viernes, 7 de mayo de 2010

ESCUELA PROVINCIAL DE COMERCIO

"FELIX ROMERO" DE VICTORICA (La Pampa)
CINCUENTENARIO DE SU CREACION

El año 2009 se cumplió el Cincuentenario de la puesta en funcionamiento del primer año del entonces Instituto de Enseñanza Media Básica de Victorica, que había sido bautizado con el nombre de “Félix Romero”.

En ese momento casi ninguno de nosotros tenía la más mínima idea sobre quien había sido Félix Romero, recién nos enteramos algo años después cuando escribieron sendos folletos don Antonio Marzano y don Benicio Delfín Pérez que lo habían conocido y tratado.

Félix Romero pudo llegar a terminar la escuela primaria y luego ingresar como maestro ayudante, no diplomado, gracias al maestro francés Miguel De Fougéres, que por los últimos años de 1890 era director de la escuela nacional Nº 7 de Victorica.


La única escuela de Enseñanza Media que existía en ese entonces en Victorica, era la que se había puesto en marcha el año 1952 y que estaba destinada a formar Expertos Ganaderos con tres años de estudios y dependía del Ministerio de Agricultura de la Nación.
Era una escuela rural, cuyo edificio con internado, se había construido en un campo a unos once kilómetros de la planta urbana de Victorica, yendo hacia el norte, que no tenía previsto en aquel momento la inscripción de alumnas mujeres como internas.
Quienes impulsaron la creación de la escuela de educación secundaria “Félix Romero”, provenían del campo del comercio, alguna pequeña industria local, la banca y los servicios públicos en general.
Se apuntaba a cubrir las necesidades de la enseñanza secundaria para todo el oeste pampeano desde los pueblos del Departamento Loventué, hasta Chalileo y Chicalcó, más algunos pueblos cercanos del Departamento Conhelo. También se incluyó en el análisis la posibilidad de que los pueblos del sur de la provincia de San Luis, muy ligados comercialmente a Victorica, pudiesen aprovechar esta nueva oferta educativa.


En 1959 en aquella región, integrada por el noroeste pampeano y el sur puntano, existían solo caminos de tierra, no había teléfonos, no existían servicios de salud, salvo el Hospital Regional de Victorica, cuyo nuevo edificio se había inaugurado en 1949.

Los pasos iniciales copiaron a las experiencias desarrolladas en otras localidades pampeanas como Ingeniero Luiggi que el año 1958 había fundado una institución educativa de nivel secundario dentro del régimen de la educación privada, a la que el gobierno desarrollista de Frondizi comenzaba a impulsar.

Para iniciar en forma orgánica la promoción y fomento de la entidad que se deseaba fundar, se realizó una asamblea por parte de una Comisión Promotora integrada en los cargos principales por Ángel Villegas como presidente, que era el Gerente de la sucursal local del Banco de la Nación Argentina, se había diplomado de maestro y su esposa era la maestra Rogelia García. Como Vicepresidente Jaime Sidebottom, comerciante, Osvaldo Priani empleado bancario fue el secretario, Alberto Rodríguez empleado de comercio fue el tesorero, en tanto que Julio Rochereul, también empleado de comercio fue el protesorero.


Los docentes

Victorica por aquel entonces estaba conectada con General Pico y Buenos Aires por medio del servicio ferroviario de pasajeros y de carga que corría tres veces por semana desde Once a Telén. Además con Santa Rosa tenía un servicio diario de pasajeros brindado por colectivos.

La mayoría de los cargos directivos y docentes para dictar las distintas asignaturas del plan del Ciclo Básico Común fueron cubiertos por maestras.

El resto se distribuyó entre algunos profesionales del medio como el farmacéutico, el médico, la escribana y el veterinario, la mayoría recién llegados a la localidad. A ellos se sumaron algunos pocos docentes con título habilitante y otros con título supletorio.


La primera directora fue doña María Bustos de Ares, que era maestra y también Directora de la entonces escuela nacional Nº 7 del nivel primario. A su corta gestión le sucedió la escribana Nélida Suarez de de la Torre. La primera secretaria fue Edilva Crova, después que fue trasladada a General Pico, sería reemplazada por la maestra Sara Leyton oriunda de Victorica.

Las instalaciones
Por supuesto que la Municipalidad de Victorica a cuyo frente se encontraba don Agustín Borthiry como Intendente, brindó todo su apoyo a la iniciativa.
Así fue que el amplio salón de actos se transformó en aula y la antesala al mismo se destinó a dirección y secretaría.

