martes, 18 de noviembre de 2014

MAXIMO GARCIA PIONERO DEL CAMPO PAMPEANO




     En la Villa de Iscar, provincia de Valladolid, de la España de la época de las guerras Carlistas, nació el 18 de Noviembre del año 1844, siendo el cuarto hijo de Balbino García y Mariana Arévalo, el niño varón al que registraron y bautizaron como Máximo.

     Quedó huérfano de padre, a la corta edad de dos años. Su hermano Macario cuatro años mayor, se convirtió después en fotógrafo, logrando  prestigio, el que transmitió a su hijo Cándido quien adquirió fama en Llanes. Es muy probable que con él haya aprendido los primeros pasos de esta profesión, la que ejerció en Dolores en los primeros tiempos de su arribo. El sello con el que identificaba sus fotos dice: “El Candado”, Máximo García, Dolores.

     Antes de cumplir los veinte años, el joven Máximo tomó la decisión de emigrar hacia América del Sur, probablemente pensando que por la ley de “mayorazgo” no tenía perspectivas de heredar nada, evitando asimismo ser incorporado al servicio militar obligatorio de cuatro años en aquella época de la convulsionada Europa.

   Eligió  la República Argentina, donde además de la facilidad del idioma, se estaban ofreciendo condiciones muy beneficiosas para los colonos, en las nuevas tierras que se iban incorporando con el avance de la frontera interior hacia el oeste. Vale recordar que la Zanja de Alsina se comenzó a construir en 1876, entre Nueva Roma, sur de la provincia de Buenos Aires y concluyó un año después en Italó, al sur de la provincia de Córdoba. 

     Tenemos constancia del registro de su arribo a la Argentina, procedente de Montevideo (Uruguay) el 22 de agosto del año 1862 en el vapor Libertad.

     Sabemos además, por medio del genealogista Rubén Gómez Luna, que fue empleado en la Confitería del español don Evaristo Ysequilla en el pueblo de Balcarce en la provincia de Buenos Aires, aprendiendo allí el oficio de masitero. Ysequilla había llegado a la Argentina el año 1868, mucho después se estableció en General Acha el año 1885, abriendo un Almacén de Ramos Generales al que denominó “Bella Vista”.

     El primer documento, al que hemos tenido acceso, de Máximo García, es el boleto de señal, fechado el año 1877, que fue obtenido en el Partido La Lobería en la provincia de Buenos Aires, junto con un permiso para utilizar dicha señal en hacienda lanar de su propiedad.
Dos años después, contrae matrimonio con la joven argentina nativa de la ciudad de Dolores, provincia de Buenos Aires, Fidela López Álvarez, de veinticuatro años, hija de Pascual López-Acosta y Fidela Álvarez-López Camelo, en el momento en que Máximo había alcanzado los treinta y cuatro. Fueron testigos de ese matrimonio los ciudadanos españoles Evaristo Ysequilla, su primer patrón y don Rafael Cabot.

     El casamiento está registrado en Balcarce, lugar donde un año después nacería su primer hijo, al que bautizan con los nombres de Salustiano Balbino, en homenaje al padre español. Al año siguiente nació en la misma ciudad su primera hija, a quien le imponen el nombre Felisa.
El año 1883 bautizan al tercer hijo, a quien registraron en el pueblo de Benito Juárez, provincia de Buenos Aires, bajo el nombre de Vicente Pascual García, quien, mucho después, será uno de los integrantes de la Comisión Promotora de la fundación de Carro Quemado (La Pampa). En el Censo Nacional de 1869 la población, de Benito Juárez, totalmente rural, fue de 1.610 habitantes. El año 1878 el último malón indígena, la deja prácticamente desbastada.

     Según datos aportados por Gómez Luna, en el año 1882 don Máximo García era el Encargado del campo del señor Manuel M. Faramiñan, en ese Partido de Benito Juárez, siendo lindero del señor Modesto Gómez Mentasty.

     El 10 de diciembre de 1874 la joven Fidela López, probablemente vio llegar a la Estación de Dolores por primera vez el Ferrocarril del Sud. En cambio don Máximo recién pudo observarlo llegar a Benito Juárez el año 1885.
Como el clima y la vegetación del lugar eran húmedos, las esposas de Gómez Mentasty y García sufrían de asma y alergias, por lo cual el médico les aconsejó que si querían dejar de padecer, buscasen una zona con clima más seco como La Pampa.

     Es por eso que, el año mismo que llegaba el adelanto del ferrocarril a Benito Juárez, don Máximo García adquiere una legua de campo designado como lote 3, fracción A de la sección VIII, en el norte del Territorio Nacional de La Pampa Central. Pero que, cuando se terminaron las mensuras, a que obligó la ley nacional 1532, que bajó el paralelo 35 al 36, resultó que ese lote pertenecía a la jurisdicción de la provincia de San Luis.



