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martes, 22 de junio de 2010

VICTORICA DE ANTAÑO (II): La idea de una biblioteca

Esa amistad que declara Pedro Telmo Lobo trabada con Félix Romero hace nacer una idea compartida, al sentirse: “Identificados en el anhelo intelectual de una obra necesaria: crear la biblioteca popular de Victorica”.

Solían reunirse en la casa de Félix Romero en inmediaciones del cementerio. Allí leían y debatían distintos temas, discutiendo ideas y sobre doctrinas del siglo XIX y ante la necesidad de ahondar más en las fuentes, se dieron cuenta de la carencia. “Entonces nos vino súbita y luminosa la idea de fundar sin dilaciones una biblioteca pública. Dios nos la inspiró.” Dice Lobo, que era un católico practicante. Distinto en eso a “Romerito” que era un “librepensador”.

Continúa Lobo con su relato: “Mientras hablábamos de sus posibilidades se nos apareció de visita el periodista comisario de policía departamental señor Alfredo Hernández con su elegancia notoria extraña a la nuestra pueblerina: vestía a diario camisa y cuello planchados al lustre, trajes de sastrería porteña, zapatos charolados, sombrero orione, éste cambiado por galerita los domingos y feriados. Al conocer nuestro propósito adhirió entusiasta integrando el trío fundador.”

Después de esta descripción del comisario periodista, que había deslumbrado a Lobo y contando con su participación, se lanzaron los tres a la tarea de realizar los pasos iniciales para concretar en los hechos la idea.

Expresa Pedro Lobo en el opúsculo citado: “Convencidos de la importancia instructiva y de cultura que entraña esta institución en el seno de la sociedad y del pueblo nos dimos a la tarea placenteramente honrosa de escrutar opiniones y aunar voluntades. En este sentido, -prosigue el relato- solicitamos el concurso de los núcleos urbanos calificados, ya obtenido el de las autoridades y el del magisterio.”

Acoto que por el año 1905 era intendente municipal don Enrique Alonso, el Juez de Paz como queda dicho era don Ángel Lobo y el Comisario este personaje elegante que describió Pedro Telmo. En tanto que director de la Escuela de varones en 1901 era don Carlos Thompson del que Lobo dice que era ingeniero civil, y en aquel 1905 era don Hildebrando Ortíz.

De modo que el trió promotor de la fundación de la Biblioteca fueron el Bachiller Pedro Telmo Lobo, nacido en Buenos Aires, el maestro no diplomado Félix Romero, nacido en La Rioja y el comisario Alfredo Hernández de quien no tenemos más datos. Hernández no integró la Comisión Directiva electa en asamblea, dado que renunció a su cargo y se trasladó inmediatamente a Buenos Aires, donde entró a trabajar en una gran empresa.

lunes, 21 de junio de 2010

VICTORICA DE ANTAÑO (I): La Llegada

En su folleto titulado “Félix Romero y la Biblioteca Popular Bartolomé Mitre de Victorica”, el señor Pedro Telmo Lobo, ensaya una especie de biografía que enlaza con algunos comentarios de los lugares en que le tocó actuar, a lo largo de su vida.
En el Territorio de La Pampa lo hizo no sólo en Victorica, sino también en Santa Rosa y en General Pico, donde ejerció el periodismo y participó de la política lugareña de aquellos años.
Es interesante rescatar algunos de sus párrafos, porque describe sintéticamente La Pampa y Victorica de los primeros años del 1900 y algunos de los personajes que conoció en su convivencia entre 1901 y 1906.

Era hijo del juez de paz del Departamento Loventue don Ángel Lobo (circa sesenta años) y cuando este enfermó le tocó venir a auxiliarlo, dado que era viudo y provenía de Santiago del Estero. Aunque tanto su padre como su madre eran catamarqueños de nacimiento.
En “mil novecientos uno llegué yo –expresa Pedro Telmo Lobo- maltrecho a Victorica: viajando catorce horas consecutivas por ferrocarril desde la estación Once de Buenos Aires a la General Lagos de la flamante segunda capital pampeana sucedánea de General Acha, Santa Rosa de Toay, y desde esta otra casi dieciséis más por tracción a sangre en la galera o mensajería de postas –transporte de pasajeros, correspondencia, equipajes y cargas livianas-, conducida por su empresario y contratista del servicio oficial don Matías Aspiróz.”

Y agrega el joven Pedro Telmo otro dato para que el lector se ubique: “Recién cumplidos en aquella metrópolis mis dieciochos años de edad y los estudios de bachillerato nacional.”

Paso al párrafo donde relata su encuentro con el también por entonces joven Félix Romero, aunque con algunos años más que el nobel bachiller. Dice Lobo “Pronto trabé relación con Romero. Al día subsiguiente de mi estada, por la tarde, visitando con mi padre al mayor don Adolfo Corbalán en su domicilio. Ahí Romero, infaltable al campechano rato casero charlando y saboreando la infusión del mate criollo sorbido en bombilla de plata labrada.”

Y acota a continuación la primera impresión que le causó el encuentro: “Me agradó la reunión a inversa del trayecto incómodo hasta allí pisoteando y hundiéndome los pies entre la medanosa arena volandera de las calles, azotado el cuerpo por el viento pampero rugiente en oleadas enceguecedoras y hastiada la retina ante tanta topografía hirsuta de los solares baldíos sin desbrozar invadidos de olivo silvestre y pasto puna.”

Este párrafo que comienza con una sensación agradable y continúa con una descripción literaria bastante quejosa de las calles y el clima de Victorica de antaño, continúa luego con sus recuerdos placenteros: “Pero valía esto aquella tertulia franca, especialmente la simpatía que me infundió la sonrisa bonachona de Romero frecuente en su rostro cetrino. Maguer su hablar parco, su aspecto magro y su desaliño en el vestir, empero aseado. Tal simpatía fue recíproca y cundió en amistad duradera.”

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