jueves, 26 de febrero de 2009

ASCENSO Y OCASO DEL HOTEL FRANCÉS

El conocido Hotel "Francés" de Victorica, fue puesto en marcha por don Domingo Lemme, uno de los comerciantes pioneros del primer pueblo pampeano.

Años después se lo vendió a don Bautista Cazaux, comerciante de la Isla del Chalileo, la que habían abandonado junto a su familia por las inundaciones del río Atuel en 1918. La operación originó un grave litigio, dado que en el boleto de compraventa Lemme puso que el edificio era de material, pero cuando se cayó parte del revoque, Cazaux descubrió que en realidad era de adobes crudos.

El local tenía piso de pinotea lustrada. En sus mejores épocas sus paredes estuvieron empapeladas y los ventanales y puertas adornados con hermosos cortinados. Las lámparas eléctricas completaban una buena iluminación para las actividades nocturnas del Bar como del Restaurant.

En el centro del patio existía un gran aljibe, un Molino y un tanque para almacenar agua, con la que se proveía a cada habitación y los baños. Una hilera de habitaciones tenía ventanal a la vereda y otra, en el contrafrente, estaba situada en el interior. Se accedía a ellas por un amplio zaguán o desde el patio trasero donde se guardaban los transportes. El Hotel tenía un terreno de 50 por 50 metros, o sea un cuarto de manzana, por lo que tenía un buen espacio para los carruajes o posteriormente automóviles de los pasajeros.

En la época de la gestión del Hotel por la Familia Figueroa en ese sector funcionó la pista al aire libre del desaparecido Club Independiente que se había fundado a mediados de la década del cincuenta.

Interior del salón comedor del Hotel "Francés" en la época que lo regenteaba don Marcos Figueroa y su familia. Década del sesenta.

Don Domingo Lemme fue intendente de Victorica desde diciembre de 1890 hasta mayo de 1891, momento en que aparece Capdeville, reclamando por la propiedad de las tierras donde se había fundado el pueblo.

Don Pedro Cazaux, uno de los cuatro hermanos, fue intendente desde octubre de 1914 hasta febrero de 1916. En tanto que su hermano Lorenzo Cazaux fue intendente entre mayo de 1924 y abril del año 1927. Volvió a serlo entre octubre de 1933 hasta noviembre de 1934. Lorenzo, también fue Juez de Paz desde septiembre de 1920 hasta fines del año 1921.

Este fascimil de una factura del Hotel "Francés", ya en poder de Cazaux Hermanos, permite apreciar en su logo alguna de las actividades extras, adicionales a la hotelería, que se promocionan.

Don Bautista Cazaux, tenía cuatro hijos y una hija que se casó con un señor de apellido Gouggy, quienes se instalaron en Carlos Casares (Pcia. de Buenos Aires). Don Lorenzo estuvo viviendo con ellos, pero a fines de la década del cincuenta y principios del sesenta se vino a Victorica donde se sentía más cómodo porque aún quedaban algunos de sus amigos. Lo conocí cuando fui cantinero con mi abuelo en el Club Social. Don Lorenzo venía diariamente, luego de ayudar en algunas tareas a los Figueroa y junto supimos compartir con otros amigos largas conversaciones, café de por medio, o mesas de chinchón o de codillo que lo entusiasmaban.

Los cuatro hermanos eran Lorenzo, Alfonso, Pedro y Juan Mario, que también fue juez de Paz desde fines de 1924 hasta mediados del año 25. Además del Hotel tenían enfrente un Almacén de Ramos Generales, en el sitio que a fines de la década del cuarenta, se construyó la sucursal de Federico Calandri y Cía. Algunos de los hermanos Cazaux tuvieron además chacras en la Colonia Victorica.
Foto que permite apreciar la fachada externa del Hotel "Francés", ya en franco deterioro por falta de mantenimiento.

El reconocido Hotel de los Cazaux, tuvo la primacía sobre los demás porque en él se instalaron todas las nuevas tecnologías y entretenimientos que iban apareciendo. Allí se dieron funciones de cine en la época del "Biógrafo" como se decía. En su salón se realizaron grandes agasajos y acontecimientos, dado que contaba con equipo propio para generar energía.

El Hotel fue también el lugar fundación de dos clubes. Allí se realizaron las asambleas constitutivas del Club Cochicó el año 1923, de la que Lorenzo Cazaux formó parte como Tesorero. Seis años después en el mismo lugar se crean las bases de un nuevo Club que se denominó "Juventud Unida" y de la que también formó parte Lorenzo Cazaux, junto a Luis Cesanelli, Sebastián Carballo, Silvano Constantino, Francisco Laray y otros.
La demolición permite apreciar con luz natural, uno de los grandes frisos que pintara el italiano Ludovico Brudaglio al promediar la década del diez del siglo XX, enfrente sobre la pared ya demolida estaba otro del mismo tamaño con otro motivo.

Los carnavales con los corsos callejeros se realizaban entre el Hotel Francés hasta la esquina de la plaza donde estaba la Fonda de los Imbelloni.

Generalmente cuando visitaban la localidad autoridades o personajes del ambiente cultural se hospedaban allí, por ser las mejores instalaciones y servicios afamados en cuanto a hospedaje y restaurant.

El autor de los frisos Ludovico Brudaglio que se casó con la hija de Maidana en Victorica, donde además de la pintura ejerció la profesión de fotógrafo y trabajó en la casa de Ramos Generales de J.J. Llorens, J. Antich y Cía.

Brudaglio dictó cursos de dibujo y pintura en la Biblioteca Bartolomé Mitre, luego de dejar el empleo. Con los ahorros que habia logrado se compró una máquina de fotos y comenzó a ejercer de "chasirette". Algún antiguo poblador de Telén me supo mostrar fotos al pie de las cuales estaba el nombre de Ludovico.

Se hospedó en el Hotel y probablemente el trabajo de realizar los frisos que le encargaron los Cazaux para hermosear su salón Comedor, le produjeron ingresos para pagar los gastos de alojamiento y comida.

Años antes de la demolición total. Victorica ya tiene pavimentada sus calles centrales, pero el antiguo esplendor del "Francés" ha cesado.

