viernes, 21 de mayo de 2010

EL PENSAMIENTO NACIONAL

VERSUS LA MENTALIDAD COLONIAL

Vamos a conmemorar, este año 2010, el segundo centenario de la fecha que se toma como nacimiento de nuestra Patria, por los hechos producidos durante el mes de mayo de 1810. Hechos que no culminarían el día 25 de aquel mes y año, sino que sus efectos se continuarían procesando los años posteriores.

Quienes fuimos educados en la escuela secundaria tradicional, memorística, enciclopedista, europeizante y centrada en contenidos, y especialmente en las fechas y los hechos militares, casi no tuvimos posibilidad de ahondar en la historia Argentina, porque la organización de la disciplina Historia ponía énfasis, primero en la historia Universal, luego la Americana y por último la local y regional.

Por eso cuando algunos alumnos iban al exterior en programas de intercambio, notaban que ellos conocían muchos aspectos de la historia, la geografía y literatura de los países que visitaban, pero en cambio sus condiscípulos no conocían absolutamente nada de lo argentino. Aún hoy hay muchos que creen que Buenos Aires está en Brasil.

Nuestro profesor de Historia había sido discípulo del Dr. Ricardo Levene a quien admiraba y sus clases eran bastante interesantes, pero los tiempos dedicados en el programa de Perito Mercantil de la década del cincuenta eran sumamente escasos para relacionar o hacer lecturas adicionales fuera del aula, especialmente para quienes trabajábamos a la par que estudiábamos.

Además “la historia no habla sino por intermedio de los historiadores. Los hechos no varían, pero se nos presentan con el lenguaje, la sintaxis, la ortografía de su relator, dicen lo que él quiere que digan, según los ordena, los valora, los subraya o los deja perder en la intrascendencia, con una intención o con una consecuencia que no puede ser otra que la de formar en el lector, idéntico criterio valorativo.” (Salvador Ferla)
Primera Junta de Gobierno reunida. Oleo de Vila y Prades (Palacio del Congreso)


Las nuevas ideas en el viejo mundo

Para ubicarnos conviene, aunque muy sintéticamente, contextualizar el mundo europeo de entonces, cuyas ideas influirían sobre el Virreinato del Río de La Plata, que se había constituido en 1776.

Ese mismo año, a principios de julio se había producido la declaración de la independencia de las Colonias Inglesas, situadas en América del Norte, poniéndose en marcha una experiencia de gobierno propio, bajo un régimen constitucional presidencialista acentuado y de organización federalista pronunciada.

Trece años después, se produce la Revolución Francesa, que termina con el régimen de la monarquía absoluta y esparce por el nuevo mundo sus banderas de Libertad, Igualdad, Fraternidad y Seguridad Individual. Desarrolló también su doctrina de la Soberanía Popular, que tanta influencia tendría en las discusiones rioplatenses.

Contemporáneamente a esos sucesos de trascendencia política, Inglaterra había producido otros dos hechos de suma importancia en el campo económico. El primero la “Revolución Industrial”, introduciendo el cambio de sacar el trabajo del hogar y llevarlo a la fábrica y el segundo, la creación de la ideología del Liberalismo Económico, sobre la base de las ideas del librecambio y la teoría de los costos comparados de David Ricardo.
Facsimil de la Invitación que emitió la autoridad del Cabildo para quienes asistirían al "Cabildo Abierto" del día 22 de Mayo de 1810

Esto le dio a Inglaterra los recursos y las fuerzas necesarias para disputarle a España el predominio de los mares y sus posesiones coloniales.

Está claro que aquellos sucesos, que se dieron dentro del Cabildo de Buenos Aires, no tuvieron participación popular plena, sino que a la plaza, custodiada por las tropas, se llegó por invitación y sólo los representantes de los poderes fácticos fueron quienes tuvieron acceso a las discusiones sobre lo que había que hacer.

El tan mentado “Cabildo Abierto” del 22 de mayo de 1810 y que la “petit” historia pergeñada por “Billiken” para la escuela primaria, presentado casi como el prototipo de la participación popular, fue en realidad, sólo integrado por “la parte principal y más sana del vecindario”. (La que recibió una de las invitaciones sin la cual no se dejaba pasar)

“Falsificad el sentido de la historia y pervertís por el hecho toda la política. La falsa historia es origen de la falsa política” dijo Juan Bautista Alberdi.

Pero más allá del deber, y lo que se podía intentar, lo que se terminó haciendo fue una salida de conveniencia. Pero de conveniencia para los que detentaban el poder del Puerto de Buenos Aires, que ignoraron los intereses y necesidades de las provincias, no exhibiendo ninguna tendencia federalista en sus orígenes. Este proceder y los sucesos con su dinámica contradictoria, implicaron posteriormente la pérdida de la Banda Oriental, el Paraguay y el sur de Bolivia, que eran parte integrante del Virreynato del Rio de la Plata.
"La Reconquista de Buenos Aires", óleo de Charles Fouqueray en el Museo Histórico Nacional


La participación de los criollos

La participación verdaderamente popular en defensa de la Patria, se había dado durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807, en que los criollos, los mulatos, los mestizos y hasta los aborígenes, defendieron a Buenos Aires para reconquistarla del intento de la Corona Británica de instalar sus reales. Esos sucesos infligieron una derrota impensada a los representantes de la naciente potencia militar de entonces, que operaba para su consolidación como imperio sustituto.

