lunes, 28 de mayo de 2018

Roberto "Chicho" Sejas músico y poeta

Francisco Ramón Roberto Sejas comenzó a perder la visión desde muy niño, eso lo llevó a desarrollar los otros sentidos, sobre todo el tacto y el oído. En la década de 1970 ingresó, con sus aportes a la música y la poesía, al cancionero regional pampeano, como autor no vidente.
1.- La familia
La década de 1930 fue, para los habitantes del Territorio Nacional de la Pampa Central, la de las siete plagas: sequía intensa y prolongada, fuertes ventarrones, cenizas volcánicas, langosta, mortandad de haciendas, incendios rurales y caída de los precios de los frutos de la tierra.

El 17 de abril del año 1934, en el puesto  “La Guadalosa”, donde vivían don Juan Sejas con su esposa, doña Mercedes Estanislada Lucero, se escuchó el llanto que anunció la llegada del niño, que sería bautizado bajo los nombres de Francisco Ramón Roberto Sejas. Doña Mercedes, era hija de don Nicomedes Lucero, casado con doña Emperatriz Lucero, quien tenía arrendados varios campos de Telén hacia el oeste.
Además de “La Guadalosa”, “Santa Camila”, “La Bandurria”, “La Represa”, “El Moyal” y “La Yolanda”, donde se dedicaba a criar ovejas.
Los Sejas fueron, como me lo dijo Roberto, conocido popularmente como “Chicho”, como el anís, ocho hermanos. Mercedes, casada con Aranda, empleado del ferrocarril del oeste, Juana, Celia, casada con José Zanín hornero, Nicomedes empleado rural, Adrián dedicado a las aguadas, Nicolás Samuel, alias “Tico”, nuestro compañero de la primaria, gran dibujante y tallador de madera y Eduardo chapista.

2.- La juventud
Cuando tenía once años, dado que sus problemas de visión se habían agudizado, don Juan decide llevar a Buenos Aires a su hijo “Chicho”, intentando remediar las crecientes dificultades. Allí se pone en contacto, con una persona que le indica la Escuela Argentina General Belgrano con servicios especiales para no videntes.
En esa institución educativa quedará internado “Chicho” hasta cumplir sus veintiun años.
En esos nueve años, aprende el Braille, un sistema de lectura y escritura táctil, ideado por el francés Louis Braille una centuria antes. Aprende a leer y escribir con dicho sistema, escribe a máquina y además se inclina por la música.
La pérdida de la visión lo lleva a agudizar el tacto y sus oídos, lo que le permitió aprender a tocar el piano, ejecutando algunas melodías fáciles.
Los Sejas fueron, como me lo dijo Roberto, conocido popularmente como “Chicho”, como el anís, ocho hermanos. Mercedes, casada con Aranda, empleado del ferrocarril del oeste, Juana, Celia, casada con José Zanín hornero, Nicomedes empleado rural, Adrián dedicado a las aguadas, Nicolás Samuel, alias “Tico”, nuestro compañero de la primaria, gran dibujante y tallador de madera y Eduardo chapista.
3.- El regreso a Victorica
El año 1955, Roberto “Chicho” Sejas se instala en la casa paterna en Victorica, en uno de los solares de la manzana de su abuelo materno. Trae desde Buenos Aires, además de su amor por la música, la experiencia adquirida para fabricar colchones, cintos y bolsas para los mandados.
Con eso se gana la vida y aporta a la olla familiar. Quien le da un gran apoyo es don Jorge Nicolás, el administrador y encargado de la Sección Tienda del Almacén de Ramos Generales de Nicolás Hermanos.

Durante varios años sus colchones de lana de buena manufactura, como sus cintos de cuero son vendidos no sólo para las familias victoriquenses sino para la amplia zona rural y otros pueblos vecinos.
Chicho además de sus padres y hermanos tiene otras dos compañías la radio y un perro. A ellos se sumaron los amigos del barrio que se fueron acercando a conocerlo y tratarlo.
A media cuadra de allí estaba el boliche “La Posta” de don Valentín Ramos. En la manzana de enfrente vivían los hermanos Morán, hijos de don Claro. A una o dos cuadras vivían nuestros amigos y compañeros de escuela primaria “Laucha” Muñóz, Humberto “Negro” Dasso, todos músicos intuitivos y cantores populares. En ese barrio cercano al hospital y la estación, vivía también Generoso Argentino Muñóz guitarrero y cantor.

4.- Su consagración a la música.
 Cuando la Licenciada en Musicología Ercilia Moreno Chá, recorre el noroeste de La Pampa, entre los años 1973-75, los detecta y les graba. En el lado 1 del disco la pieza 10 es una polca ejecutada por Carlos Morán en una “verdulera” de ocho bajos y lo acompañan las guitarras de su hermano Roberto Morán y de su amigo Julio Cortés, del barrio “Los Pisaderos”.
Bajo el número 12 Moreno Chá registra una ranchera, tocada por Roberto Sejas en acordeón a piano y acompañado por las guitarras de Morán y Cortés. Del lado 2 el tema 4 es un estilo, quien lo ejecuta es precisamente Roberto Sejas. La letra le pertenece, la tituló “La providencia” y está escrita para referirse a la mujer de sus sueños, con mucho amor y ternura. Se acompaña con guitarra.  “Vos sos mi cielo adorado/ sos la más brillante estrella/ vos sos la mujer aquella/ en quien confié mi cariño/ con más ternura que un niño”.

