martes, 13 de agosto de 2013

FUGA DESDE TOAY



 DEL CAUTIVO SANTIAGO AVENDAÑO
Santiago Avendaño, fue un niño argentino, raptado en la provincia de Buenos Aires, que estuvo cautivo entre los Ranqueles desde los ocho hasta los quince años.
Su cautiverio lo pasó en la zona de Toay (actual Provincia de La Pampa) entre los años 1842 a 1849, cuando en Argentina estaba en pleno desarrollo la guerra civil entre los Federales y los Unitarios.
El Reverendo Meinrado Hux, de la Orden de los Benedictinos, de nacionalidad alemana, había nacido en el año 1921 en Tobel, Kanton Thurgau, Suiza, llegó a la Argentina en mayo de 1948. A lo largo de su vida desde su asiento de la Abadía de Santa María de Los Toldos, provincia de Buenos Aires, se dedicó a investigar la cultura aborigen, tarea que prosiguió hasta su muerte ocurrida el 5 de noviembre del año 2011.

El año 2004 la editorial Elefante Blanco publicó la obra de Hux, titulada “Memorias del ex cautivo Santiago Avendaño”, que es una recopilación de las andanzas de este personaje.
Voy a tomar fragmentos de este volumen para seguir el cautiverio y sobre todo la fuga de Santiago Avendaño en territorio de “tierra adentro”, es decir más allá de la frontera que existía entre el Estado en la época de la Confederación Argentina y las diversas tribus aborígenes que poblaban la pampa subhúmeda y la Patagonia.

Pero antes de avanzar conviene destacar lo que el Investigador Meinrado Hux comenta en una parte del Prólogo a la obra citada respecto a la actitud del escritor Dr. Estanislao S. Zeballos.
“Cuando descubrimos los manuscritos de Santiago Avendaño nos pareció un hallazgo. Por citas del Dr. Estanislao S. Zeballos y del viajero Henry Armaignac, quienes visitaron en Azul al famoso ex cautivo Avendaño, sabíamos que éste había escrito unas memorias. El Dr. Zeballos incluso las aprovechó para escribir la trilogía famosa: Calfucurá y la Dinastía de los Piedra (1884), Painé y la Dinastía de los Zorros (1886) y Relmú, Reina de los Pinares (1887).”


Tapa del libro ilustrada con el oleo de Juan Manuel Blanes "Los dos caminos" 

“Precisamente hallamos estos manuscritos entre los manuscritos coleccionados por el Dr. Zeballos y que, a su tiempo, los hijos del famoso jurista y escritor entregaron al director del Museo de Luján. El Dr. Jorge Rojas Lagarde tuvo la suerte de encontrar y fotocopiar el cuerpo principal de esta colección y me invitó a colaborar en la preparación de una primera edición de este libro, escrito un siglo y medio atrás.”
Y subraya Hux, planteando su duda ética: “Es curioso que el Dr. Zeballos no diga con franqueza que ha usado estos escritos. El primer capítulo de Callvucurá sigue el texto de los manuscritos de Avendaño y otros lo aprovechan libremente. El Dr. Zeballos dice en su primera Nota: Este capítulo es de una rigurosa exactitud histórica. He tomado los datos que consigno desde 1833 hasta 1861 de un curiosísimo manuscrito de 150 fojas de oficio que, en 1879, encontré en el desierto, entre los médanos cercanos a la posición que hoy ocupa el pueblo General Acha.”

Dejo aquí el planteo de Hux que ustedes podrán leer in extenso en el libro citado y sacar sus propias conclusiones.
En el capítulo III titulado “Una página autobiográfica de Santiago Avendaño”, este expresa:
“Yo, Santiago Avendaño, fui raptado por una invasión de indios ranquilches en un establecimiento rural al sur de la provincia de Santa Fe, el día 15 de marzo de 1842. Tenía entonces 7 años,  7 meses y 21 días, cuando fui arrancado a mis padres. Papá se llamaba Domingo Avendaño y mamá, Felipa Lefebre. Éramos cinco hermanos.”

“El 16 de marzo de ese 1842 los indios ranquilches me arrastraron consigo hacia sus toldos. Luego supe que la invasión había sido encabezada por los caciques Coliqueo, Painé, Anequeo, Quechudeo, Caniú-Cal, Llemul-hue, Nahuelcheo, Güelé, Yanqué, Trolui-laf, Calfuqueo, Güenu-vil, Güenu-Cal y otros, cuyos nombres olvidé.”


“Al cabo de unos días de angustia y padecimientos llegué a parar en la casa del cacique Caniú (o Caniú-Cal). Este llegó a quererme como a un hijo y yo también le daba el nombre de padre. La india que me crió se llamaba Pichi Quintuy”.