El patio de la misma fue utilizado por los alumnos para los recreos. Allí se instaló el mástil donde todos los días se izaba la bandera y se hacía la formación antes de ingresar al aula. También los sanitarios debieron adecuarse para que hubiese uno para cada sexo.



Las clases de educación física y las prácticas se llevaban a cabo en las instalaciones del Club Cochicó que está situado a una cuadra y media desde la Municipalidad. También en éste ámbito se realizaban los ensayos del Coro del Instituto en sus primeros años.

Los alumnos
Comenzamos el primer año el día 1º de abril de 1959, éramos veintiocho alumnos, la mayoría de Victorica, aunque había uno de Arizona, uno de Carro Quemado y uno de Telén. Cuando llegamos a tercer año, el desgranamiento por repetición y abandono había mermado la cantidad a exactamente la mitad.

Comisión Directiva del Centro de Estudiantes creado con el advenimiento de la democracia en Argentina


Nosotros teníamos exámenes cuatrimestrales en casi todas las asignaturas, no sólo las que eran obligatorias por disposición del Ministerio de Educación de la Nación. Nuestra Escuela estuvo durante un tiempo como adscripta al Colegio Nacional “Republica del Salvador” de General Pico. Recuerdo que una vez fuimos con algunos compañeros y profesores a conocer el Colegio en el que supuestamente íbamos a tener que rendir examen.

La Comisión Propietaria se había preocupado en formar una Biblioteca con libros para prestar a los alumnos que no los podíamos comprar y de esa forma pudimos estudiar. En ésa época no existían las fotocopiadoras en la escuela ni creo que tampoco en Victorica. Se estudiaba por apuntes tomados en clase y se complementaba con los libros que había que leer.



Anécdotas
Cuando llegó el comienzo de segundo año, el salón municipal se dividió al medio con un tabique de madera, para tener el aula nueva. Lo que generó un inconveniente mayúsculo, dado que la precaria pared dejaba pasar absolutamente todos los ruidos de un lado al otro. Además como los pisos son de pinotea, cuando había hora libre y alguien entraba corriendo al aula o hablando con voz alta, se recibía una tremenda rechifla del otro lado.


Cuando llegó el tercer año ya no era posible seguir subdividiendo el salón. Por eso fue que la municipalidad ofreció como nuevo espacio físico una piecita pequeña y larga que había servido de archivo durante las últimas décadas. Se vació el contenido de biblioratos y papelería, se pintó y se pusieron bancos de la escuela primaria. Allí nos sentamos los catorce alumnos (menos mal que ya éramos pocos). Cuando alguien era llamado al frente para dar lección, el profesor se tenía que quedar sentado porque no había más espacio.

Cuando llegó tercer año fuimos declarados colegio provincial y como se nos pasó de la modalidad ciclo básico común a la de Escuela de Comercio, para compensar durante 4º y 5º años tuvimos clases los sábados para cursar las materias que eran específicas de la carrera y que no habíamos visto, como Contabilidad, Mecanografía, Estenografía y otras.


Colofón
Cuando arribamos al fin del 5º año, de aquellos 28 que comenzamos solo seis llegamos a diplomarnos con el titulo de Perito Mercantil. Algunas jóvenes al finalizar el tercer año se habían decidido por el Magisterio y otros consiguieron trabajo con el ciclo básico aprobado y dejaron de estudiar.

Los de la primera y segunda promoción no tuvimos posibilidad de gozar del edificio nuevo que se estaba construyendo, el que recién fue habilitado después del golpe de Estado de junio de 1966 que derrocó a Illía.


Como éramos tan pocos, nuestra aula para los cursos de cuarto y quinto fue el edificio de la Biblioteca Bartolomé Mitre que había sido fundada por el maestro Félix Romero, cuyo edificio propio él había inaugurado el año 1926.

A pesar de todas estas limitaciones creo que la enseñanza y la preocupación por cada uno de los alumnos, nos permitió aprender, madurar y crecer y luego explorar el mundo del trabajo o el campo de los estudios superiores. Vayan estas líneas en reconocimiento a la labor de tantos docentes y no docentes que trabajaron ad honorem durante los años iniciales, como así también a los miembros de las sucesivas Asociaciones Cooperadoras.

1 comentario:

  1. Hola querida familia del Felix Romero:
    Recorriendo tu blog me di cuenta cuántos y qué pocos son 50 años.
    El agradecimiento eterno y el recuerdo permanente para todos los que un día compartimos la vieja escuela de comercio.
    Para vos, Luis, mi agradecimiento por lo que demuestra tu afecto al pueblo y a la escuela, que es nuestro pueblo y nuestra escuela.
    Gracias Luis
    Ana María Lamónica
    (Promoción '66)

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