En el lado 4, del disco 2, el 5º tema es una milonga de Julio Domínguez “El Bardino”, titulada “Por sobre el rastro”. El año 1974 “El Bardino” instaló una peña en Victorica en ocasión de la Fiesta de la Ganadería. Fue con su compañera Nélida Ramos. De noche atendía la peña, pero de día se llegaba hasta La Posta, -a solo dos cuadras- donde conoció a “Chicho”, a Alfredito Gesualdi, Pedro Cabal y otros amigos del cancionero regional pampeano, que comenzaba a tomar cuerpo con la aparición de nuevos intérpretes y creadores. El que le regaló el acordeón, tipo “verdulera” fue su hermano mayor, Nicomedes que trabajaba en el campo “La Elenita”, quien la canjeó por hacienda a don Ricardo Alcaráz, entonces mayordomo de don José Sierra. El hermano se la deja con una condición, le dice que si a la semana aprende una pieza se la regala: cuando vuelve a visitarlo, “Chicho” le hace escuchar la ranchera “Decí que sí”, la primera que logró. Sus padres mueren, primero se fue don Juan y diez años después doña Mercedes, así quedó prácticamente solo en su casa paterna. Pero ahora, además de los parientes y amigos tiene de compañía dos instrumentos, el acordeón a piano nuevo que se ha comprado y la guitarra. Quien le hace los trámites es Omar Conchado otro amigo que supo tener boliche. Omar le sugiere que lo compre porque dan cuotas para pagarlo, “Chicho” acepta y por el ferrocarril llega lo solicitado a la “Casa América” de Buenos Aires.
Con la guitarra hacia su visita diaria a La Posta, donde lo esperaban sus amigos y en el que tenía asignado un banco, junto a la ventana que da hacia el naciente. Por las noches, los fines de semana, tenía actuación en el boliche de “El Diablo Rojo” de Lázaro Jofré, que comenzó primero en la antigua casona cerca del barrio “La estación” y después se trasladó más cerca del centro en el edificio que había sido de la familia Amsé. Una época compartió en el “Bar el Puma” de Agustín de la Nava, quien le cedió solidariamente un lugar en el que se turnaban para atender la clientela. Allí en esos dos lugares lo conoció, lo trató y se hicieron amigos con Néstor Massolo, quien dejó escritas varias coplas para los personajes de Victorica de aquellos años. Del “Coplero de Victorica” escrito en 1987, el poema Nº5 está dedicado a Sejas, bajo el título La “cordeona” de don “Chicho”. “Rece un responso don “Chicho”/de corraleras pampeanas/ por la agreste medianoche/ o el medanal de las almas”.

“Chicho” recordó, en el reportaje que le hice, tiempo antes de cumplir sus ochenta años, a quien lo acompañó durante muchas tardes y noches, al artesano y cantor “Negro” Dasso. También hace mención a problemas por los que le tocó pasar en algunas ocasiones cuando ciertos parroquianos pasados de copas se ponían cargosos. “El que es músico, lo obligan a tomar,” dice, recordando todas las fiestas en el campo y en el pueblo de las que participó amenizando la reunión.

5.- El poeta
Roberto “Chicho” Sejas, tiene muchas coplas y poemas, de su autoría, a varias de las cuales les ha puesto música propia.
“El boliche de la posta/ es el de Don Valentín/ donde hay siempre una sonrisa/ que nos ayuda a vivir”, dice Chicho en su “Corralera de La Posta”, con música de Alfredo Gesualdi, dedicada al mítico boliche, que se había constituido en su segundo hogar. “Nelo, el Laucha, Julián Pérez/ suelen frecuentar allí/ Don Juan Arias, Chicho, el Negro/ Alfredito y Bartolín”, esos fueron sus amigos del barrio y de las largas tardes y noches de guitarreadas. Alfredito es Gesualdi, uno de los grandes creadores e intérpretes victoriquenses. “Le canto a don Valentín/ a Doña Luisa, la tía, / ellos infunden ternura/ nos regalan alegría”; doña Luisa Torres la esposa del bolichero, quien había sido carrero, (de allí sale el nombre, porque en el solar solían parar troperos y carreros), era quien preparaba las empanadas criollas, don Juan Arias había sido tropero, el Laucha Muñoz y Julián habían trabajado de alambradores y de albañiles. A ese grupo hay que agregar también a Pedro Cabal, un joven nacido precisamente en aquella zona del oeste quien comenzó su trayectoria musical junto con Alfredo Gesualdi, integrando “Las Voces del Pueblo”. Con ese duo, obtienen una mención especial en Cosquín, el año 1976.

Cuando se realiza el X Encuentro de Letras Pampeanas, organizado por la Filial de la Asociación Pampeana de Escritores de Victorica el año 1994, en el libro que se publicó, en el capítulo Poetas Populares, se incluyó a “Lalo” Sosa, un hombre de los pagos de La Pastoril, criado en Currumahuida, otro de los habitué de La Posta, un poeta que comenzó con su guitarra en el antiguo boliche de Roiman, en la manzana de su casa familiar, en el barrio Los Pisaderos y cercana a los boliches de Álvarez y Conchado.
En la citada publicación, además de la corralera de La Posta se incluyó el poema “Llévate mi corazón” dedicado también a la mujer amada “Vos sos la palabra viva/del ser que todo lo sabe/ sos la ilusión y la llave/ que a mi corazón cautiva, / sos la palabra emotiva/ que alegre suelo escuchar, / sos pureza, sos cantar, / de esa juventud bizarra/ y sos la dulce guitarra/ que alegre suele trinar”.
ó prácticamente solo en su casa paterna. Pero ahora, además de los parientes y amigos tiene de compañía dos instrumentos, el acordeón a piano nuevo que se ha comprado y la guitarra. Quien le hace los trámites es Omar Conchado otro amigo que supo tener boliche. Omar le sugiere que lo compre porque dan cuotas para pagarlo, “Chicho” acepta y por el ferrocarril llega lo solicitado a la “Casa América” de Buenos Aires.
6. La pampeanidad de su canto
El año 1949 Mendoza, al ponerse en marcha el dique El Nihuil, cortó definitivamente el río Atuel y los pampeanos del oeste de la travesía más allá de Telén, sufrieron en carne propia la escasez del agua. La había sufrido su abuelo que tuvo que dejar de arrendar campos en esa zona, en la crítica década de 1930 y la sufre su padre que tiene que vender las dos leguas de “La Yolanda” en la década de 1950. Según nos contó su hermano, le gustaba mucho andar a caballo y sabían venir desde el campo hasta el pueblo. De las conversaciones familiares de los mayores, quedaron grabadas en sus oídos las palabras “progreso”, “injusticia”, “desierto”.

