Nació en la zona de Paso de los Algarrobos, un 8 de agosto de 1912. Su madre se llamaba Perfecta Escobar y su padre Atanasio Márquez, quien llegó desde el sur de la provincia de San Luis, al entonces Territorio Nacional de la Pampa Central.
Tuvo un hermano mayor, Modesto Escobar hijo natural de su madre. Ella y una hermana menor: Juanita, fueron las hijas de este matrimonio. Cuando tenía 9 años falleció su padre, debiendo por esa circunstancia, desde muy niña, esforzarse para ayudar a su madre y su hermana.
Ya por ese entonces, recorría esos lejanos y áridos parajes, el árabe don Ángel Nicolás como vendedor ambulante, quien se enamora de Eusebia Escobar Miranda una de sus primas más queridas, quien falleció cuando nació su hija Sarita.
Pasado un tiempo y por la miseria se vienen a vivir cerca de “Villa La Porteña”. Entre las tres, madre e hijas levantaron una pieza y una cocina de chilca y barro, en un campito cerca del río Salado, como buscando refugio cerca de su familia, ya que don Ángel Nicolás, ( casado con su prima Eusebia) se había establecido también por esa zona y continuaba como vendedor ambulante con su carro, recorriendo la misma.
Ángel Nicolás llevó entonces un matrimonio para alfabetizar al castellano a sus hijos Leonor, Matilde y David.
Ciriaca y Juanita, se sumaron a las clases y pudieron aprender algo, porque otra vez la mala suerte siguió rondando: al mes, el maestro murió de neumonía. Ella dice que como le gustaba, aprender siguió sola escribiendo con carbón, y más o menos a los 12 años llegó la maestra Eleodora Cortina.
Tuvo un hermano mayor, Modesto Escobar hijo natural de su madre. Ella y una hermana menor: Juanita, fueron las hijas de este matrimonio. Cuando tenía 9 años falleció su padre, debiendo por esa circunstancia, desde muy niña, esforzarse para ayudar a su madre y su hermana.
Ya por ese entonces, recorría esos lejanos y áridos parajes, el árabe don Ángel Nicolás como vendedor ambulante, quien se enamora de Eusebia Escobar Miranda una de sus primas más queridas, quien falleció cuando nació su hija Sarita.
Pasado un tiempo y por la miseria se vienen a vivir cerca de “Villa La Porteña”. Entre las tres, madre e hijas levantaron una pieza y una cocina de chilca y barro, en un campito cerca del río Salado, como buscando refugio cerca de su familia, ya que don Ángel Nicolás, ( casado con su prima Eusebia) se había establecido también por esa zona y continuaba como vendedor ambulante con su carro, recorriendo la misma.
Ángel Nicolás llevó entonces un matrimonio para alfabetizar al castellano a sus hijos Leonor, Matilde y David.
Ciriaca y Juanita, se sumaron a las clases y pudieron aprender algo, porque otra vez la mala suerte siguió rondando: al mes, el maestro murió de neumonía. Ella dice que como le gustaba, aprender siguió sola escribiendo con carbón, y más o menos a los 12 años llegó la maestra Eleodora Cortina.
Ciriaca junto a su madre y su hermana
Su vestimenta consistía en algún vestido cosido por su madre y alpargatas, pasaron mucha necesidad al morir su padre, comían carne de chiva vieja, oveja acompañada con fideos, y también “ñaco”, que era como una especie de harina de maíz tostada, pero siempre que los recursos alcanzaran para comprar a los ambulantes.
A la zona de Santa Isabel y sus alrededores, cuando todavía el sistema hídrico de los ríos interprovinciales del Salado y el Atuel funcionaban a pleno, comenzó a llegar cada vez más gente, entre ellos avezados inmigrantes españoles, sobre todo, aunque también sirios, libaneses, básicamente a comerciar con carros y mulas.
El año 1930 fue desolación y sequía en el oeste, la desesperanza la invadía, y Ciriaca, ya sabía lo que quería para su vida, y que la única manera de enfrentarla era la superación a través del trabajo, y buscar en otros lugares, una vida mejor. Su tía Ruperta le consiguió empleo, en Victorica como servicio domestico. Se vino sin avisar a su madre con un atado de ropa, en un camión viejo de Maldonado, casi dos días, sentada atrás sola, “yo tenía que salir de ahí y trabajar para dejar la miseria” recuerda Ciriaca. Luego al gerente del Banco de la Nación y su familia donde estaba trabajando, lo trasladan a General Pico y va con ellos. Recuerda que allí en el año 1932 los sorprendió la caída de la ceniza volcánica, que fue devastadora para los oesteños ya que se perdió gran cantidad de animales. Pero como este funcionario es despedido (por defraudación), le remataron todo y se fueron a Buenos Aires, ella no pudo cobrar los salarios adeudados




















