miércoles 25 de noviembre de 2009

FAMILIA LLORENS

SEGUNDA PARTE: La expansión.
Don Joan Llorens Horta, viajaba periódicamente a España a visitar su familia que había vuelto a su tierra natal el año 1885, instalándose en Pineda. Es por eso que Juan José Llorens Carreras, nacido en Lobos en 1883 estudia en Mataró y en Barcelona.
Después de culminar su educación, regresó a la Argentina y el año 1901 se instaló en Bolívar, donde comenzó a trabajar en el comercio de sus tíos Joaquín y Pedro Llorens Horta en la denominada “Casa Llorens”, destinada a “Comisiones y Consignaciones”.

La segunda persona sentada con las piernas cruzadas y anteojos es don Gaudencio Pablo y la segunda persona sentada desde la derecha es don Pedro Nicomedes Gómez, uno de los socios de la razón social. (Foto gentileza Rubén Gómez Luna)



En 1903 y luego de esos dos años de aprendizaje, se instala en Trenque Lauquen con sus jóvenes veinte años, a dirigir los comercios que había fundado su padre en esa localidad y la Sucursal de Victorica.
El padre de Juan José había fallecido al finalizar el año 1899, por lo que la mayor responsabilidad, desde los primeros años del siglo XX comenzó a recaer sobre sus hombros.
En 1907 llegan a Victorica periodista y fotógrafo de la revista nacional “Caras y Caretas”, la nota sobre el pueblo que hacía pocos meses había cumplido su 25º aniversario fue ilustrada con varias fotos. Una de ellas muestra el frente de la “Casa Llorens y Antich” y otra a la del comercio del señor Bustelo.



En 1908 llegará el ferrocarril del Oeste a Victorica que trajo un gran adelanto para la zona y todavía estaban en vigencia los proyectos de construir las prolongaciones de las líneas férreas que continuarían hacia Villa Mercedes (San Luis) y hacia Mendoza, ambas pasando por Victorica, que la convertiría en un importante nudo ferroviario.


Pero llegó el año 1914 y con el la gran Guerra en Europa, que terminaron con las perspectivas de nuevas inversiones en ferrocarriles. Muchos inmigrantes volvieron a sus países de origen, decayó el consumo y Telén punta de riel, se había convertido en competidora de Victorica a pocos kilómetros.


Después que terminó esa guerra y se normalizaron las relaciones comerciales con el “Viejo Mundo”, regresaron las buenas perspectivas de la mano de la recuperación de los precios y del incremento del consumo y de la expansión de la industria del automóvil.


El facsimil de las notas de venta tienen impreso el logotipo "COCHICO", marca registrada por la firma con la cual envasaban distintos tipos de productos.


En 1920 la sociedad J.J.Llorens, J. Antich & Cía, pone en marcha en Santa Isabel una Sucursal del almacén de Ramos Generales.
La proyección hacia el oeste de La Pampa, tenía como motivo central, no solo la venta para el consumo, sino fundamentalmente acercarse a la fuente de materia prima de demanda internacional: la lana. Para eso Llorens tenía instalada en Victorica, en el galpón del ferrocarril, una prensa para enviar a Inglaterra los fardos prensados de lana sucia.


Puso al frente de la sucursal a un hombre conocedor de la amplia zona, que ya era Comisionista, don Isidoro Orgales. En ésa época en los Departamentos Chicalcó y Chalileo, con el funcionamiento a pleno de la red fluvial conformada por los rios Atuel y Salado pastaban aproximadamente más de 250.000 lanares.

En la foto tomada en el corralón de la empresa en Victorica, se observan a varios empleados. Se han identificado a Basilio Romero, Roberto Pagella,(sombrilla) Gaudencio Pablo, Julio C. Rochereul. La mujer más alta sería Adelina Padula (hija del Encargado del escritorio) y la más baja (vestido oscuro) Magdalena Dubedout. (Foto gentileza familia Peirone-Saenz)

Según recuerdan algunas personas y por los testimonios fotográficos o escritos, cuando la firma estuvo en su esplendor trabajaban, entre otras cuyos nombres desconocemos, las siguientes personas:

Juan Padula en el escritorio

Vidal Saenz tenedor de libros y encargado sección Tienda

Gaudencio Pablo encargado sección Almacén

Basilio Romero y Secundino Romero (ambos españoles, primos de Gaudencio Pablo)

Roberto Pagella mecánico

Julio Cirilo Rochereul, Magdalena Dubeudout (después formarían familia)

José Eguía, Adelina Padula

"Lita" Plaza y "Tuto" Barreix empleadas Sección Tienda.

