policial a destacar personal para ordenar la circulación del tránsito.

Como se puede apreciar en las fotos en el desfile participaban quienes tenían emprendados y quienes simplemente sentían la gran satisfacción de pasar delante de la comunidad con su caballo y sus mejores ropas, algunas adquiridas especialmente para lucirlas en la Fiesta.
Victorica no tenía ni tiene posibilidad de albergar a tanta cantidad de personas que llegan esos días a la localidad.

Una forma de paliar este déficit ha sido la utilización de los albergues cercanos de las Escuelas Hogares de la zona.

Otra fue la utilización de casas de familias y otra fue la contratación de coches dormitorios al ferrocarril Domingo Faustino Sarmiento. En la foto donde se ve personas recorriendo los corrales de la feria se puede observar detrás unos cuantos coches dormitorios estacionados sobre las vías de la Estación Victorica.

Hace ya unos cuantos años que el Ferrocarril ha dejado de prestar ese servicio a la localidad y a la Fiesta. La construcción y puesta en funcionamiento de algunos residenciales nuevos ha sido un pequeño aporte al déficit de alojamiento. La otra alternativa, con los nuevos caminos pavimentados y la velocidad de los nuevos automóviles es utilizar parte de la capacidad instalada de localidades que están hasta cien o ciento cincuenta kilómetros de la localidad.

jueves 14 de enero de 2010

JUAN CARLOS MALDONADO

HOMENAJE POSTUMO
Hace pocos meses atrás dejó de existir Juan Carlos Maldonado, conocido popularmente en el ambiente automovilístico de La Pampa y de la región con el apodo “El Paisano”, por su estilo campechano.
Había nacido en una de las chacras de los alrededores de Loventuel el año 1952. Era el segundo hijo del matrimonio entre Marcelo Maldonado y Catalina de la Nava.

Los abuelos Máximo Maldonado y su esposa, tenían una chacra a la salida de Victorica en el camino viejo hacia Telén. Allí solíamos ir con mis padres de visita, donde nos agasajaban con frutos de la huerta familiar: sandías, uvas, melones. La cultivaban las hermanas de Marcelo, ayudadas por su hermano Mario.

Los de la Nava eran hijos de Agustín de la Nava y Casiana Roldán, también familia numerosa. Además de “Cata” la madre de Juan Carlos, la integraban “Nena”, Teresa, Rosa, Luisa, Agustín, conocido popularmente como “El Chino” y José de la Nava que se casó con Azucena Maldonado.
Probablemente Marcelo y Cata se conocieron en Loventuel, dado que don Máximo Maldonado había sido propietario de la Chacra Nº 125 de cien hectáreas y doña Elina García Viuda de Roldán lo fue de la Nº 126.

Como Marcelo se dedicaba a la explotación agropecuaria y forestal, influyó en su hijo para que cursara en la Escuela Agrotécnica de Victorica, de donde egresó Juan Carlos el año 1967, luego de tres años, con el título de Práctico Rural
La tercera persona sentada a la derecha es Juan Carlos Maldonado y quien levanta la mano saludando al fotógrafo es su padre Marcelo Maldonado. Era el cumpleaños de Marcial Roldán.

A principios de los años 70 Marcelo, el padre de Juan Carlos había logrado posicionarse patrimonialmente, adquiriendo varias chacras, poseía camiones que había utilizado en la explotación de derechos de monte, un negocio de buen rendimiento hasta algunos años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial.

Pero como la familia se agrandaba (Diana, Arturo y Ricardo Maldonado) y las chacras en épocas de sequía se volvían más pequeñas de lo que eran, Marcelo comenzó a incursionar en la compraventa de hacienda, en el transporte de hacienda y hasta en el transporte de mercaderías.

A esa intensa actividad se sumó Juan Carlos, un jovencito que ya manejaba camiones y también se subía al auto de su padre un Ford de la vieja matricería, hasta que llegó a su mayoría de edad a los dieciocho años y pudo obtener su carnet de conductor y gozar la alegría de poder conducir el nuevo Ford con palanca al piso.

