sábado, 1 de junio de 2013

RAICES HUMANAS VICTORIQUENSES

Han pasado más de 130 años desde que se fundara, por las tropas del Ejército Nacional, que llegaron desde las provincias de San Luis y Córdoba, la primera población cristiana estable en el territorio pampeano confiscado en 1878 al aborigen,  que fuese bautizado como Fortín Resina, hoy Victorica.

Alguien ha dicho irónicamente con respecto a la identidad de los pueblos iberoamericanos, que "los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos de los barcos". Por otra parte hace ya un tiempo también hemos leído que al pampeano se lo ha caracterizado como que es "abierto, retorcido y espinudo como el caldén viejo".

Tratar de establecer aproximadamente de donde provinieron los troncos familiares originarios, que con el transcurso de la primera centuria de nuestro pueblo se han convertido en las raíces que sostienen y nutren el árbol victoriquense, no es un simple ejercicio de memoria. Sino una tarea de indagación profunda para rastrear el camino que recorrieron nuestros antepasados, intentando establecer no sólo lazos de sangre, sino además de afinidad y determinar en lo posible cuales son los rasgos identitarios que conforman nuestra matríz genética.
La foto más antigua de familias que colonizaron el frente pionero en el Fortín Resina luego Victorica, es esta que fue tomada por un fotógrafo del Ejército

 UN DOCUMENTO ANTIGUO
El texto más antiguo que hemos tenido a la vista y que registra más de 180 nombres y apellidos de los primeros pobladores, es el petitorio que una parte del vecindario firmó el mes de agosto del año 1885, dirigido al entonces Presidente de la Nación Julio Argentino Roca solicitando la extensión del Ferrocarril del Oeste hasta ese lugar.

En esa época, Victorica ya había sido designada Capital del Séptimo Departamento, cuando la Gobernación del Territorio Nacional de La Pampa Central, estaba subdividida sólo en quince. Abarcaba un amplio ejido rural que según el Comandante de Frontera, Coronel Ernesto Rodríguez, comprendía unas treinta leguas a la redonda, incluyendo las tierras sobre las cuales se fundaron a posteriori los pueblos de Telén al oeste (1901); Loventuel (1904) y Luan Toro (1908) al este y Carro Quemado (1924) al sur.

El registro del documento citado tiene dos sesgos importantes. El primero es que allí estamparon la firma únicamente hombres, como se usaba en la sociedad machista de entonces. El segundo, que la mayoría de los firmantes son propietarios, comerciantes, autoridades o personas de cierto prestigio en una comunidad de frontera.
Tampoco aparecen en el petitorio obviamente los aborígenes, que acababan de ser privados de sus derechos naturales de propiedad sobre la tierra por el Ejército Nacional que aún estaba presente en el Fortín ya rebautizado como General Benjamín Victorica.

Hay escasas excepciones a lo que acabamos de decir, dado que José Baigorria, Azaga Campu, Mariano Camargo y Florentino Mora eran descendientes de las tribus y firmaron, por dos razones. Porque sabían hacerlo y porque pertenecían al Escuadrón de Indios "Amigos" que habían ingresado a la región con las tropas colonizadoras.

También en el documento que fue publicado en los diarios nacionales de la época, aparecen las firmas de varios apellidos de origen vasco, tales como: Alcaráz, Arce, Arrieta, Barzola, Aguirre, Correa, Funes, Gatica, Guaycochea, Ibarra, Ortíz, Urquiza y Zambrano, algunos de los cuales tienen aún hoy vigencia en la región, a través de sus nietos y bisnietos.

EL PRIMER PADRON ELECTORAL
Otro documento con datos de identidad, es el Padrón de las primeras elecciones municipales realizadas un 13 de mayo del año 1888 en Victorica. En este caso también el registro tiene sesgos discriminatorios por edad, sexo, nacionalidad y seguramente por condición social y afinidad política.

El Padrón no consigna número de documento ni año de nacimiento de las personas, porque en ese entonces todavía no existían. Las mujeres no figuran porque no tenían aún los derechos políticos, ni tampoco los extranjeros, salvo los nacionalizados. Hay además otro sesgo y es que aún no regía el sistema del voto obligatorio, por lo que votaban únicamente los hombres, nacidos en el país, mayores de edad e interesados en participar o convocados especialmente por los miembros de la Junta Electoral y/o candidatos para emitir el voto, que en aquellos tiempos era a viva voz o voto "cantado", sistema que permitía el fraude.