Ludovico Brudaglio, italiano recién llegado a la Argentina, (entre 1903 y 1905 contratado por Llorens como ayudante en el escritorio)
Isidoro Orgales acopiador de lanas y frutos del país.

Brudaglio cuenta en sus memorias que los empleados que vivían en las instalaciones del comercio, de noche ponían los colchones sobre los mostradores para descansar.


Cuatro mujeres posan junto a la mayoría de hombres que conformaban el importante plantel, de empleados, obreros, peones y gerentes de la firma en los años de mayor actividad antes de la crísis del !30.(Foto gentileza familia Peirone-Saenz)


En el bien provisto Almacén de "Ramos Generales" detrás del mostrador se observan a socios y gerentes (Eguía, Gómez, Pablo) y algunos empleados. Al frente, la pizarra promociona el precio del Automóvil Ford.



Los primeros años de la década del veinte comienza la llegada a Victorica de los primeros autos Ford vendidos por la firma Llorens,Antich y Cía. Cuando solo habían huellas y aún no existía el puente sobre el rio Salado, la firma vende varios automóviles en la zona de la confluencia. Los años eran buenos desde el punto de vista climatico y los precios tambien incentivaban a los propietarios de majadas, instados por los vendedores a invertir en automóviles y tractores. Junto con el Ford “T” se vendian tambien los tractores “Fordson”.



Uno de los primeros surtidores de combustible en la vereda de la firma "Llorens, Antich & Cía" en Victorica. Se promociona la calidad de la nafta como "filtrada". No obstante, todavía prevalecía la tracción a sangre.



Esta fotografía está tomada desde la vereda de la firma Llorens, Antich y Cía en Victorica. En primer plano un árbol recien plantado y dos grandes argollas atadas a postes enterrados para atar los caballos. Para traer uno de estos autos viajó a Trenque Lauquen doña Antonia Ortíz de Saenz quien vino manejando desde aquel lugar. (Foto gentileza familia Peirone-Saenz)


Cuando la firma"J.J.Llorens,J.Antich y Cía" se disuelve, (aparentemente por la salida de J. Antich, socio sobre el que no poseo ningún dato) la Municipalidad de Victorica da por caída la concesión de los surtidores de nafta habilitados sobre la vereda. Lo que da origen a un reclamo de Juan José Llorens, quien siendo continuador del fondo de comercio, aduce los "derechos adquiridos" a continuar con el monopolio de la venta de combustible, un negocio que venía creciendo y que tenía buenas perpectivas futuras.


La Municipalidad no lo entendió así y ratificó su decisión de dar por terminada la concesión. Esto favoreció la entrada al negocio del combustible, los aceites y derivados a la competencia que rápidamente se instaló. Así don Bautista Viglino se convirtió en representante de la nafta que provenía de los Yacimientos de Comodoro Rivadavia, donde se había descubierto petróleo en 1908.

También aprovechó la oportunidad un antiguo empleado de Llorens que se había independizado y abierto negocio por cuenta propia don José Eguía y Cía. que vendía la marca "Energina".


Por esta razón es que Llorens, muy contrariado por la decisión de las autoridades municipales, decide crear un partido político al que bautizó "Comunal", que presidió durante algunos años y con el cual compitió en las elecciones locales. Varios de sus gerentes y socios fueron años después autoridades del Municipio de Victorica.

NOTA: Agradezco las fotos cedidas por la familia de Adela Irma Saenz de Peirone y de Ruben Gómez Luna.



















































domingo 22 de noviembre de 2009

FAMILIA LLORENS

INMIGRANTES PIONEROS DE LA PAMPA ARGENTINA

PRIMERA PARTE: Las raíces

Hace algunos años, antes de fallecer, don Florencio Ernesto Peirone, casado con Irma Adela Saenz, hija de Vidal Saenz y Antonia Ortíz, de su puño y letra me sugería que alguien debería escribir sobre los Llorens.
El había conocido y actuado como colaborador de don Juan José Llorens, radicado en Buenos Aires y que periódicamente tomaba el tren en Estación Once que lo traía hasta Victorica, donde tenía una Pick Up Ford de la década del 30, color azul, con la cual se movilizaba hasta el establecimiento de campo, “La Porteña”, donde lo esperaba su fiel encargado Salinas.