En el Hotel "Francés" tuvieron su parada las "Mensajerías" y luego sucesivamente las distinas compañías de colectivos que provenían de Trenque Lauquen, de Santa Rosa o desde Villa Mercedes (San Luis)

También las carreras cuadreras hasta la década del veinte en que se prohibieron hacerlas en las calles del centro, se realizaban entre el Hotel "Francés" y la Fonda de los Imbelloni.
En el lugar donde durante más de noventa años funcionó el Hotel "Francés", desde hace unos años se construyó la sucursal Victorica del Banco de La Pampa.

martes, 24 de febrero de 2009

RAICES DE NUESTRA IDENTIDAD

Creo que fue el escritor mexicano Carlos Alonso, quien ha expresado que "los mexicanos descienden de los Aztecas, los peruanos de los Incas y los argentinos de los barcos".

Por supuesto que se trata de una "chicana", para hacernos saber que no tenemos identidad, dado que nuestra nacionalidad ha sido producto de una mezcla muy polifacética de culturas. A pesar que durante muchas décadas, alguna generación se creyó que eramos Europa trasplantada a la América. Fueron los momentos que tomábamos distancia de los países hispanoamericanos, con profundas raíces mestizas.
Fachada del Hotel de los Inmigrantes, recuperado y convertido en Museo Nacional.

Nuestros abuelos, abuelas, bisabuelos y bisabuelas, junto a tios y tías, llegaban en barcos que partían de puertos europeos, que trasladaban miembros de familias, de naciones no sólo europeas, sino también asiáticas.

La mayoría de los inmigrantes pobres venían a América por varias causas, entre ellas las más comunes eran, escaparle al hambre y a la guerra. También coincidían en la intención de trabajar algunos años "hacerse la América" y volverse a su Patria, junto a su familia. Pero para la mayoría las circunstancias fueron muy duras y no les fue posible volver.

Luigi Cesanelli dejó en Sant´Angelo de Impontano, provincia de Macceratta, frente al Adriático a sus padres Salvador y María Ricucci y a sus hermanos. A los que nunca volvió a ver, porque jamás pudo regresar.

Los barcos atracaban en un espigón, frente al Hotel "de los Inmigrantes", hoy convertido en Museo. Si entre la tripulación o el pasaje se detectaba alguna enfermedad contagiosa, se imponía a la totalidad de esos pasajeros y tripulantes lo que se llamaba "la cuarentena", en alusión a los cuarenta días que debían transcurrir, desde su llegada hasta que, después de vacunados eran autorizados recien a descender.

El descenso se hacía frente al Hotel, donde luego de registrarse en las oficinas de Migraciones, las familias o personas eran alojadas en las instalaciones del mismo. Allí recibían alimentación, hasta que estuviesen en condiciones de sobreponerse a las peripecias del viaje (que para los pobres era en tercera clase) y emprender por sí mismos los contactos con sus parientes que ya estaban en Argentina, y ofrecer su fuerza de trabajo y experiencias a algún "paisano" de la colectividad y comenzar a ganarse los primeros "garbanzos".

En el caso de nuestro abuelo italiano Luigi Cesanelli, el viajó con un primo José Cesanelli, quien se afincó por Luan Toro, casándose con Rosa Zaldarriaga. Cuando llegaron la Argentina estaba en ebullición, rumbo a la fiesta del Primer Centenario.

Este es el Comedor del "Hotel de los Inmigrantes", con las mesas y réplicas de panes, donde comían los adultos y los niños diariamente. Foto Lerc julio 2001.

Cesanelli, Leyton y Lamónica, según testimonio oral de Carmelo Lamónica (h), habrían sido contratados por la empresa que estaba construyendo las estaciones, las casas, los galpones y las demás dependencias del Ferrocarril del Oeste, que ya se había internado en el Territorio Nacional de La Pampa Central.

Cesanelli llegó el año 1908, a la edad de veinte años, justo cuando el Ferrocarril estaba terminando los tramos de Monte Nievas a Telén, que sería la punta de riel, pero con la perspectiva de continuar luego rumbo al Pacífico.

Los proyectos de las empresas ferrocarrileras de esos años tenían previsto grandes inversiones en extensión de líneas. Así por Victorica además de la línea del Oeste que fue la primera en llegar, estaba previsto que la línea que venía del puerto de Bahía Blanca y que ya estaba en Toay desde 1896, proseguiría rumbo a Victorica, con destino final Villa Mercedes (San Luis).

Por otra parte la línea del Oeste, que llegaría a Winifreda, tenía prevista la prolongación (pasando por Victorica) rumbo a Mendoza y desde allí a Chile.

Victorica era el principal centro urbano poblado del Territorio, según la constatación del II Censo Nacional de Población de 1895 y hasta los primeros años del 1900. Probablemente si no hubiese existido el enfrentamiento entre Alfonso Capdeville y un sector que creyó ver amenazados sus intereses, que partió la sociedad en dos bandos y originó la fundación de Telén en 1901, esa primacía, se hubiese sostenido. Además si se hubieran llevado a cabo las nuevas líneas forraviarias que la hubiesen convertido en un importante nudo de las comunicaciones de mercaderías y personas, eso la habría consolidado.

Pero la primera Guerra Mundial, iniciada en 1914 paralizó todos los proyectos y luego de finalizada la misma, las inversiones no se hicieron, comenzando el éxodo. Algunos hacia Telén, otros retornando a sus países de origen y muchos a otros pueblos del Territorio que habían comenzado a tener importancia como General Pico (que se había fundado en 1905) y Santa Rosa, que ya se había convertido en la nueva Capital.

Nuestros bisabuelos y abuelos inmigrantes traían sus petates, en baúles, valijas, volsos, cajas, de los mas diversos materiales, tamaños y colores. En este sector del Museo se puede apreciar una pequeña muestra de los mismos. Foto Sigar julio 2001.

Luiggi Cesanelli se casó con Jacinta Paz, hija de Juana Paz, de marcados rasgos aborígenes, que había venido con las tropas fundadoras del Fortín "Resina".

El piamontés Carmelo Lamónica se casó con una "paisana" italiana de apellido Bessone y Teodoro Leyton se casó con una criolla de apellido Medina.