     Don Modesto Gómez Mentasty adquirió dos parcelas de 2.500 hectáreas cada una, y don Ramón Galíndez, que había sido el encargado del campo de Gómez, en Benito Juárez, adquirió la restante del mismo lote.

     Gómez Mentasty le puso a su campo “El Descanso”, porque allí hacía su parada la mensajería, que procedente desde General Acha, iba con rumbo a Villa Mercedes (San Luis), parando en el boliche “Trapales”. Don Galíndez, un antiguo correligionario de Bartolomé Mitre, bautizó el suyo con el nombre “La Esperanza” como augurio, en tanto que García le impuso al suyo “La Porteña”, no sabemos, con seguridad, si en homenaje a la primera máquina locomotora del ferrocarril del oeste, que rodó desde un 30 de agosto de 1857 durante tres décadas, hasta que se radió de servicio en 1890, o a la región de procedencia de su esposa.

     En 1887 don Máximo renueva su boleto de señal en Lobería y luego procede a solicitar guía de campaña para trasladar desde Benito Juárez con destino al Fortín Victorica, la cantidad de 5.700 lanares, 100 vacunos y además 100 yeguarizos. Efectivamente en 1887 las tropas que habían fundado Victorica en el antiguo fortín Resina, todavía permanecían allí, haciendo la vigilancia de policía en toda la zona, pero ya estaban haciendo los aprestos para volver a los cuarteles. El arreo duró varias semanas utilizando seguramente las antiguas rastrilladas en el Territorio Nacional de La Pampa Central, que habían servido a los aborígenes y algunos tramos de la vieja zanja de Alsina.



     Generalmente en una tropa de esa cantidad de animales eran muchas las personas que se ocupaban. Troperos y arrieros con experiencia, rastreadores avezados y baquianos de la zona oeste de la provincia de Buenos Aires. Del Territorio de La Pampa casi no había mapas de detalle, excepto los croquis militares. Don Máximo preparó el convoy compuesto de sus carros tirados con mulas, el sulky con capota y los mejores caballos para la travesía.
Doña Fidela se ocupó de preparar los baúles, los utensilios para cocinar y las provisiones para el viaje con sus cuatro hijos. 

     En 1886 antes de partir rumbo a La Pampa Central, la familia se incrementó con la llegada de María Eulalia, en tanto que un año después de estar instalada en el campo pampeano, doña Fidela, decide ponerle su propio nombre a la nueva hija, que será la primera que nace en la estancia “La Porteña”.
Don Máximo y sus amigos Gómez Mentasty, Galíndez y otros productores del sur de San Luis fueron grandes productores de lana. Dicho producto era transportado desde sus campos en grandes carros tirados por mulas y algunos bueyes hasta llegar a donde estaban los acopiadores en Victorica. 

     En el año 1885 se había instalado una sucursal del Almacén de Ramos Generales que tenía el español don Juan Llorens en Trenque Lauquen, con quien se conectó don Máximo y sus amigos para comercializar las lanas, cueros y cerdas. El recorrido se hacía utilizando las antiguas huellas de las rastrilladas de los ranqueles, que conectaban esa región.

     Todo fue bien hasta que el inglés Alberto Eduardo Sidebottom alambró su campo “La Isabel” de 7.500 hectáreas y echó candado a las tranqueras, impidiendo de esa forma el libre paso de los vecinos con sus medios de transporte y sus tropas, tal cual exigía el Código Rural de la provincia de Buenos Aires, que regía para el Territorio Nacional de La Pampa Central en ese entonces.
Inmediatamente se desatan los reclamos de los perjudicados ante las autoridades locales y territoriales. En Victorica para el año 1894 ya estaba al frente del municipio el francés don Alfonso Capdeville, quien había llegado al lugar representando a la "Ganadera Nacional S.A.", propietarias de las tierras en que erróneamente se había fundado el Fortín Victorica, en tanto que en la Gobernación estaba el General Eduardo Pico.


     La nota denunciando la insoportable situación se presentó en 1895, en la que se dejaba constancia que los vecinos tenían que dar vueltas por caminos guadalosos rodeados de bosques impenetrables, que alargaba el trayecto en hasta 16 leguas.
Entre los vecinos que la suscriben se reconocen las firmas de Máximo García, Modesto Gómez, Juan M. Gómez, Fermín Huarte, Antonio Llorens, Antonio Casals, Isidro Reale, José Pérez, Gregorio Tabares, Salvador Villegas, Benito de Andrés, Juan Sosa y un señor de apellido Pino.