Después de todos estos años de tener ese mandato pendiente, retomo aquella sugerencia con la inestimable colaboración de Lia Peirone y su madre “Mita”, quienes han servido de enlace con los descendientes de don Juan José Llorens.

Comenzaré diciendo que las raíces de los Llorens están en España, de donde emigró a la Argentina en 1860 don Joan Llorens Horta un catalán, de jóvenes dieciséis años, siguiendo el rastro de sus hermanos y primos, que ya se habían anticipado a esa aventura que significaba el nuevo mundo, de la América del Sud.





Después de terminada la “Conquista del Desierto”, Joan Llorens, que había adquirido campo en Bolívar, se instaló como productor agropecuario en Lobos y se animó luego a acercarse más hacia la nueva frontera en la Provincia de Buenos Aires. El año 1885 abre en Trenque Lauquen un comercio bajo el nombre “Casa Llorens”, que será el primero en el pueblo y que estará diversificado como “Ramos Generales” y destinado además a los rubros de “Lanas, Cereales y Frutos”.

Una calle de Trenque Lauquen recuerda el nombre de este pionero. La imposición de la denominación fue realizada por las autoridades municipales de aquella ciudad el año 1988. La Ordenanza Nº 44/88 en sus considerandos expresa: "Que el nombrado fue uno de los primeros Empresarios pobladores de Trenque Lauquen y verdadero pionero de la zona. Que la figura de Don JUAN LLORENS merece recordarse, por haber pertenecido a una generación de hombres que, con ilusión frente a la inmensidad del desierto, se sintieron con fuerza, fervor, audacia y entusiasmo para concurrir a civilizarlo e incorporarlo al que hacer productivo, tan útil en todos los órdenes, para el progreso espiritual y material de nuestra Nación." Finalizando los considerandos con esta frase "Que es deber de las Autoridades Municipales mantener el recuerdo de sus hombres destacados."


El negocio prospera, y las ganancias le permiten a Joan abrir una Sucursal en Victorica, el primer pueblo de la Pampa Central, que había sido fundado en 1882. Ya se conocía en Trenque Lauquen la decisión del ferrocarril del Oeste de continuar el tendido de la línea hacia el poniente, con rumbo final hacia el Pacífico.


Entre los años 1884/5, mientras Joan hacía pie en Trenque Lauquen, otro Llorens, Joaquín, se instalaba cerca del Fortín Toay con una Posta y Pulpería.






Joaquín, como Joan había nacido también en Pineda, (España) en 1851 y se había recibido de Licenciado en la Universidad de Barcelona.

Joan llega a Victorica a instalar un comercio de “Ramos Generales”, el que abre sus puertas el año 1892, poco tiempo después de la llegada del francés Alfonso Capdeville, quien ya era presidente de la Comisión de Fomento en ese momento.



Hacía diez años que se había fundado Victorica y treinta leguas a la redonda no había otro centro urbano. El Censo Nacional de población del año 1895 determinaría que Victorica era la localidad más importante de toda La Pampa, dado que en su ejido urbano se censaron 1323 habitantes.
La firma J. Llorens, J. Antich & Cía, se instaló, en el centro, frente a la plaza, en un cuarto de manzana, cuya esquina, cruzando la calle daba justo con la Iglesia Católica.



El comercio vino a ser competidor del que había instalado don Lucas Viniegra a una cuadra de la plaza, del de Imaz y Galarreta situado en la otra esquina de la plaza y el de don Gialdino Lemme a dos cuadras, en el corazón del “Barrio latino”.




Como recién el Banco de la Nación Argentina abriría sucursal en Victorica el año 1909, las casas de Ramos Generales como las de Llorens, actuaban, por el sistema de compras de lanas y frutos, como si fuesen Bancos comerciales, dado que la cuenta corriente de cada cliente, se cerraba generalmente una o dos veces al año para determinar el saldo.



