domingo, 15 de septiembre de 2013

FABRICA LA PAMPEANA



Han pasado ya muchos años, y la mayoría de las personas que están involucradas en esta historia ya no están entre nosotros.
Tampoco está en pie el galpón que albergó aquella primera fábrica de mosaicos, piedras de granito y ladrillos de máquina.
Me estoy refiriendo a la Fábrica que nuestro abuelo Luis Cesanelli puso en marcha, probablemente en la década de 1920, allá en Victorica, en el noroeste del entonces Territorio Nacional de La Pampa.
Cuando llegó de Italia, el tano Cesanelli declaró ante las autoridades de Migraciones que su oficio era el de constructor, según consta en los registros del año 1908.
Según solía decir Carmelo Lamónica uno de los hijos del italiano que llevaba el mismo nombre y apellido y también de oficio constructor, ellos, acompañados también por el italiano José Vitanza, habían llegado a Victorica construyendo las estaciones, las casas del personal y los galpones del Ferrocarril del Oeste, cuya línea salía de estación Once y llegó un mes de mayo del año 1908 a Telén que se convirtió en punta de riel, al quedar trunco el proyecto de prolongación hacia el suroeste.
El año 1913, luego de haberse hecho conocer en ese pueblito de frontera, y dado su rectitud y contracción al trabajo el joven Luigi acepta la propuesta que le hacen las autoridades municipales de entonces dirigidas por su Intendente don Augusto Iribarne, de designarlo como Encargado de Líneas y Niveles sin derecho a percibir emolumento alguno.



Victorica comenzaba su segunda etapa de crecimiento edilicio, dado que los adjudicatarios de solares fiscales, debían cumplir con las obligaciones que habían contraído, con la Dirección Nacional de Tierras Fiscales de la Nación, de cercar, el predio, alumbrar agua y edificar una casa.
Pero hubo algunos problemas que retrasaron el crecimiento edilicio realizado conforme a las normas legales y contractuales. En primer lugar fue el tema de los títulos de dominio sobre la tierra. Dado que durante los primeros diez años por lo menos, hubo tres tipos de títulos para las tierras fiscales. Uno que tenía origen en las autoridades militares del Fortín Resina, luego designado General Benjamín Victorica. El segundo el título provisorio que otorgaban las autoridades municipales, el que luego era legalizado por el primer gobernador del Territorio Nacional de La Pampa Central, el General Juan Ayala, con asiento en la Capital que por ese entonces era General Acha. A esos títulos se sumaron los que también concedía la Dirección Nacional de Tierras y Colonias. 
Luego y a partir de la nueva legislación nacional los Inspectores Nacionales de Tierras Fiscales recorrían los Territorios Nacionales, entre ellos el de la Gobernación de La Pampa requiriendo y emplazando a los morosos el cumplimiento de las obligaciones.
El segundo problema era que casi nadie arriesgaba inversiones en tierras donde el agua, no era fácil de encontrar y sobre todo la de buena calidad, con excepción de la zona de médanos.
Hacer un pozo y dotarlo de las seguridades necesarias para su explotación, alambrar el predio y construir una vivienda no era sencillo, cuando no se sabía si se podría vender después sin tener un título en legal forma.
Lo que algunos permisionarios hacían era lo que podían realizar con su propio esfuerzo, conocimientos y algunos pocos pesos de sus ingresos. Por eso cuando llegaron los Inspectores se encontraron con estas novedades: los lotes estaban sin alambrar, en el mejor de los casos se había construido un rancho de “chorizo” con techo de zinc, al final del cual habían colocado una canaleta para recolectar agua de lluvia. Las construcciones de material “cocido”, es decir con ladrillos, aberturas de madera y techos de chapa canaleta de zinc, piso de pinotea y cielorraso del mismo material eran generalmente la de los comerciantes y la de las familias acomodadas, generalmente ganaderos.
Una de esas casas es la que aún está en pié enfrente de la Iglesia Católica, que fuera construida el año 1912 por el pionero del campo pampeano, el español don Máximo García, que había ganado bastante dinero cuando el precio de la lana en el mercado internacional estaba alto y con la semilla de alfalfa cosechada en su campo en la zona de Carro Quemado al sur, que obtuvo no sólo premio en Argentina, sino también en Italia.

