domingo, 5 de agosto de 2012

CIRIACA PIONERA DEL OESTE

Nació en la zona de Paso de los Algarrobos, un 8 de agosto de 1912. Su madre se llamaba Perfecta Escobar y su padre Atanasio Márquez, quien llegó desde el sur de San Luis, al entonces Territorio Nacional de La Pampa.

Tuvo un hermano mayor, Modesto Escobar hijo natural de su madre. Ella y una hermana menor: Juanita, fueron las hijas de este matrimonio. Cuando tenía 9 años falleció su padre, debiendo desde muy niña esforzarse para ayudar a su madre y su hermana.

Ya por ese entonces, recorría esos lejanos y áridos parajes, el árabe don Ángel Nicolás como vendedor ambulante, quien se enamora de Eusebia Escobar Miranda una de sus primas más queridas, quien falleció cuando nació su hija Sarita.

Pasado un tiempo y por la miseria se vienen a vivir cerca de “Villa La Porteña”. Entre las tres, madre e hijas levantaron una pieza y una cocina de chilca y barro, en un campito cerca del río Salado, como buscando refugio cerca de su familia, ya que don Ángel Nicolás, ( casado con su prima Eusebia) se había establecido también por esa zona y continuaba como vendedor ambulante con su carro, recorriendo la misma.

Ángel Nicolás llevó entonces un matrimonio para alfabetizar al castellano a sus hijos Leonor, Matilde y David.

Allí Ciriaca y Juanita, pudieron aprender algo, porque otra vez la mala suerte siguió rondando: al mes el maestro murió de neumonía. Ella dice que como le gustaba, siguió sola escribiendo con carbón, y más o menos a los 12 años llegó la maestra Eleodora Cortina

Ciriaca junto a su madre y su hermana

Su vestimenta consistía en algún vestido cosido por su madre y alpargatas, pasaron mucha necesidad al morir su padre, comían carne de chiva vieja, oveja acompañada con fideos, y también “ñaco”, que era como una especie de harina de maíz tostada, pero siempre que los recursos alcanzaran para comprar a los ambulantes.

A la zona de Santa Isabel y sus alrededores, cuando todavía el sistema del Salado y el Atuel funcionaban a pleno, comenzó a llegar cada vez más gente, entre ellos avezados inmigrantes españoles, sobre todo, aunque también sirios, libaneses, básicamente a comerciar con carros y mulas.

El año 1930 fue desolación y sequía en el oeste, la desesperanza la invadía, y Ciriaca, ya sabía lo que quería para su vida, y que la única manera de enfrentarla era la superación a través del trabajo, y buscar en otros lugares, una vida mejor. Su tía Ruperta le consiguió empleo, en Victorica como servicio domestico. Se vino sin avisar a su madre con un atado de ropa, en un camión viejo de Maldonado, casi dos días, sentada atrás sola, “yo tenía que salir de ahí y trabajar para dejar la miseria” recuerda Ciriaca. Luego al gerente del Banco de la Nación y su familia donde estaba trabajando, lo trasladan a General Pico y va con ellos. Recuerda que allí en el año 1932 los sorprendió la caída de la ceniza volcánica, que fue devastadora para los oesteños ya que se perdió gran cantidad de animales. Pero como este funcionario es despedido (por defraudación), le remataron todo y se fueron a Buenos Aires, ella no pudo cobrar los salarios adeudados



Pero no se acobardó y por un diario ofrece sus servicios, consiguiendo ubicarse con un matrimonio alemán en la ciudad de Buenos Aires. La familia de Federico Hasthein fueron sus nuevos patrones y allí la lleva el destino para convertirla en una señorita refinada, linda, elegante y de modales suaves. La señora de su patrón era dibujante y pintaba cuadros, que vendía a particulares, ella se encargaba de llevarlos a domicilio: le hacían un plano con los colectivos, tren o subte que debía tomar. Ganaba 50 pesos, se compraba ropa y le mandaba encomiendas a su madre. Regresaba a Santa Isabel de vez en cuando. En la gran capital de Argentina vivió hasta los 24 años.