Estos comercios estaban organizados por secciones. Una era la sección “Almacén” la que administraba todos los viveres, la mayoría de los cuales en aquellos años se vendía con fraccionamiento en el lugar. Otra era la sección “Tienda” con todos los productos de vestimenta, fundamentalmente para la familia que mayoritariamente vivía en el sector rural. Y la otra sección era la de la “Barraca” que administraba las compras y ventas de lanas y frutos del país que involucraba los cueros, las cerdas, las plumas.



Esto requería contar con gran cantidad de empleados y obreros. Don Joan había realizado su experiencia de organización y administración en Trenque Lauquen, la que trasladó luego a la casa de Victorica. Se trabajaba de sol a sol, los siete días de la semana, tanto en el campo como en el pueblo, recién en 1907, Félix Romero, presidente de la Biblioteca, al escribirle al diputado socialista Alfredo L. Palacios, le hace saber que ha realizado una reunión con los comerciantes del medio para interesarlos sobre el derecho de los trabajadores al descanso dominical.

miércoles 11 de noviembre de 2009

"UNA OLA SOBRE EL MAR"

DEDICADO A LA PAMPA

La Capital de La Pampa, Santa Rosa, fue sede del Primer Simposio Nacional de Escultura que convocó a artistas locales y de otras provincias argentinas.


El Coordinador del Encuentro fue el escultor pampeano Raúl Fernandez Olivi, quien contó con la colaboración de la Cooperativa de Electricidad de Santa Rosa y de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de la Capital y el aporte de algunas empresas privadas del medio.

Los participantes fueron once escultores de primer nivel, que se dieron cita para trabajar en una especie de gran taller al aire libre, donde la gente a su paso por el paseo, en las adyacencias de la que fuese la estación del ex ferrocarril Sarmiento, pudo apreciar durante unas cuantas jornadas la labor de los mismos.

Mario Eyheramonho, desde 1986 realizó muestras individuales y colectivas de escultura, pintura y fotografía e imagen digital dentro y fuera de la provincia. En 1989 obtuvo el Primer premio de pintura en el Salón Pampeano. En 1999 el Primer premio de pintura en el Salón Patagónico de Neuquén. En 1993 el Gran Premio de Honor Escultura del Salón Pampeano. Este año recibió el Primer premio en Escultura Cerámica en el Salón Pampeano.

Al final del encuentro los escultores, diez hombres y una mujer, entregaron sus obras, que según se ha anticipado serán colocadas en distintos puntos de la ciudad. Ya hace varios años, la Subsecretaría de Cultura emplazó a lo largo de las avenidas San Martín y Roca unas cuantas esculturas de gran tamaño, creadas por artistas pampeanos como Fernandez Olivi, Gustavo Gaggero y otros.

El tema es como evitar que el paso de los años las deteriore, dado dos aspectos que se combinan para que ello se produzca inexorablemente. La desidia de parte de los entres encargados de la guarda y conservación de las mismas y la desaprensiva y antisocial actitud de ciertos grupos que las arruinan con marcas, aerosoles y otros elementos destructivos.



Algunas, sobre todo las ejecutadas en madera estarán bajo cubierta en ámbitos cerrados, como organismos publicos y escuelas. Será toda una tarea conservarlas intactas, dado que generalmente las paredes, los bancos, los sanitarias y los lugares frecuentados muy a menudo, son utilizados como soporte de grafittis o leyendas de todo tipo.

De los elementos estrictamente pampeanos con los que trabajaron los escultores para diseñar sobre ellos sus obras se destacan el mármol travertino, extraído de la zona de Limay Mahuída y la madera de caldén, perteneciente al bosque típicamente pampeano.




Entre las palabras de los artistas, destacamos el comentario del riojano Néstor Vildoza, que afirmó “esto es lo de uno y donde uno encuentre un lugar para trabajar en lo que le gusta, está todo bien”. También destacó la importancia de la realización del encuentro porque “es importante, sobre todo cuando es una novedad como esta que tiene que ver con la cultura, porque uno a veces ve una obra terminada y no sabe como fue la factura, como se hizo y creo que acá en este momento es un poco una escuela taller para todo el mundo y se ve como de algo uniforme como puede ser una piedra, un tronco o un pedazo de chapa, al poco tiempo se convierte en una obra”.
El artista riojano trabaja sobre “una piedra de la zona, es un mármol travertino muy joven y la idea surgió un poco aquí, porque vine con una idea diferente y como descubrí que esta piedra fue extraída del centro de la provincia y esto fue antiguamente un mar, cuando uno empieza a picar la piedra se da cuenta por los restos fósiles que tiene, que en algún momento estuvo en el mar, por lo que la idea que yo tengo ahora es hacer una especie de ola sobre una gran piedra, de manera que sería una gran ola sobre el mar dedicada por supuesto a La Pampa”. (Periódico Región)


