jueves, 17 de abril de 2014

COCHENGO MIRANDA DEL BOITANO

Don José "Cochengo" Miranda, casado con María Pagano, vivían en un puesto arriba de la barda, pasando La Humada, hacia el noreste, cerca del límite con Mendoza, al que había bautizado como "El Boitano".
Allá por el principio de la década de 1970, cuando asumió en La Pampa el gobierno constitucional encabezado por don José Aquiles Regazzoli, se puso en marcha el "Plan de Desarrollo del Oeste", una región en la que, al decir de Cochengo, el hombre todavía estilaba usar bota de potro, espuelas y boleadoras.
Todos lo conocían y nombraban en la comarca del oeste amicalmente como "Cochengo". Un hombre sencillo, trabajador, experimentado en las cuestiones del campo en ésa zona árida. Hábil para andar a caballo como para cazar zorros con trampas, en el riguroso invierno de la meseta basáltica, de clima continental extremo y conocedor de cada una de las plantas y arbustos, como de las aves y animales silvestres de la región, Julio Domínguez "El Bardino", aprendió mucho de su personalidad.

El documentalista etnográfico don Jorge Prelorán (fallecido 2009) llegó a La Pampa, una provincia muy poco conocida a nivel nacional, dado que había obtenido su provincialización que le dio autonomía recién el año 1953 con la instalación de su primer gobierno constitucional propio. Pero el golpe de 1955, la intervención nacional a fines de esa década, el nuevo golpe de Estado de 1966 cuyo gobierno de facto duró hasta principios de 1973, no habían sido propicios para afianzar su propia identidad.


 "En 1974 -Prelorán- filmó durante un año "Cochengo Miranda" en el Oeste de la Provincia de La Pampa, donde el protagonista vivía con su familia y un reducido ganado. Cochengo había sido payador en su juventud y al momento de filmar hacía veinte años que había "colgado" su guitarra, cuando se casó.
Prelorán documentó  en esta película de 58 minutos de duración la vida cotidiana, las festividades, la transculturación inevitable y las visitas a sus hijos, que estudiaban lejos del puesto."



Por esa misma época la investigadora Ercilia Moreno Chá del Instituto Nacional de Antropología realizó el trabajo de campo para el Documental Folklórico de la Provincia de La Pampa", editado el año 1975.

En el disco 2 lado 3 del trabajo citado, don Cochengo Miranda interpreta una milonga dedicada a recordar las circunstancias de la muerte de Juan Bautista Bairoleto. Acompañándose con su guitarra y con su propia voz, la investigadora le grabó. El registro de la misma está como tema 8. En el folleto que acompaña los dos discos, Moreno Chá escribió: "José Miranda (Cochengo) es uno de los poetas más prolíficos del oeste pampeano. Fue afamado guitarrero y cantor, pero ha dejado la práctica del instrumento hace ya más de veinte años. Vive como puestero al norte del Departamento de Chical-có, donde naciera hace 62 años." De lo cual deducimos que habría nacido aproximadamente 1911-1912.
Después de atender diariamente las tareas rurales de su puesto de crianza de vacunos y algunas cabras, revisar las bebidas,   sacar agua de los jagüeles, cerciorarse de que los animales tenían alimentación suficiente y que ninguno estuviera enfermo, solía dedicar algo de tiempo para hacer algunas artesanías.

Pero también tenía otra gran habilidad natural. Y esa tenía que ver con su facilidad para expresar en versos sus sentimientos, sus estados de ánimo y sus observaciones sobre la naturaleza. Generalmente esta vocación autodidacta la ejercitaba en su rancho por las noches después de haber terminado la jornada diaria de labor.

Era un hombre hospitalario, amable, humilde y muy respetuoso, así lo expresa con esta décima en la que caracteriza su puesto.

"Si usted viene, ciudadano,
rumbeando al desierto oeste, 
llegará al fogón agreste
en ambiente puro y sano,
donde está el puesto El Boitano,
final de un largo camino.
Llegue el pobre, el peregrino,
el jefe o el funcionario;
es un predio hospitalario,
Dios bendiga su destino."

En la décima que sigue es casi una presentación de la gastronomía paisana del lugar:

"Aquí comerá chivitos
asado en hornalla criolla,
un locrito pa´la olla
mientras detalla un cuentito.
Preludiando el estilito
de aquellos del año ´30;
mi vieja guitarra cuenta
medio siglo en mi poder,
medio siglo mi mujer,
y yo pasé los sesenta."


