La maestra Fredesbinda Bustos Bazán de Ares, era hija de doña Robertina Bazán y de don Medardo Bustos. Había llegado a Victorica junto a su familia en los primeros años del 1900, procedentes de la provincia de Córdoba.
Después que recibió el título de maestra, ingresó en la entonces escuela de niñas Nº 8. La casa de su familia estaba situada sobre la vereda del ex Hotel Francés de la familia Cazaux. La escuela Nº 7 estaba situada a una cuadra y media de su domicilio.
En esa escuela llegó a Directora y luego fue la primera Directora del Instituto de Enseñanza Media Básica "Félix Romero". Renunció al mismo cuando la ascendieron a Inspectora y la trasladaron a Mar del Plata.
Para hacer la mudanza, doña "Mecha" como le decían sus amigas, le solicitó la colaboración a Germán Funes, uno de los porteros de la escuela Nº 7, que vivía sobre la misma calle un poco más allá de una cuadra. Germán accedió inmediatamente, dado que había sido ella la que elevó carta de recomendación y antecedentes al Consejo Nacional de Educación para su nombramiento.
Hubo que embalar no solo los muebles del hogar, sino la biblioteca personal y familiar y también aquella hermosa cabeza de toro polled-hereford embalsamada, que nos sabíamos detener para mirar por la ventana abierta, quedándonos extasiados con esos ojos abiertos del toro. ¿Dónde estarás ahora?
Cuando terminaron de subir todo al camión, Germán le dice, que sólo queda el reloj de pared, pero faltaba una caja para embalarlo. Ante lo cual doña Mecha dijo: "No ese reloj que me despertó todas las mañanas desde que comencé a dar clases, se queda aquí en Victorica" y se lo regaló a él.
Allí está en la casa de la familia Funes. Germán ya partió, seguramente lo habrá recibido doña Mecha que se le adelantó, pero antes que ellos se fue don Lalo, el esposo, también maestro. El hombre del moñito, que fumaba cigrros de hoja y tenía una coupé.
Según cuenta Luisa y su hijo Cacho Funes, el reloj andaba perfectamente hasta hace unos años. Es a cuerda de fabricación extranjera y ellos lo cuidan como un tesoro familiar.
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miércoles, 28 de septiembre de 2016
domingo, 11 de septiembre de 2011
RECORDANDO A NUESTRAS MAESTRAS
Ingresamos a la escuela primaria el año 1951. No habíamos asistido a lo que hoy se conoce como jardín de infantes, o nivel inicial obligatorio a los cinco años, dado que en ésa época no existía como tal. Todos íbamos a la escuela caminando desde nuestros hogares, hasta tercer grado por la tarde y a partir de cuarto en horario matutino. Por la mañana solía estar el Vice Director Vicente Lucero, que al poco tiempo se jubiló.
Tuvimos la suerte de que nuestra escuela la Nacional Nº 7 de Victorica, estrenaba su nuevo edificio, construido dentro del Plan Quinquenal de Obras Públicas del Gobierno Justicialista.
Todavía estaban al frente de la escuela una fila de inmensos eucaliptus que eran lugar propicio para nidos de una bandada de loros.
Al costado estaban los juegos (hamacas, tobogán, argollas, columpio, sube y baja).
Los porteros tocaban la campana a la hora de entrada, en cada recreo y a la hora de salida. Ellos eran don Lorenzo Martínez, don Germán Funes y después llegó doña Luisa Zarasate.
Nuestra maestra de primer grado fue la señorita María Tránsito Lucero, quien anotó en el Registro de Asistencia la cantidad de cuarenta y un alumnos y alumnas.
Ella consignó en Observaciones: “día 5 mala asistencia motivada por la carrera automovilística, vuelta de La Pampa. Día 8: mala asistencia, día lluvioso.”
Un tiempo después el grado se dividió y a nosotros nos tocó el Inferior “B”, en el que éramos 32 alumnos.
El año 1952 fuimos al primer grado Superior “B” en la que tuvimos de maestra a Angélica Eguía, casada luego con Eduardo López empleado bancario. La cantidad de educandos ya había mermado a 25 alumnas y alumnos. Lo llamativo fue la disparidad de edades que convivían en el mismo grado, porque íbamos de 7 a 14 años. La edad máxima normal era de 8 años, pero había 14 alumnos que la superaban. Mi recuerdo es que la voz de la maestra era muy aguda y cuando la levantaba, tenía un registro bastante chillón.