Su padre había insistido para que siguiera estudiando hasta alcanzar el nivel universitario de Ingeniero, pero él ya había sentido fuerte la picada del "bichito de los fierros”.
Encima del mural el casco que tantas veces se calzara "El Paisano" en las innumerables oportunidades que se subió a algunos de los autos para competir en los últimos treinta años.

A una cuadra de su casa paterna, donde tenían la playa de estacionamiento de los camiones, estaba el taller mecánico de los hermanos Poggi, entusiastas del deporte motor en Victorica.
La década del sesenta había sido de gran actividad automovilística para Victorica, que era el primer pueblo de La Pampa por la cantidad de karting que tenía en competencias. También las motos habían despertado el entusiasmo de varios cultores del deporte en dos ruedas.

Allí fue madurando, con el grupo de amigos, la idea de convertirse en competidor. Prosiguió trabajando con su padre, y comenzó su trayectoria como piloto, hasta que en 1986 logró su primer gran triunfo. Se consagró campeón de la Fórmula Renault Pampeana y todo Victorica festejó con él, en un reconocimiento que se le realizó en el Club Cochicó, a media cuadra de su casa paterna.
La bandera a cuadros que varias veces le bajaron como ganador de las muchas carreras que pudo ganar en su larga trayectoria de piloto de automovilismo.

Luego volvió a obtener nuevamente el título de Campeón de ésa Fórmula Pampeana, conduciendo un auto que había sido construido íntegramente en el taller de Néstor Poggi en Victorica y otra vez la gran alegría la festejó con sus colaboradores y admiradores de su pueblo.

Pasarían más de diez años y Juan Carlos Maldonado, que había tenido muchas alegrías y sinsabores, proseguía tenazmente compitiendo en las pistas pampeanas y regionales.

Hasta que el año 2005 subió al podio nuevamente como Campeón, esta vez en la categoría del Súper Car compitiendo con un Ford Falcon, similares a aquellos que había aprendido a manejar en los caminos de tierra entre Loventuel y Victorica antes de 1972 en que llegaría el pavimento a la zona.
En la intersección del acceso a Victorica y la ruta provincial Nº 10, todo el que pase por ese lugar podrá apreciar el mural que identificará de ahora en más ese lugar que tantas veces lo vió llegar a festejar como campeón.

Pero a pesar que le tenía cariño a los Ford, porque su padre había sido hincha fanático de la marca, prosiguió compitiendo con un Chevy al que tuvo que amoldarse. Estaba corriendo con ese automóvil y la última carrera de la que pudo participar el año 2009 logró integrar el podio.

Lamentablemente, “El Paisano” dejó de existir en Buenos Aires un 20 de Octubre del año 2009 a los 57 años, víctima de una enfermedad descubierta poco tiempo antes.

Un grupo de amigos entre quienes estuvieron como promotores Jemny Young, Ricardo Di Dio y Carlos Montiel, solicitaron al Consejo Deliberante de Victorica imponer su nombre al acceso original pavimentado sobre la ruta 10, etición que fue aceptada, dictándose la Ordenanza respectiva.
El RPS Ledesma bendice el mural y las placas, mientras las nubes dejarán caer algunas gotas que como lágrimas, se sumarán al hondo sentimiento de recogimiento y respeto que invadió el lugar en ese momento.

El acto de descubrimiento del mural y las placas, se realizó el pasado 9 de Enero del año 2010, contándose con la presencia de su familia: Estela Gracia esposa, sus hijos Marcelo, Carlos, Carolina y Analía y sus nietos.

Estuvieron presentes además representantes de las Instituciones Organizadores del Automovilismo Pampeano, autoridades locales y público en general, entre quienes se encontraba su coequiper “Patita” Palmieri, sus colaboradores como Antonio el “Gordo” Pereyra y un grupo numeroso de seguidores.
Los tres autos con los que compitió Juan Carlos Maldonado a lo largo de toda su trayectoria como destacado y exitoso piloto de automovilismo fueron expuestos en la sede del Club Cochicó de Victorica la noche del 9 de enero del 2010.

Victorica perdió a su campeón, el automovilismo de La Pampa y la región perdieron a un gran piloto y su familia y amigos extrañarán sin dudas a un excepcional ser humano. Pero si bien físicamente Juan Carlos Maldonado no estará más entre nosotros, su espíritu estará siempre presente donde sea que se hable de automovilismo.

