miércoles, 22 de julio de 2009

BIENVENIDA SEA LA NIEVE

ANTE LA FALTA DE LLUVIAS
Como hoy está nevando en varios lugares de nuestra provincia de La Pampa, y dada la intensa sequía que está afectando a los ganaderos, que están viendo morir sus vacas, vayan estos recuerdos de otros tiempos.
Entre los abuelos de la Zona Noroeste de La Pampa hace como cincuenta años atrás, todavía quedaban recuerdos y anécdotas de la copiosa nevada del año 1923.

Época en la que los campos no estaban demasiado subdivididos, y en los que fundamentalmente se criaban ovejas, unas pocas vacas criollas y generalmente se contaba con una buena manada de caballos y mulas para los carros.
La mayor cantidad de las familias vivía en el campo y en los pueblos una menor concentración. Pensemos que eso llevó a los Salesianos a habilitar Internados en las escuelas de nivel primario, en General Acha, en Victorica y en Santa Rosa. A ellos se sumaron también las congregaciones de monjas que habilitaron internados para niñas.

“En el esquinero me encontré con el “turquito” Amado que venía de “La Faja Negra”. Dice que está entrando mucha avestruzada del lado de La Pampa y aquí mesmo ya se ha notado. La pluma está muy güena y él la paga bastante bien”

Este párrafo pertenece a la introducción de un relato de Nicolás Navarro titulado “La gran nevada de 1923”. La llamada “Faja Negra” es la zona de sutura entre el norte de La Pampa y el Sur de San Luis, donde los agrimensores cometieron errores al efectuar las mensuras y parte de tierras que eran pampeanas quedaron en jurisdicción de San Luis, que ya había sido beneficiada por la ley 1532 que bajó el límite norte del paralelo 35 al 36. Voy a transcribir algunos fragmentos del mismo, dado que las peripecias y los sacrificios que pasaron en aquella estancia al Sur de San Luis, debieron ser los mismos que debieron afrontar los pobladores de los campos del noroeste de La Pampa.

“!Aquella sí que era una tormenta de Santa Rosa…! Durante el último día de agosto –y también último día del temporal- la mortandad escaló al grado de estrago. Si bien no se tienen registros fehacientes, la velocidad del viento, por momentos, debió superar los 70 Km/h. La precipitación se intensificó, de suerte que el manto de nieve alcanzó, inusitadamente a los cuarenta y cincuenta centímetros de espesor y la temperatura descendió a límites inaguantables.”

Ahí está caracterizado el fenómeno climático combinado de nieve abundante, lluvia, vientos huracanados y baja temperatura extrema, con la que tuvieron que enfrentarse hombres y animales.

Navarro pinta con crudeza los efectos negativos sobre los animales y el patrimonio del propietario de la explotación.

Los hermanos Basilio y Secundino Romero, días después de la nevada de 1952 en Victorica.

“El ganado equino y bovino que se había resguardado al abrigo de las isletas o de los médanos, fue desalojado y arreado hasta dar contra los alambrados; donde la mayor parte murió congelado, formando en algunos casos, macabros montones. Tanto que en los días siguientes al terrible temporal, los mensuales tuvieron que retirar, a cincha de caballo y lazo, los animales muertos, uno a uno, para permitir que la brigada de peones contratada al efecto, pudiese quitarles el pellejo”.

Y continúa seguidamente el relato con algo sobre lo que también tuvimos noticias en la familia Young de Victorica y según la cual el abuelo fundador de “Los Cerrillos” les pagó a los hijos algunas monedas por cada cuero rescatado sano para la venta posterior.

“Los ocho trabajadores que la componían, provenientes de la localidad de Cochequingan, recibieron, además del alojamiento y comida, m$n 2,oo (dos pesos moneda nacional) por día y veinte centavos, de la misma moneda, por cuero.”

No he visto hasta ahora registros fotográficos de la nevada del 23 en la zona rural y es comprensible. Si alguna copia en mal estado de la que tomara Vidal Saenz que tenía en su poder don Antonio Marzano un antiguo poblador de Victorica fallecido hace años.

Por la altura de las piernas sumergidas probablemente la nieve caída en junio de 1952 haya oscilado alrededor de los treinta centímetros.


Algunas personas que llegaron a instalarse en Victorica, argentinos o inmigrantes. Se vieron gratamente sorprendidos por la nevada del año 1952, que aunque menor en intensidad a la de 1923 tuvo también un registro de 30 centímetros.

Así don Domingo Andrés Frois Regis que provenía de La Plata y que tenía un espíritu de niño, siempre jovial, aprovechó que su amigo Vidal Saenz andaba con la cámara para sacarse una foto en la esquina de la plaza, frente a la cual tenía instalada su farmacia “Del Pueblo”.

También los hermanos Romero, españoles que habían dejado su terruño como otros tantos inmigrantes, escapándole a la guerra y a la falta de trabajo, se vieron gratamente sorprendidos por ver nieve en las calles de Victorica donde hacía mas de dos décadas habían llegado a trabajar en la antigua casa de Ramos Generales de Llorens, Antich y Cía, donde también había recalado antes su primo don Gaudencio Pablo.

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