Cesanelli y Leyton fueron socios durante varios años. Todos ellos construyeron sus casas en Victorica donde albergaron sus familias. Aparentemente la más antigua es la de Carmelo Lamónica que aún se mantiene en pie. La de Leyton que esta ubicada frente al lateral izquierdo del Colegio Maria Auxiliadora, de ladrillo a la vista aún está también en pié. Y la del "tano" Cesanelli, también resiste el paso del tiempo, en la esquina, frente al actual Cuartel de Bomberos Voluntarios. Tiene pisos de mosaico fabricados en su propia fábrica y está revocada con materiales y mano de obra de muy buena calidad, los que se mantienen intactos pese a su más de 80 años de antigüedad.

miércoles, 18 de febrero de 2009

LA RUTA DE LA LANA

La oveja, desde el momento en que se poblaron los campos confiscados al indio, y que ya estaba encerrada en los límites de las provincias de San Luis, Mendoza, Buenos Aires, tuvo una expansión hacia el sur.
Una de las zonas de mayor desarrollo fue justamente la cuenca de la confluencia de los ríos Atuel y Salado, con agua abundante y mucho pasto natural, donde supieron pastar más de 250.000 cabezas. Cuando en toda La Pampa llegó a criar más de 4.000.000 de lanares.

En los años que van entre 1882 a 1914 comienzo de la primera Guerra Mundial, Inglaterra era el principal comprador de lana para alimentar a su afamada industria textil. Nos compraban lana sucia y nos vendían telas y casimires.

Uno de los tantos que llegaron a La Pampa con muchas ovejas, algunos caballos y pocas vacas fue don Máximo García, acompañado por su amigo Ramón Galindez y por don Nicomedez Gomez, quienes compraron campos justo en el límite entre el Territorio Nacional de La Pampa Central y la provincia de San Luis.
Esta foto es una toma preparada especialmente por el dueño del carro don Vicente Serraino, quien está de pañuelo blanco y sostiene en sus manos los aperos de la mula.

Para que el fotografo pudiese registrar el momento su truco consistía en desatar la otra mula, atar el "muchacho" de atrás y colocar todo el peso al fondo del carro.

Esta toma es de alrededor de 1923/4, a la izquierda se encuentra don Isidoro Orgales quien era gerente de la Casa de Ramos Generales J. Llorens, J. Antich y Cía. de Victorica que tenía sucursal en Santa Isabel.

La ocasión del oportuno fotógrafo es porque formaba parte de la comitiva que viajó a Santa Isabel a entregar los primeros Ford "T" vendidos por la firma, uno de los cuales lo adquirió don Angel Nicolás, un árabe que se había instalado en un campo cerca del Salado con su familia.

El edificio que se observa era la "Barraca" de Eladio Rodriguez en la década del cincuenta. El encargado del escritorio era su hermano Alberto Rodriguez. Allí trabajaba el "Chocho" Gatica, el paisano Orozco y otros peones como uno de los indios Pral.

Las huellas, antiguas rastrilladas indigenas, se fueron convirtiendo en caminos de una sola mano para los vehículos que comenzaron a poblar la geografía del campo pampeano.

Javier Pérez, parado, conduciendo el camión de don Corsino Pérez, de Telén, paradas sobre el estribo sus hermanas Maricha y Laura, sobre la pila de lienzos un peón. Los camiones ya habían desplazado a los antiguos carros, aunque todavía los caminos eran guadales sobre todo en la "travesía" de Telén para el oeste.

Por pasar con voluminosas cargas de lanas don Máximo se enfrentó a Sidebottom ex capitan del ejercito Inglés, quien le había alambrado el camino vecinal y hechado llave a las tranqueras, obligándolo a dar una extensa vuelta con los carros y la recua de mulas, alargando el trayecto no en horas, sino en días.

La "Comparsa" de esquiladores acaba de entrar al campo "Las Vertientes" de la zona de Carro Quemado, con la máquina y los "bártulos" de sus componentes.

Pero para que llegara la lana al puerto y de allí embarcarla rumbo a Europa, primero había que realizar en los campos la tarea de esquilar las ovejas. Miles y cientos de miles de cabezas de ovejas, carneros, corderos, borregos, eran sometidos al proceso de la esquila.

Lo que se llamaba vulgarmente "la comparsa", que está integrada por un camión en el que se transporta la máquina esquiladora y algunos bártulos de los esquiladores, como elementos para cocinar y para dormir.

También un carro que se ve a la par, y un perro ovejero enseñado especialmente para el trabajo del encierro de las ovejas en el corral.

Y varios hombres, uno era el cocinero, otros hacían el trabajo de agarrar las ovejas y maniatarlas cerca de donde estaban los esquiladores con los peines de la máquina.

Esta comparsa tiene más de quince integrantes, entre el que está también el camionero. Las máquinas podían tener cuatro, seis u ocho brazos en cada uno de los cuales se apostaba el esquilador.

Cuando la lana tuvo buen precio en el mercado internacional, los ganaderos se encontraron con mucho dinero que invirtieron, gastaron y ahorraron los más previsores. Pero cuando llegó la década del treinta algunos consignatarios y representantes quebraron y no les pagaron las lanas a los productores que sufrieron el incumplimiento, sin siquiera iniciar juicio.

lunes, 16 de febrero de 2009

"CATEDRALES DE LOS PAJAROS"

El caldén, huitrú en araucano y trumphel huitrú en ranquel, es el árbol declaradó típico del bosque nativo de la Provincia de La Pampa. Huitru Mapu significa tierra del caldén. Es un árbol de hojas pequeñas y espinoso por estar dentro de la zona árida. En épocas de sequia como la actual, el fruto (la chaucha) es un buen alimento para el ganado. Y en época de "temporal" (granizo, nevadas, lluvias copiosas, frios intensos o altas temperaturas) son un excelente resguardo para los animales.

Foto tomada por Tony Pescara para ilustrar su nota en Caldenia. Se puede comparar el diametro y la altura, con los cuerpos de los alumnos subidos a este magnífico y añoso ejemplar de caldén, del campo de la Escuela Agrotécnica de Victorica.

Mientras estas tierras estuvieron en manos del aborigen, el bosque permaneció intacto, salvo los incendios y el aprovechamiento de la leña para los fogones. Los aborígenes ahuecaban los troncos de los grandes caldenes como estos, para juntar el agua de lluvia. A estos reservorios, a veces ocultos a los ojos extraños y no conocedores, se les conoce como Tinajeras.

El Caldén junto con el aborígen están integrados en el logotipo que La Pampa eligió como su escudo provincial a partir de 1961.

Foto tomada hace una década, en el parque de la Laguna Guatraché, donde aún se conservan algunos formidables ejemplares de caldén como este.

Algunos han bautizado a estos portentosos ejemplares como las "catedrales de los pájaros", dado que en su extendido ramaje los pájaros del bosque nativo construyen sus nidos, bien arriba para evitar depredadores.