Era un enamorado de Victorica y su comunidad, a donde siempre retornaba para reencontrarse, “cargar las pilas”, planificar y elaborar planes y proyectos. Una vez nos encontramos y me saludó amablemente y lo que me hizo saber era que leía mis notas en Caldenia sobre personas y personajes de nuestro Victorica.
Juan Carlos Maldonado, más conocido como "El Paisano", rodeado de varios de sus más estrechos colaboradores, quienes recibieron un pergamino de reconocimiento.

Su alma inquieta recorrerá ahora libremente, aquellos lugares más queridos de Loventuel y Victorica que lo vieron nacer y crecer y de este a oeste y de norte a sur de La Pampa, que lo vieron proyectarse como uno de los pilotos de larga trayectoria en la que obtuvo muchos triunfos, pero que ellos no fueron obstáculos para opacar al ser humano que supo ser amigo, solidario y comprometido con las causas nobles.

lunes 11 de enero de 2010

LA PRIMERA AGENCIA FORD DE LA PAMPA

Hace 93 años se ponía en marcha en Santa Rosa, capital del entonces Territorio Nacional de La Pampa, la que sería la primera Agencia de automóviles marca Ford.
El fundador de la misma sería don Florencio del Valle que provenía de Trenque Lauquen (Provincia de Buenos Aires).

Don Florencio del Valle y su familia posando dentro del automóvil Ford modelo 1925, a pocos años de su llegada a Santa Rosa (La Pampa)





La esposa y la hija de don Florencio del Valle en el Ford de su propiedad modelo 1925




Después de terminada la Segunda Guerra mundial, se reactivó el mercado internacional y la FORD publicitaba los nuevos camiones que transitarían por los polvorientos caminos de La Pampa de entonces. Algunos de estos ejemplares aún andan circulando en las ciudades y pueblos de nuestra provincia.





María Nélida Suarez, la nieta de Florencio del Valle que relató la historia y desgranó sus recuerdos, está sentada y es la segunda persona desde la izquierda.


NOTA: Agradezco las fotos cedidas a María Nélida Suarez de de la Torre, quien también me hizo llegar un texto escrito. Una nota similar fue publicada en Caldenia el 31 de diciembre del año 2006, pero con una sola foto que no pertenece a la familia, sino a un cliente de la Concesionaria.

martes 5 de enero de 2010

SANDRO

DEL MITO A LA LEYENDA
Ayer dejó de existir Roberto Sánchez, conocido en el ambiente del espectáculo y de la cultura popular como Sandro, a quien después comercialmente se le agregaría lo de “Sandro de América”.
Había nacido el año 1945, en Buenos Aires y se había criado en Alsina. Comenzó a amigarse con la música desde muy jovencito y llegó a destacarse por su profesionalismo.

Del rock inicial de los años sesenta, en donde su figura como la de muchos cantantes del mundo imitaba a Elvis, se pasó en la década del setenta a la balada romántica.
Su dedicación y su talento con un sello propio, le permitieron cosechar muchos triunfos con los que jalonó su exitosa vida en los escenarios argentinos, latinoamericanos y aún de los Estados Unidos, que lo proyectó también al cine.



Como lo recuerdo en aquella tarde santarroseña del año 1964, en que paseo alrededor de la plaza con sus amigos fumando displicentemente y jaraneando con sus amigos.


Lo pude conocer una tarde de verano que estaba sentado en la vereda de la Confitería “La Capital”, cuando pasó en un auto descapotado junto a sus amigos por la calle Avellaneda.
Sandro y “Los de Fuego” habían llegado a Santa Rosa para tener una actuación en el Club “Fortín Roca” aquel año 1964. Iba vestido al estilo “gitano” con un pantalón blanco y una camisa roja a grandes lunares, su cuerpo delgado y sus cabellos libres al viento pampeano, fueron la delicia de muchas chicas santarroseñas.


Personalmente no tenía noción de quien era Sandro, hacía pocos meses que había llegado desde Victorica a Santa Rosa para iniciar mis estudios universitarios.
Lo seguí después durante su carrera adquiriendo varios de sus discos, lo vimos en televisión a partir de 1973. y en otras oportunidades en el cine, con esa pinta de galán, con la que ya se había volcado definitivamente a la canción melódica.