FORMA UNA FAMILIA

Corría ya el año 1937, el mundo convulsionaba por la proximidad de la 2ª guerra mundial, y Argentina se convertía en uno de los países, preferidos por los inmigrantes de toda Europa. En un barco desde España llega Patrocinia Álvarez Castro con su hijo Ricardo Álvarez, huyendo de la guerra y del reclutamiento del ejército. En Algarrobo del Águila, tenían conocidos, los hermanos Fernández, llegan hasta allí y la madre deja a su joven hijo como ayudante de comercio y ella parte para General Alvear (Mendoza) donde se afinca.

Ciriaca en uno de sus viajes a Santa Isabel, conoce a este joven y humilde español, que ya trabajaba en el comercio de los mismos dueños, pero en Santa Isabel, y comienza el noviazgo.

Su hermano Modesto trabajaba en el campo no sabe de que murió, se enteró al tiempo. Tuvo una hija con María García, de nombre Florencia Bonifacia Escobar. La madre también murió joven por la miseria y la falta de medicina, la niña queda al cuidado de su abuela Juana Salina quien al sentirse mayor y enferma, le envía un recado, pidiéndole que “se haga cargo de su sobrina de 3 años”. Ya casada con Ricardo Álvarez, deciden criarla, y él la va a buscar a la zona de Paso de los Algarrobos.

SUS EMPRENDIMIENTOS

Ricardo y Ciriaca comienzan una vida comercial independiente: una fonda con hospedaje para el viajero, que se la compran a Don Felipe Beneitez. Allí llegaban los camiones de Garmendia (de Telén), un hombre muy bueno que llevaba mercadería y pasajeros, de regreso traía lana, cueros etc., también los hermanos mellizos Torres Amat, Uriza, Mateo Ruiz. Llegaba gente a cualquier hora pidiendo cama, y comida, ella se levantaba a prender el fuego en la cocina a leña, Ricardo le ayudaba y servía.

Los domingos se organizaban bailes, con una victrola a púa y ella con su empleada Eva Alarcón salían por los ranchos a invitar a las muchachas.

Y así se va afianzando y ganando prestigio como “modista”. Su primera máquina de coser manual, se la regala un tío. En ese lugar donde estuvo la Fonda, hoy existe la plaza de Santa Isabel. Cuando Emilio Fernández, ya tenía un buen capital en ganado y el campo “La Bragña”, cansado del comercio se lo vende a Ricardo, dado que le tenía un gran aprecio.

A su hija del corazón Florita se sumaron tres hijos varones, Ricardo Omar, Luis María, Mario (fallecido de bebe). Después de 8 años nació Marta Isabel y en 1955 la vida la sorprende nuevamente con la llegada de la segunda niña, a quien bautizaron con el nombre de Elsa Iris, quien ha escrito casi un libro con la historia de vida de su madre.


DE MEDICOS Y CURANDERAS

La partera del lugar y que ayudó en algunos de estos nacimientos fue Doña Francisca Rodríguez.

Doña Celina Rodríguez, heredera de la experiencia de su antecesora, fue una de las más famosas parteras. Era muy simpática y dispuesta, vivía campo adentro hacia Algarrobo del Águila. Ella atendió su demorado parto del primer hijo, de sobrenombre Cholo, para acelerar el nacimiento hacía ingerir te de loza. Mandaba romper un plato o una taza y darle de beber a la parturienta ese te con restos de arenilla, también te con hollín de chimenea, o envolver a la parturienta en una sabana húmeda. Su hijo nació el 23 de agosto, pero ella contrajo una gran infección. Don Luis Gómez, que tenia automóvil fue hasta la Colonia Emilio Mitre e hizo un radiograma para que fuera el doctor Adolfo López Seoane de Victorica. El médico la revisa y la trae a Victorica, donde se salva milagrosamente porque ya se había inventado la penicilina en 1936.

