domingo, 24 de abril de 2011

RECUERDOS DE SANTA ROSA

Santa Rosa, acaba de cumplir el 22 de abril un nuevo aniversario de su fundación. La ciudad ha cambiado totalmente desde que llegaramos con nuestra familia y nos instalamos en el Barrio Tomás Masson.

La calle que hoy se denomina Santiago del Estero, por aquellos años de principios de la década del sesenta se conocía como la Nº 19, señal que todavía la urbanización plena, no había llegado a ese sector de "atrás de la vía" todavía con calles de tierra.

Es que en realidad era así, cruzando la estación del Ferrocarril Sarmiento hacia el sur estaba la plaza, los cines, los hoteles y las confiterías. En cambio hacia el norte estaba el barrio con sus casitas sencillas, modestas y muy humildes. Había todavía en cada manzana unos cuantos baldíos.

Desde el lugar que vivíamos escuchábamos con total claridad la sirena del Molino "Werner" que llamaba a entrar a trabajar o a salir para el descanso a gran cantidad de personas. Hombres y mujeres que salían en bicicleta rumbo a sus hogares.

También escuchábamos cuando llegaban los trenes de pasajeros y cuando maniobraban los de carga, en la playa que aún estaba allí, con sus enormes galpones dividiendo la ciudad.




En la foto se aprecia una ciudad totalmente distinta a la que nosotros encontramos a nuestra llegada

A dos o tres cuadras se escuchaban por las noches las orquestas, que amenizaban los fines de semana los bailes en el Club "Argentino".



Como me había comprado una motoneta, para ir o venir debía recorrer muchas cuadras adicionales, porque solo existían dos pasos a nivel. El de la "Cárcel" de la calle Rivadavia y el del "Molino" que desemboca en la calle Gonzalez.


En la Cooperativa mis hermanos compraban el hielo que ayudaba a pasar el verano. Para el pán había que ir hasta la calle Raúl B. Díaz. Había una despensa en la esquina, donde nuestra madre hacía las compras por la cercanía y porque también allí vendían carne. Pero algunas veces mis hermanos hacían las compras en el Mercado Municipal que aún funcionaba en la calle Quintana, donde hoy está el Centro Municipal de Cultura.


Mis hermanos, niños aún trabajaron de canillitas, de valijeros en la Estación y de peones en la Distribuidora de la Crush. Mis hermanas consiguieron trabajos en casas de familia y con los ingresos del jefe de la familia Marcial, nuestra madre Trinidad hacía maravillas administrando esos escasos recursos.


Nosotros vivimos una ciudad de pocas motocicletas, sin supermercados y de clubes que funcionaban para las distintas categorías en que se dividía la sociedad santarroseña de aquella década. Todavía el Club Penales tenía su sede en la calle Gil y el Club "Fortín Roca" estaba en su esplendor tanto con el box como con los bailes. Menciono tan solo a los que acudíamos más a menudo.


Era una ciudad, a la que cuando conversábamos llegábamos a la conclusión que en realidad "era un pueblo grande". No había edificios de propiedad horizontal, más allá de algunas casas con primer piso. La laguna, era todavía "el salitral" y las Avenidas Uruguay, Belgrano, Spinetto todavía tenían los grandes eucaliptus.

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