Durante la dictadura, del mal llamado “proceso de reorganización nacional”, se dispuso una racionalización del sistema ferroviario para lograr eficiencia, esa palabra que impuso el crudo ajuste neoliberal de Martínez de Hoz. Eso trajo la nefasta consecuencia que los ramales que daban pérdida fueron suprimidos, o en algunos casos como el servicio de pasajeros de Once a Telén, que tenía una frecuencia de tres veces a la semana, fuese reducido a una sola. Desde 1978 hasta 1984 esa línea fue atendida con un solo tren de pasajeros por cada siete días. Eso fue propicio para que la empresa automotriz Chevalier afianzara su negocio, en competencia con el ferrocarril.
A esas vivencias, plenas de injusticias Roberto “Chicho” Sejas las transforma en su Milonga Corralera, que tituló “Campanas de Palo”, que ha sido incluida por primera vez en el tomo 2 de la nueva edición del “Cancionero de los ríos”, publicación de la Cámara de Diputados de nuestra provincia de La Pampa del año 2015.
"Campanas de Palo"
Estribillo
Dicen que hay que anular
el Desierto del oeste
con las comunicaciones
aunque cueste lo que cueste;
Sin embargo el desierto
avanza en tierras pampeanas,
ahora el tren de Buenos Aires
viene una vez por semana.

Las vías están construidas,
las estaciones y andenes,
todo el gasto ya está hecho:
¿Por qué sacan los trenes?
La prefieren un desierto
a nuestra tierra pampeana,
de nada valen sus quejas
de palo son sus campanas.

Prometen a nuestras tierras
que el progreso llegará;
Yo pregunto a todo viento
¿el progreso dónde está?
Primero el río Salado
cerraron los mendocinos,
ahora nos sacan los trenes:
¿no seremos Argentinos?

Siempre las mismas promesas,
siempre es el mismo decir,
el mismo palabrerío
y el mismo nunca cumplir;
Siempre aquí pasa lo mismo
y yo siempre me pregunto,
yo no sé porque el pampeano
no ha aprendido a gritar junto.
(música y letra: Chicho Sejas)

Roberto "Chicho" Sejas, ha dejado de existir en el día de la fecha en Victorica, (La Pampa). Se ha ido una buena persona, un hombre que trabajó y creó obras culturales durante toda su vida. Su familia y sus amigos lo acompañarán hasta el campo santo.

domingo, 27 de mayo de 2018

Puesteros del Oeste de la Pampa Central

"Puesteros del oeste pampeano" es el título que eligió para su segundo libro el escritor pampeano Ariel Hugo "Alpataco" Vazquez. En la página de dedicatoria el autor escribió: "Quiero dedicarles este libro a cada uno de los Puesteros que hicieron patria en esas distancias." Recordemos que en la época de la travesía original, cuando los caminos eran apenas antiguas rastrilladas indígenas, huellas de arena y pedregullo, tosca molida y medanales, el transporte era todavía tracción a sangre exclusivamente. Para recorrer y llegar a Telén, donde el año 1908 había llegado el Ferrocarril del Oeste, había que andar más de doscientos cuarenta kilómetros y si los ríos venían crecidos, se tardaba mucho más porque había que buscar los vados para cruzar con más facilidad y sin riesgos para las personas y el arreo o la carga que se trasladaba.

Y prosigue con su invocación: "A los que permanecen aún allí y a todos aquellos que emprendieron el galope eterno, gracias." Esta frase de agradecimiento a pioneros que ya no están físicamente, pero cuyo espíritu se hace presente en los poemas del escritor, incluye también el merecido reconocimiento en vida a los Puesteros que aún resisten, solos o en compañía de sus familias, en la zona rural de La Humada y sus alrededores. En la actualidad muchos puestos están cerrados o han sido alquilados y las familias pioneras se ha instalado en los pueblos de la zona, dado que los antiguos ya están entrados en años y los hijos se han ido..

El escritor remata su página de portada con esta frase no menos importante, dado que agradece: "Por dejarnos su ejemplo de lucha, dándole vida a este oeste infinito y por dejarnos esas costumbres tan nuestras". La lucha, que como dice el poeta, "es cruel y es mucha" ha sido no sólo contra las adversidades del clima, sino además con los avatares de la vida misma.
Fotografía tomada en la casa paterna de Santa Isabel el mes de mayo del año 2018. Allí están sus padres, junto a su familia, formada por su esposa y tres hijos. También lo acompaña su hermana Mimí.

Ariel Hugo es hijo de don Mario Vazquez y doña María Salinas. Sus abuelos paternos fueron don Juan Vazques y doña Aquilina Gadea, quienes dieron a luz once hijos. Los abuelos maternos fueron don Sabino Salinas y doña Edelmira Lucero, quienes procrearon dieciocho hijos.