En este primer Padrón se registraron 159 ciudadanos y el escrutinio arrojó el llamativo resultado de 158 votos para la lista ganadora y 1 voto para la lista opositora. Hay 17 votantes de apellido Cabral, integrantes de la tribu de "Indios Amigos" antes de la "Batida Final" de la denominada "Conquista del Desierto". Le sigue en orden de importancia cinco de apellido Gonzáles; cinco Lucero; cuatro Barzola; tres Romero; tres Rodríguez; dos Mato, dos Pérez, dos Sosa, dos Salvo, dos Sánchez, dos Urquiza y dos Videla.

Como se desprende de su lectura aparecen muchos aborígenes e hispano-criollos, lo que permite inferir que el Padrón se constituyó con mayoría de ex soldados (aborígenes y criollos) que habían sido dados de baja del Ejército, cuando las tropas regresaron a los Cuarteles de Villa Mercedes y Rio Cuarto (1887). Esto permitió que ganara "el caballo del comisario", dado que la lista ganadora estuvo compuesta por Valentín y Juan Romero aborígenes y ex suboficiales expedicionarios, y los ciudadanos franceses Juan Bautista Cazaux, José de Vecchy y José Pujol, mientras que don Santos Atencio fue electo Juez de Paz.


EL CENSO DE 1887
El primer Gobernador del Territorio, general Juan Ayala, ordenó realizar el año 1887 un recuento para establecer cuanta población debía gobernar en tan extenso espacio y a que actividades se dedicaban, por lo que el censo también inventarió los animales de crianza y la cantidad de hectáreas trabajadas mediante la agricultura incipiente.

El censo citado tiene cifras aproximadas, dada las dificultades de la época en cuanto a medios de transporte y vías de comunicación, dado que aún no existían caminos abiertos, solo huellas y las antiguas rastrilladas aborígenes. No obstante y a pesar de los errores u omisiones es útil como punto de referencia. Según el mismo el Séptimo Departamento, en el que se destacaba como núcleo urbano Victorica, arrojó la cantidad de 2.631 empadronados, de los cuales 362 eran militares, mientras que 156 eran niños en edad escolar.

Predominaban los de nacionalidad argentina que eran 2.529, mientras que los extranjeros representaron tan sólo 102. La presencia del hombre, como en toda sociedad de frontera era mayoritaria con 1.708 varones, mientras que sólo 923 eran mujeres, lo que acentuaba el machismo y la necesidad de prostíbulo. El resultado ubicó a Victorica en el primer lugar del ranking de población, superando aún a General Acha que era la Capital del Territorio y por ende el asiento de las autoridades gubernamentales de entonces.
NACIMIENTOS Y MATRIMONIOS
El primer matrimonio civil que registran los libros de acuerdo al Registro Civil de las Personas,  tuvo lugar el 7 de julio del año 1889 entre Pascual Moreno, "natural de la Puntilla (San Luis), de profesión labrador y de doña Nicolaza Toledo, oriunda de "Achiras, (Córdoba) de profesión costurera". Firmaron como testigos el Intendente Alejandro Romero y el maestro don Ignacio Guaycochea, rubricando el Juez de Paz interviniente don Crispiniano Fernández.

El segundo matrimonio se contrajo entre doña Zaragoza Barroso y Vicente Jofré, ambos oriundos de Saladillo, (San Luis).

En el primer libro de Nacimientos existente en el Registro Civil de Victorica, se anota como Clemente Gregorio Portela a un niño nacido el 10 de marzo del año 1893, pero que ya tenía una semana de haber llegado a tierras victoriquenses. El segundo nacimiento registrado es el de Faustino Di Salvo hijo de padres italianos.