Más adelante el joven niño Santiago Avendaño agrega datos sobre el paraje de su cautiverio, describiéndolo en éstas líneas: “…residen en las faldas del bosque llamado Quenquinor Mamuil (Monte Redondo), cuyo distrito está lindando por el Este con el de Vichá Trumé (Juncal Grande). Por el Nor-Este con Tromú-Rau, por el Nor-Oeste con Poitá-güe, por el Oeste con Palao-mancá (Mancarrón  gateado) y por el Sur-Oeste con Mutrén-quelu (Clavado). Y por el Sur lindan con la costa del gran bosque, que se extiende hasta más allá de Bahía Blanca.” Digamos que Poitá-güe (en realidad Poitahue) significa según Rodolfo Casamiquela: atalaya, divisadero, desde la loma.
Pasando al capítulo IX  del libro de Hux que estamos siguiendo, titulado “La fuga del cautivo Santiago Avendaño contada por él mismo (1849)”, se puede leer algunos fragmentos sobre la vida en los toldos y sus experiencias.

“He dicho ya en otro lugar que entre los indios se había declarado una terrible epidemia, que iba expandiéndose con suma rapidez… El año 1846 invadió la langosta los sembrados, causando daños hasta tal extremo que todas las hermosas huertas se talaron devoradas por esta plaga. Esta manga de langostas dejó su cría para que la segunda aparición de esta plaga, al año siguiente, fuese más horrorosa aún. Hasta las cortezas de los frondosos algarrobos eran atacadas.”

Y seguidamente expresa: “Yo tenía entonces 12 años de edad. Era el que hacía todo en la casa, pues no había otro peón en la casucha. Libre de las atenciones que exigían los sembrados –porque la langosta había consumido todo- sólo me dedicaba a cuidar el ganado de mi amo Caniú. Su hacienda constaba de unas ciento y tantas vacas lecheras con sus crías. Mi trabajo era el pastoreo, más difícil en épocas de calamidad. El que no tenía que comer se lo procuraba con prontitud de aquel que lo tenía y se descuidaba.”

Más adelante Santiago recuerda un aspecto que provenía de su vida familiar antes del cautiverio: “No omití mis plegarias a Dios desde que fui cautivado,…mientras permanecí en cautiverio conservé un librito de ejercicios cotidianos, en el que leía cada séptimo día los oficios de la santa misa. Calculaba cuando era domingo. Y a veces llevaba mi libro al campo para cumplir con Dios.”
“Este libro, que en mi concepto era lo más precioso que poseía, me lo había regalado el coronel Dn. Manuel Baigorria,…”.

Manuel Baigorria era un mestizo, que había nacido en San Luis. Fue nombrado oficial del Ejército Provincial en apoyo al General unitario José María Paz. En la batalla del Rio Quinto contra Juan Facundo Quiroga le tocó formar entre los vencidos. Anduvo un tiempo entre los montes, hasta que tomó la decisión de enfilar hacia los toldos. Fue recibido  por el entonces Jefe de la “Nación” ranquel el cacique Llanquetruz, quien lo adoptó como un hijo.
..........
Dice Avendaño en sus Memorias recopiladas por el Investigador Hux: “Baigorria, hombre infatigable y advertido, hizo un reconocimiento por la laguna Trecau-lafquén (Los Loros) y por la laguna Vayú aucá (Baguala Baya). Una y otra laguna estaban como a sesenta leguas del centro de la toldería y la primera distaba de la segunda como dos leguas y media. Ambas al norte de los toldos y en un terreno llano con isletas de chañares y algarrobos. Para llegar hasta allí era preciso atravesar un bosque de unas diez leguas de ancho, espeso y solitario, sólo habitado por tigres y leones.”
……….
“Un día el coronel Baigorria me invitó a salir con él a cazar pumas y correr guanacos (luán o luhand).
“Nada más precioso, más poético, ni más sublime, que la perspectiva de aquellos lugares desiertos pero bendecidos por la naturaleza. Allí vagan grandes grupos de guanacos en forma de manadas de baguales, seguidos de sus crías, tan hermosas como los padres. Vimos cuatro cuadrillas de avestruces, alimentándose con flores de diferentes colores y tamaños. El campo todo se veía alfombrado de varios matices, ya verdes, ya amarillentos o rosados. Se divisaban tunales que producen higos de varios colores, cuya planta espinosa no permite caminar encima. Era eso, sin exageración, la hermosura completa, que vimos en aquellos campos vírgenes.”