Gustavo Gaggero nació en Santa Rosa, (La Pampa) estudió Escultura en acrílico con la profesora Isabel López, composición en pintura con Hugo De Marziani y recibió una beca de capacitación de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de La Pampa sobre escultura en acrílico y vaciado de grandes tamaños.
Durante su trayectoria, Gaggero ha obtenido varios Premios: 2005 Mención Especial del Jurado en el Salón Nacional de Pintura de General Pico (La Pampa). 2005, Primer Premio en Salón de pequeño formato también en General Pico. 1993, Primer Premio escultura en el Salón Pampeano de Artes Plásticas.
En esta semana está exponiendo una serie de óleos de gran tamaño en el Centro Municipal de Cultura.

viernes 6 de noviembre de 2009

CARRERA DE AUTOMOVILES

DESAFIOS MANO A MANO
VICTORICA DECADA DEL SESENTA
La pasión por “los fierros”, tiene que ver con la ilusión del hombre de querer ir más rápido para ganarles al tiempo y también por supuesto a otros hombres, por el espíritu competitivo y lúdico.
Desde el legendario Turismo de Carretera que atravesó La Pampa varias veces, hasta las actuales de las distintas formulas que se corren en autódromos, hay más de cinco décadas con historias regionales y lugareñas que nutren el automovilismo.

El año 1951 la maestra de primer grado superior de la Escuela Nº 7, doña María Tránsito Lucero, escribió en observaciones en el registro de asistencia de los alumnos del mes de mayo de aquel año: “Día 5 mala asistencia, motivada por la carrera automovilística vuelta de La Pampa”. Recuerdo que mi padre me llevó aquella vez con él, al lugar conocido como “los cuatro esquineros”, que es la intersección actual de la ruta pavimentada que pasa por Victorica y continúa rumbo al sur de San Luis con la de tierra que viene desde Luan Toro y Loventuel.

Por allí pasaron los “ases del volante” de aquella década, entre los que estaban los hermanos Gálvez, los Emiliozzi y otros. Pero a pesar que nos pusimos a observar desde una loma e incluso nos subimos a un camión estacionado, lo cerrado del camino y la polvareda que levantaban no permitía apreciar demasiado.

Una década después en la cancha que se utilizaba para las carreras de caballos, (en la chacra del vasco Mendiara) se llevó a cabo un desafío mano a mano entre dos autos. Los amantes de las “picadas” eran varios entre los que se mencionan a “Gury” Barneix, “Coco” Di Dio, “Toto” Pablo, Lázaro Pérez, “Gaucho” Borthiry, los Pagella, “Fin” Sierra que llegó a tener una ocupé preparada especialmente y algunos otros, a los que se sumaron años después los jóvenes Rubén Mario Frois y Carlitos Garmendia.
Uno de aquellos autos pertenecía a Amadeo Palmieri, dueño del taller mecánico, situado en la esquina de las calles Yrigoyen y Cochicó, era un Ford modelo “BB”, año 1934. El otro es un Plymouth probablemente modelo 1937, uno de los cuales tenía la familia de don Pablo Pérez, otro la familia de doña Baselisa Álvarez.

Fueron trescientos metros, con largador y rayeros para determinar el ganador. Generalmente el desafío era por un asado, pero por supuesto que los amantes de las apuestas también “boletearon” a estos pingos tracción a nafta.
Esta fue otra más de esas carreras extraordinarias como aquella otra tracción a sangre, que alguna vez corrieron los carros de los carniceros Claudio García, Miguel Peralta, Orlando Martín y Simón Bolet.