Don  Juan de Dios Vazquez era el padre de Juan y por lo tanto bisabuelo de los Vazquez-Salinas. Según se recuerda en la familia, don Juan de Dios y sus hermanos habrían venido desde Chile. Su oficio fue en los primeros años de chasqui, mensajero a caballo que traía el correo, desde el sur de Mendoza y la precordillera hasta las nuevas tierras que se estaban poblando en el noroeste de la Gobernación de la Pampa Central, creada el año 1884, cuando Mendoza y San Luis consiguieron bajar el límite sur de sus respectivas provincias desde el paralelo de 35º al de 36º de latitud, anexando a sus respectivos territorios más de tres millones de hectáreas que le sustrajeron al Territorio Nacional con la anuencia del Estado Nacional..
Ariel posa con una familia puestera del paraje La Puntilla el día posterior a la presentación de su libro en Santa Isabel el 18 de mayo de 2018

El poeta Vazquez caracteriza en su poema "Puesteros", publicado en su primer libro titulado "Alpataco" en esta estrofa: Guapo, humilde y tan baqueano/ han sido y son los puesteros./ Fueron muy grandes troperos, /poceros, alambradores/ expertos amansadores/ rastreadores y zorreros.

Los primeros puesteros de la zona se establecieron ocupando tierras aún fiscales. Eran campos abiertos de tierras arenosas, guadalosas y con mucho salitre. Exceptuándose algunas vetas de tierras areno-arcillosas. Según el maestro investigador Miguel De Fougéres, el Censo Territorial del año 1905 estableció como población total del Departamento 14 (actual Chicalco), la cantidad total de 626 habitantes rurales. De ese total 325 eran sexo masculino y 301 sexo femenino. No había escuela, tampoco estafeta y mucho menos sala de primeros auxilios.

Según el poema titulado "Haciendo Historia" del libro "Alpataco" de Ariel H. Vazquez por esas tierras supo andar huyendo el indio Ainó, compadre del Juan Bautista Vairoleto quien también supo tener amigos en la comarca. Identifica, según datos de sus informantes, como primeros pobladores a don Cirilo Magallán, Hilario Méndez, Juan Corbalán y posiblemente Higinio Rojas.
En primer plano el árbol histórico ya seco. Según Haydee Vázquez esta era la manzana de parada de los carros muleros y las construcciones que se observan pertenecieron a la firma de Adolfo y 
Luis Ruiz

Según la "Guía de la Pampa Central", editada por el maestro francés Miguel De Fougéres el año 1906, ese año en el Departamento 14º (Chicalco) el Juzgado de Paz y Registro Civil estaba a cargo de Irene Ojeda, en tanto que la Comisaría estaba a cargo del subcomisario Julio Sicher, siendo éstas las dos oficinas públicas creadas por el Estado Nacional.

En el libro "Los Pueblos de La Pampa", escrito por José H. Álvarez y publicado por la Dirección de Prensa de la provincia de La Pampa el año 1994 se puede leer: "Sin precisar fecha exacta, se menciona 1929 como año de la fundación, con lo que sería, entre las actuales, la última localidad en crearse". Y más adelante se agrega: "De la época de la fundación, se nombra como primeros pobladores precisamente a Luis Ruiz y a Manuel Morales y también se habla de familias instaladas entonces en ese valle, de apellidos Corvalán, Maya y Morales."

El libro citado en el párrafo anterior nos trae información al momento en que se instala por el Consejo Nacional de Educación la primera escuela. "Hacia 1932 ya funcionaba la primera escuela, cuyo director era Franklin Atencio, oriundo de Villa Mercedes (San Luis). Las clases se daban en una habitación privada. Una segunda etapa de la vida educativa llegó con un nuevo local para la escuela, cedido por los hermanos Ruiz, y un tercer ciclo, cuando en 1966 se construyó la Escuela Albergue Nº 418, lugar que ahora ocupa la Comisión de Fomento."

Posteriormente las escuelas primarias se transfieren desde el nivel nacional al nivel provincial en el año 1978. Esto produjo el cambio de número y de denominación, dado que a partir de allí fue la Escuela Hogar Nº 88, la que desde el año 1983 cuenta con edificio propio. La escuela fue conducida por el maestro Guillermo Paciente Sarmiento hasta su jubilación en la década de 1990.

En esta imagen se observa la entrada antigua al pueblo, cuyo camino pasaba al lado mismo de la laguna, que en épocas de grandes lluvias suele acercarse bastante a las viviendas más cercanas, provocando a veces la inundación de las mismas. Se puede observar además la línea que transporta la energía eléctrica desde Algarrobo del Águila

La población se fue nucleando paulatinamente, acelerándose el proceso de desarrollo urbano a partir de 1950. Son esos primeros años de la década de 1950 precisamente los que coinciden con la provincialización del antiguo Territorio Nacional de la Pampa Central. A partir del año 1985, con la reposición del sistema democrático la localidad cuenta con Comisión de Fomento.

Es en dicho año que se logra construir un acueducto desde el paraje Agua de Torres, para proveer a la población de agua potable. En todos los puestos y también en el pueblo que se fue formando el agua se obtenía mediante pozos de los cuales se extraía el agua con molinos de viento, desde una profundidad, según la zona, que variaba en los años iniciales de cinco a cuarenta metros. En su poema "Molineros" Vazquez se lamenta: "Ya no está David del Río/ni tampoco Juan Pagano/los puestos son orejanos/les han cambiado de nombre/no hay molinero que sobre/por el oeste pampeano."
Otra vista de la laguna y algunas viviendas en el sector más cercano, aunque las que se encuentran en el lugar más bajo están hacia la derecha de la imagen y no aparecen en esta toma

En 1906 el maestro De Fougéres director de la escuela de Telén, visita el lugar y toma los datos de las autoridades y personas que hacen de informantes para incluir en su "Guía", en la que expresa: "La población está compuesta por 104 familias, las cuales ocupan 96 casas, siendo todas de madera y paja".