El caldén que al aborigen le daba leña, postes para sus corrales, chaucha para alimento y vasijas para juntar agua, fue aprovechado décadas después con fines industriales. Se instalaron aserraderos, para hacer no sólo leña que se enviaba a las panaderías para alimentar los hornos, sino también se puso de moda el parquet para pisos de caldén y también los muebles.

Asimismo el desarrollo de los alambrados, la subdivisión de los campos, el apotreramiento, la apertura de caminos, incentivó la demanda de postes y varillas de caldén no sólo dentro de La Pampa, sino tambien en las provincias aledañas. Buenos Aires, Mendoza, Neuquén, y Río Negro fueron receptoras de productos forestales del bosque de caldén. También el caldén es utilizado para hacer bebidas, comederos y tranqueras para los animales.


Este ejemplar extraordinario de caldén estaba hasta hace veinte años atrás en la zona de Trenel. Quien se observa mirando la cámara es Hector Walter Cazenave, geografo, investigador y escritor pampeano.

La primera y segunda Guerra Mundial entre 1914 y 1919 una y entre 1939 y 1945 la otra, fueron momentos algidos del desmonte y la tala del caldén porque estas guerras impedían que llegara a la Argentina el carbón de cooke desde Liberpool.

Esto llevó a que se hicieran andar las máquinas locomotoras con leña de caldén, que aunque tenía menos calorías y por lo tanto levantaban menos presión al vapor de agua, sirvió durante esos años para que los ferrocarriles continuaran funcionando, dado que el carbón de Rio Turbio no era apto.

Una máquina con carbón importado de Inglaterra tiraba hasta sesenta vagones. La misma máquina alimentada su caldera con leña de caldén solo soportaba cuarenta a cuarenta y cinco vagones con igual carga.

sábado, 14 de febrero de 2009

FABRICA DE FIDEOS

Los vecinos de Victorica del 30 tuvieron la oportunidad de tener una fábrica de fideos en la localidad, que les permitía el acceso a pastas frescas, sobre todo en la época en que aún vivían varios de los italianos afectos, ellos y sus descendientes, a este tipo de alimentos.

Recordemos que en Victorica en 1904 se inauguró un moderno edificio de la “Sociedad Italiana Humberto Primo” y que por los alrededores existía lo que Pedro Telmo Lobo denominó “el barrio latino”, por la cantidad de familias de descendencia italiana que estaban afincadas.

El empresario industrial que puso en marcha la fábrica habría sido don Ceferino Huarte. Según nos contó su nieta Yolanda Huarte, quien nos facilitó las fotografías, don Ceferino no sólo vendía la producción en Victorica, sino también levantaba pedidos en los pueblos vecinos, que él mismo entregaba. Aparentemente el empuje inicial dio como para llegar hasta el sur de San Luis, en aquella época de caminos de tierra.


El personal posa para el fotografo en plena tarea de producción. Hombres jóvenes ¿y las mujeres?

La fábrica estuvo instalada en el local de su propiedad en la esquina de las calles Jaime Sidebottom y Coronel Ernesto Rodríguez, cruzando la calle estaba la casa de familia de los abuelos Cesanelli-Paz, uno de los italianos y dos cuadras más allá la panadería de los Marzano, enfrente de la panadería vivía el italiano Orestes Marini, el placero.

Es la primera noticia que tenemos de este emprendimiento, dado que cuando conocí el edificio, ya estaba instalada allí la Barraca de Eladio Rodríguez en la década del cincuenta.
En una de las habitaciones de la casa de familia de ese antiguo edificio, Sara García comenzó con un Instituto Regional de Enseñanza Privada Integral.

Por lo que se observa en una de las fotos, en la fábrica trabajaban tres o cuatro personas, lo cual da una idea aproximada del volumen de producción que pudo haber alcanzado, dado que para la misma se empleaban también maquinarias.

Por lo que se puede apreciar hubo una oportunidad laboral para jóvenes, que se iniciaron en una tarea no tradicional. En una bandeja se puede ver tallarines y en la mesa de al lado otras pastas puestas a orear.

La industria de la alimentación, como la producción de pan y galleta, las sodas y bebidas gaseosas, los chacinados, las hortalizas y hasta algunas frutas tuvieron como vemos en este caso un desarrollo local importante desde 1900 hasta el mediados del treinta, comenzando desde allí una lenta declinación que termina de agotarse por una serie de circunstancias internacionales, nacionales y propiamente locales.


En el salón de la esquina funcionó la Fábrica de fideos de Ceferino Huarte

También el desarrollo de la vid tuvo comienzos promisorios y aún hasta hace algunas décadas atrás todavía quedaban en algunas antiguas casas de familia restos de frondosos parrales que supieron proveer de uvas frescas para la mesa.

Aún hoy en la Estancia "La Marianita" hay parrales plantados probablemente por don Ceferino Huarte, o acaso por don Máximo García su suegro, que fue tambien vitivinicultor, y que aún producen sus buenos racimos de uvas frescas.


Después don Ceferino se dedicó de lleno a las actividades agropecuarias y abandonó este emprendimiento de fabricar pastas frescas para las mesas victoriquenses y sus alrededores.

En la Guia que publicó el Ferrocarril del Oeste bajo el rubro Industrias se incluye una "Fideería" (sic) cuyo propietario por 1938 (año de publicación) era don Tomás Rodriguez Bouciguez.

miércoles, 11 de febrero de 2009

HACE UNA DECADA

Hoy hace diez años que presentamos el libro que titulé “Historias de Vida”, acompañado de un subtitulo ambicioso: “De personas, pueblos, instituciones y regiones”.

Lo hicimos en el salón histórico del Club Cochicó de Victorica como parte integrante de los actos de un aniversario más de nuestro pueblo natal. Esa tarde del 12 de febrero de 1999, me acompañaron, amigos, funcionarios y parte de mi familia, haciendo de presentadora, la maestra y profesora, Celia Porras de Ludueña.


El libro lo dediqué como homenaje a dos maestras que luego fueron profesoras nuestras en la Escuela Nº 7 y la Escuela Provincial de Comercio “Félix Romero” de Victorica. Ellas fueron quienes nos contagiaron el “bichito” de la lectura, María Mercedes Bustos Bazán de Ares y Lucy Palmieri, quienes nos introdujeron en la literatura y nos estimularon con su ejemplo.

Me ayudó en la corrección y aconsejó sobre el armado de los capítulos, la desaparecida escritora pampeana Victorina Carlassare de Defonteynes.