O la de un caballo y un automóvil que también se produjo en aquellos años de reuniones hípicas frecuentes, donde se buscaba sumarle atractivo al turf.
También se realizó la de una moto y un caballo, cuando en Victorica comenzaron a aparecer las primeras motos a fines de la década del cincuenta de la mano de Rubén Palmieri. El caballo se perfiló adelante en los primeros cien metros, pero luego cuando la moto aceleró a fondo terminó ganando la carrera.

Pero la más insólita que recuerda Lázaro Pérez uno de los amantes “tuercas” fue la que corrió Pocho Orueta maratonista, a un Citroen 2CV. Fueron cien metros en los que se alzó con el triunfo el recordado Orueta, quien corrió aquel día alentado por la popular.

La anécdota más risueña de este tipo de desafíos la cuenta uno de los protagonistas. Lázaro Pérez aceptó el desafío para correrle al auto del “Chango” Borthiry. El perdedor pagaría el asado para diez personas. El auto de Lázaro, que ya se había iniciado en la fotografía, era atendido por “Coco” Di Dio, quien no se dio cuenta, que por la nafta que le habían sacado para lavar el carburador y las pruebas los días antes de la carrera, se les pasó por alto el detalle de la cantidad de combustible. Lázaro cuenta actualmente riéndose, que le iba ganando la carrera, pero en los últimos metros se quedó sin nafta, por lo cual el “Gaucho” que corría con un Ford de su padre, terminó ganando el desafío.

El equipo de cada auto estaba conformado por el dueño del vehículo, el mecánico preparador, el conductor, el rayero y algún “utilero”, y un grupo reducido de seguidores que no alcanzaba a convertirse en club de fans por la brevedad de las experiencias, sino más bien hinchas
Una de las fotos muestra el equipo ganador que resultó ser el Ford “BB” modelo año 1934, color verde de Amadeo Palmieri conducido por un piloto local que calza casco y antiparras, aunque poca seguridad daban esos elementos dado que los autos no estaban preparados con jaula antivuelco, en virtud de ser simples coches de paseo familiar.
“Toto” Pablo uno de los hinchas fanáticos del Ford, dado que su padre había sido agente de la marca, le gustaban de alma los fierros, a tal punto que alguna vez las picadas se hicieron en el campo de la familia. El fue el segundo presidente del Cycles Motor Club fundado en Victorica, el primero había sido el “Negro” López Scala, cuyo padre, el recordado Adolfo López Seoane tenía también un auto Ford similar al de Palmieri y el de “Teddy” Young y de los taxis de Juan Mazucco y Zoilo Costantino.


En la imagen se han sumado, además del largador, que parece haber sido don Orlando Martín, pues tiene en su mano una bandera, el juez de la competencia que estimo habrá sido Alfredo Viniegra, dos colaboradores Ramón Ortiz que trabajaba en el taller de Palmieri y Dante Poggi otro mecánico, quien años después acompañaría la trayectoria de Juan Carlos Maldonado. A todos ellos se agrega Julio Torres también mecánico y uno de los especialistas en Ford a quien el compadre “Nene” Martín le confiaba la atención de todos los autos que compró.

Toda la inteligencia de los mecánicos estaba concentrada en la perfecta afinación del motor, la puesta a punto de la ignición, el combustible y los aceites de buena calidad acompañados de las bujías y platinos de marca reconocida y larga duración.
El coche ganador corrió con el número trece, que parece no haber sido ese día “la yeta” para su dueño y el conductor que sonríen satisfechos ante el fotógrafo, el otro auto llevaba el número 5.

martes 3 de noviembre de 2009

VENDEDORES AMBULANTES

Y AMIGOS DEL BARRIO
En Victorica, como en todos los pueblos de La Pampa, los vendedores ambulantes, de distintos tipos de productos y de servicios estuvieron vigentes hasta bien entrada la década del cincuenta del siglo XX.

Los verduleros, los panaderos, los lecheros y aún los carniceros eran los más comunes a ellos se agregaban los vendedores de "chacinados" y golosinas. Algunos recorrían las calles conduciendo un carro tipo jardinera, tirado por un caballo, otros un carro cerrado y otros, solo portando en sus brazos grandes canastas donde llevaban la mercadería. Vienen a mi memoria don Mauricio Pérez con su carro lleno de sandias, melones, zapallos y choclos o la de don Antonio Palmieri con su canasta de chacinados y la balanza romana al hombro. También el heladero Plaza con su cuatriciclo tocando la campanilla.