El primer “supuesto” medico que llegó al pueblo de Santa Isabel, fue un personaje de origen húngaro, Juan Nicora, que deleitaba con sus relatos de post-guerra. Sus medicaciones consistían fundamentalmente en untura blanca y purgas. Tiempo después supieron que había sido enfermero en la guerra. Construyó su vivienda en donde luego fue la casa de comercio de don Cándido Beneitez.


VIDA FAMILIAR Y SOCIAL

Cuando no todos tenían heladera, Ciriaca además de todos los quehaceres de la Fonda y de su taller de costura, en la que cortaba, cosía, forraba botones, vendía hielo.

Recuerda como una gran amiga a doña Nilda Sol casada con Jorge Echegaray, este tenía un camión de transporte y hacia de comisionista a General Alvear (Mendoza). Con ella compartió largas jornadas, y acontecimientos: nacimientos, casamientos, bautismos. También con Antonia Covarrubias y sus hermanas, Beny y Rosa, las hijas de don Ángel Nicolás, las del Juez de Paz Don Luis Gómez y otras. Muchas se convirtieron en comadres, tiene tantos ahijados que ha perdido la cuenta.

Se comenzaron a hacer bailes populares en la casa de los hermanos Ramón y Chantal Domínguez, (hijos de Olimpia y Gregorio). Ciriaca llevaba a todas sus jóvenes sobrinas, más alguna joven empleada que tenía para ayuda en el taller de costura y en el hogar. Cada familia llevaba su farol, la lucha era que no se apagara con el viento característico de la zona. El piso era de tierra y lo iban regando para aplacar la polvareda, también había una gran bordelesa de vino de madera de la cual se iba sacando para consumir.

Florita había concurrido al colegio María Auxiliadora de Victorica, allí terminó la primaria y el Nivel Profesional como se llamaba en ese momento, también se convirtió con la dirección de don Luis Gómez en una excelente dactilógrafa, siendo empleada del Juzgado de Paz, y luego Jueza. Se casó con un joven policía que había llegado desde Miguel Cané: Jorge Mariamez.

Así, comerciando y haciéndole a todos los oficios fueron formando su capital: un buen comercio de Ramos Generales que asoció a sus hijos: Ricardo Álvarez e Hijos, un campo “Los Moros” y otra pequeña parcela en la costa del Salado, bendecida como “La Leonesa” en honor a la provincia de León, de donde era originario, su compañero de la vida.

Siempre fue muy trabajadora y además tenía el concepto del ahorro el cual le permitió costear la educación de sus hijos, que fueron a la escuela secundaria y las niñas a la Universidad.

El mes de agosto de 2012, la encuentra radicada en Victorica, donde vive la mayor parte de su familia. Vivió más de cincuenta años en Santa Isabel en donde tuvo la satisfacción de haber confeccionado y donado más de cuarenta delantales para los niños que no tenían que ponerse para la fiesta patria del 9 de julio de 1967. El Director de la Escuela 99 el maestro Ramos Mejía le envió una conceptuosa nota de agradecimiento que aún conserva. Los 30 años siguientes los ha vivido en Victorica, acompañando y acompañada por algunos de sus hijos. Siempre se mantuvo en contacto con sus amistades y recordando anécdotas de aquellos duros años. Dotada de una increíble lucidez mental y memoria, ha sido consultada varias veces por quienes desean ahondar en hechos o familiares del pasado. Es muy feliz, su frase siempre fue “yo me vine a vivir, no a extrañar”

En homenaje a esta pionera del oeste pampeano, por su esfuerzo y solidaridad, una calle de Santa Isabel llevará próximamente su nombre al cumplir ella este 2012 sus cien años de vida.

NOTA: Gracias A Elsa Alvarez por su colaboración para esta nota.

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