No puedo dejar de mencionar en esta reseña que entre los años 1916 y 1920 visitará más de diez puestos, el Misionero Salesiano José Durando, italiano, que tenía su parroquia sede en Telén. En un carro tirado por mulas y acompañado por su asistente don Manuel López Ratón hicieron las primeras entadas al territorio del Departamento Chicalcó. Su tarea evangelizadora se hizo como recuerda el RPS Celso Valla por "Caminos tortuosos y pesados, con huellas para carros, apenas visibles en la zona medanosa, constituyen la única posibilidad de comunicarse."

En el año 1928 el RPS Durando ha recibido de sus autoridades un chevrolet cero kilómetro con el que comenzará a desplazarse con menos dificultad por los Departamentos de Chalileo, Chicalcó y Puelén. Entre los puntos que dejó anotadas en sus libretas de campo el escritor Valla rescata los siguientes: "La Puntilla de Juan Chaves; La Clara de Martín Sanchez; La Blanca, de Elías Orellano; La 23, de Juan Ortubia; La Cortadera, de Juan Cabrera; Los Jagüeles de la viuda de Acuña; El Centinela, de Ángel Toledano; Mayuquingan, de Domingo Muñóz; La Puerta Grande, de Francisco Villegas; Cerro Colorado, de Lucas Covarrubia; La Amarga de Francisco Soler; La Alazana de Nicolás Moyano y Manuel Morales; Chos Malal de Segundo Toro y Casiano Arana; El Bordo Negro, de Antonio Mesías; Agua de Torres de José Domínguez donde hay Registro Civil; Chicalcó, de Antonio Martín y Luis Borgna; El 18, de Juan Muñóz; El Alamito, de José Ponce; Las Matras de Antonio Coggiola."

Y agrega en el párrafo siguiente el cura Valla: "De entre estos puntos débese destacar La Ahumada, donde anota a Antonio García y Estanislao Videla, hoy transformado en un villorio gracias al espíritu de empresa de Ruiz Hnos." Entre los hermanos Ruiz, será una de las más fervientes mujeres que lo apoyan Juanita Rosales de Ruiz, quien seguramente participó en la reunión de Algarrobo del Águila que comenta Valla: "A efectos de consolidar la obra de nuestro Apóstol en Chicalco en mayo de 1961, se formó la Comisión Pro-Capilla en el Águila"

Bibliografía Consultada
De Fougéres, Miguel "Guía de La Pampa Central" editada el año 1906
Valla, Celso J. s.d.b "El Apóstol del Oeste Pampeano Pbro. José Durando S.D.B." editado el 12 de septiembre del año 1972 en el 75º Aniversario de la Misión del Noroeste
Álvarez, José Higinio "Los Pueblos de La Pampa. Apuntes sobre su nacimiento, su historia". Dirección de Prensa de la provincia de La Pampa, Santa Rosa año 1994
Vazquez, Ariel Hugo "Puesteros del Oeste Pampeano", editado en Santa Rosa (La Pampa) por Región en mayo del 2018
Vazquez, Ariel Hugo "Alpataco. Ramillete de versos Chicalquenses". Editado en Santa Rosa por Región el año 2015
Fotos: Luis Ernesto Roldán




lunes, 30 de abril de 2018

La Escuela Rural de "La Holanda"

La escuela rural de “El Trebol”
La señora Elisabeth Smidt de Ortiz Echagüe publicó a mediados del año 1973 un libro escrito por ella, que tituló “El Santo de los montes”.
Ella era hija única, su padre Federico Smidt fue el primer Cónsul holandés designado en Argentina. Quien había comprado dos lotes de campo en el por entonces Territorio Nacional de la Pampa Central, donde había hecho construir  una casa. 
Según leemos en una especie de introducción familiar expresa: “La compra la pudo efectuar por la herencia que le tocó de una tía.” Y más adelante agrega este otro párrafo supuestamente verídico. “Papá era el hijo menor de una familia aristocrática y como tal, según las leyes inglesas, no le tocaba nada en herencia; tenía que peleárselas solo y por eso decidió salir, irse a América”

El libro es una especie de biografía ficcionada. Ella misma escribió esta dedicatoria.
“A la provincia de La Pampa dedico este libro.
En nuestros tiempos complicados, en los que hasta el arte se desvía hacia lo extraño, lo feo, el humor negro, la exagerada sexualidad y el espíritu busca sensaciones producidas artificialmente, quise escribir un libro bueno y limpio.
Espero haberlo logrado. Agradezco sinceramente a los que, en una u otra forma, han colaborado. Los personajes y lugares de este libro son ficción.” La Autora.
Don Antonio Ortíz Echagüe de sombrero y bombachas, con su esposa Eslisabeth y amigos

Se había casado el año 1919 con el pintor español Antonio Ortiz Echagüe. En 1920 nace Carmen su hija, con quien se van a vivir a Holanda. El año 1927 cuando ya estaban viviendo en España nacerá su hijo varón al que bautizan con el nombre Federico, recordando a su padre ya fallecido. Después de vivir un tiempo en Fez (Marruecos, norte de África) y Tánger, Deciden instalarse en la estancia “La Holanda” que han heredado de la familia Smidt, en las cercanías del paraje “El Durazno” y dentro del ejido de la comuna de Carro Quemado (La Pampa) en Argentina, que hoy está en manos de sus nietos.

Del libro citado, he extractado estos párrafos, relacionados con la escuela rural que crearon en dicho campo para brindar educación a los hijos de los hacheros que estaban trabajando dentro del predio.