En realidad lo que surgió de ese cónclave puertas adentro del Cabildo porteño, fue un paso importante, pero la decisión quedó navegando a dos aguas, por las dudas que tenían los representantes de los intereses españoles en el Río de la Plata, con respecto a la suerte de la metrópoli, que había sido puesta bajo regencia de los franceses, conducidos por Napoleón Bonaparte, que había impuesto a su hermano para presidir el Consejo Español.


No hay que olvidarse además, que la esclavitud en Argentina recién fue abolida, a partir de la declaración que realizó la Asamblea General del año 1813, por lo que queda claro que había poderosos señores a quienes no les interesaba renunciar a la mano de obra esclava tan fácilmente. Será también esta Asamblea la que tomará medidas que reafirmarán la soberanía del nuevo Estado y la igualdad de los ciudadanos al establecer un sello propio en reemplazo del real.

Al aprobar una única marcha nacional y diseñar un escudo propio, descartando el de armas del Rey. Asimismo ordenó la primera acuñación de moneda con los símbolos del Estado naciente y suprimió los títulos de nobleza, prohibió el uso de tormentos y ordenó la quema de los elementos de tortura.



Tampoco fue producto de aquel pronunciamiento del Cabildo del 25 de Mayo de 1810 la creación de una bandera propia. Asimismo en realidad las cintas que repartieron French y Berutti, según algunos autores, no eran blancas y azul-celeste, sino que eran de color blanco y que semanas después agregaron en el sombrero la imagen de Fernando VII y una rama de olivo.

La Bandera Nacional, fue creada mucho después, por Manuel Belgrano en un acto de presión a las autoridades de entonces, quienes le aplicaron una severa amonestación por su atrevimiento. Es que él no aceptaba seguir “Fernandeando” como se decía en aquellos momentos, combatiendo bajo el mismo pabellón español, porque esto acarreaba el mote de “insurgentes” de parte de los españoles.

Por eso la enarboló un 27 de febrero de 1812, la hizo bendecir en Jujuy el 25 de Mayo de ese año, en tanto que recién fue autorizada a ser usada un año después, ante los hechos consumados de uno de los grandes patriotas. Belgrano se animó a escribir a sus superiores: “Abajo, señor Excelentísimo, esas señales exteriores que para nada nos han servido, y con que parece que aún no hemos roto las cadenas de la esclavitud.”


La colonización pedagógica

Por todo esto es que, visto con la perspectiva histórica que dan estos doscientos años transcurridos, la lucha por la libertad, el gobierno propio, la independencia, fue un proceso de largo aliento, en el que se mezclaron y se enfrentaron los componentes políticos, económicos y sociales, de dos visiones distintas, que bajo diferentes y variados ropajes, aún persisten: una la colonial y otra la nacional.
Obsérvese la predominancia de clérigos, militares y representantes de la alta burquesía porteña de Buenos Aires


“No es la Revolución de Mayo un mero producto de la fuerza librecambista en acción, como muchos han pretendido que sea”, dice Fermín Chávez en “Historia del País de los Argentinos” y continúa más adelante: “Mayo fue algo mucho mas profundo, a pesar de los factores político-sociales divergentes y aun contradictorios que la desencadenan y encauzan.”

Parte de esas contradicciones que la desangraron las caracteriza Chávez en este párrafo “Lo que era bueno para el Puerto resultaba pernicioso para las provincias. Los intereses económicos del Litoral tampoco coincidían con los de las regiones mediterráneas”.

Por supuesto que en ese mar de ambigüedades, contradicciones y dudas, los intereses de los ingleses, los franceses y aún de los portugueses, llevaban agua para su molino, mientras sembraban la semilla de la discordia, para darle aire a la política sempiterna de “divide y reinarás”.

“La Revolución, que en el aspecto económico no fue otra cosa que la legalización del contrabando, agravaría estos problemas en vez de resolverlos” dejó escrito Salvador Ferla en su libro “El drama político de la Argentina contemporánea”.

Quien a renglón seguido expresó categóricamente: “Ni la Primera Junta, ni los Triunviratos, ni los Directorios fueron gobiernos nacionales. Buenos Aires resolvió por sí misma abrir su puerto a un comercio irrestricto con Gran Bretaña, condenando a muerte a muchas industrias del interior, especialmente la textil”.


Como se puede apreciar desde los primeros gritos de libertad en los orígenes del procesamiento de nuestra independencia, se comenzó a gestar lo que décadas después tomaría forma acabada, esa macrocefalia de la ciudad puerto que dio permanentemente la espalda al interior.


Por eso no conviene distraerse más y reconocer que hemos sido educados con un velo sobre la realidad de los hechos que acontecieron, algo que Jauretche llamó la “colonización pedagógica”, quien expresó también que “lo que llamamos historia, es lo que fue política y lo que es política, será a su vez historia”.

El tema de cortar los lazos con España no fue fácil, dado que habíamos estado relacionados con la metrópoli en nuestra calidad de colonia, por más de tres siglos.
Y luchar por la independencia y afirmar la soberanía popular por encima del concepto de la soberanía del reino, costó mucha sangre de patriotas.

La cuestión dijo Jauretche “no es cambiar de collar, sino dejar de ser perros".

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