El libro está incorporado como consulta dentro de la Bibliografía de Historia Regional de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Pampa y es constantemente consultado por quienes quieren indagar algo sobre nuestro pasado de los pueblos y las instituciones de la región del noroeste pampeano.




El texto fue editado por el Centro Cultural del Oeste Pampeano, el que creamos junto a otros victoriquenses con inquietudes en 1985, y a quien doné la mayor parte de la tirada de 1.200 ejemplares.

A todos quienes colaboraron muchas gracias y a quienes utilicen los textos allí reunidos, lo único que les solicito es que tengan a bien citar la fuente.

LOS COMIENZOS

El 12 de febrero de 1882 figura en los registros del Ejército Nacional como el día en que se fundó el Fuerte, que el coronel Ernesto Rodriguez, bautizó con el nombre del entonces ministro de Guerra General Benjamín Victorica.

Pero entre la culminación de la denominada "Batida Preliminar" que llevó el Ejército en 1879, dentro del contexto de la macro operación que se bautizó por parte de Avellaneda como "Conquista contra el Desierto" y ese día de febrero del 82, hubo colonos que se asentaron en las tierras recientemente confiscadas al aborigen.

La penetración de la III División al mando del coronel Eduardo Racedo en 1879 fue acompañada por Fray Marcos Donatti un cura de la Iglesia Franciscana de Rio Cuarto (Córdoba).

Las tropas estaban integradas por Regimientos provenientes de Sarmiento (Córdoba) y Villa Mercedes (San Luis), junto con ellos venía el escuadrón de lo que se conocía como "los indios amigos".

Estas cuatro fotografías que acompañan estos sintéticos recuerdos fueron rescatadas justamente del Convento de Rio Cuarto por el entonces diutado provincial Máximo Guzman y el historiador Carlos Depetris. El total de las copias referidas al momento de la fundación de Victorica están en el Archivo Histórico Provincial.

Como estas eran "tierras nacionales", las quince mil leguas que se incorporaron fueron la base de lo que la ley 1532 organizó como "Territorios Nacionales". Por aquellos tiempos los nacimientos, casamientos y defunciones se registraban en las parroquias. Por eso quien indague sobre nuestro pasado deberá recurrir a los archivos del Convento Franciscano de Rio Cuarto. Después de 1885 en que llega el primer Gobernador militar a La Pampa Central, deberá investigar en los archivos de la Iglesia de General Acha que pasó a ser capital de la entonces "Gobernación de La Pampa Central" y recién a partir de 1893 encontrará asientos en los libros que se encuentran en el Registro Civil de Victorica.
En esta toma se observan algunos soldados, un grupo de aborígenes y algunos criollos y paisanos.
Unos actuaban como "baqueanos", otros como "proveedores" de las tropas y algunos como "adelantados" de primera línea de colonos.

Quien conozca Victorica o la quiera conocer se dará cuenta, cuando transita por la ruta 10, antes de la entrada, que está rodeada de dunas, porque fue fundada en una hondonada, donde había agua fácil, leña y resguardo de los vientos.

Aquí vemos a otro grupo protagonista temprano de la fundación y colonización de Victorica. Las mujeres. En este caso descendientes de aborígenes que se desplazan en busca de agua y leña. Se puede observar las dunas que la rodean.

En esta toma se ve a las tropas formadas a "diana" al momento de izar el pabellón nacional y recibir las órdenes del día. Se observa además parte de las carpas del campamento, junto a las cuales hay postes de caldén con horqueta, sobre la que está cruzada una varilla de caldén, para atar las cabalgaduras.


lunes, 9 de febrero de 2009

ANTIGUOS BOLICHES VICTORIQUENSES

Victorica, como todo pueblo de frontera tuvo desde sus inicios los denominados “Boliches”. Los boliches de campaña y los boliches urbanos. Pero no sólo en los “boliches” se expendía bebidas al mostrador, sino también en aquellos que estaban registrados como almacenes. Incluso hasta los de Ramos Generales supieron tener algún sector en el que se vendía bebidas en copa para degustar allí mismo.

Hasta los Hoteles o Restaurantes, también vendían bebidas al mostrador en su bar anexo. En las canchas de bochas o en las de pelota a paleta también se vendía bebida en mesas al costado de las canchas.
Interior del Boliche "La Posta" de Valentín Ramos, sentado a la izquierda, detrás suyo parada su esposa, doña Luisa y tres parroquianos (Ojeda, Martínez y Echeveste). Aquí la tertulia suele ser animada por el "Chicho" Sejas el ciego del acordeón o Alfredito Gesualdi y sus amigos guitarreros. (Foto Jimena Roldán década del 90)

Cuando promediaba la década del sesenta en Victorica estaban activos estos “Boliches”. “La pobrecita” de los Torres. El “Boliche” de Jofré, el del judío Roithman, el de “Pepe” Álvarez, el de Valentín Ramos apodado “la Posta”. A éstos debían sumarse algunos otros de más categoría como la Cantina del Club Cochicó, la “Confitería”.

Siempre hay una ocasión para una discusión y una reyerta cuando los vahos del alcohol destraban la lengua y se pierden los límites de la prudencia.
Tal vez el suceso más impactante en la década del cincuenta fue en el boliche de “Priani”, cuando un hermano mató a balazos al otro hermano.

Recuerdo que mi padre lo comentó en casa, como algo inexplicable, dado que el homicida era un buen hombre, reconocido por todos los amigos, como trabajador y honesto.
A medida que pasaron los años los boliches se fueron quedando con poca concurrencia. Pero algunos que funcionaban en la propia casa de los dueños subsistieron más tiempo.

Cuando regresé a Victorica a principios del setenta y me tocó estar al frente de la Secretaría de la Municipalidad, el Inspector “Negro” Lamónica era quien cobraba las tasas de habilitación a domicilio y quien traía las novedades sobre funcionamiento, cierre y apertura de estos “Boliches”.
 Dos parroquianos habitues diarios de "la Posta". El Boliche tenía el nivel interior más bajo que el de la calle por eso los escalones en la puerta de entrada. Cuando llovía el agua ingresaba al local que estaba justo en la base de la pendiente.