“Una tarde vuelve silencioso, lo conozco tan bien que sé que algo le molesta. Por fin dice qué es:
---He estado con los hacheros, que me están hachando la leña campana _todavía queda bastante en los montes_, y también postes y varillas, para el nuevo potrero que quiero hacer. Son dos familias, cada una con muchos chicos; hay ocho en edad de ir a la escuela, pero no los pueden mandar. Van a quedarse acá trabajando todo el invierno. ¿Qué te parece, Margarita, si nosotros les ofreciésemos esa posibilidad? Quiero decir, buscar una maestra y desocupar el galponcito viejo e instalarlo como escuela?
--Tu idea me parece maravillosa _digo_, pero…
---¿Pero? Decime, Margarita, las dificultades que presientas.
--Y… esa chica _la maestra_, tendría que vivir acá en casa con nosotros siempre; me parece que puede resultar pesado para mí. Y luego ¿a cuánta distancia están esas familias?
---Una, queda a una legua, la otra casi a dos _por ahora_, pues ya sabes que cambian de lugar a la fuerza. Pero puedo facilitar caballos mansos, para que vengan enancados de a dos.
--Tendrán que traer comida, o comer aquí, al mediodía. ¿Quién se ocupará de todo eso?
---No pongas dificultades, Margarita, todo se solucionaría, si estás de acuerdo con la idea básica.
--Estoy de acuerdo, pero quiero que pensemos todo bien, antes de empezar una cosa, de la que tal vez nos arrepintamos o tengamos que abandonar a medio camino _digo_, un poco malhumorada.
Como sucede en estos casos, Andrés se va a hacer cualquier cosa sin decir más nada. Pero la idea ya no nos deja en paz a ninguno de los dos, hasta que empiezo yo:
--Andrés, ¿cuándo te vas a ocupar de la escuelita? Mira que ya se aproxima marzo.
Feliz me toma en sus brazos.
---Hablé el otro día a un albañil para que venga a realizar algunos arreglos en el galpón y a revocar la pieza _que queda al lado_, y a hacer en ella una estufa abierta.
--¡Andrés! _exclamo.
---Sí, va a ser mejor que la maestra o el maestro vivan allí; compraré una cocina a gas envasado y una lluvia pues pienso hacer instalar un pequeño baño en una esquina de la pieza; alguna vez comerá con nosotros esa persona, pero sólo cuando vos la invites.
--Andrés, sos un ángel _digo_, y los ojos llenos de lágrimas.
---Sánchez me habló de un matrimonio; él fue director de una pequeña escuela, ella maestra ahí, los dos jubilados y dispuestos a venir acá; les gusta mucho el campo; quedé en que iremos a hablar con ellos la semana próxima”
Hasta aquí los personajes son: Margarita que no es otra que la propia Elisabeth quien ha adoptado ese seudónimo, porque le gustaban mucho las flores silvestres del campo llamadas precisamente margaritas. Andrés, que es su esposo Antonio. El señor Sánchez, se lo menciona como un dentista al que concurría a atenderse Antonio.
Momento de la construcción de la casa de familia en la estancia "La Holanda"

“Inauguramos la escuelita en abril. Los padres son invitados, desde luego, así como los hermanitos demasiado pequeños y los cuatro Acuña, naturalmente. Juan hace un asado; yo preparo pasteles; sobre el techo de la nueva escuela flamea la bandera argentina y cuando solemnemente entramos todos, se oye el Himno Nacional (de mi tocadiscos). Los ocho chicos toman asiento cada uno en su flamante pupitre y los nenes de Ingrid en un banco frente a una mesita baja; Don Felipe les dice un versito, que tienen que repetir con él: “Gracias a don Andrés y Doña Margarita, se inaugura hoy esta escuelita.”

Los niños y niñas llegan puntuales, llenos de ilusión todos los días. El otoño sigue templado, pero…sin lluvia,
A fines de mayo empiezan los fríos; los bebederos se ven escarchados; los niños llegan a la escuela con las manos heladas, entumecidos todos ellos, les toma casi media hora para reponerse en el ambiente tibio de la escuela, donde Don Felipe prendió la antigua estufa, desde temprano. Pienso y pienso en una solución y me digo: “!Margarita, ya has descansado bastante, llevas años de vida cómoda, ya es hora de que te molestes un poco!”
Doña Elisabeth con ramo de flores, la maestra, los alumnos y los familiares de los niños

Hasta ahora los chicos de cada familia o bien han traído un paquetito de comida “para la media mañana”, unas milanesas frías o huevos duros, un poco de galleta, o bien, no comen hasta volver a sus “casas”. Han entrado a las ocho a clase para salir a las doce y media.
Propongo a Don Felipe y María lo siguiente: que entren a las 10, cuando ya no hace tanto frío y coman acá, yo cocinaré, y luego sigan dos horas por la tarde. Todo el mundo está encantado, pero la buena Doña María al principio se preocupa:
---Pero, usted, Doña Margarita, ¿va a hacer ese trabajo todos los días?, mire que son muchos.
--Me arreglaré, verá usted que no me voy a molestar mucho _contesto_, tomando la cosa en broma.
Digo a Andrés que voy a precisar un par de ollas y sartenes grandes, platos, vasos y algunas fuentes, también cubiertos. Todo me lo compra entusiasmado. Me pongo a revisar recetas y a leer consejos sobre comida dietética y un lunes empiezo y produzco un locro, del que no queda ni un grano. Juan me ayuda a llevar la comida. María, ayudada por las nenas, pone la mesa, que compró Andrés, en el mismo galpón. Yo sirvo y después me llevo los platos sucios y los lavo en casa. Hago comidas variadas, que incluso comemos todos;  me empieza a divertir probar recetas nuevas.
Con María decimos que es una pena, que los chicos no tengan delantales y antes de la reunión del CREA en “El Trébol” compro muchos metros de género blanco y febrilmente me pongo a cortar y coser a máquina (mi vieja Singer).
Al año siguiente, en marzo se vuelve a abrir la escuelita: “Atienden ahora diez chicos en la escuela; dos mayores de los hacheros los pusieron de pupilos en un internado; en cambio, unos vecinos nos pidieron si podían acudir cuatro hijos suyos, dos de cada familia.”
Así pasaron varios años (no sabemos cuantos). Por la lectura entrelíneas los nuevos personajes que han aparecido son: Juan un peón que no sabemos su verdadera identidad. María y Felipe son los esposos que son maestros, de los que tampoco conocemos su verdadera identidad. Y por último se menciona a
“Ya no quedaba en el campo leña campana para hachar; postes y varillas buenos también resultaban difíciles de encontrar y las familias de los hacheros, cuyos hijos se iban haciendo grandes y cuyas señoras estaban cansadas de esa vida en carpas, siempre en el campo, quisieron mudarse a algún pueblo. El matrimonio Doña María y Don Felipe, que durante tantos años se habían ocupado de la escuelita con todo cariño, empezaron a sentirse fatigados:
---Ya somos viejos, Don Andrés _le dijeron_, el año próximo más vale nos vamos a vivir a Córdoba. Los Acuña ya desde un año antes vivían en Santa Rosa; sus hijos necesitaban otra educación. Así se fue terminando una etapa en la vida de “El Trébol” y lo que había sido la escuela y la vivienda de sus maestros quedó clausurada.”