El problema con los libros es su archivo, dado que desde la fundación de Victorica, la zona fue jurisdicción de los curas Franciscanos que habían llegado de la mano del Coronel Mansilla en 1870 cuando se produjo el encuentro con el cacique Mariano Rosas en los toldos de Leuvucó. Ese día Fray Marcos Donatti hizo bautismos y a partir de allí es que los registros parroquiales se hallan en el Convento de Rio Cuarto (Córdoba), hasta que los Franciscanos renuncian a partir del 16 de enero de 1896 a continuar misionando en La Pampa. Hay algunos años que los registros están en los archivos del Convento de General Acha, dado que durante un tiempo la Iglesia de Victorica no tuvo cura párroco y los misioneros salesianos provenían de aquella localidad.


EL CENSO DE 1.895
El Censo Nacional del año 1895 se llevó a cabo durante la presidencia de José Evaristo Uriburu. El recuento se realizó el día 11 de mayo e incluyó por primera vez al "Desierto" y al Chaco. Por primera vez asimismo se registró los aborígenes y sus descendientes que vivían en cada Departamento del Territorio. Es por eso y aunque el censo, por las razones apuntadas de distancias y faltas de vias de comunicación y medio de transporte, pueda contener omisiones y errores, es una fuente importante para completar el arbol genealógico victoriquense.

Es que por primera vez se tiene un documento oficial nacional con registro de hombres, mujeres y niños y específicamente los de la vertiente sanguínea de las tribus aborígenes, que luego de la "Batida Final", lentamente habían vuelto a instalarse cerca de los lugares que antaño habían sido asentamientos familiares y donde muchos de ellos habían nacido, ejemplo "La Blanca", alrededores de Luan Toro.

Para el Séptimo Departamento se censaron 5.316 habitantes, de los cuales 748 eran aborígenes, representando un 14 % sobre el total. En su mayoría eran nativos de la Pampa Central (628), mientras que 46 eran cordobeses, 37 sanluiseños, 17 bonaerenses, 11 chilenos y 1 santafecino.
Cuatrocientos quince eran hombres y trescientos treinta y tres eran mujeres. De ellos 4005 tenían entre 1 y 17 años de edad, mientras que 343 eran mayores de 18 años.

Entre los más longevos figuran Chivid Cabral de 98 años, Bertolina Cabral con 100 años, Mariana Painé-An de 85, Micaela Curao y Francisco Lemu de 80 años. Entre ellos 277 eran casados, 16 eran viudos y el resto soltero. Entre las familias más prolíficas figuran Antonio Marques con 17 hijos, Juana de Lima con 16, Tránsita G. de Pérez, Manuela Jacinto y Rosalina de Romero con 12, Avelina Lucero y Emilia Ramírez con 11 cada una.
INFORMES SOBRE OCUPANTES DE TIERRAS FISCALES
Los Informes de los Inspectores Nacionales de la ex Dirección Nacional de Tierras y Colonias,  permiten establecer los adjudicatarios de solares de la planta urbana como de las chacras que la rodeaban. Así en el Informe del año 1900 se consigna, entre una larga lista que supera la centena de adjudicatarios-permisionarios, los nombres de quienes adujeron ser los más antiguos ocupantes.

Ellos se llamaban Francisco García, Celestino Paz, Fimasa Pérez y Carmen Dominguez ocupaban desde el año 1883, Rufina Maldonado desde 1884, Narciso Velásquez, Amadeo Luján y Adolfo Corvalán (capitan del Ejército) desde 1885 y Ángela Moreno desde 1888. Aparecen también algunos aborígenes entre los que están Caleu Cabral, Carmen Orozco (cuartelera) y Visitación Amaya.

Los hispano-criollos son mayoría, no obstante hay unos cuantos extranjeros entre los que figuran seis italianos: Enrique Castellini, Herminio Fiorda, Donato Saraschini, Mará A. Lemme, José Ghizzo y Pascual Mazzuco el quintero famoso por sus vides y frutales. Además cuatro españoles Lucas Viniegra, Camilo López Cambón, José Imaz y José Bustelo, todos comerciantes. Asimismo figuran tres franceses: Enrique Mareschal dueño del campo "El Tero", Víctor Rochereul dueño de la primera fábrica de soda, gaseosas e hielo y Miguel de Fougéres maestro. A ellos hay que agregar dos alemanes Bernardo Aigle y Casimiro Belvis.
EL MESTIZAJE
De esto que hemos dicho hasta aquí, nos permite inferir que los victoriquenses actuales descendemos de esa mezcla de sangre formada por corrientes aborígenes (pehuenches, rankeles, araucanos) criollos de las provincias de San Luis y Córdoba originariamente pero que luego se sumaron los de las provincias de Buenos Aires y Santa Fé y algunos de Mendoza.

