lunes, 16 de diciembre de 2013

LA POSTA DE VALENTIN RAMOS

Desde que se despojó al aborígen de sus tierras en los alrededores de Leuvucó hacia el sur, entre las lagunas de Thanan-tué y Pitral-lauquen se instaló un fortín, que llevó el nombre primero de "La Resina" y después del 25 de mayo del año 1882, el de General Benjamín Victorica.

Junto con las tropas del Ejército, que llegaron desde las provincias de San Luis y Córdoba, vinieron los primeros comerciantes, con sus carros tirados por mulas, bueyes y caballos. Pocos años más tarde recalaron otros comerciantes de la provincia de Buenos Aires, como asimismo los pioneros del campo pampeano que trajeron sus majadas, caballadas y algunos pocos vacunos para comenzar la colonización.

En 1891 apareció por la zona un francés que se llamaba Alfonso Capdeville y les movió el piso a todos los lugareños que ya habían puesto en marcha sus negocios y sus estancias, diciendo que las tierras donde estaba fundado el pueblo pertenecían a su representada la sociedad anónima "La Ganadera Nacional"

Como la lana tenía muy buen precio en el mercado internacional, los campos desde la zona de Luan Toro hacia el oeste, se fueron poblando de grandes majadas de ovejas, caballos, mulas y vacunos hasta alcanzar la zona de los ríos Atuel y Salado, cuyo sistema funcionaba a pleno.

Según el maestro francés Miguel Defougéres el año 1905 el 7º Departamento, cuya capital era Victorica y abarcaba hasta el límite con las provincias de San Luis y Mendoza, había esta cantidad de cabezas:
Ganado lanar: mestizo 287.334, criollo 75.294 y puro 1.369.
Ganado caprino: criollo 31.559 y mestizo 4.801.
Ganado caballar: criollo 13.582, mestizo 1.593.
Ganado vacuno: mestizo 6.830, criollo. 6397, vacas lecheras 1.958 y bueyes 1.259.
Ganado mular: mestizo 690.



 Para traer las haciendas a las ferias de Telén y Victorica, a principios del 1900 había que contratar troperos, también llamados arrieros, que conocieran el oficio, las huellas, las aguadas y los lugares donde se podía descansar o guarecerse de algún temporal en el trayecto, que demoraba varios días. Cuando llegó el ferrocarril el año 1908 que se detuvo en Telén, estación terminal de la línea que penetró más al oeste profundo y que tenía el proyecto de llegar hacia el Neuquén y de allí hacia la cordillera, cambió  bastante el trabajo de los arreos, sobre todo cuando a partir de la década de 1920 comenzaron a abrirse los primeros caminos, los que se hicieron a pala de buey y con máquinas tiradas por caballos.

Uno de esos troperos que trabajó largos años en el oficio fue don Valentín Ramos. Otros don Juan Arias, don Eufrasio Bazán, don Julio Ceballos, también recuerdo a Santiago Correa, otro del oeste don Canuto Domínguez, también surge el nombre de Jacinto Modesto Maldonado, "avesado resero", nacido en Valle Daza. Para que el lector se haga una idea del tiempo y las personas necesarias para llevar un arreo vamos a transcribir algunos párrafos de don Tomás Domínguez, hijo de don Canuto y hermano de "El Bardino".

"En el invierno creo que de 1928 mi padre hacía arreos de hacienda vacuna a Victorica desde la barda. Del primer arreo no recuerdo muy bien, pero sí el segundo aún lo tengo presente todavía, el arreo se componía de 380 cabezas más o menos, los hombres eran mi padre, capataz. Don Santos Rodríguez que iba domando la tropilla, de donde era el famoso "Vizcacha", yo y mi hermano Diego." También los acompañó en esa ocasión don Pedro Castro.

"Al río Salado lo cruzamos en bote junto con los comestibles y las pilchas, los troperos lo hacían a caballo azotando a la hacienda y tratando de que la correntada no los lleve muy lejos." Después de narrar varias anécdotas agrega este párrafo: "Así fue que en el transcurso de más de veinte días más o menos estábamos en las vecinas calles de Victorica para tratar de entrar a las ferias el día siguiente bien temprano."
Colgado arriba se observan tres cantimploras o chifles que usaban los troperos para juntar y llevar agua dulce para beber. Como se puede ver los tientos que cuelgan servían para atarlos del recado y llevarlos en el caballo.En la foto de más arriba se observan dos elementos indispensables para el arriero y el tropero, las herraduras para los caballos y los frenos para equinos y mulares.