En la ficción la estancia “El Trébol” no es otra que la estancia “La Holanda”. El personaje Ingrid era una madre que vivía en una estancia vecina. 

domingo, 25 de marzo de 2018

Nuestra Abuela Elina, criolla de pura cepa.

Elina García nació en Villa Mercedes, provincia de San Luis, en el seno de una familia criolla. Era hija de Francisco García y María Suarte. Fueron sus hermanos Francisco "Pancho" García, Cruz García y Fructuoso García.

Cuando el cura franciscano Fray Depredi, a cargo de la Parroquia de Victorica, funda el 6 de agosto del año 1893 la Cofradía del Sagrado Corazón de Jesús, entre las socias fundadoras encontramos a Elina García, Petronila de Salinas, P. de Ferrari, E. de Carlo y las señoritas Demetria y Clementina Olivera, Teodora Leyría, Cleofe Vera, Benita Velázquez y Victoria Fernández. Recuerdo que siempre llevaba colgado de su cuello una cadenita con un crucifijo.
El año 1905 se casó con Cirilo Roldán, un joven venido al Territorio Nacional de la Pampa Central, desde el Bragado (Provincia de Buenos Aires), con una punta de ovejas.

De ese matrimonio nacieron en los años sucesivos varios hijos. Hipólita Casiana, Felipa, Marcial, Trinidad, Cristobal, Delicia Timotea y Elina. La que se fue primero de la chacra fue Casiana que se casó con el francés Juan de la Nava, que supo tener una empresa de explotación forestal.
Vivían en un rancho de adobe en la chacra Nº 126, construido como era la costumbre con madera extraída de los caldenes de los alrededores, que servían para utilizarlos de parantes, hacer las cumbreras y para construir las aberturas. El barro se amasaba con pasto puna, también cortado en los alrededores y encima como techo, chapas de zinc, todo atado con alambre de acero y en las uniones con alambre de fardo.

En este caso particular la cocina, que todavía tiene una pared en pie resistiendo los ventarrones, estaba separada de las habitaciones para evitar el calor y los olores o el humo de la cocina a leña. Las habitaciones y también a la cocina se le colocaba en el interior un cielorraso confeccionado con bolsas de arpillera, el que se blanqueaba a la cal. Eso era para evitar el goteo de la chapa en invierno y el calor en el verano.
También era costumbre en los veranos cortar olivillo y colocar una camada sobre la chapa para evitar que esta se calentase tanto en los días de temperaturas extremas. La construcción se hacía teniendo en cuenta los puntos cardinales y la dirección predominante de los vientos. La cocina y las habitaciones miraban hacia el "naciente", es decir hacia el cuadrante por donde aparece en sol en las mañanas, para aprovechar, sobre todo en el invierno el calor de los rayos solares apenas asoma en el horizonte.

Además de la cocina y las habitaciones, generalmente se construía una despensa, que era el lugar donde se guardaban los alimentos producidos en el lugar y los demás adquiridos en los almacenes de Victorica o en Loentuel. Y para evitar los vientos y las lluvias se construía una galería, que era como un estar, que tenía techo, pero estaba abierto. De esa manera servía de sombra y de cobijo para la hora de tomar la merienda en el verano.

Por último otras  instalaciones muy importantes. La provisión del agua, se obtenía con la instalación de un molino cerca de la casa de donde se extraía el agua de un pozo y se la acumulaba en un tanque tipo australiano como el que se ve en la foto. De allí se derivaban las cañerías para las bebidas del ganado y una para la huerta familiar. El otro problema era el sanitario, que al no existir baño instalado, había que construirlo alejado de la perforación para que el retrete no contaminara el agua.
Alrededor de la casa se plantaban árboles para sombra,  y también para cortar los vientos fuertes, dado que el caldén es un árbol no muy alto y de hoja pequeña, por lo que no es de buena sombra, salvo los muy antiguos grandes. En este caso la familia de Elina y Cirilo plantaron los llamados "árbol del cielo" o paraísos y también la acacia común.
La huerta, era atendida por las mujeres, dado que los hombres se ocupaban de los animales: caballos, lanares, vacunos. En las primeras décadas eran más numerosas las ovejas, que requiere mucho más trabajo que el vacuno, porque el precio de la lana en el mercado internacional era bueno. En la huerta se sembraba maíz para tener choclos, zapallito del tronco, zapallo criollo, sandías, melones, cebolla de verdeo, perejil, era lo más común. Por supuesto en la quinta se cultivaban las aromáticas como la menta, el cedrón, la peperina, algunas utilizadas en infusiones y otras en las comidas. Había que desmalezar, regar, matar hormigas, combatir a los pájaros.

