domingo, 4 de agosto de 2013

DIA DEL PANADERO

Hoy 4 de agosto, es el Día del Panadero, es decir, de los que fabrican ese alimento en sus distintas variantes, que diariamente acompaña en la mesa a la hora de las comidas, el desayuno o la merienda. Esta efemérides me da pie para desgranar algunas experiencias y recuerdos.

Cuando era niño me mandaban a comprar el pan a la Panadería que estaba a media cuadra de casa. Tenía que cruzar un caminito, pasar el alambre, cruzar la calle y allí estaba la Panadería que había sido de la familia Marzano, pero que en ésa época la tenía alquilada don Agapito Plaza.

En la cuadra donde se fabricaban los productos, trabajaba "Tito" Plaza y su hermano Humberto Ribas, la que atendía el despacho y cobraba era la señora Rosita, esposa de Tito. En verano con el calor ambiente y con el horno caliente aún, en la cuadra los que trabajaban solo vestían una camiseta de breteles y a veces pantalones cortos.

Nuestras familias eran amigas, así que nosotros los niños también compartimos en aquellos años los juegos. Con Oscar y su hermana Norma solíamos escalar la montaña de bolsas de harina estibadas en un rincón de la gran sala que albergaba las máquinas, las mesas y al fondo el horno donde se cocinaba el pan, la galleta y las facturas.

Nuestra abuela Jacinta, que vivía en la esquina de la misma manzana que la nuestra, en cambio era clienta de la Panadería Sierra, que estaba como a cinco cuadras de allí sobre la vereda del Banco de la Nación Argentina. Así que como yo era el chico de los mandados, solía ir con la bolsa a comprar allí el pan. Abuela además encargaba pan con grasa, la galleta trincha y los cuernitos para la hora del mate y la merienda.

En aquellos años los buenos clientes tenían crédito, es decir que llevaban el pan y el importe de la compra diaria se anotaba en una libreta,. Al llegar a fin de cada mes don Serafín Sierra era el que sumaba el importe a pagar y cada cliente debía abonar en efectivo dicho importe, renovándose automáticamente el crédito.

Después la Panadería a cargo de Plaza se cerró, Ribas abrió una por su cuenta, pero que estaba en una esquina frente al taller de Amadeo Palmieri. Fue entonces que nos hicimos cliente de la Panadería de Figueiro. No se porqué motivo, porque en esas cuestiones el que decidía era nuestro padre.

En aquellos años quien solía atender era don Andrés Figueiro y su esposa Amalia Viglino de Figueiro. Nosotros no teníamos crédito así que debía llevar todos los días el dinero para pagar la compra. La característica de la Panadería de Figueiro era que además tenía anexa una heladería y confitería.

Pero hasta aquí me he referido más a los propietarios y a los vendedores o administradores, pero quienes hacían realmente el pan diariamente eran los que trabajaban desde las cuatro de la mañana para amasar y hornear el pan, galleta y las facturas.

Recuerdo que en la de Sierra trabajaba como maestro de pala don René Gil y con él el aprendiz  "Bicho" Gómez. En tanto que en la de Figueiro trabajaba "Tito" Viglino con uno o dos ayudantes. Uno era Cuello y el otro Acosta.

El pan se colocaba en grandes canastos de mimbre. La galleta era adquirida generalmente para llevar a las chacras o campos de los alrededores, dado que se consume no sólo fresca sino ya oreada aunque hayan pasado varios días. Nosotros también comprábamos galleta, pero no la de campo sino una más chica, que era muy rica.   

La antigua Panadería que fue de los Marzano, está cerrada hace ya muchos años. Pero aún el viejo edificio se mantiene en pie, a su lado estaba la casa de familia ya demolida donde vivió sus últimos años don Miguel, a la entrada hacia "Los Pisaderos".

Sus hermanos se habían ido a Buenos Aires y su familia también, él se quedó en Victorica, en cuyos alrededores tenía una chacra y cerca de los médanos también tenían una quinta familiar. El padre de los Marzano el italiano Nicolás, murió pocos días antes de terminarse de colocar el horno, tarea que estuvo a cargo entre otros albañiles de nuestro abuelo italiano Luis Cesanelli,, el año 1919.

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