También se observan estribos de hierro y otros de suela. En Telén según la Guía de Defougéres citada, figuran dos Agencias de transportes troperos la de José Carreño y Cía y la de Benjamín Peñaloza y Cía., lamentablemente no aparecen citados los de Victorica, pero uno de los últimos que supo tener los carros de su padre fue don Manuel Gatica, parte de los restos de esos antiguos carros están en el Parque Los Pisaderos. A fines del año 1938 Victorica tenía dos fábricas de carros Berasategui Hermanos y la de don Pedro Codesal, en tanto que para las reparaciones además de ellos se agregaba don José Ghizzo.
El año 1942 don Valentín Ramos, que ya había andado leguas y leguas por distintas huellas hacia los cuatro puntos cardinales del noroeste de La Pampa y sur de San Luis, decide formar pareja y establecerse en el pueblo. Es que con la aparición de los camiones que fueron sustituyendo a los carros y los troperos, el trabajo comenzó a mermar. Doña Luisa Torres le ayudó a hacer el barro para levantar el rancho en un cuarto de manzana en la zona donde estaba la sala de Primeros Auxilios, situada "a tres cuadras del pueblo, en una lomita semi-médano fijo, cubierto por olivillo y romerillo", para el lado de la estación del Ferrocarril, cerca de donde estaba la feria más antigua de Bravo y Castro.

Don Valentín dispuso poner en marcha un lugar donde dar de comer y beber a los troperos, arrieros a los que se sumaban algunos esquiladores y alambradores, muchos de los cuales eran sus amigos. Para eso arregló en el fondo del solar un lugar donde dejar los carros y los caballos y mientras estos descansaban y eran alimentados, sus dueños después de descansar de largas trajinadas, se entretenían en el pequeño almacén, que además tenía cancha de bochas y servicio de comida y copas al mostrador. De ahí deriva el nombre "La Posta" con que Ramos identificó a su emprendimiento comercial.
Alrededor del año 1944 nació el hijo de  Luisa y Valentín. Como era costumbre se lo bautizó con el nombre de Orlando Valentín, el primer nombre probablemente de algún familiar de la madre y el segundo nombre el del padre. Fuimos compañeros de la escuela primaria en la Nº 7 en la década de 1950. El se sentaba detrás de mi banco y en el de más atrás lo hacía Nicolás Samuel Sejas, un dibujante de historietas, hermano del "Chicho" Sejas vecinos del barrio y clientes de "La Posta".También nuestros compañeros "Laucha" Muñóz, "Rikin" Lonati y otros eran de los encuentros. Asimismo el Juan Coria es recordado como uno de los clientes asiduos.

Cerca de allí estaba el rancho de don Claro Morán, su hijo Carlos, ejecutante de acordeón tipo "verdulera" y su hermano Roberto, guitarrero, eran asiduos visitantes de "La Posta" y amenizadores de algunas fiestas.
Don Valentín era un hombre ingenioso. No sólo construyó su vivienda, sino además que fabricó todas las mesas, bancos y estanterías que utilizó en el mismo. Doña Luisa era la que cocinaba, hacía el café y preparaba el pan casero. Don Valentín era el asador experimentado y el que atendía las mesas y también se prendía en el juego de las barajas o en la rueda de los relatos. También el local tenía un juego de "El Sapo" que no faltaba en los boliches de campaña.

Como Victorica no tuvo luz eléctrica domiciliaria hasta los primeros años de la década de 1950, que llegase a los barrios alejados del centro, la casa de familia y el negocio se alumbraba con candiles y faroles a kerosen. Para mantener la carne y los chacinados y evitar que se echase a perder, debajo de la sombra del parral estaba colgada la fiambrera.

El único problema y que le trajo muchos inconvenientes cuando llegó el pavimento a principios de la década de 1970, fue que había edificado la casa, sin capa aisladora y por debajo de la línea de nivel de la calle. Por eso la casa tiene escalones en todas las puertas que dan al exterior.


Con el tiempo "La Posta" fue lugar propicio para que algunos de los cantores  y músicos lugareños hicieran sus encuentros. Se sabe que la guitarra criolla es el instrumento más difundido entre los paisanos del oeste.

Pero también hay algunos que sabían tocar el acordeón tipo "verdulera" y los menos el bandoneón o el acordeón a piano. Por allí deben andar los duendes de los músicos, poetas y cantores que pulsaron instrumentos y afinaron su voz para cantar huellas y milongas camperas, de esas que el gaucho y el paisano del oeste de La Pampa, que había recorrido a caballo las antiguas rastrilladas, convertidas luego en huellas y posteriormente en los primeros caminos de la travesía, habían escuchado en mateadas, en las yerras y en asados en los campamentos.  

