viernes, 2 de agosto de 2013

EL PONCHO DE MARIANO ROSAS

Es conocido el libro que publicara Lucio Victorio Mansilla, bajo el titulo "Una Excursión a los indios Ranqueles", la que iniciara un 30 de marzo del año 1870 y que duró dieciocho días, durante los que visitó a los caciques Mariano Rosas en Leuvucó a Baigorrita en el Quenque y a Ramón Cabral "El platero" en Carriloo.

El Presidente Domingo F. Sarmiento lo destituye del cargo por imputarsele un fusilamiento sin el debido proceso a un soldado. El año 1875 el Congreso Geográfico Internacional de París le premia su libro.

En el mes de junio del año 2012 se publica la edición de una tirada de 400 ejemplares del libro "Tras las huellas de Mansilla" de Carlos Mayol Laferrére de Ediciones del Copista. El libro tal cual lo expresa en su tapa se refiere al "Contexto histórico y aportes críticos a Una excursión a los indios ranqueles".

En la dedicatoria Mayol Laferrére escribió: "A todos los que me acompañaron (56 hombres y 1 mujer), cuando en el aquel lejano 30 de marzo de 1981 partimos a caballo de Villa Sarmiento, y tras trece jornadas apasionantes, luego de orillar la laguna de Leuvucó -donde hoy descansan los restos de Mariano Rosas-, arribamos a Victorica el 11 de abril siguiente, consumando el anhelado deseo de posar los ojos en los mismos horizontes y a veces galopar por sobre las mismas huellas que lo habían hecho Lucio V. Mansilla y los suyos en 1870.
Al cumplirse el trigésimo aniversario de quel memorable viaje por la pampa."

El libro que estoy citando, de 472 páginas cuenta con un Prólogo de la escritora María Rosa Lojo, una reconocida autora argentina con varias obras publicadas en su currículum y con traducciones a otros idiomas de algunos de sus libros.

De ese prólogo cito textualmente: "Entre 1906 y 1907 Miguel Ángel Cárcano y sus padres lo tratan en París. Aunque ya de avanzada edad, Mansilla sigue soñando con ocupar un lugar relevante en la vida política, al menos en la carrera diplomática. El joven Cárcano, entusiasmado con el libro de aventuras pampeanas que
acaba de leer, indaga al general acerca de la vida en las fronteras que parece haber olvidado."

"Un día, sin embargo, decide romper el silencio: Hoy te contaré cosas que no he referido en mi excursión, cosas que no pueden contarse a nadie, aunque sean reales y hayan sucedido, cosas que demostrarían la incapacidad y crueldad de nuestros militares para dominar al indio, cosas increíbles que echarían por tierra la reputación de alguno de nuestros grandes hombres."

Fragmento del oleo pintado por el Ingeniero Juan Carlos Lassalle circa 1953/4 que se encuentra en el Comedor del edificio de la Escuela Agrotécnica de Victorica a pocos kilómetros de Leuvucó

"Es entonces cuando Mansilla pide a su segunda mujer, Mónica, que vaya a buscar el poncho pampa regalado, en aquella época, por Mariano Rosas. Lo llama su compadre y señala que es el único objeto que me queda de aquella gran amistad y extraordinaria empresa (ibidem)".

"Sin embargo, pese a hallarse delicadamente envuelto, el poncho ha sido acribillado por las polillas. Mansilla desespera. Con ese regalo-salvoconducto desaparece también el único recuerdo que aún me quedaba de mis pasadas hazañas."

"La escena final es elocuente: Desplomándose en el sillón de su escritorio y cubriéndose con su mano derecha los ojos, irrumpe en una serie de profundos sollozos."(1)

De la decimoséptima Jornada en Leubucó escrita por Mansilla el 14 de abril del año 1870 y bajo el acápite "Textos Testimoniales" de la obra citada de Mayol Laferrere transcribo este párrafo:
"Iba a salir del todo, me llamó y sacándose el poncho pampa que tenía puesto, me dijo, dándomelo: -tome, hermano; úselo en mi nombre, es hecho por mi mujer principal."
"Acepté el obsequio que tenía una gran significación, y se lo retribuí dándole yo mi poncho de goma. Al recibirlo me dijo: -si alguna vez no hay paces, mis indios no lo han de matar, viéndole ese poncho".

"-Hermano- le contesté, si algún día no hay paces y nos encontramos por ahí, lo he de sacar a usted por esa prenda. La gran significación que el poncho de Mariano Rosas tenía, no era que pudiera salirme de escudo en un peligro, sino que el poncho tejido por la mujer principal es entre los indios un gaje de amor, es como el anillo nupcial entre los cristianos."

"Cuando salí del toldo y me vieron con el poncho del cacique, una expresión de sorpresa se pintó en todas las fisonomías: la gente de palacio se mostró más atenta y solícita que nunca."



Friso realizado por los artistas plásticos pampeanos Malena Lizárraga y Ricardo Arcuri a solicitud del RPS Celso Valla, quien solicitó a la Municipalidad de Victorica el año 2000 colocarlo en el camino vecinal "Mariano Rosas" donde se encuentran otros monolitos y monumentos

Me imagino como se habrá sentido Mansilla en ese momento ante semejante  regalo de Mariano. Porque él había cometido una imprudencia a su llegada, cuando lo recibieron en los toldos de Leuvucó. Dejemos que sea el propio Coronel quien nos recuerde que había sucedido el día del recibimiento y los brindis.

