domingo, 24 de mayo de 2015

MARCIAL ROLDAN GARCIA

Nació en el seno de la familia formada por Elina García, nativa de San Luis y Cirilo Roldán, nacido en la zona del Bragado, provincia de Buenos Aires. Su llegada a este mundo se produjo en una chacra de Loventuel, en la que estaban viviendo sus padres.

Fue el año del comienzo de la Primera Guerra Mundial. Sus progenitores decidieron registrarlo con un nombre nada común, lo llamaron Marcial. Por aquellos años lo usual era que se le impusiera a los hijos el nombre del padre, del abuelo, del santo del calendario o por algún otro hecho muy particular.
Una estrofa de un poema de Rafael Obligado, que solía utilizarse para la jura de la bandera dice: 
"En la profunda quebrada,
al pie del cerro vecino
suena el clarín argentino
tocando inmensa llamada.
Sereno el pecho, la espada
a mal guardar, la visera
alta en la frente guerrera,
marcial y firme la planta
Manuel Belgrano levanta
con muda fe su bandera."



Habrá sido ese el origen o hay algún otro motivo que aún no conocemos. Por lo pronto el diccionario de la real Academia Española expresa que se dice marcial al: "que camina muy erguido, con firmeza, como los militares", pero el topónimo de nombres dice: guerrero, nacido bajo el signo de Marte, nombre de origen latino.

Lo cierto es que el niño se crió entre los animales de la chacra, con sus hermanas y otro hermano. Fue alumno de la escuela de las "chacras de Loventuel", que por esos años dirigía el maestro don Félix Romero. Cursó solo los tres primeros grados, pero eso le alcanzó para leer y escribir bien con buena letra y además lograr la habilidad de hacer cálculos mentales con exactitud.

Como todo joven buscó evadirse de las obligaciones caseras los fines de semana para irse al pueblo más cercano donde encontrar diversiones. Así fue como su primera diversión fue integrar el equipo de fútbol "Unidos de Loventuel", en el que también jugaba su cuñado Félix Sad. El tenía condiciones físicas interesantes para dicho deporte era alto, flaco y saltaba bien para cabecear.

La práctica de ese primer deporte lo llevó a Victorica, dado que allí estaba el rival Cochicó y luego Juventud Unida, equipos de mayor experiencia. Allí se anotició de los bailes y las grandes kermeses que organizaba la gente de la Sociedad Italiana "Umberto 1º", la única institución que tenía salón propio y un amplio patio con unos hermosos caldenes para actividades al aire libre.

Fue en esos años que se inició en el otro deporte que practicaría durante toda su vida activa: la pelota a paleta en el frontón. Por eso se lo ve en la foto de abajo donde me tiene en sus brazos vestido todo de blanco.
Fue en ese lugar donde probablemente conoció a la joven Trinidad, la hija mayor del italiano Luis Cesanelli y Jacinta Paz, quien se dedicaba con su empresa a la construcción. Después que murió su padre y viendo que el clima de la década del treinta hacía imposible que una pequeña chacra de solo cien hectáreas diese recursos suficientes para toda la familia, intentó probar suerte fuera de su hogar. Sus hermanas, algunas se habían casado y otras se habían ido, junto con su hermano Cristóbal a Buenos Aires en busca de trabajo y mejor suerte.

Le gustaba bailar y además cantar, aunque esto lo hacía solo en el seno del hogar. Recuerdo haberlo escuchado entonar tangos, valses y otras canciones de la década del cuarenta en la cocina, mientras esperábamos que mamá Trinidad terminase de hacer la cena.

Se casó con Trinidad a fines de la década del treinta y como no tenía trabajo fijo, su suegro le proveyó el terreno y los materiales y el levantó su modesta casita a una cuadra de "Los Pisaderos". Dos habitaciones, una cocina y el retrete más allá de la leñera  y del gallinero. Bien lejos para que el agua del pozo no se contaminara.
Así pasaron los primeros años de casado, haciendo changas, trabajos por cuenta propia. Fue juntador de maíz, albañil, pintor de brocha gorda, conductor de taxi y trabajador a destajo para las cosechas. Recién a mediados del año 1944 llegó el primer hijo. Su suegro le prestaba el camión para que fuesen a visitar a su madre a la chacra y hacerle conocer al nieto. El que iba a tener más cerca, porque los otros habían nacido en Buenos Aires y venían una vez o dos al año cuando sus padres podían.

Pasaron unos cuantos años, hasta que el líder del peronismo en Victorica, el Juez de Paz don Domingo Di Dio, lo incluyó en la lista de personal a designar cuando se inaugurase la Escuela Agrícola, la que comenzó a funcionar el mes de abril del año 1952.

Eso le cambió las posibilidades para la familia, que ya se había incrementado y que seguiría creciendo hasta alcanzar seis hijos, cuatro varones y  dos mujeres. La primera comodidad hogareña fue conectar la luz eléctrica. Hasta el año 1952 nos alumbrábamos con farol y lámparas a kerosene. La primera radio que hubo en casa funcionaba a acumulador, a mí me tocó la tarea de llevar a cargarla a la Cooperativa con una carretilla vieja que él había rescatado.

