lunes, 19 de enero de 2015

MAMÁ TRINIDAD

Un 19 de enero del año 1914 nació en el pueblo de Victorica, del entonces Territorio Nacional de La Pampa Central, en Argentina, la primera hija del matrimonio constituído por Jacinta Paz y el italiano Luiggi Cesanelli. La bautizaron con el nombre de Trinidad, que no es el nombre de su madre, ni tampoco de su abuela materna, por lo que supongo que pudo haber influído el almanaque gregoriano, o la tradición de la Iglesia Católica, dado que la Trinidad es en esta religión el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Habrá influído en esa decisión la madre, el padre o la abuela materna? No lo sabemos a ciencia cierta, pero podemos elucubrar. En primer lugar el vínculo matrimonial ante la Iglesia Católica, ni siquiera ante el Registro Civil estaba regularizado al momento en que nació la niña, que fue reconocida algunos años después.

La madre era la única hija mujer de su abuela, por lo que es dable suponer que debió tener mucha influencia en la parturienta primeriza, que se había embarazado con un italiano que todavía hablaba con alguna dificultad el idioma castallano.
En la fotografía de arriba, la única que se conserva, se puede ver a Jacinta Paz de Cesanelli con su hija mayor Trinidad, a su derecha y la más pequeña María Luisa del otro lado. Trinidad probablemente tendría alrededor de 13/4 años, siendo esta la única foto familiar a esa edad que poseemos. La misma fue tomada en el patio de la casa, en la esquina de las calles Sidebottom y Rodríguez en Victorica.

No tengo la fecha precisa del momento en que se tomó la fotografía, pero puedo estimar que fue alrededor de 1927/8, probablemente por un fotógrafo profesional, dado la pose en que aparecen.
En la toma de arriba se observa a doña Jacinta muy joven, cuando probablemente todavía era soltera. ¿Cómo se relacionó Jacinta con el italiano Luiggi Cesanelli? Tampoco tenemos memorias escritas, ni siquiera relatos verbales sobre esta cuestión, por lo que puedo recurrir a algunos datos sueltos y tratar de atar cabos.

El primer salón que abrió sus puertas a la diversión en Victorica a principios del siglo XX, fue el que construyera la comisión de la Sociedad Italiana. Los grandes impulsores de la idea fueron los comerciantes italianos de apellido Lemme que llegaron como proveedores del Ejército cuando se fundó el pueblo.

Por lo tanto todo italiano que llegaba a Victorica, a partir de la llegada del ferrocarril el año 1908, concurría a tomar contacto con esta sociedad de socorros mutuos, para que le facilitasen información sobre distintos aspectos. Seguramente así lo hizo el tano Cesanelli, que desde su llegada se dedicó a la construcción.

En la Sociedad Italiana se organizaban fiestas que incluían bailes y las tradicionales kermesses. Además se comenzó a dar cine mudo y también a organizar obras de teatro y otros cuadros que se presentaban apoyados por la Banda de Música de la localidad. Es altamente probable que en una de esas noches las miradas de Jacinta se cruzaron con las del italiano rubio de ojos verdes.
A la derecha de este collage se observa a doña Juana Paz, la madre de Jacinta y por lo tanto la abuela materna de Trinidad. Doña Juana fue una de las tantas mujeres que llegaron a Victorica cuando hizo su ingreso a la zona la columna colonizadora de los regimientos del Ejército Nacional que provenían de las provincias de San Luis y Córdoba.

Doña Juana, muy allegada al Fortín Resina y su gente con la que había llegado, fue además la madre de un hijo de un hermano del Coronel Racedo.

Doña Juana falleció en la década de 1930 y su hija Jacinta a principios de la década de 1960. Ambas descansan en el cementerio de Victorica.

Del matrimonio entre Jacinta Paz con el italiano Luis Cesanelli, quien había llegado a la Argentina el año 1908 y posteriormente ingresó al Territorio de La Pampa, con la empresa constructora que levantaba las estaciones, las casas de los empleados y los galpones de la línea del Ferrocarril del Oeste, nacieron cuatro hijas.

La primera fue Trinidad, le siguió Selva, luego llegó Rosa y finalmente la menor María Luisa. Todas fueron a la escuela de niñas Nro. 8 del pueblo de Victorica. Trinidad siempre recordaba a una de sus maestras, la señora de Eguía.
Después de egresar de la escuela primaria, el padre de Trinidad, que necesitaba que su hija mayor continuara aprendiendo para que posteriormente le pudiese ayudar en su escritorio de la empresa que había puesto en marcha, la llevó a Mercedes (Provincia de Buenos Aires) donde la dejó pupila, cuando probablemente tendría alrededor de trece años.

Lamentablemente Trinidad a los pocos meses estubo de regreso al seno familiar, dado que no se adaptaba y extrañaba mucho a su familia, principalmente a sus hermanas. A partir de ese momento se dedicó a aprender lo que el mandato familiar tenía asignado para las mujeres, en primer lugar oficios que tuviesen relación con las necesidades del hogar paterno o el que en el futuro pudiesen formar.

Fue por eso que Trinidad fue a las academias particulares de Corte y Confección y también a la de piano de la señora de don Germán Castillo. Su hermana Selva fue empleda en la sastrería del italiano Garzanitti. En tanto que su hermana Rosa ingresó en la década de 1950 al Hospital Luisa Pedemonte de Pistarini, lugar donde se jubiló, es la única de las hermanas que aún vive con su hija Graciela Gracia en Victorica.
Al poco tiempo Trinidad se hizo de novio con uno de los empleados de su padre en la empresa constructora. Se trataba del joven Marcial Roldán, oriundo de una familia chacarera de Loventuel formada por doña Elina García y don Cirilo Roldán.

En la foto de arriba se aprecia a doña Elina García ya viuda de Roldán y de riguroso luto, acompañada de su hija Felipa y los novios Marcial y Trinidad. El camión que se observa era el Rugby, propiedad de don Luis Cesanelli.

Trinidad y Marcial se casaron el 27 de septiembre del año 1941. De su matrimonio nacieron seis hijos, cuatro varones y dos mujeres. Luis Ernesto, Irma Angélica, Rodolfo Oscar, Mirta Zulema, Juan Carlos y el más pequeño Raúl Alberto.

Trinidad siempre se dedicó a atender las tareas del hogar y la crianza de sus hijos, a todos los que ayudó con ese cariño especial que ponen las madres, después hizo lo mismo con sus nietos cuando ya estaba viviendo en Santa Rosa (La Pampa) donde falleció a comienzos de la década del 2000.

Una de las anécdotas que siempre me solía contar mi madre es que sus amistades le solían preguntar, después de un año de casada, si tenía algún problema para tener hijos. Esa pregunta se repetía cada vez más a menudo a lo largo de cinco años hasta que se supo que en la segunda mitad del año 1943 estaba embarazada, habían pasado más de cuatro años. Después ella se reía al recordar esas preguntas insidiosas, porque al final alumbró a media docena de hijos y siempre mediante parto natural.

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