Este era el espacio que ocupaba la Fábrica, donde se observan las tres piletas que se utilizaban para la fragua de los mosaicos



En 1914 Cesanelli presenta presupuesto a la Municipalidad para hacer los cordones de las veredas, según se había establecido por ordenanza. Pero en esa oportunidad el mejor precio es el de su amigo Vitanza.
Don Luigi, hombre buen mozo, joven y trabajador, trabó relación con la joven Jacinta Paz, -menor cuatro años que el pretendiente-  hija de la pionera doña Juana Paz. Se juntó con ella y su primer hija nació el 19 de enero del año 1914, a la que bautizaron con el nombre de Trinidad, firmaron el acta como testigos don Ángel Alonso y don Juan Sansinanea, ante el Juez de Paz don Ignacio Zamorano.
Por aquellos años se detectan algunos pocos hornos de ladrillos en las quintas y chacras cercanas al pueblo.
En 1918, junto con sus socios Teodoro Leyton y el italiano Isidro Condotta realizaron la construcción e instalación del horno de la Panadería del italiano Julio Marzano, que aún hoy se mantiene en pie a la entrada del parque “Los Pisaderos”, el lugar donde inicialmente las tropas del Ejército hicieron con tierra negra y pasto puna, el barro que pisoteaban con los caballos, para cortar los adobes.
Cuando llegó el momento de realizarse las segundas elecciones nacionales conforme a la nueva ley que consagró el voto universal, secreto y obligatorio, don Luigi Cesanelli se enroló en las filas del radicalismo y por ese partido fue electo Concejal de la Municipalidad de Victorica, cuando en la Nación ganó don Torcuato de Alvear.
Según un aviso comercial publicado en el periódico El Heraldo Nº 935 del 28 de julio del año 1926, se puede leer: “Fábrica de Mosaicos “La Pampeana” de Luis Cesanelli” como encabezado, a lo que se agregan dos líneas aclaratorias: “Se fabrican mosaicos y baldosas de toda clase, elaborados con materiales de primera calidad” A continuación y en letra negrita “Soliciten muestrarios y presupuestos” y el cierre con letras más grandes y también en negrita se resalta: “Precios módicos” y la dirección Victorica F.C.O.
La primera población cristiana estable fundada por el Ejército, contaba en 1887 con dos comercios de Ramos Generales importantes, que abastecían  a toda la amplia comarca. Uno el de Llorens, Antich y Cía. que tenía casa central en Trenque Lauquen (provincia de Buenos Aires) y el otro el de don Lucas Viniegra.
Nuestro abuelo fue cliente de Viniegra en sus primeros tiempos, donde tenía cuenta corriente abierta y sobre la que libraba órdenes de pago y giros o letras de cambio. Esa fue la casa proveedora local de los materiales que utilizaba en su fábrica. Aunque con el tiempo supo hacerse de otros proveedores de Buenos Aires,  en los tiempos que las grandes casas del ramo de la construcción solían enviar muy buenos catálogos con las ofertas de esta industria. Los colores para los mosaicos calcáreos, el iggam para las paredes exteriores, el hidrófugo para las capas aisladoras solían ser adquiridas de esa forma.

Aviso publicado en el Periódico "El Heraldo" de fecha 28 de Julio de 1926



Después y a partir del año 1945 se hizo cliente de la sucursal de Federico Calandri y Cía. porque le quedaba más cerca de su fábrica.
A veces y de acuerdo a la cantidad de material solía hacer solicitudes a otras provincias como Córdoba donde solía pedir el canto rodado para el hormigón armado o a las fábricas de cemento y cal en la provincia de Buenos Aires o San Luis. En este caso los pedidos llegaban por transporte de cargas del ferrocarril del oeste.
Después de cubrir la demanda de los organismos públicos y de las familias acomodadas, llegó también la demanda de las familias que lo contrataron para hacer obras en el cementerio local, donde muchas de las bóvedas o panteones contienen materiales de su producción.
En la mosaiquería y a lo largo de más de tres décadas y media trabajaron distintos cortadores. En el galpón de chapa que tenía contiguo a su vivienda, tenía instalada la prensa manual a balancín, el depósito de materiales y las piletas para hacer fraguar el material fresco, trabajaron distintas personas a las que don Luis les enseñaba desde lo más elemental hasta lo más complicado para que el material no saliese defectuoso.
Voy a mencionar solo algunos que rescato de mi memoria, a muchos de los cuales vi personalmente hacer su trabajo, en ese viejo galpón de chapa, que era sumamente caluroso en verano como frío en invierno y cuando corría viento se volvía insoportable.
Tono” Villoria, que además integraba el plantel de la empresa de construcción. Lucio Ramos, Alberto Moisés, Eusebio Sánchez, “Negro” Machado de Santa Rosa, Sebastián Jacobo, hasta que luego se independizó y construyó su propia fábrica. Emérito Zapata, Juan Millahueque y otros que no recuerdo.
Todos los mosaicos con los que se embaldosó el perímetro de la plaza y sus caminos fueron fabricados allí. Su propia casa de familia es una pequeña muestra de algunos de los dibujos que tenían los mosaicos.
La tarea de los cortadores, que cuando había mucho trabajo, solían tener algún ayudante para ciertas tareas como hacer la baña y la seca, ayudar a colocar y sacar los canastos de las piletas con agua de fraguar, apilar luego el material ya listo para la venta. Limpiar los moldes etc.