Después con mi esposa y mi hermano Oscar y María Elena lo fuimos a ver creo que fue el año 1977 cuando actuó en el Club General Belgrano de Santa Rosa, ya convertido en ídolo.
Estaba en todo su esplendor y el show de aquella noche fue inolvidable. La pasión que sembró desde los escenarios la cosechó años después con las innumerables fanáticas que dieron lugar al nacimiento de clubes de fans que lo seguían en cada una de sus presentaciones.

Sandro cuando adoptó el smoking y el moñito para sus presentaciones y se convirtió en el mito, el que ahora da paso a la leyenda inevitable de su personaje.

Sandro fue creciendo espiritualmente y madurando humanamente para convertirse en uno de los artistas argentinos más apreciados por el público adulto y joven, en una rara simbiosis generacional que pocos logran.


Además consiguió ser aceptado por la clase alta que en la década del setenta todavía lo consideraba de la “mersa”.
Probablemente algunos jóvenes recién descubran ahora que Sandro comenzó como rockero, porque los sellos discográficos y las conveniencias comerciales hacen su estrategia para ganar dinero con los ídolos que fabrican. Algunos son efímeros, otros como Sandro perdurarán en el sentimiento de muchos adultos, hombres y mujeres y también en algún sector de los jóvenes que lo descubrieron hace diez años cuando le entregaron el Gardel de Oro.

domingo 3 de enero de 2010

EL SANTO DE LOS MONTES

Elisabeth Smidt de Ortíz Echagüe presentó en el salón de la planta alta de la Confitería La Capital de Santa Rosa el año 1973, su libro titulado “El Santo de los Montes”.
Estuve presente en ese acto. La acompañaron sus hijos Carmen y Federico, quien ofició de presentador del acto, aunque no recuerdo si alguién más, aparte de la escritora, dijo algunas palabras alusivas.

El libro está dedicado a la Provincia de La Pampa y la autora aclara que los personajes y lugares citados en el mismo son ficción. Pero antes que esta advertencia en la solapa se puede leer “Desde chica he querido a la naturaleza, la música, los libros; hice versos a los diecisiete años; empecé a escribir libros también en holandés a los veintisiete; tengo cuatro publicados en ese idioma…”

El libro está escrito citando muchos lugares, costumbres y personajes que están estrechamente vinculados con los contenidos identitarios de nuestra región. Contiene un solo poema de la autora, que me ha parecido oportuno hacerlo conocer para ustedes.



FLORES DE NAVIDAD


Elisabeth Smidt de Ortíz Echagüe (1)


Pocas veces en La Pampa he visto
los florecidos montes como este fin de año:
como si quisieran festejar de Cristo
el nacimiento, con un encanto extraño.

Los colores lila, rosa y amarillo
entre verde, cubren la fecunda tierra,
que hace poco parecía un desierto,
desde el boscoso valle, hasta la sierra.

Una vez más la lluvia, ¡oh! Bendición del cielo,
ha operado el milagro de hacer brotar
la abandonada semilla en cantidades increíbles,
y la sequía hizo olvidar.

Pero más milagro es el “tabaquillo” blanco,
alta planta de múltiples florecitas cual estrellas,
que abren, cuando el sol se pone, detrás de un banco
de nubes que se pintan de armonías bellas,

o en un cielo puro y rosado. Es en las sombras
de los árboles y arbustos, que se abren primero
y poco a poco, miles y miles de ellas,
lucen en el crepúsculo severo.

Cuando ya todo lo demás del campo
ha quedado somnoliento y apagado,
entonces es cuando el glorioso y claro blanco
del “tabaquillo” regala al monte su encanto,

encanto, que es como un encantamiento,
preparado para Navidad especialmente,
pues la noche vive y se regocija,
para festejar de Cristo el Nacimiento.

(1) Elisabeth Smidt, había nacido en Buenos Aires, era hija única del primer Consul holándes nombrado en la Argentina y se había casado con el pintor español Antonio Ortíz Echagüe, con quien se vino a vivir al campo "La Holanda". Allí en el que había sido el refugio del pintor Elisabeth ya viuda, escribirá este libro.

Related Posts with Thumbnails