De la labor de estos personajes pueblerinos, en el caso de Victorica, nos han quedado recuerdos, anécdotas, añoranzas que nostalgiosamente recuperamos de nuestra memoria, junto a escasas fotos, la mayoría de las cuales deben estar en poder de familias, varias de las que se fueron de la localidad rumbo a otras dentro de la provincia o aún fuera de ella.

En esta foto apreciamos a don Reymundo Urmente Gil, quien tenía una verdulería, pero quien también efectuaba reparto a domicilio. Se lo ve con su cartera, donde llevaba el dinero de la cobranza y fundamentalmente las monedas para los vueltos.
En los últimos años de su vida el reparto lo hacía su hijo menor Jorge, quien retiraba los bultos de la estación del ferrocarril, descargaba en la verdulería familiar y luego salía al reparto de clientes fijos y algunos ocasionales.

Agradezco al amigo "Cacho" Peralta que me facilitó esta foto. Don Lorenzo Martinez se convertiría después en su suegro y su padre fue carnicero y colega de Bolet.

Por aquellos años las familias pobres hacían el puchero, el guiso y los estofados consumiendo papa, zapallo, choclos, batata, cebolla, ajo, zapallito del tronco, lechuga, zanahoria y algunas otras hortalizas, muchas de las cuales Urmente producía en su propia quinta, situada en la salida del pueblo en el camino rumbo a Telen.


A su lado se encuentra el carnicero del Barrio Los Pisaderos, don Bolet. Su carnicería estaba en la calle 14, entre 15 y 17, en la antigua casa que había pertenecido al capitán del Ejército Adolfo Corvalán. Tiene puesto gorra vasca, el delantal blanco que le tapa el pecho y le llega hasta los pies. Este delantal de lona era necesario para manipular las medias reses de vaca y los lanares, sin mancharse de sangre la ropa. También se observa la cartera de cuero a su costado y la correa que le cruza el pecho.

Detrás está su carro carnicero, al que está atada una yegua, casi con pinta de mula, con el cual transportaban desde el Matadero Municipal los animales carneados hasta la carnicería. Cacho Peralta siempre recuerda la carrera que corrieron todos los carniceros con sus respectivos carros con monta cambiada y la apuesta fue que el ganador sería el que llegara último.
Como su local estaba a menos de dos cuadras de mi casa paterna mi familia me mandaba a comprar carne allí. Así que tengo el recuerdo de ver los capones y corderos colgados y alguna media res de vaca. Don Bolet era hábil con la chaira y con la sierra de mano.

A su lado está su hijo Simón, cubierto con poncho, dado que es invierno. Usa también boina vasca, pero al contrario de su padre que tiene bombachas de campo, y alpargatas, el tiene puesto un traje y zapatillas.

El artista Carlos Alberto "Pocho" Riela, hizo este retrato a plumín y tinta china de "Pipo" Piccolomini, uno de los clásicos personajes vendedores de golosinas en todos los ambitos de diversión o recreación. Infaltable los domingos de futbol.

Por su atuendo y de otros de los fotografiados, da la impresión que pudo haber sido un día de fiesta en Victorica. De esos días feriados, porque la despensa de los hermanos Romero tiene las persianas totalmente cerradas. Parece ser alrededor del mediodía porque el fotógrafo, que no sabemos quien fue, ha dejado el sol a su espalda.

A la izquierda de Simón Bolet observamos a don Lorenzo Martínez, que por esa época era el dueño de la Confitería, contigua a la despensa de los "gallegos" Romero. A don Lorenzo los pibes del barrio lo conocimos cuando en 1951 ingresamos a la escuela primaria Nº 7 y el era uno de los porteros del flamante edificio recientemente inaugurado. Por ese dato estimo que la foto podría ser de fines de la década del cuarenta.

Sobre la vereda, un ocasional caminante observa la escena. Enfundado también en el poncho y con su tradicional pipa entre los labios también mira al fotógrafo. Se trata del italiano Santiago Roca, quien tenía su casa de familia en el “Barrio Latino” en la manzana de los Di Dio, los Gesualdi y los Piccolomini-Papaleo, otra familia de vendedores ambulantes de hortalizas y de golosinas.
Related Posts with Thumbnails