Cuando llegaba la semana de la Fiesta de la Ganadería se abrían algunos de ocasión. La llegada y el afincarse definitivamente de gente del extremo oeste, a veces traían nuevos emprendimientos de este tipo, que probaban el terreno. Ejemplos de estos casos fueron los de Etcheveste, que tocaba el acordeón a piano para deleite de sus parroquianos, los Fuentes que vendieron las ovejas, los caballos y las pocas vacas y se vinieron a las afueras de Victorica y compraron una casa vieja en la que hicieron una ramada a la usanza del campo. Por eso justamente el boliche fue conocido como “La Enramada”, donde muchas veces se supo hacer baile.

En algunos de estos “Boliches” que a veces también atendían “minutas”, se contrataba a músicos para amenizar la reunión y atraer a más parroquianos. En otros el juego de las barajas era un atractivo para matar el tiempo. No en pocas ocasiones era juego clandestino, que originaba procedimientos policiales.

Aún cuando en algunos trabajaba el hombre solo ayudado por algún otro, en los de carácter familiar también la esposa y los hijos ayudaban a presentar mejor el local, las comidas y los eventos que pudiesen realizarse como por ejemplo bailes, o guitarreadas.
A la derecha el "Chino" de la Nava brinda junto con el parroquiano "Tito" Rebollo. En la pared se observan fotos de algunos de los caballos de carrera que supo tener el dueño del boliche.

Menciono como ejemplo de este caso el de la familia Jofré que tenía el Bar el “Diablo Rojo”, nombre puesto en alusión a su fanática pasión por el “Rojo de Avellaneda”.


En algunos de estos boliches han nacido en esas guitarreadas algunas canciones que luego se han afianzado en el tiempo. Incluso algunos poetas han escrito versos pintando el clima y los personajes de alguno de estos Boliches.

Néstor Massolo publico en julio de 1987 su “Coplero de Victorica” (que tuvo la amabilidad de regalarme con dedicatoria), donde hay varios poemas que registran sus percepciones en algunos de estos “Boliches”. El poema Nº 2 lo tituló “Bolichera de ojos vinos” y está situado en el boliche de Etcheveste. El poema Nº 4 se titula “Un boliche, una miseria, un hombre”:

“En el boliche del “chino”/el Pedro tomó una caña
Por cada pobre que sufre/por cada paisano que anda.
Afuera el caldén añoso/ una copla meditaba
Y por la rueda del carro/la hiedra vede floraba.”
El "Chino", hincha de Boca Junior, tenía un televisor en su Boliche, eso es lo que están mirando el y su amigo Rebollo. Este boliche es más paquete porque tiene hasta piso de granito.

La cuarta estrofa dice
“El chino sombrero antiguo/sonreía de mirada
Mejor sonreír por dentro/ que por fuera y no ser nada.”
Y finaliza con estos dos versos: “(por el boliche del chino/ vi. la miseria sentada).”


El “Coplero” está ilustrado en la tapa por el pintor achense Andrés Arcuri y el interior por Osmar Sombra un plástico de Santa Rosa.

NOTA : Jimena Roldán realizó un trabajo de investigación sobre los antiguos “Boliches en La Pampa” para su carrera de Licenciatura en Turismo, en cuya ocasión tomó estas imágenes.

domingo, 8 de febrero de 2009

LOS PRIMEROS TAXIS

Ya se sabe que los primeros automóviles llegaron a Victorica, a principios de la década del 20. Fueron vendidos por la Agencia Ford de la casa de Ramos Generales de J.Lllorens, J. Antich y Cía., sucursal de la casa central de Trenque Lauquen.


Esos primeros vehículos fueron adquiridos por representantes de la clase media alta, comerciantes, ganaderos y propietarios. Don Nicomedes Gómez y don Ángel Nicolás fueron algunos de los pioneros en la introducción del automotor en las calles de Victorica, ambos comerciantes.


Pero con el correr de las décadas y la popularización del invento de Ford y el abaratamiento del precio, su adquisición se hizo accesible a personas de clase media media y media baja. Y además se comenzó a desarrollar el mercado del usado a precios más reducidos.


Los primeros vehículos necesitaron contar con chofer, porque la mayoría de sus propietarios no sabían y no se animaban a entenderse con la nueva tecnología motriz. Silvano Costantino me contó que las “chicas” de Lemme, paseaban por las calles de Victorica de la década del treinta en su flamante vehiculo, con sombrillas desplegadas y conducidas por el chofer don Casimiro Pérez Casas.

En alguna antigua fotografía puede verse a esos choferes con antiparras para evitar los bichos, el polvo y todo objeto volador que pudiese ingresar por el parabricas o las puertas que no tenían vidrio.

Al volante del taxi su propietario don Tomás Pérez, transportando a la familia Hoses, madre e hijas, la mayor de la cual se asoma para ser bien retratada. (Foto familia Hoses circa 1940)

Parece ser que el primer taller organizado, con fosa, repuestos y personal especializado habría sido el de los Berazategui. Al finalizar la década del veinte "La Vizcaina" de Félix Berazategui y Hermano ofrecía servicios de "reparación de automóviles".

Y probablemente al promediar la siguiente, hayan aparecido los primeros servicios de taxis.


Recordemos que todavía por aquellos años las calles de tierra, en muchas de las cuales había tramos de arena muy pesados, no eran fáciles de ser recorridos, sobre todo por quienes debieran desplazarse hacia la estación del Ferrocarril por ejemplo que está situada a la orilla del pueblo donde comienzan las chacras.


De a poco los taxis fueron desplazando a los sulky y los carros que hacían el transporte de personas y bultos dentro de la localidad y sus aledaños.

Parado frente al ex Hotel Francés administrado por la familia Figueroa, el taxi de Juan Mazzuco, hijo del italiano quintero Pascual Mazzuco. (Victorica principios década del 60 Foto Lázaro Pérez)

En la medida que se fueron abriendo huellas o mejorando los caminos que permitían el paso de los vehículos el servicio se fue extendiendo a la zona rural. Es de recordar que Victorica tenía a principios de la década del cuarenta más de 150 chacras en los alrededores donde vivían familias.

Por otro lado también la ubicación del Hospital, que está situado cerca de la estación requería del traslado que ofrecían los taxis. Claro está que siempre y cuando se pudiese pagar por este servicio.

jueves, 5 de febrero de 2009

LA RADIO DE ANTAÑO

Cuando promediaba el final de la década del cuarenta, recuerdo que íbamos con mi madre a casa de abuela Jacinta y las tías “Yiya” y Rosa que vivían con ella. En invierno como oscurece más temprano la visita solía ser antes de cenar.