Después fue la incorporación del primer bien del hogar para aliviarle la tarea a Trinidad que tenía que lidiar todas las mañanas, invierno y verano con la leña para la cocina. Para eso cerró el corredor y allí instaló la cocina a gas de garrafa. Después al año siguiente luego de terminar de pagar las cuotas de la cocina, llegó el lavarropas.
Cuando lo derrocaron a Perón, hubo temor en la familia, porque en la escuela se produjeron traslados y cesantías de simpatizantes y afiliados al peronismo local. Marcial siempre había asistido a todas las manifestaciones públicas, como aquellas dos veces en que el General Juan Pistarini se había hecho presente en la localidad. O cuando murió Evita en julio del año 1952 en que se puso en el brazo la cinta negra en señal de duelo.

La primera en el año 1949 cuando llegó a Victorica junto con su esposa para dejar inaugurado el nuevo edificio del Hospital, que recibió como homenaje el nombre de su madre "Luisa Pedemonte de Pistarini". La segunda visita cuando dejó inaugurado el edificio para la Escuela Agrícola los primeros días del mes de abril del año 1952.

Marcial además había viajado a Buenos Aires cuando llegaban los trenes gratis para quienes quisieren ir a la conmemoración del Día del Trabajador y para los festejos del Día de la Lealtad, cada 17 de octubre. Pero cuando se enteró que habían volteado el monumento a Pistarini en la plaza y que habían sacado las placas, clausurado la Unidad Básica, decidió hacer desaparecer el libro que le habían regalado "La Razón de mi Vida".
Cuando Trinidad le dijo que su hijo mayor había decidido irse a Santa Rosa a estudiar en la Universidad, entonces tomó la decisión de trasladar a toda la familia. Se vino un año antes, renunció a su empleo en la Escuela Agrícola y se instaló en una casa alquilada en Santa Rosa. Era el año 1962, no le fue fácil conseguir trabajo, así que mientras trataba de encontrar a algunos amigos de la juventud que estaban en la capital pampeana para que lo orientaran, tomó algunas changas como jornalero en actividades agropecuarias.

También se dedicó a trabajos de albañilería, mientras mis hermanos y hermanas mayores también tempranamente ingresaban al mercado laboral de Santa Rosa en aquellos primeros años de la década del sesenta cuanto todavía funcionaba a pleno el Molino Werner, el Ferrocarril Domingo Faustino Sarmiento y a pocos metros se había instalado la distribuidora de gaseosa.

Al año siguiente un amigo le consiguió que lo contrataran de sereno en los galpones que el Ente Provincial del Río Colorado tenía sobre la calle Falucho. Ahí trabajó muchos años con sus amigos Bergín, Cuevas y otros.
Después lo trasladaron al Centro Cívico, donde cumplió sus últimos años de vida laboral activa hasta que se jubiló. El acceso a ese trabajo estable y con un préstamo del Instituto de Seguridad Social accedió a la compra de una casa propia en la Villa Alonso.

Desde ese lugar le quedaba cerca el trabajo. Pero después que cumplía con sus obligaciones tomaba su bicicleta, en la que anduvo siempre, porque nunca  fue propietario de auto propio. Sin embargo con esa bicicleta se llegaba hasta la cancha de paleta para continuar con su deporte preferido. Juan Carlos Carassay en su libro lo menciona como uno de los veteranos que esperaba a que le dieran lugar para jugar algún partido.
Sus hijos e hijas se casaron y comenzaron a llegar los nietos, la casa de la esquina de Victoria y Tucumán, fue visitada permanentemente y fue el lugar de la alegría de los abuelos. El proseguía con algunas costumbres que había adquirido en su juventud, pero ahora como espectador.

Continuaba escuchando radio, amaba el box. Recuerdo que escuchábamos en Victorica las peleas que se transmitían en la década del cincuenta en la radio a acumulador. Cuando llegó la televisión a Santa Rosa, en la década del setenta, este fue un gran entretenimiento para Marcial y Trinidad, sobre todo para ella que siempre fue muy de su hogar.
En Santa Rosa no se perdía ninguna pelea de los boxeadores pampeanos de la década del sesenta. Cada vez que había encuentros en el Club Fortín Roca o en cualquier otro lugar el estaba presente. Incluso le gustaba ir a ver los entrenar.

También le gustaba jugar al billar, juego que había aprendido en su juventud en Victorica y el que practicaba con muy buena habilidad. Por otro lado también era conocedor y habilidoso de todos los juegos con la baraja española como el truco, el chinchón, la escoba.

Se quedó dormido en la paz del Señor una noche de un 24 de mayo de hace más de veinte años. Fue en su propia casa. Nuestro hermano Juan Carlos que estaba de visita fue a despedirse y se encontró con que no le respondió.

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