Roberto "Chicho" Sejas nos ha dejado su "Corralera de La Posta" a la que le puso música Alfredo Gesualdi, aquí transcribo algunos fragmentos.
"El boliche de la posta/es el de Don Valentín/donde hay siempre una sonrisa/que nos ayuda a vivir.
"Nelo, el Laucha, Julián Pérez/suelen frecuentar allí/Don Juan Arias, Chicho, el Negro/Alfredito y Bartolín.
"En horas de guitarreada/ donde el duende de Ramón/un singular personaje/amigo del diapasón.
"Le canto a don Valentín/a Doña Luisa, la tía,/ ellos infunden ternura/nos regalan alegría". 

La maestra y escritora Irma Gatica de Poggi le ha dedicado un poema a su abuelo titulado: "A un arriero. A mi abuelo", cuya primera estrofa dice así: "Tropero de nuestra pampa,/anochecido de arriar/por delante los mugidos/por detrás la inmensidad./ Cuando en la patria, las huellas/eran sólo soledad.../acorralabas distancias/por liberar tu ansiedad./(arriabas vacas ajenas y toda tu soledad)"
También don Carlos Balech nos describió a "Don Melitón el tropero" en este poema, del que transcribo dos décimas: "Recuerdo su recia figura/su mirada penetrante/que parecía distante/como oteando la lejura/desde su cabalgadura,/rastreando alguna res/e incierta huella tal vez;/su cabello ya canoso/junto al bigote copioso,/le enmarcaban la tez."
"De ala corta el sombrero/que llevaba requintado/sobre el pelo enmarañado;/un pañuelo serenero,/buen tirador y culero,/un lustroso chifle de guampa,/ancha faja pampa,/botas de potro usaba/que con un tiento se ataba/y completaban su estampa."

Para enfriar las bebidas en verano don Valentín compró dos conservadoras, cuya foto se ve arriba. En el espacio superior se ponía hielo en barra y en los estantes de abajo se colocaban las botellas, sifones. El hielo se compraba en barra en la fábrica de la firma Rochereul Hermanos, quien también proveía a domicilio de soda en sifones y bebidas gaseosas, algunas de las cuales eran fabricadas en la propia empresa como la Naranja Bils.

El otro recurso, cuando las pequeñas "heladeras" no alcanzaban era poner en una lata hielo con las botellas y bajarlas al fondo del pozo para mantenerlas fresquitas. Y el último recurso para tener agua fresca, era colgar la damajuana con agua, forrada de arpillera mojada, debajo de la enramada para que el aire la refrescase.

Este era el espacio de la cocina familiar, donde doña Luisa mantenía siempre la cafetera caliente, la pava para cebar mate, hacía al horno las empanadas o cocinaba las tortas fritas y pasteles para las ocasiones especiales. Ella era la que llevaba la administración del hogar, la que iba a la Municipalidad a pagar los impuestos y la que realizaba los trámites en Rentas o en el Banco, como así también la compra en los almacenes. En tanto Valentín atendía a los viajantes de comercio que vendían cigarrillos, tabaco, golosinas, fiambres y sobre todo las bebidas espirituosas, muchas de cuya botellas vacías se observan en la estantería.

FUENTES CONSULTADAS
Defougéres, Miguel: "Guía de La Pampa Central" editada en 1906
Domínguez, Tomás: "Horizonte Lejano" Fondo Editorial Pampeano. Santa Rosa febrero de 1994
Ferrocarril Del Oeste: Guía Comercial de la "Gobernación de La Pampa", editada año 1.938
Moreno Chá, Ercilia: "Documental Folklórico de la Provincia de La Pampa, Buenos Aires 1975
Asociación Pampeana de Escritores: "Poemas para decir cantando"
Fotografías: Luis Ernesto Roldán


4 comentarios:

  1. Mi abuelo Federico Montenegro fue tropero toda su vida, también en la época de Don Valentín Ramos. Mi papá, Guillermo Montenegro, lo recuerda como un trabajador cuyo oficio requería de mucho sacrificio, con semanas enteras de ausencias, pero con regalos (piches y avestruces) en su maleta de regreso a casa. Entre sus recorridos, realizó la zona del sur de San Luis, en ocasiones acompañado por Don Vallejo, otro viejo tropero.
    Melina Montenegro-.

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    1. Hola Brenda, muchas gracias por tu comentario. Me gustaría incluir en este artículo un párrafo con estos datos que aportas y sería necesario una consulta, mandame si tenes correo electrónico o perfil en facebok para poder intercambiar en privado. Muchas Gracias.

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  2. Su relato, nos trae muy gratos recuerdos ya que vivimos toda nuestra vida a una cuadra del boliche "La Posta"

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    1. Brenda me interesaría si tenés alguna foto de tu padre a caballo, espero tus noticias por correo electrónico o facebook, te mando un cordial saludo!

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