“Encontramos también grandes lagunas, saladas unas y desabridas o salitrosas otras, en las que pacían majestuosamente grandes bandadas de flamencos rosados con alas negras, cisnes con su hermoso pescuezo negro lustroso. De cuando en cuando soltaban esos cantos o gritos impotentes y melodiosos, confundidos, con las diferentes razas de patos, formando todo un conjunto armonioso capaz de transformar la mente humana al contemplar tanta maravilla creada, alimentada y conservada por el Omnipotente, para admiración de sus criaturas ¡Sublime espectáculo!”.
……….
Santiago Avendaño, joven perspicaz, buscó constantemente la posibilidad de acercarse a conversar con el Coronel Baigorria, porque él sentía que se había creado una corriente de mutuo afecto que le podría ayudar en su siempre ansiada fuga de los toldos para reencontrarse con su familia natural.

En una ocasión de esos encuentros relata Santiago: “…ese día estuvimos bajo la sombra de unos chañares. Allí pasamos la siesta conversando sobre mi salvación. Y me dijo: -Dentro de pocos días ya tendrás a tu padre aquí, porque el plazo de salir a malón viene cerca. Y dos o tres días antes de su vencimiento tienen que estar todos preparando sus caballos. La invasión se hará a San José del Morro. Tenemos que ir en línea recta al Norte desde este punto. Por consiguiente, vos podrás irte derecho al poniente pasando la laguna de Los Loros. Por allí va un camino que te llevará hasta el Chazi-leufú (Desaguadero). Cuando hayas llegado al río ya no hallarás camino sino algunas sendas perdidas y sin rumbo. No las sigas a menos que vayas costeando el río en dirección al Norte. El río tampoco lo pases, porque, yendo por el costado, te llevaría directamente hasta poner tu hombro derecho frente a un cerro que hallarás a tu costado a poca distancia y a la parte del naciente. Ese cerro se llama Cerro Varela."

“Tan luego como tengas a tu costado derecho dicho cerro, ahí el río tomará otra dirección, es decir hacia el noroeste. No te conviene seguirlo, porque tendrías que andar mucho más para llegar a la frontera. Seguí siempre en dirección al Norte, dejando a tu izquierda una gran laguna que se llama Bebedero. Desde ahí tal vez distingas la sierra más encumbrada que hay en la provincia de San Luis, la Sierra del Chorrillo. Una vez vista ésta, andá de frente hacia ella.”
“-Pero, señor- le dije yo y los tigres no me destrozarán?-No- replicó Baigorria- los tigres no te harán nada porque Dios te ayudará en el viaje.”


El croquis del itinerario que recorrió Santiago Avendaño desde los toldos de Toay hasta el Puesto "Los Dos Talas" en San Luis (Tomado del libro citado)


“Pero yo pensé de otro modo. Desde donde mudé caballo, tomé el rumbo al Oeste, derecho a unas lomas muy altas por las cuales había andado días antes en una boleada de avestruces.”
“Yo había tomado ese rumbo para ir a tomar el camino que se desprende de Vayú-Aucá para la laguna de Los Loros, pero en medio de ese laberinto de lomadas, la oscuridad, la tormenta y el temor de que yo estaba poseído por haber perdido la dirección; todo esto me colocó en una situación desgarradora.”
“En la madrugada del 1º de noviembre de 1849 experimenté varios vértigos, ya por los silbidos que oía como también porque a mi imaginación se me presentó un jinete al llegar a la laguna de Los Loros, el indio Trecán Lafquén. Era famosa  por los tigres que allí solían encontrarse. Me desvié hasta la misma orilla del Chazi-leufú, conocido también como río Desaguadero..

“Costeando el río por una senda que ya se iba extinguiendo, tuve ocasión de ver la maravilla del Chazi-leufú (Río Salado), en partes angosto y encajonado. Sus orillas estaban cubiertas de fragantes y variados arbustos. Había esa vegetación en partes anchas de seis a diez cuadras, con hermosos islotes de varios tamaños, con uno que otro algarrobo, cuya monstruosa altura sorprendía.”

Conviene recordar aquí que la descripción del paisaje que antecede, que impactaba en los sentidos del fugitivo Santiago Avendaño, es el que existía en la naturaleza en la época en que tanto los ríos, el bosque y la fauna eran los que había en ésos lugares el año 1849.
Por empezar los ríos corrían libremente por sus cauces naturales, dado que aún sobre ellos no se había realizado ninguna represa o dique. En cuanto al bosque, tanto en lo que después de 1884 sería el Territorio Nacional de La Pampa Central, como también la provincia de San Luis, estaban intactos, salvo las partes afectadas por los incendios. 

