jueves, 25 de septiembre de 2008

INFLACION Y POLITICA III

El largo periodo peronista
Después del incendio de la hiperinflación de Alfonsín y sus muchachos, los argentinos quedamos escaldados con este flagelo. ¿Recuerdan cuando Alfonsín nos hizo pagar un impuesto encubierto al que denominaron “Ahorro Forzoso”?

¿Se acuerdan cuando los funcionarios de aquel gobierno radical, para intentar bajar los precios importaron pollos? Pero resulta que se olvidaron que los argentinos mayoritariamente nos gusta la carne de vaca, no el pescado ni los pollos. Conclusión, los pollos que Mazzorín importó, los estuvieron que gurdar en cámaras frías. Como no se pudieron comercializar rápidamente y pasaron los meses, los pollos se terminaron echando a perder (pudrieron) y al final los vendieron a las empresas que hacen caldo.

Bueno, después de todos esos desastres llegó Menem, que no dio tampoco pie con bola durante el primer año y entonces se le ocurrió engancharnos los plazos fijos a los ahorristas. Una mañana los argentinos nos despertamos con la novedad que no íbamos a poder retirar los plazos fijos de los bancos, en su lugar nos dieron unos Bonex que debimos malvender unos años después para hacernos de algo de plata.

Como la inflación amenazó nuevamente con elevarse a pesar de que se apoderaron de nuestros ahorros, cambió el ministro de economía Erman González y lo puso a Domingo Felipe Cavallo. Nosotros, como muchas familias argentinas estabamos veraneando en Chile cuando esto se produjo.



Unos meses después Cavallo inventa el plan de la “Convertibilidad” con el famoso 1 a 1, es decir a partir de allí el dólar pasaba a costar un peso. Realmente todo un mago este pelado, que nos sorprendió a todos con un plan tan ajustado a la mentalidad argentina. Es decir, vivir como en el primer mundo, trabajar como en el tercer mundo y pagar impuestos como del cuarto mundo.

El asunto comenzó a funcionar a partir del año 1991 y los efectos beneficiosos se comenzaron a notar a partir de 1993. La moneda se estabilizó, reapareció el crédito de mediano y largo plazo. Los comerciantes también se animaron a otorgar planes de pagos en cuotas con el dinero plástico sin interés, porque los precios se estabilizaron y muchos argentinos viajaron por el mundo disfrutando de este gran invento.

Menem convenció a Alfonsín, hizo el Pacto de Olivos, por el cual se reformó la constitución en 1994 y como la Convertibilidad estaba en su pleno apogeo y la gente se seguía endeudando con tal que le dieran cuotas, el “menemismo” avanzó en la Reforma del Estado y las privatizaciones. Esto trajo despidos masivos de empleados públicos y los liberales saltaban de contentos.

En el año 1995 Menem a pesar de la crisis del “Tequila”, que hizo temblar el mundo financiero y repercutió en la Argentina, logró ganar su reelección. La gente había optado por asegurarse la continuidad de la política del “menemismo”, porque eso era garantía de convertibilidad “para siempre”.

Pero Menem, se creyó que era el padre de la criatura y entonces lo despidió a Cavallo, porque pensó que se le estaba interponiendo en su plan de aspirar a un tercer mandato avalado por la Suprema Corte de Justicia, con mayoría automática.

Pero el diablo metió la cola. Llegó la crisis asiática o del “arroz”. Al año siguiente la crisis de Rusia o del “vodka”, que declaró la cesación de pagos. En enero de 1999 llegó la crisis de Brasil, o del “café”, que era uno de nuestros principales compradores y para colmo la argentina había entrado en recesión a mediados de 1998. El “menemismo” creyó que iba a ser fácil salir, así que siguió pidiendo prestado. Todo préstamo que andaba dando vuelta fue solicitado y los organismos internacionales de toda laya se los otorgaron porque Argentina había sido “el alumno disciplinado”, del “Consenso de Washington”.

La recesión, el alto desempleo, los ajustes continuos a los presupuestos públicos para intentar achicar el déficit lograron no sólo que no hubiese inflación, sino que hasta tuviésemos deflación. Si algo no visto en los últimos sesenta años en Argentina. Increíble pero real, los precios bajaban, pero ya la gente no tenía ingresos con que comprar, ni ahorros para gastar. Todos los que tenían trabajo tenían su salario afectado por cuotas de todo tipo.
La Alianza fugaz.
Así fue como el peronismo perdió las elecciones presidenciales de 1999 a manos de la “Alianza” entre el Radicalismo y el Frepaso. Asumió la presidencia de la Rúa quien había prometido en la campaña respetar la convertibilidad, pero eliminar la corrupción y solucionar el déficit del Estado.

Como la gente le creyó se alzó con el triunfo, pero después de los primeros seis meses de gobierno y pasado el periodo de gracia, se dieron cuenta de que la coalición entre el agua y el aceite no iba a funcionar.

Al poco tiempo se bajaron los salarios y se recortaron las jubilaciones, como forma de ahorrar para bajar el déficit, dado que el crecimiento de la economía prometido no aparecía. Esto fue el comienzo del fin. De la Rúa siguió tomando préstamos hasta donde pudo, incluso llamó nuevamente a Cavallo como ministro de Economía, se hizo la operación “Blindaje” y después el “Megacanje” de los vencimientos de bonos, pero todo fue en vano.

El estallido de la convertibilidad y la ineficacia de un gobierno desgastado por las internas partidarias y un peronismo que se atalonó en las gobernaciones y el congreso hicieron el resto. Cuando llegó el estallido social, el error final de de la Rúa fue creer que el podía solucionar el problema aun en contra de Alfonsín, de Duhalde y del “Chacho”, quien un año antes se había mostrado arrepentido de no haber votado en su momento la ley que puso en vigencia la "Convertivilidad", lo había abandonado a su suerte.

Antes de caer, los manotazos de ahogado, Cavallo inventó el “corralito”, ¿se acuerdan que solo podíamos extraer del cajero no más de cinco extracciones por mes y no más de algunos pocos pesos? Quiso ensayar una canasta de monedas para que el peso no quedara atado solamente al dólar, así que mezcló algo de euros y en sus planes estaba incluir después el real, pero esta vez la magia no funcionó.

Lo demás es lo que estamos sufriendo y como es mas reciente es bastante conocido, aunque no por eso aceptable. El Kirchnerismo ha vuelto a jugar con fuego, incubando una tasa más elevada que lo aconsejable de inflación.
La inflación es a la economía lo que la fiebre es al cuerpo humano. Cuando hay fiebre es porque en algún lado hay una infección. Hay que descubir la causa para erradicar el problema. Para la primera noche alcanza con bajar la fiebre, pero para los días subsiguientes hay que tener un buen diagnóstico y una excelente terapia.

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