     El Intendente de Victorica, -Alfonso Capdeville- ordena por nota a Sidebottom, un ex capitán del ejército inglés, que abra las tranqueras frente a Trapales, para franquear el paso a los reclamantes. Pero el inglés tozudo, continúa con sus tranqueras aseguradas con gruesas cadenas y candados con llave.
A mediados de marzo del año 1898 el Comisario de Victorica, informa a sus superiores de la Gobernación, que don Máximo García ha sido herido de bala en una discusión por el tema de las tranqueras por el propietario del campo “La Isabel”, don Alberto Sidebottom.

     Probablemente estas discusiones y altercados influyeron en el ánimo de don Máximo de cambiar la ubicación de su propiedad, para evitar males mayores. Es por eso que en 1895 ya arrienda en la zona de Liu Carreta, Al sur de Victorica, donde a partir del año 1897 comienza a comprar una legua y al año siguiente otra, campo al que denomina en castellano “Carro Quemado”.

     En ese nuevo predio es donde Máximo García se dedica además de la ganadería, al cultivo de alfalfa, con cuya semilla obtendrá dos importantísimos premios cuando la Argentina festejaba su primer centenario. Para esa tarea el año 1904 compró una trilladora, con la que disputó una carrera al francés Armando Lernoud, el propietario de “La Morocha”, quien había adquirido también una máquina nueva. La de García salió de la estación de Santa Rosa, mientras que la de Lernoud lo hizo de la estación de Toay. Hubo apuestas sobre quien llegaba primero al campo con la trilladora.

     Ganó don Máximo García y su gente, demostrando que las huellas eran aptas para el desplazamiento de estas máquinas. Se reunieron en el campo para festejar con champan. Se intercambian los premios como sombreros, pañuelos y otros regalos, con la alegría de haber llegado sanos y salvos y con el tren de trilladora en perfectas condiciones.

     La selección de la semilla, la preparación de la tierra y las lluvias propicias, fueron dando sus buenos frutos. Efectivamente en 1910 la Bolsa de Cereales le otorga medalla de oro por semilla de alfalfa, en tanto que la Sociedad Rural, en la misma ocasión le concede diploma con medalla de plata, por otro lote de semilla de alfalfa. En ese momento ya era un experimentado pionero del campo pampeano con éxitos concretos, cuando Capdeville ya se había ausentado de Telén rumbo al Sosneado, en Mendoza. Don Jaime W. Molins dice en su libro que el año 1909 el Ministerio de Agricultura ya había concedido un premio a la semilla de alfalfa enviada a la exposición por el incansable Máximo García y que en 1913, la Bolsa de Cereales le otorgó otro premio.



     Pero además el año 1911 en la Exposición Internación de Torino (Italia) la semilla de alfalfa enviada por Máximo García es galardonada con medalla de oro.
Por otra parte, en nota del diario La Capital del año 1935, el periodista escribe que García había obtenido además un premio en San Francisco (Estados Unidos) por semilla de alfalfa.

     Yolanda Rodríguez Huarte, una de las bisnietas de don Máximo, sostiene que muchos años después se cumplió la premonición que le hizo don Máximo García al encargado del campo de Sidebottom, el señor William Young, escoces. “Algún día esta discordia se terminará y nuestros nietos se van a casar”. Efectivamente un bisnieto de García se casó con una nieta del señor Young.

     Pero además don Máximo se dio el gusto de adquirir, mediante un testaferro el campo “La Isabel” cuando se vendió en Buenos Aires después del proceso sucesorio a mediados de la década de 1920.
Con los ahorros, producto de los “años buenos”, pudo comprar 15.000 hectáreas más de campo al sur del paraje “El Durazno”, en la zona del bajo  “El Carbón”. Los nuevos establecimientos fueron denominados “La Porteña” y “El Fortín”, en cuyo predio existió el “Fortín La Perra” y aún está la laguna “trehua lauquen”.
García fue también Concejal en Victorica en el periodo 1912 a 1913. Antes que llegara el Ferrocarril y el Banco de la Nación, sus ahorros los depositaba en la casa Llorens, Antich y Cía.

     Su casa de familia, donde se hacían sesiones de espiritismo, religión que profesaba, está situada en la esquina de la plaza, frente a la Iglesia Parroquial y enfrente del antiguo Almacén de su gran amigo Juan Llorens. Después de su muerte la adquirió don Gaudencio Pablo, un español que fue uno de los gerentes de la casa Llorens. Lamentablemente este edificio histórico, por un litigio de medianera, donde se iba a construir un Centro Cultural para Victorica, está en alto riesgo de destrucción total.

      Don Máximo falleció el año 1931, su esposa había muerto diez años antes. Ambos descansan en el cementerio de Victorica (La Pampa).

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