lunes, 20 de octubre de 2008

HISTORIETAS

Después que aprendí a leer en la escuela primaria, hubo algunos años en que accedí al mundo de la historieta.
Las primeras historietas que leí eran las que publicaban los diarios como tiras. En casa del abuelo Luis Cesanelli llegaba La Reforma de General Pico y La Nación de Buenos Aires.
En casa del tío Spadini, Crítica y también Democracia, a veces El Mundo. Estas fueron lecturas fáciles porque eran mini historias en pocos cuadros. Los autores más conocidos eran Ramón Columba y Lino Palacios.
El “Coco” Cesanelli, mi primo, unos años mayor, hijo único, que vivía en la casa de los abuelos, compraba revistas de historietas. Allí fue la primera vez que tuve en mis manos el Patoruzú, recuerdo que las leía sentado en el piso en el “escritorio” del abuelo o en la galería cubierta. Como los textos tenían abundante ilustración gráfica, era de amena lectura. Aunque había algunos términos, sobre todo los regionalismos, que no lograba entender. Por otra parte la historia de los “tehuelches”, no era la historia de nuestros aborígenes de La Pampa, y la Patagonia con los dibujos de ámbitos montañosos, la sentía como mucho más lejana aún.
El cacique, vestido con poncho, pantalones arremangados, calzado con ojotas y sujetando sus cabellos con una bincha de la que sobresalía una pluma, tenía una enorme nariz. Era un gran caminador y en ocasiones hacía ostentación de su fortaleza en las circunstancias más inverosímiles.

El personaje principal, como los personajes que lo acompañaban eran entrañables. La “Chacha” que hacía unas empanadas riquísimas. “Ñancul” el capataz de la estancia en el Sur, dueño de los conocimientos del criollo, el caballo “Pampero”,Patora” la hermana del cacique, cuyo nombre provenía de largo pie que la caracterizaba, “Upa” el hermano menor de Patoruzú, que todavía tomaba leche en una gran mamadera y le gustaba la miel, era tremendamente inocente.
Todas las semanas llegaba un nuevo número, traído por el Ferrocarril desde Buenos Aires y repartido casa por casa por el “diariero” Rafael Picolomini, tres veces por semana, martes, jueves y sábados.
Cada año llegaba el “Álbum de Oro” de la revista, con la que teníamos para entretenernos en las vacaciones. Además luego apareció también la revista “Patoruzito” con las andanzas del amigo de Patoruzú, el sobrino del coronel “Cañones”, el dandy Isidorito.
En este caso, las andanzas tenían un ámbito más urbano y los problemas eran distintos a las peripecias de Patoruzu en la ciudad. Aquí tomábamos contacto con las “avivadas” de los porteños, de las cuales Isidorito sabía un montón, desde como desvalijar a su tío, hasta como burlar los controles y fundamentalmente como “cuentear a la policía”.



En la casa de mis primas Teresa y Negra Spadini, que estaba una cuadra más allá, compraban el “Billiken”, a veces “Mundo Infantil” que sabía traer algunas tiras de historietas como la “Vaca Aurora” y a veces el tío Tito compraba “El Tony” o la “Fantasía”, que ya no eran revistas exclusivamente para niños, sino que atraían a los adolescentes y adultos.
Después que eran leídas por los de la casa me las prestaban para llevarlas a nuestra casa. Después con el paso de los años y a medida que fui creciendo, accedí a otras revistas. Todas las conseguía en préstamo de parientes, amigos o vecinos.
Por ejemplo en la casa de la abuela Elina alquilaba la familia Romeo, que también compraban revistas. En esa casa conocí y pude leer “Misterix”, una de las historias era la del sargento “Kirk”. A veces compraban “Intervalo” o “D`Artagnan”, parecidas, pero diferentes. Parecidas en cuanto al formato a “Fantasía” o “El Tony”, pero con contenidos distintos, temáticas e ilustraciones pertenecientes a otros dibujantes. Una de las que más me gustaba era la historia de “La Legión Extranjera”, basada en hechos reales de la mítica Legión Francesa.

De las que recuerdo haber leído con continuidad algunos personajes como “Mandrake el Mago”, “Tarzán”, “El Cabo Sabino”, “Dick Tracy”, el detective y Vito Nervio, también investigador policial.
Al principio sólo las tapas eran a todo color, luego con el tiempo y el desarrollo de la industria editorial, también las revistas de mayor tirada y aceptación, comenzaron a introducir el color.
Los Romeo se cambiaron de casa a la quinta de los Cardozo, tres o cuatro cuadras más allá y recuerdo que allí a mediados de la década del 50 Fortunato compraba para los hijos y también para el y su esposa dos o tres revistas entre ellas El Tibit, de formato más grande que El Tony, con la fascinante historieta de "El Fantasma de la jungla". También las “Andanzas de Isidorito”, a veces “Rayo Rojo” y en ciertas ocasiones “Pelopincho y Cachirula”, dos amigos adolescentes, que andaban en bicicleta, vestían zapatillas y gorras que luego se pusieron de moda en el interior también .
Una de las que usaba como atractivo el color era “El Pato Donald”, la revista del norteamericano Walt Disney, un clásico entre los niños de la década del cincuenta, que ha continuado hasta la actualidad. En cambio las otras revistas que he mencionado, la mayoría fueron desapareciendo.

En los veranos cuando venían los primos de Buenos Aires y los tíos, generalmente traían algunas revistas y también semanalmente durante ese mes de vacaciones las compraban, así que también por ellos tenía posibilidad de leer. Lo mismo que cuando íbamos a Loventuel en casa de Cacho Saad quien también compraba algunas de historietas y que aprovechaba en las siestas para “devorarlas”.
A veces me prestaba algunas revistas el “Chocho” Gatica, que trabajaba en la Barraca de Eladio Rodríguez y que vivía enfrente de casa. Otras veces, cuando ya había agotado mis pedidos a los conocidos, arribaba a algunas revistas del Omar Conchado, el más chico de los hermanos, hijos de Florencio y Trinidad. Florencio Conchado un español dedicado a las perforaciones y doña Trinidad y su hija Hebe eran lectoras también de historietas. Alguna vez me prestaron algunas. Pero como los Conchado eran unos cuantos hermanos varones, los más grandes compraban los policiales o las de “cow boys” en formato de bolsillo. Las mujeres compraban las series de “Corín Tellado”. También de esas leí algunas, aunque eran ya más complicadas y abstractas para un niño porque no tenían ilustraciones, sólo texto, aunque si tenían la tapa ilustrada.
Después que comencé a trabajar (a partir de los trece) dispuse de mi propio dinero, por lo que a veces compraba algunas revistas de vez en cuando. Luego el ingreso a la escuela secundaria, llegó la etapa del canje con algunos compañeros que solían tener colecciones bastante completas, porque en su casa las habían adquirido semanalmente.
Patoruzú, ese personaje de tantas correrías, ha cumplido recientemente 80 años y ha llegado al cine nacional. Es que los niños actuales son menos afectos a la lectura y se prenden más a la imagen, por lo que estos nuevos soportes, terminaron por “barrer” del mercado muchas de éstas revistas que en sus mejores épocas llegaron a producir tiradas de hasta 300.000 ejemplares.
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1 comentario:

  1. Hola: Disculpa podrías recordar si entre los hijos pequeños de la familia Romeo había uno de nombre Felipe?
    Sería importante determinarlo. Gracias

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