jueves, 12 de marzo de 2009

MONUMENTOS VEGETALES

En otra nota anterior me he referido a las “catedrales de los pájaros”, o a los “padres del monte”. Denominaciones que han surgido para referirnos a los más antiguos caldenes que aún están entre nosotros, formando parte del bosque nativo de La Pampa. En el Parque Luro aún está el "Matusalén".

Pareciera que con la reglamentación sobre explotación forestal, y con las distintas medidas conservacionistas que se han dictado en las últimas décadas, habría pasado el mayor peligro de la extinción de estos portentosos ejemplares, que muy de vez en cuando aparecen en algunos registros fotográficos.

Pero a la par de los frondosos y añosos caldenes de la zona de las chacras o campos de los alrededores de Victorica, aún se encuentran vivos también, algunos pocos ejemplares de árboles implantados por los colonos, que llegaron a las tierras que fueron incautadas al aborigen.

Por las descripciones que hacen algunos recién llegados, los árboles que advierten son álamos, probablemente en alguna antigua población puedan quedar algunos ejemplares de aquellos álamos jóvenes plantados a principios de la primera década del siglo XX.

En las inspecciones que llevaron a cabo en mayo de 1908 los empleados de la Dirección Nacional de Tierras y Colonias, dejaron escrito algunas referencias que como ejemplo cito: Chacra Nº 31 del señor José Ghizzo 16 plantas de álamos; en la Nº 33 de Joaquín Llorens 9 plantas de sauce y 15 parras; en tanto que en la Nº 34 ½ sudeste del señor Andrés Costoya registran 28 árboles frutales, 200 álamos y 12 paraísos.

Cuando don Félix Romero se hizo cargo de la Escuela Nº 269 de las “Chacras de Victorica”, impulsó la realización de la primera Fiesta del Árbol inaugurando un Vivero Escolar en el que se plantaron muchísimos ejemplares de distintas variedades.
Los aborígenes eran muy respetuosos del "Huitrú" y los que vivieron en los alrededores de Victorica (leuvucó-echohué) no tenían necesidad de plantar árboles porque tenían el bosque milenario al que el coronel Racedo menciona en sus memorias como verdaderas "selvas".

Dijo don Félix, en un fragmento de su discurso a los alumnos y padres presentes, en aquella oportunidad: “Aquí en nuestra Pampa, es quizá donde más imperiosamente necesitamos propagar los árboles y los cultivos de todas clases para moderar los rigores del clima, los vientos helados tan frecuentes, los calores excesivos que se hacen aún más abrasadores por la capa arenosa que forma su suelo, y atraer la lluvia ya que se carece de ríos que fecunden los campos. Dando forma material a las ideas, hoy vamos a inaugurar un pequeño vivero de árboles, en esta escuela, que creo será el primero que se realiza en el Departamento, y espero que la providencia ha de ayudarnos para que la escuela pueda colaborar regalando plantas al vecindario, del que no dudo se empeñará en los propósitos que vengo señalando.”

Estas sentencias del maestro Romero siguen hoy, más que nunca, vigentes, luego de todos los perjuicios que estamos sufriendo como consecuencia del cambio climático, generado por el “efecto invernadero” y la rotura de la capa de ozono.

Hace poco tiempo el Concejo Deliberante de Victorica ha declarado histórico un ejemplar de Eucalipto (foto arriba) al que se le atribuyen más de 100 años de antigüedad, sobre lo que tengo mis dudas. Comparto la idea y me parece interesante e importante todas las medidas que permitan resguardar y salvar del hacha o la motosierra a estos árboles, que son parte viviente de la historia de Victorica de hace alrededor de cien años y más.

Seguramente que para los primeros pobladores, venidos de otras provincias argentinas o fundamentalmente de otros países, las propiedades medicinales del Eucalipto eran ampliamente conocidas y formaba parte de la farmacopea casera, eso justificaría la gran cantidad de plantas de esta especie que solían verse hasta unas décadas atrás, muchas de las cuales han caído víctimas del “progreso edilicio".

Y esto no sólo le compete al Municipio, sino también a las Instituciones de la localidad, comenzando por las escuelas que son las que más deben trabajar sobre la formación de la conciencia conservacionista y de preservación de estos verdaderos “monumentos forestales”. Por supuesto que también y en particular al Vivero Forestal de Victorica, la Escuela Agrotécnica y a la Estación Experimental del INTA.

Dentro de poco tiempo habrá de dar comienzo a las obras de remodelación del edificio frente a la plaza, que se transformará en la sede de la Casa de la Cultura de Victorica.
Esa casa perteneció entre los años 1.909 y 1931 a don Máximo García uno de los pioneros innovadores del campo pampeano. Un español que supo comprender la importancia de la agricultura en los primeros tiempos en el noroeste pampeano.

Ya en otras notas publicadas sobre él, en Caldenia, me he referido específicamente a sus éxitos con la alfalfa.
El aguaribay en el patio de la futura Casa de la Cultura, esperando que alguien lo salve y le respete su espacio vital. Dio sombra a la cocina a la salida del sol y preciados frutos para la gastronomía casera de don Máximo y su familia.

En este momento quiero referirme al árbol que aún se encuentra en lo que fuera el patio de su casa, allí donde tenía también su parral, su quinta y el molino con el tanque australiano.
Es muy probable que el aguaribay que muestra la foto tenga alrededor de 90 años por lo menos. Habría que recurrir a los técnicos forestales de la zona o de la provincia para que puedan verificarlo.

El aguaribay tiene también propiedades y usos medicinales y culinarios diversos. Una de sus denominaciones corrientes es “árbol de Castilla” y estoy casi seguro que en Victorica hasta hace unas décadas atrás había en varios patios amplios y en las quintas de los aledaños alguna de estas plantas. Según su bisnieta Yolanda, don Máximo, quien había sido masitero en la Provincia de Buenos Aires, guardó una colección de recetas de cocina, muchas de las cuales tenían aderezos vegetales y variedad de condimentos extraídos de la huerta y de arbustos.

Si no fue don Máximo quien lo plantó pudo ser el propietario anterior del inmueble el escribano jefe del registro de contratos públicos don Ángel Rodríguez, quien le vendió a García por ausentarse de la localidad.

Pero más allá de que tenga unos años más o años menos, lo importante sería, que el Municipio, de quien depende creo ahora el inmueble, lo declarara también árbol histórico y obligue al diseñador del proyecto a salvarlo e integrarlo dentro del mismo como se ha hecho en otros lugares.

Sugiero además que en el caso del Eucalipto como en éste Aguaribay, se diseñen y se coloquen rejas de protección y placas identificatorias con las descripciones pertinentes. Porque estos verdaderos “Monumentos Vegetales” que la naturaleza ha permitido que subsistan a pesar de su abandono, son dignos de pervivir, porque ya se han adaptado al clima y su entorno geográfico.

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