En la cocina la abuela y la tía estaban “pegadas” a la radio escuchando “Los Pérez García” un exitosísimo programa sobre las vicisitudes de una familia con un variado repertorio de problemas.

Si no me equivoco después de esa emisión venía “El Glostora Tango Club” un programa de tango con recordadas orquestas.

Años después ya en la década del cincuenta mi padre que ya tenía un ingreso mensual fijo, adquirió una radio, pero como no teníamos energía eléctrica, como en casa del abuelo Luis, estaba alimentaba a batería.

A mi me tocó cuando tenía once o doce años ir a llevar el acumulador a la Cooperativa de Electricidad para hacerla recargar. Algunos vecinos tenían en su casa un molinillo a viento con el que hacían la recarga. A veces andar por las calles de tierra con la carretilla y el acumulador sufría algún accidente como darse vuelta y perder el ácido y el agua destilada.


En lo de “Tito” Plaza, que había alquilado la Panadería de los Marzano y trabajaban en sociedad con Humberto Rivas, escuchábamos en la radio con Oscar y su hermana Norma los programas para niños “Sandokan el tigre de la Malasia”, “Tarzán” y otros similares.

Cuando llegaron los integrantes de la familia Romeo y alquilaron en casa de Abuela Elina, también allí se escuchaba radio. “Ñata” la madre era costurera, por lo tanto tenia encendida la radio par escuchar música. Fortunato y “Pepe” su hijo eran fanáticos del futbol así que los domingos eran para ellos.

En casa los domingos escuchábamos al mediodía los programas de humor. “La Revista dislocada”, era una de nuestros favoritos. Aunque la ubicación que mi padre había elegido no era la mejor, dado que era la habitación.

En cambio en lo de abuela Jacinta y los Romeo estaba en la cocina, donde la familia pasaba la mayor parte del tiempo. En tanto que en lo de Plaza, el lugar era el comedor.

Combinado. Radio y tocadiscos. Estancia "La Marianita". Foto Jimena Roldán enero 2009.

Las primeras radios eran a lámpara y los muebles que las contenían eran de importantes dimensiones y pesadas por los materiales que se empleaban. Todavía no se había difundido el plástico.

Los aparatos de buena calidad y marca reconocida tenían un ancho de banda importante, lo que permitía captar emisiones en onda corta y onda larga. De día se escuchaba mejor la onda corta y de noche la onda larga.

Los días de tormentas las descargas eléctricas producían grandes interferencias a pesar de los aisladores que se colocaban en las antenas aéreas. Mientras más alta y largo fuese el tramo, había más posibilidad de captar mejor las emisiones.

En La Pampa recién a principios de la década del cincuenta comenzó a emitir la emisora local filial de Radio Nacional que estaba y aún subsiste en la ciudad capital Santa Rosa.

Por ese motivo la mayor cantidad de radios que escuchábamos eran de Buenos Aires, aunque a veces también escuchábamos radios chilenas, dado la nitidez con la que entraban en la frecuencia que estábamos utilizando. Así que durante tiempo largo escuchábamos la música folklórica chilena.

En los campos también el medio de comunicación con el resto de los pueblos de alrededor y del país y aún del mundo, fue la radio.

Las familias de clase media alta accedían por lo general a un aparato que se llamaba “combinado” porque contenía un tocadiscos junto con un radiorreceptor.
Como la radio se había difundido tanto en Victorica el primer técnico de radio que recuerdo fue el alemán don Luis Schwartz, que tenía su taller enfrente del comercio de Calandri cruzando la calle con el Hotel Francés.

Años después comenzó a internarse en esa actividad el joven Benjamín Berrio que instaló su taller en una pieza que alquilaba a la familia Matías Fernández, cerca de la casa de don Orestes Marini el placero, y a una cuadra de nuestra casa.

Tres radios de distintas décadas. La más antigua probablemente década del 50 la más grande. Propiedad Estancia "El Venado" Sucesores de Pascual García. Foto Lerc mayo de 2006.

Cuando lo destituyeron a Perón recuerdo que Fortunato venía a casa a escuchar con papá los mensajes que desde el Paraguay enviaba el “tirano prófugo”. Después fueron cintas grabadas desde Panamá emitidas desde radio Colonia del Uruguay.

A mi me gustaba mucho más el box que el futbol, de modo que cuando había peleas en el Luna Park escuchábamos en la segunda mitad de la década del cincuenta las memorables peleas a las que los relatores le agregaban su cuota de suspenso y emoción.

También el Turismo de Carretera de aquellos años con la competencia entre los Ford y los Chevrolet, Fangio y los hermanos Gálvez, mas Emiliozzi y el “cabezón” González también eran motivo de gran atracción para los radioescuchas. En lo de tío “Tito” Spadini además del futbol que le gustaba muchísimo (había sido árbitro) también era fanático del automovilismo, porque además como era de General Pico, en algunas carreras, sobre todo las que pasaron por La Pampa, corrieron algunos piquenses: Marchini, Cachi Castaño.

Si había tangueros eson eran los integrantes de la familia de don Ramón Ochoa donde convivían Maruca, Epifanio que le gustaba bailar, Juan y Mingo. Tenían la radio al lado de la cama en el dormitorio y le daban volumen para que se escuchara en el patio. Las grandes orquestas que tocaban en radio El Mundo o radio Belgrano eran donde se clavaba el dial. Cuando venía el momento de los programas deportivos se pasaban a radio Rivadavia o radio Splendid (Argentina) o Excelsior. Rivadavia emitía la “Cabalgata deportiva Gillette”, con la inconfundible voz del “relator de América”, José María Muñoz.

PATRIMONIO ARQUITECTONICO EN VICTORICA


Victorica es el pueblo más antiguo de la actual provincia de La Pampa. En las primeras décadas y de la mano de Alfonso Capdeville, pensó en sumarse a l a puja por ser la sede de la Capital de la entonces Gobernación de La Pampa Central, de los denominados Territorios Nacionales.


Tenía más población que General Acha, por lo menos hasta el Censo Nacional de 1895, incluso que Santa Rosa que había sido fundada recién en 1892.


Contaba con agua apta para consumo humano, a pocos metros de profundidad.Pero tenía un problema de origen. El de la titularidad de dominio de las tierras, dado que había sido fundada sobre un predio que se creyó fiscal, pero que ya había sido entregada como garantía en pago de los bonos del empréstito que financió la “Conquista del Desierto”.