A ellos se sumarían después los inmigrantes de distintas nacionalidades, que provenían mayoritariamente desde Europa, proceso que tuvo dos oleadas. La más temprana y que penetró al Territorio de La Pampa a partir de mediados de la década de 1890 cuando llegó el Ferrocarril del Sud desde Bahía Blanca a Toay y Santa Rosa. La segunda oleada, luego que llegara a Victorica desde 1908  la línea del Ferrocarril Oeste proveniente del puerto de Buenos Aires.

Algunas colectividades tenían la costumbre de casarse con integrantes de las mismas comunidades a las que pertenecían, pero con el transcurso de los años esos perjuicios raciales y la soledad del hombre abrió paso al mestizaje. Muchos de esos inmigrantes se casaron con mujeres descendientes de familias aborígenes, por eso es válido decir que al igual que en el orden nacional en La Pampa y en Victorica también casi todos tenemos un porcentaje de sangre aborigen en nuestras venas.


Si decimos que los victoriquenses somos una mezcla de aborígenes (pehuenches, rankeles, araucanos), con criollos de las antiguas provincias (San Luis, Córdoba, Buenos Aires, Santa Fe, Mendoza, y otras) e inmigrantes de distinto origen europeo (españoles, italianos, vascos, ingleses, árabes), es altamente probable que no estemos lejos de muchas historias familiares del presente.

EL EXODO
Victorica sufrió dos traumas muy difíciles y complejos de procesar y que la afectaron con pérdida de ramas completas de familias fundadoras o pioneras en la colonización. Uno fue el hecho violento del enfrentamiento entre los seguidores del francés Alfonso Capdeville y sus opositores el año 1899. De esa ola de violencia el saldo en vidas humanas fueron tres personas muertas y más de una decena de heridos. El otro efecto fue la fundación del pueblo de Telén por Capdeville al que siguieron muchas familias de Victorica como el caso de Generoso Trapaglia, uno de cuyos hijos fue muchas décadas después presidente del Banco de La Pampa y Gobernador.
El otro trauma es la puesta en marcha de la Colonia Emilio Mitre al que fueron obligados a retirarse muchas familias aborígenes que deseaban hacerse propietarios de tierras para su prole. Uno de ellos fue José Gregorio Yancamil que consiguió campo en el paraje "Arbol Solo" y donde vivió hasta su muerte con su familia.

Otras dos cuestiones de la decisión del éxodo que tomaron muchas familias son por causas y problemas generales de toda La Pampa y a los que Victorica no pudo escapar. Una es el inicio de la Primera Guerra Mundial a partir de 1914 y la otra es la década 1930 de los años malos,  en la que se combinaron los efectos de la grave crisis internacional que derribó los precios de lanas, carnes y granos, junto con la agudización del proceso de la desertización (vientos fuertes, sequías prolongadas, ceniza volcánica, langosta).

El exodo tuvo como destino otros pueblos del este de La Pampa, a las provincias vecinas o el Gran Buenos Aires, atraidos por el desarrollo  industrial y la posibilidad de conseguir empleo, sobre todo las mujeres que comenzaba a volcarse al mercado laboral fuera del hogar en forma lenta pero continuamente.

FUENTES:
Caldenia: Suplemento cultural diario La Arena edición del 13-2-2005 Roldán, Luis Ernesto, páginas 6 y 7
Archivo Histórico Provincial "Fernando Araoz" serie documentos de Victorica
Depetris, José Carlos: "Gente de la tierra". Ediciones de la Travesía 2003
Valla, Celso J. "El Apostol del oeste pampeano Padre José Durando editado 12-9-1972
Héctor Walter Cazenave: "Album del Centenario", Ediciones EFEBE, febrero de 1982
Roldán, Luis Ernesto: "Historias de Vida" editado por Editora L&M SRL enero de 1999
Fototeta Bernardo Graff del Archivo Histórico Provincial Fernando E. Araoz

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