Pero si bien se menciona el algarrobo, también había caldén,  chañares y la sombra de toro que estaban intactos, porque no habían sido talados en gran escala, como lo fueron luego de desalojado el aborigen y sobre todo en las dos grandes Guerras Mundiales.
Por otra parte Avendaño menciona al tigre, esa era la forma común de llamar en el lenguaje vulgar al puma o “león americano”, dado que el tigre no es de estos lugares.
…..
“De cuando en cuando me allegaba al río para ver si el agua era buena. Hasta allí la encontré salada. El río era tan salado que por solo haber probado el agua se me agrietaron los labios hasta verter sangre.”
Y continúa más adelante en otro fragmento su relato el joven cuasi niño. “A veces me llenaba de alegría y otras veces de tristeza. Pero no aflojé, seguía galopando y mudando con frecuencia del caballo de silla. En este día noté que los caballos eran algo resabiados, y no hay duda de que sentían la sed tanto o más que yo. Me acerqué al río, que poco antes contenía agua salada. ¡Oh! ¡Maravilla y portento de Dios! El río llevaba abundante agua, un agua cristalina y rica para tomar.
…..
Fragmento del mapa de la provincia de San Luis donde se puede observar el Cerro Varela, las Salinas del Bebedero y el curso del río Salado que es su límite oeste con los aportes de aguas no saladas del Tunuyan y el Diamante. Arriba en la zona de San Juan el rio se llama Desaguadero


“Ya el río se iba retirando hacia el poniente. Yo ni quería dejar el río ni quería dejar la dirección del Norte, pero tuve que determinarme a abandonar una de las dos.”
“Amaneció el día 6 de noviembre y yo estaba ya más contento. (…) Como a las diez de la mañana vi el Cerro de Varela, indicado por Baigorria y Nahuelmaiñ. (…) En esto descubrí una gran laguna, rodeada de bosques ralos al sud, al poniente y al norte. La laguna era inmensa y por lo tanto comprendí que era la que llaman Bebedero. El río ya se me había alejado del todo. Lo veía por la franja verde que seguía al noroeste.”
Seguidamente Avendaño narra como hizo para lograr enlazar una ternera de un grupo de vacas que encontró en su camino, con la cual pudo saciar el hambre, que el igual que la sed lo tuvo a maltraer durante todo el trayecto de su fuga. Para evitar la muerte recurre hasta chupar la grasa transformada en manteca en la carona de su caballo por el calor que hacía y tomar sus propios orines. El cansancio y el sueño más su debilidad por la falta de buena alimentación, lo agotaban hasta que caía en profundos sueños a veces con pesadillas.

Hasta que un día por la mañana dice Santiago: “Quien hubiera creído que a todas mis ilusiones las iba a ver realizadas. Como a las veinte cuadras, al tiempo de soltar el galope, me encontré en al patio de una casa que yo no veía aún. Yo miraba a todas partes y, al fin, vi una cabeza humana que me miraba por encima de un cercado de arbustos. Cuando la vi me pareció una cosa sobrenatural. Ella, por su parte, también me miraba con extrañeza por el traje algo ridículo que llevaba. La mañana era fresca…por esta razón me había puesto como manto una de las jergas bordadas, prendida en el pecho con una estaquilla de palo. Llevaba también un sombrerito de paja en buen estado, botas de potro y una vincha de un pañuelo de cabeza. Todo esto, por cierto, formaba un disparatado contraste.”

Fragmento del mapa del Coronel Álvaro Barros del año 1872 elevado al Presidente Alsina
“Téngase presente que aquel establecimiento, a dos leguas de la ciudad de San Luis, era el más avanzado de la frontera sur, en aquella época.”
Finalmente para dar cierre a ésta síntesis de los fragmentos seleccionados del libro citado, agrego este último párrafo textual: “Volvamos al puesto denominado Los dos Talas, el más avanzado de aquella frontera, a dos leguas de la Capital. Éste era propiedad de un hacendado llamado Don Rufino Natél, suegro del capataz, a quien he mencionado arriba.”

Luego de hablar con el Gobernador de San Luis, Avendaño fue enviado a Buenos Aires donde Juan Manuel de Rosas lo sometió a un riguroso interrogatorio, y también le tocó estar preso luego del intento de fuga fracasada. Despues de la caída de Rosas, el gobierno lo designó “Intérprete de la provincia de Buenos Aires”, en cuyo cargo debió realizar la primer tarea en los toldos de Salinas Grandes, dominio del cacique Calfucurá.

Lamentablemente para Santiago Avendaño su participación en la revolución del año 1874 junto al cacique Cipriano Catriel,  tuvo la mala suerte que el General Bartolomé Mitre se rindió y ellos fueron entregados a los indios leales, quienes los mataron a lanzasos despiadadamente.

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