La fotógrafo Susana Mulé, visitó a Cochengo Miranda en su Puesto "El Boitano" el año 1986. Quería tomarle fotos, porque tenía el proyecto de realizar un libro con las décimas del chicalquense.

"Enseguida me adapté al ritmo de vida de ellos. Nos levantábamos a las 7, tomábamos mate y luego Don Cochengo salía a trabajar con los animales. Yo lo seguía con mi cámara, lo espiaba, lo registraba, él no se inmutaba. Tenía como un orgullo de "ser" dentro de una gran humildad. La humildad que emana de los grandes hombres:
"Soy el eco de la tierra y el canto de la independencia, soy de aquella descendencia de criollos que no se aferran, de esos que sin hacer guerra ven las fronteras abiertas y en esta pampa desierta donde no avanza la ciencia nacen hombres de conciencia con la frente descubierta".


Prosigue recordando su experiencia la fotógrafa Mulé, quien convivió cuatro días con Cochengo y su esposa Maruca, siguiéndolo con la cámara durante todo el día en las distintas actividades que realizaba en su ambiente el dueño del lugar.

"En la serenidad del atardecer y con el pausado ritmo que impone la grandeza de la naturaleza, nos sentábamos bajo el alero a charlar y tomar mate. Maruca ya había mojado la tierra y el jardín que a pesar de la sequía de casi un año sin lluvias y gracias a sus cuidados daba algunas débiles verduras y también sus flores. Los dos perros y el gato se echaban cerca. Traía la cámara y fotografiaba. Horizonte plano, raso, sólo hacia el oeste las cumbres de la precordillera. Silencio... sólo interrumpido por las astas del molino que giran, algunos mugidos... y la voz de Cochengo... sus recuerdos..."

"Sus abuelos habían vivido en el Fortín de Malargüe y fueron quemados vivos por los indios. Se acuerda del río Atuel -que después de un largo conflicto interprovincial que ganó Mendoza- se secó convirtiéndose en desierto lo había sido un vergel. Esto fue allá por el 19. 
Dice :
"En aquellos tiempos dijeron de hacer un dique en el Valle Grande, que es un dique muy grande en los cerros de San Rafael para arriba, no? en Mendoza. Qué maravilla! Ese es un mar!.. después, más después, hicieron el Nihuil, que es un gran embalse que no me canso de ponderar... Y así se secó el río Atuel. Aquellos años no olvido, eran tan lindos y hermosos, mis viejos eran dichosos por los logros producidos, los campos eran floridos por las lluvias que abundaban, los puesteros prosperaban, Pero al transcurrir del tiempo Dios castigó para ejemplo y los bienes terminaron".




"Cuando oscurecía se prendían los "sol de noche" y mientras Maruca cocinaba Don Cochengo seguía contando anécdotas, yo lo grababa y cámara en mano seguía sus gestos, su mirada, pero debo reconocer que muchas veces no me atreví a apretar el disparador. Sentía que no podía violar esa intimidad. Seguramente me perdí grandes fotos pero la vivencia superó cualquier expectativa... fue como cuando se es niño y todo es descubrimiento.
Han pasado muchos años, el libro no se publicó aún. Y don Cochengo ya lamentablemente no lo verá. Decía:
"Nosotros los pobres no olvidamos nuestras costumbres y creo que no se olvidarán, los criollos no olvidan. Porque si ese trabajo existió de muy muchos años atrás, no puede terminar nunca... jamás! Mientras existan criollos. Ahora cuando ya... esté dominado el país por los gringos, será otra cosa, no?... cambiará... Pero mientras habíamos criollos, quien sabe si vamos a dar todavía lugar... porque vamos a luchar hasta lejos, a combatir esas cosas por nuestras tradiciones".

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
Erciclia Moreno Cha: "Documental Folklórico de la provincia de La Pampa" editado 1975
CPE de Santa Rosa, Revistas 1º de Octubre
Mulé, Susana: Fotografías y comentarios

1 comentario:

  1. Hola.
    Si a alguien le interesa comprar, tengo la maqueta del libro de Cochengo Miranda, "Cochengo Miranda y las décimas que cantó", compilado y editado por Jorge Prelorán, más un cuadernillo adjunto que complementa y corrige al libro.
    Los tuve varios años, pero llegó la hora de deshacerme de ellos.
    Saludos. ¡Aguante Cochengo y su bella historia!
    Héctor.
    hectorjmendezok@gmail.com

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