Entregando mi libro "Historias de Vida" a nuestra maestra de 2º Grado Teresita López Scala 1999
En segundo fuimos a la sección “C” y nuestra maestra fue Teresa López Scala, una de las hijas del Dr. López Seoane. Recuerdo que cuando terminamos el año, me pidió si le regalaba los cuadernos. Como no podía negarme así lo hice. Ella fue quien nos preparó a un grupo para hacer la primera comunión ese año.
El año 1954 pasamos a tercero “A”. Éramos 26 compañeros de grado. Este curso tenía la particularidad que asistían los hermanos Pagella (Raúl Emilio e Irma Olga) hijos del mecánico Roberto; las hermanas Correa (Elisa y Dominga) y los hermanos Miranda (Julián y Sixta).
La maestra que nos tocó fue la señora Elena Lucero de Rodríguez, hermana de la maestra de primer grado Inferior. Comenzamos 27 y terminamos 23.
El año 1955 al comenzar el cuarto grado “A” nos volvieron a fusionar y llegamos a la cantidad de 32 alumnos. La maestra fue Albina Pablo, hija del comerciante Gaudencio Pablo y Manuela del Valle. En ese año compartimos con mi prima Teresa Esther Spadini. Creo que algunos recordarán que ese año a un compañero nuestro Francisco V. Falabella lo vinieron a buscar una mañana, porque se había perdido su hermano menor. Su familia no lo encontraba y habían dado parte a la policía. Al otro día supimos que el niño se había quedado dormido parado, detrás de la puerta que daba de la casa de familia a la entrada al almacén.
La segunda de la derecha es nuestra maestra de 5º grado Elvira P. Rodríguez
Al comenzar el quinto grado “A” el año 1956 éramos 41 alumnas y alumnos. También aquí hubo hermanos compartiendo el curso: los Aguiar (Celia Edith y Hugo Rolando), los Barboza (Donata y Roberto José), los Sosa (José María y Segunda). La maestra fue Elvira Peregrina Rodríguez de Viniegra.
Ya para esa fecha la Directora a cargo de la Escuela era la maestra María Bustos de Ares, porque a Nicolás Capello, dada su condición de peronista, había sido desplazado después de la caída de Perón, en septiembre de 1955. Luego de un tiempo se hizo cargo del grado la maestra Alicia Rebollo de sobrenombre “Hicha”, de la que se enamoró perdidamente nuestro compañero Nicolás Isidro Samuel Sejas, un dibujante a plumín muy bueno, que tenía por ese entonces 16 años, cuando la mayoría teníamos tan sólo 12. Después el grado fue subdividido nuevamente y terminamos con la maestra Celia Santamarina.
En primera fila Alicia Rebollo (reloj pulsera) y Albina Pablo. Atrás de blanco y sonriente Beatríz Urbano en la Casa de La Pampa año 1999
Por fin llegó el año 1957 y nuestro último grado, el 6º en el que nos tocó como maestra Elsa Beatriz Urbano. Ella y Elvira de Viniegra nos acompañaron en el reencuentro de los cincuenta años de egresados en el 2007.
Siempre recuerdo cuando el alumno Ubaldo Alberto Ricarde, que era muy inquieto y como era petiso la maestra lo había sentado en el primer banco frente mismo a su escritorio para tenerlo cortito. Cada vez que ella se daba vuelta para escribir en el pizarrón el Ubaldo aprovechaba para hacer alguna trapisonda, lo encontraba muchas veces volviendo de hacerlas y la maestra lo retaba. Pero llegó un día que Ubaldo, cuando la maestra comenzó con la filípica acostumbrada, alzó la voz, tomó el tintero del pupitre y le dijo en tono amenazante: “!mire señorita, mi papá me dijo que cuando usted me levante la voz, le tirara con el tintero!”.
Nosotros no sabíamos qué hacer, si reírnos o escondernos debajo del banco.
También recordamos a las maestras de Música Maruca Viniegra, a las de Actividades Prácticas como Irma Rebollo, Azucena Bazán, y en algunas suplencias a la esposa del Director la señora de Capello. Y a quien nos daba educación física la maestra Celia Santamarina, con quien después compartimos también los primeros años del Secundario en el Félix Romero.
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