"Pero aunque Mariano Rosas hacía el gasto y era el dueño de la casa, Epumer, su hermano, era el anfitrión. Epumer es el indio más temido entre los ranqueles, por su valor, por su audacia; y por su demencia, cuando está beodo."

"Mis oficiales se habían visto obligados a abandonar la enramada, so pena de quedar tendidos; tantos eran los yapai. Yo me dejaba manosear y besar, acariciar en la forma que querían. Mis aires, mis modales, mi disposición franca, mi paciencia, mi constante aceptar todo yapai (2) que se me hacía, comenzaron a captarme simpatías. Lo conocí y aproveché la coyuntura."

"Llevaba una capa colorada, una linda aunque malhadada capa colorada, que hice venir de Francia, igual a la que usaban los oficiales de caballería de los cuerpos argelinos indígenas. Me quité la histórica capa, me puse de pie, me acerqué a Epumer, y dirigiéndole palabras amistosas, le dije: -tome, hermano, esta prenda que es una de las que más quiero. Y diciendo y haciendo, se la coloque sobre los hombros. Vi brillar los ojos de Mariano Rosas, como cuando el relámpago de la envidia hiere el corazón. Tomé mi lindo puñal, y dándoselo le dije: -Tome, hermano, usted úselo en mi nombre. Lo recibió con agrado, me dio la mano y me lo agradeció."

En el comentario a los textos que hace Carlos Mayol Laferrére, no podemos rastrear demasiado, dado que la obra no tiene un índice de la bibliografía utilizada. No obstante transcribo este párrafo que es una perlita del investigador: "Este poncho tuvo su historia. Lo acompañó a Mansilla por más de cuarenta años, llevándolo con él a donde fuera que fuese. Estando en París, después de mucho tiempo de no usarlo, surgió la coyuntura de mostrárselo a un amigo, mas precisamente a Miguel Ángel Cárcano, y !oh sorpresa y dolor! el poncho pampa surgió de su ropero totalmente apolillado, llorando sobre él desconsoladamente, según el testigo."

En "Comentarios a los Textos" a la "Octava Jornada" que realiza el autor del libro que estamos citando, Carlos Mayol Laferrére, que ha sido Director del Arvhico Histórico Municipal de Rio Cuarto (Córdoba), quien ha tenido acceso además al Archivo Franciscano de esa ciudad, dice lo siguiente con respecto a quien habría sido la tejedora del poncho de Mariano Rosas:
"Un rato más tarde, el dujeño de casa invitó a su visita a pasar al toldo y le presentó a su familia, compuesta de sus cinco esposas, de las cuales solamente hemos podido rescatar el nombre de dos: Tripaiman, la lprincipal, y Emilia Rosas, una de las secundarias o innandomos. De la primera se conserva en el Archivo Franciscano de Río Cuarto, una carta al padre Donati, en la que le dice:

"Leubuco, julio 29 de 1873.
Mi respetado padre... tenga la bondad de mandarme el pedido que le hice al tiempo de irse (se refiere a un segundo viaje que hizo el padre en marzo de ese año) que era un azadón, un poco de añil, dos pares de tijeras y una docena de cucharas, una pieza de cinta de lana colorada, un poco de café, un poco de almidón, a nombre de sus hijas que las tengo enfermas, y un poco de manzanilla... Y sin otra ocurrencia, queda de Ud. Su servidora. Tripaiman de Rosas"

"Ahora, martes 26 de octubre de 2010, los sorprendidos somos nosotros. Ocurre que en el diario La Nación de la fecha se anuncia una exhibición de ponchos históricos en la Fundación Proa, de propiedad del Museo Histórico Nacional, entre ellos "El poncho pampa que le obsequió el cacique ranquel Mariano Rosas al general Mansilla, tejido por su mujer principal. Será el mismo, se habrá podido reparar? No cabe la duda."

En nuestra reciente visita al Museo Histórico Nacional no pudimos observar el mencionado poncho. Tampoco aparece citado en la publicación que el mismo Museo realizó el año 1997, donde si aparecen otros ponchos, pero no este  a cuya historia nos hemos referido.

NOTAS
(1) Todas las citas son de Miguel A. Cárgano (h). El general Lucio V. Mansilla. El estilo de vida argentino en Paz, Mansilla, González, Roca, Figueroa Alcorta y Sáenz Peña. Buenos Aires. Eudeba 1969.
(2) Yapai: según el Diccionaro de Madudumgun Rankulche-Mapuche-Español, significa: brindar.

2 comentarios:

  1. Muy bueno el artículo, no se si habrá leído la nota en Clarín de esa pareja que hizo el recorrido en auto allá por los 80. También muy interesante. La verdad que la aventura de don Lucio no parece ser de 18 días. Lo leí de chico y nuevamente de grande y siempre me pareció mucho mas que ese tiempo. Gracias y saludos!

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  2. http://www.clarin.com/sociedad/Extranas-vacaciones-excursion-indios-ranqueles_0_963503791.html

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