jueves, 30 de octubre de 2008

HACE 25 AÑOS

Un 30 de octubre de 1983, el peronismo perdía por primera vez en elecciones nacionales para elegir presidente y vicepresidente, después de la dictadura del “Proceso de Reorganización Nacional”, que nos llevó a la guerra de Malvinas en 1982, siendo derrotados por la Gran Bretaña y sus aliados.
Recuerdo que unos meses antes, había llevado en un viaje a Córdoba en mi auto a Ubaldo Nicoletti un ex estudiante de Ciencias Económicas, simpatizante, no se si afiliado, radical. El me dijo “Ustedes no pueden ganar, porque el peronismo en el anterior gobierno hizo muchas cagadas”. Se refería a la “matanza” de Ezeiza, al “Rodrigazo”, al gobierno de Isabel, luego de muerto Perón, a la tristemente célebre “Triple A”, a la nefasta influencia del “Brujo” López Rega, a la “prepotencia” de los sindicalistas con armas en los portafolios, etc. etc

Alfonsín recitaba parte del preámbulo de la Constitución Nacional al cierre de su discurso



Todavía no teníamos la fórmula, por lo que, no era fácil saber si era tan así como me la cantó Nicoletti.
En ésa época los sindicatos, eran los que tenían estructuras, “cajas” propias para ayudar al financiamiento de la campaña y sobre todo el gremio “gran elector” era la UOM (Unión Obrera Metalúrgica) cuyo secretario general era el “loro” Lorenzo Miguel que pisaba fuerte no solo en la Provincia de Buenos Aires sino también en Santa Fe y Córdoba.
Los precandidatos eran, Deolindo Felipe Bittel un chaqueño, ex gobernador, había recorrido el país como autoridad partidaria del peronismo, después que se descongeló la actividad política a partir de mediados de 1981. Luder, un abogado constitucionalista de prestigio, aparecía como uno de los leales, (no quiso desplazar a Isabel Perón en 1975 y prefirió caer con ella) y Antonio Cafiero que tenía vinculaciones no solo con los gremios sino también con empresarios y aun a nivel internacional por haber sido ministro del último gobierno peronista.
Cafiero jugó a dos puntas. Le apuntó primero a la candidatura de la gobernación de Buenos Aires, pero luego intentó llegar a la candidatura presidencial con el MUSO (Movimiento Unidad y Solidaridad Organizada).
Cuando se agotaban los tiempos y el radicalismo ya había elegido a Raúl Alfonsín para competir, se hizo la reunión de la “mesa chica” para definir las candidaturas. Estaban Luder, Bittel, Cafiero, Lorenzo y Herminio Iglesias quien era presidente del partido en el distrito de Buenos Aires.
Bittel comenzó diciendo que él se conformaba con la vicepresidencia, luego Lorenzo Miguel lo miró a Cafiero y le dijo más o menos “te queremos”, pero creemos que tiene que ser Luder. Estaba todo dicho, pero Cafiero intentó decir que el competiría y ayudaría con su candidatura a la gobernación de Buenos Aires. Ante lo cual Herminio se opuso terminantemente y dijo que esa candidatura se definiría en la provincia y no en ésa reunión y que él personalmente pensaba ser el candidato.


Herminio Iglesias comete el desatino de quemar un cajón simulando la muerte del Radicalismo



La verdad de la milanesa es que nos “ganó” Alfonsín y con votos peronistas del conurbano bonaerense, de trabajadores de raigambre peronista, pero asqueados de la prepotencia y el manoseo de los autoritarios. Aunque está mejor decir que perdió el Justicialismo. A tal punto esto es así que cuando asumió Alfonsín no tenía un Plan y se la pasó casi un año diciendo “vamos a arrancar” que era uno de los latiguillos de campaña.
Muchos radicales no creían que nos podían ganar. Siempre recuerdo cuando un día de esos meses previos, salgo de una reunión en Eduardo Castex y casi al subir al auto en la estación de servicio, donde estaba cargando nafta, me encuentro con Cristina Sierra, afiliada radical, profesora del Félix Romero en Victorica.
Me dice si tengo lugar para que la lleve, le digo que sí. Ella venía de una reunión de la UCR realizada en General Pico y me contó durante el viaje que no había aceptado una candidatura a diputada provincial porque le habían ofrecido el lugar 7º y ella no veía perspectivas de conseguir en La Pampa más de 4 o 5 bancas. En su lugar aceptó Cazenave, quien entró como diputado provincial.
Yo estoy convencido que un gran responsable de la derrota fue Antonio Cafiero, porque si de movida el hubiese jugado todas sus cartas a la chance de su candidatura a gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Herminio no habría tenido espacio.
Otro gran responsable fue el sindicalismo que terminaron transformándose en los “mariscales de la derrota”.
Creo además que no ganó la Unión Cívica Radical, sino que perdimos nosotros por esta serie de excesivas apetencias personales, demasiada ambición vacía de contenido. La oportunidad la aprovechó bien Raúl Alfonsín, que nos había tirado encima la denuncia de un “pacto sindical-militar”, porque Luder se había definido a favor de una ley de amnistía para los militares que estaban absolutamente desprestigiados y repudiados por la mayoría de la sociedad.

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