Por otro lado, justo en el momento en que comenzaban las presiones fuertes para definir el cambio de localización de la Capital de la Gobernación, en Victorica se produce un cruento enfrentamiento entre Capdeville y su gente y quienes se le oponían, económica y políticamente.


Esto hace que muchas de las inversiones en propiedades que se pudieron hacer en Victorica, terminaron finalmente en la “Estancia Telén”, en cuyo predio Capdeville fundó el pueblo del mismo nombre en 1901.




Edificio Sucursal Banco de la Nación Argentina de Victorica inaugurado en 1913. Frente a la esquina oeste de la Plaza. Actualmente se conserva intacto. Foto Lerc 1980.

Victorica no tiene grandes edificios o construcciones de valor arquitectónico considerable. Las casas de familia son modestas, los edificios destinados a Organismos Públicos tampoco son importantes, excepto el del Banco de la Nación Argentina que se inauguró en 1913 y que es un plano tipo que se utilizó en todas las sucursales del país.



Frente a la plaza se encuentran estas dos viviendas cuyo frente tienen una serie de molduras, propias de las que hizo el italiano Condotta a su paso por Victorica. De derecha a izuierda casa familia Gaudencio Pablo a continuación vivienda de Julio Cirilo Rochereul (datos década del 60) Foto Jimena Roldán enero 2009


Asimismo las instalaciones comerciales e industriales, hasta 1912 (treinta años después de haberse fundado el pueblo), no cuentan con locales de mayor importancia que las que ya tenían General Acha o Santa Rosa.

Alrededor de la Plaza se ubican los principales edificios con algunos rasgos de líneas arquitectónicas, dado que fueron planificadas en otros lugares donde se recurrió a técnicos y especialistas de la construcción.



Casa de comercio Imbelloni Hermanos, a una cuadra de la plaza, con sótano amplio. Actualmente sin mantenimiento. Foto Lerc enero 2009.


Echemos un vistazo a las construcciones en las manzanas contiguas a la Plaza, que verificaron los Inspectores de Tierras Fiscales en 1908.

Manzana 136 Plaza. Manzana 137 (hacia el este, sentido inverso a las agujas del reloj) Municipalidad, Policía, Biblioteca e Iglesia Parroquial. Manzana 120 adjudicados los cuatro lotes (de 50x50mts), pero aparentemente baldíos. Dos de ellos al adjudicatario García. Manzana 121 Joaquín Llorens. Manzana 122 esquina Fermín Huarte. Manzana 135 Consejo de Educación construida la Escuela sobre la calle (Ernesto Rodríguez hoy 17) Manzana 154 José Rosalín. Manzana 153 Juan Mundet. Manzana 152 ¿Soria?

Al principio la mayoría eran terminados ladrillo a la vista. La característica era la altura, puertas y ventanas también altas, techos de chapa y pisos de cemento alisado. Para evitar el calor se hacía un cielorraso a veces de ladrillo y se colocaban las tomas de aire para la ventilación.


Un informe del enviado especial de la revista “Caras y Caretas” de 1907, que anduvo por Victorica, está ilustrado con diez fotografías.


De ellas se deducen, por lo que expresa el texto que probablemente los edificios más importantes eran el de la firma J. Llorens, J. Antich y Cía. (frente a l iglesia) y la del señor José Ares Bustelo (frente a la Escuela).




Antiguo edificio de la Municipalidad, demolido en 1981 para construir en ese lugar el actual.



En cuanto a los Organismos Públicos aparecen dos realidades: las ruinas en las que están el Juzgado de Paz y la Comisaría, cuyas paredes se han derrumbado por un fuerte viento. En tanto que la municipalidad y el monumento nacional en la Plaza muestran su solidez.

Por otro lado las iniciativas privadas han impulsado también el progreso de la edificación en Victorica, dado que para esa fecha hace unos años ya se ha inaugurado el local de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos Humberto 1º. En cambio la Biblioteca Bartolomé Mitre, que había sido fundada en 1905 todavía está en un edificio precario prestado al lado de la Iglesia.

El primer comercio importante de Victorica fue el Hotel y almacén de ramos generales de Lemme, cuyo edificio fue demolido en la década del 70.

El frentista Isidro Condotta, italiano, fue traído por Leyton y Cesanelli en la década del 20, para realizar la terminación de algunos frentes con molduras, algunas de las cuales se conservan hasta hoy



Antigua casa de Ramos Generales de J.Llorens, J. Antich y Cía. Se puede observar sobre la carga del techo uno de los clásicos ornamentos. Demolida y subdividida. Foto Antonio Vidal década del 30.


La guerra del 14 produjo el alejamiento de algunos franceses y otros inmigrantes que decidieron volver a su patria a defender su bandera.

Los comentarios de Félix Berazategui (inmigrante español) al llegar al pueblo en 1913, menciona haber visto alrededor de la Plaza los edificios que ya he citado, a los que agrega “una confitería, dos boliches y la casa de chapas del español Francisco Larrocea”.

En 1904 don Francisco Lemme le vende el Hotel “Francia” a don Juan Bautista Cazaux, que se han venido de la Isla del “Chalileo”. “El boleto –dice el diario La Capital-, rezaba casa de material, pero la sorpresa de Cazaux fue mayúscula cuando, al caerse un pedazo de revoque, aparecieron debajo adobes crudos.” Parece que el litigio entre Lemme y Cazaux por el engaño, fue una guerra de solicitadas y denuncias cruzadas que alimentí la "comidilla" del pueblo, y ya se sabe que pueblo chico…




Antiquisimo Hotel Francés, propiedad de Lemme, vendido a Cazaux, posteriormente demolido. Actualmente en ese lugar está edificada la sucursal del Banco de La Pampa. Foto Ideal de Lázaro Pérez decada del 60.


Lamentablemente las demoliciones, van cambiándole la fisonomía al corazón victoriquense: las viviendas de los Lemme, el ex Hotel Francés de los Cazaux, incluso el propio edificio municipal en 1981, han desaparecido ya. Rumbo a ese mismo destino parece que estarán destinados las propiedades de los Marzano y otros antiguos pobladores de Victorica que invirtieron en propiedades urbanas.


El primer caso de restauración y puesta en valor, que parece evitará la piqueta sería, la antigua casa de Máximo García, frente a la Iglesia, que se convertirá en el Centro Cultural de la localidad de Victorica, con proyecto del Arquitecto Miguel García y financiación de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de La Pampa.

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