Como de niño solía ir en las vacaciones o los fines de semana a ver trabajar, tengo grabado todo el procedimiento. El trabajo comenzaba preparando lo que se llama la baña que es arena de río con cemento al que se le agrega agua para mojarlo. Luego la otra mezcla a la que se denominaba “seca” se obtenía con arena fina de médano, previamente zarandeada para limpiarla, a la que se le agregaba cemento y como no llevaba nada más de allí deriva su nombre.
Después había que preparar el color, para los mosaicos de vereda tipo vainilla o cuadraditos, se utilizaba el color natural del cemento, al que se preparaba con agua hasta que quedaba líquido.
Habiendo preparado todos los materiales, el cortador tenía en un balde al alcance de su mano en un costado la “baña” y en otro recipiente el color y del otro costado la “seca”.
Enfrente de él tenía la horma de metal compuesta de una plancha y de un marco móvil que se ajustaba. La plancha debía estar rigurosamente limpia, para eso se utilizaba una almohadilla impregnada con aceite de lino generalmente.
Se pasaba la almohadilla, se colocaba el marco y comenzaba la operación. Primero se volcaba con la cuchara el color, seguidamente se cubría este con una capa de seca y a continuación se rellenaba con la baña. Luego se colocaba la tapa metálica y el cortador empujaba todo hasta el centro, luego tomaba con sus manos la manija de cuero y tiraba con todas sus fuerzas para que el balancín, que tenía en cada punta dos grandes pesas circulares, comenzara a girar y fuera bajando hasta golpear con fuerza la tapa sobre el marco.
Luego se procedía a retirar el balancín, se tomaba el marco de la manija para traerlo nuevamente cerca del cortador quien procedía a abrirlo, aflojando el marco primero, retirando la tapa después y la última operación es la que requería de mayor habilidad y delicadeza, dado que se trataba de desmoldar el mosaico fresco de la plancha sin que este sufriese fractura alguna. Eso se hacía con la punta de los dedos y había que caminar con el mosaico hasta el lugar donde estaba el canasto y apoyarlo allí.

Cuando la fabricación era de mosaicos de color, a toda esta operación se intercalaba otra que consistía en seleccionar previamente la matriz metálica con el dibujo que se había elegido y hacer los colores que habían sido seleccionados por el cliente.
La matriz se colocaba y luego conforme al diseño en ella se volcaban los dos o tres colores que llevaba cada mosaico.
En muchas casas de familia y comercios u oficinas de Victorica todavía se pueden observar estos mosaicos calcáreos que como estuvieron hechos con la conciencia y responsabilidad de un empresario honesto que empleaba materiales de muy buena calidad, sus propietarios quedaron conformes.
Enumero aquí algunos lugares donde se los puede observar: Club Cochicó en el salón chico, la cantina y las dependencias administrativas. También en el Colegio San Juan Bosco. Asimismo en la Biblioteca Bartolomé Mitre, edificio que fue construido por la empresa de Luis Cesanelli el año 1926, en lo que fue la primitiva Sala de Primeros Auxilios de la Sociedad de Beneficencia en dependencias readecuadas décadas después, para consultorios y laboratorios del Hospital.

En la Guía que editó el Ferrocarril del Oeste del año 1938 bajo el rubro Profesionales en la rama Constructores aparecen mencionados en este orden: Luis Cesanelli, Teodoro Leyton, Emilio Gilardenhi, Santiago Roca. Más adelante en el rubro Industrias en la rama Fábrica de mosaicos: Luis Cesanelli.

Aviso publicado en el Periódico Calden Nº 6 de Victorica, del viernes 13 de agosto de 1943

La casa de familia y de comercio de don Abraham Julio en la esquina de las calles 10 y 11: el Hotel y Restaurant de Amat, actual Mazameth, frente a la plaza. Lo que fue la Confitería de don Leopoldo Iribarren en la esquina de la plaza frente al Banco de la Nación Argentina y la escuela Nº 7.

En casas de familia, en las que tienen una antigüedad mayor a sesenta años, con seguridad tendrán alguna parte con estos productos de Fábrica “La Pampeana” del tano Cesanelli. Pero cito solo dos casas de las más nuevas que son de los últimos años en que trabajó en la construcción, me refiero el chalet de don Agustín Borthiry y luego la casa de familia de su hijo Osvaldo Borthiry.
Voy a citar además algunos de los trabajos que realizó la empresa de Luis Cesanelli en otros pueblos vecinos como la Escuela y la Comisión de Fomento de Loventuel. También en la antigua escuela de Carro Quemado, zona en la cual Cesanelli era ampliamente conocido porque había trabajado en varias estancias.
Entre tantos trabajos a lo largo de cuatro décadas extensas en la industria de la construcción nuestro abuelo y la gente que lo acompañó, construyó también en campos de la zona; solo citaré algunos de los que se acordaba “Tono” Villoria quien desde los 16 años había comenzado a trabajar con él, hasta que se largó por su cuenta a mediados de la década de 1950.

En la zona de Telén en “La Marcela” de Enrique Tomás Kenny y en la denominada “Santa Camila” que fuera de la sociedad de Capdeville con los Dewavrin y que luego fue de don Emilio Kenny.
En la zona de Carro Quemado nuestro abuelo recibió grandes satisfacciones y también quienes lo contrataron guardaron recíproca estima por sus trabajos en la Estancia “Santa Ana” de Gómez Ribas, en “La Pelada” de Enrique Gesualdi y “La Morocha” de Lernoud padre y luego de Carlos Lernoud. En la zona de Luan Toro la remodelación del Hotel “La Paz” en ésa época ya era  de propiedad de don José Guerra, en la estancia de don Emilio Lorences.
Pero uno de los contratos que destaco y que Villoria lo consideró como de las grandes épocas de la empresa, es la construcción de la Estancia “Las Vertientes”, propiedad de la firma holandesa J. J. Blydenstein, donde estuvieron trabajando aproximadamente dos años.




Detalle del piso de la sala del comedor de la casa de familia. El tipo de dibujo se denomina panal de abeja.
La esposa de Ortiz Echagüe (hijo) solía recordar que nuestro abuelo Cesanelli, que construyó la casa de familia de “La Holanda”, en vida de don Antonio Ortiz Echagüe, el pintor español, lo había recomendado a los dueños de “Las Vertientes” y Cesanelli en retribución a esa gentil y prestigiosa carta de recomendación, le ofreció construirle el edificio del Atelier para el pintor. El trato habría sido, consiga usted los materiales y tendrá su lugar para pintar. Así se hizo y ese cuerpo se anexó muchas décadas después a la nueva construcción de la amplia sala de exposición donde se puede observar parte de la obra de este gran pintor.
En 1958 el abuelo tomó la concesión de la Cantina del Club Social de Victorica, y alquiló la fábrica de mosaico. Años más tarde se la vendió a “Nano” Gracia, quien finalmente la desmanteló. Actualmente como se observa en las fotografías el lugar aún (9-2013) está baldío.

Luis Cesanelli empina la botella de cerveza, condotta con su cuchillo corta carne y Leyton ha posado con la guitarra

No obstante aún su vivienda familiar, que compartió con su esposa Jacinta y sus cuatro hijas, está en pie y en ella se pueden observar todavía algunos de los tipos de mosaicos calcáreos procedentes de su fábrica. En la pared posterior del galpón demolido, solía tener también una muestra de los ladrillos cortados a máquina y producidos con cemento. Quienes hayan visitado las Estancias Turísticas de La Pampa dentro del Departamento Loventué y casas de familias podrán admirar los productos mencionados en algunas de las cuales también se encuentran algunos bajomesadas y juegos de jartín de mesa y bancos realizados totalmente en granito blanco y negro con base color cemento, que fueron realizados también por él y sus ayudantes.

En el Cementerio de Victorica también se pueden observar en muchos de las Bóvedas de las décadas de 1940 y 1950 pisos y aún cruces realizadas en su fábrica. Todavía está la que identificaba la tumba del Cacique Yancamil.

FUENTES CONSULTADAS UTILIZADAS
Roldán, Luis Ernesto: "Historias de Vida", Santa Rosa (La Pampa) 1999
Guía del Ferrocarril del Oeste sobre la Gobernación de La Pampa año 1938
Periódico "El Heraldo" fecha citada
Periódico "Caldén" fecha citada

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