Otro trabajo de las mujeres era el de cuidar el gallinero que proveían los huevos y la carne de pollo. A ello se sumaba el ordeñe de las vacas lecheras para el consumo de la casa y a veces si había varias lecheras que dieran abundante leche se vendía en Loventuel.
Todos sus hijos fueron a la escuela rural, en el caso de Trinidad y seguramente Marcial el maestro fue el riojano Félix Romero y en el caso de Felipa, ella siempre recordaba a su maestra Isolina Gesualdi.

Cuando llegó la década de los "años malos", con sequías prolongadas, la langosta, la caída de la ceniza el año 1932, con el impacto de la crisis internacional que hizo bajar los precios de la lana. Todo se puso mal y los ingresos que daba una pequeña chacra de 100 hectáreas, no alcanzaba para mantener una familia de 9 personas. Fue por eso que tres de sus hijos tomaron la decisión de marcharse a Buenos Aires a buscar trabajo.

Partieron con ese destino Cristobal, junto con sus dos hermanas, Trinidad y la menor Elina. Allí consiguieron trabajo y también se enamoraron y se casaron. En la chacra había quedado Marcial y Felipa, pero por poco tiempo. Después de la muerte de su padre Marcial comenzó a buscar trabajo en Victorica, ya había cumplido sus 22 años cuando murió su padre. Ahora en la chacra su madre tenía a su cargo a dos niños para criar, ellos fueron Anacleto Buenaventura García el hijo de su hermano Fructuoso y a José de la Nava el menor de los varones de su hija Casiana.

Doña Elina, falleció el 15 de mayo del año 1963 en Victorica, cuando contaba con 92 años. Su esposo Cirilo había muerto en marzo del año 1937, cuando tenía 66 años, a consecuencia de una leucemia. Ambos descansan en el cementerio del pueblo donde ella pasó sus últimos años.
Los hombres tenían que arreglar los alambrados para evitar que el ganado se saliese. Atender la aguada, y controlar las plagas que atacaban a los corderos, siendo el puma el que más daño hacía. La vizcacha que solía colonizar algunos sectores del campo también solía ser un problema aunque no preocupante.

La foto de arriba está tomada en el molino de la chacra, allí están el niño José de la Nava, nuestro padre Marcial, nuestro tío Emilio Rodríguez y el tío José Bianchi.
En la foto de arriba todos están posando y casi que han cubierto la FORD T. Mi padre Marcial me tiene alzado, está vestido todo de blanco. A su lado nuestra madre Trinidad Cesanelli. Abuela Elina de negro está sentada atendiendo a otro nieto. Detrás de ella doña Casiana. El hombre que sobresale al medio atrás es Agustín "Chino" de la Nava. Adelante la señora de vestido floreado negro y zapatos blancos es doña María de los Ángeles Piorno de Martín, a su lado también de vestido floreado claro está Delicia de Sad.

Otros trabajos de la chacra era combatir las sequías cuando no eran años lluviosos. A eso había que agregarle a veces los incendios que producían los rayos de las tormentas. Además había que capar los terneros que se querían convertir en novillos.
Carnear todas las semanas un capón o cordero para consumo que como no había heladera se guardaba a la sombra dentro de una fiambrera. Por supuesto hacer los asados a la cruz durante todo el verano.

La fiambrera era un mueble de madera con una puerta en un costado, rodeada de alambre tejido que permitía el paso del aire, pero no el acceso de los insectos.

Los paraísos custodios de la antigua cocina, aún permanecen como testigos de tanto trabajo familiar. Piensen ustedes que ese rancho cumplió cien años el año 2005, quiere decir que estaba bien hecho porque ha aguantado las lluvias intensas, los ventarrones huracanados, los soles abrazadores.
Alguien se llevó las chapas y probablemente algunas maderas hayan ido a parar al fuego. El que adquirió la chacra fue don Renato Silva, uno de nuestros lecheros en Victorica. Fue vecino, dado que tenía su casa dentro del predio de Los Pisaderos, a una cuadra de la nuestra.

Los loros han colonizado, después de muchas décadas toda la torre del viejo molino que quedó en desuso.

Fotos: Juan B. Gandini y Luis E. Roldán

lunes, 12 de febrero de 2018

VICTORICA 136º ANIVERSARIO

Victorica, fue en sus inicios un Fortín fundado por el Ejército Nacional. El comandante de las tropas, coronel Ernesto Rodríguez, cambió la denominación original del lugar, de Fortín Resina, por el nombre del entonces Ministro de Guerra del gobierno del Gral. Julio A. Roca. Seis meses después de esa creación, se producirá el encuentro de un piquete de las tropas al mando de Mayor Sócrates Anaya, con los lanceros del cacique ranquel José Gregorio Yancamil, allá en el valle de Cochicó, al otro lado del río Chadileuvú. Como consecuencia de esos sucesos las autoridades militares deciden crear una línea de nuevos fortines que una Victorica, con la recientemente creada (12 de agosto de 1882) General Acha, para dar más seguridad a las familias colonizadoras que estaban llegando a poblar las tierras despojadas al indio que no se resignaba a perder lo que había sido suyo por derecho natural.
Antes de retirarse a los cuarteles de orígen el Ejército hizo dos actos fundamentales. Construyó la Iglesia Católica, que es la primera de todo el Territorio Nacional de la Gobernación de la Pampa Central, bautizada por el capellán salesiano Perea, quien acompañó al Gobernador Gral. Juan Ayala desde Gral.Acha designada Capital del Territorio. Y rescató los restos de los soldados muertos en el combate de Cochicó en el Departamento Puelén, donde se enfrentaron a los lanceros del cacique ranquel José Gregorio Yancamil. En homenaje a esos bravos construyeron la pirámide que existe en el centro de la plaza que tiene en cada una de las caras una gran placa de bronce. Fueron fabricadas en los talleres del Ejército en Buenos Aires, donde se fundieron los cañones que se utilizaron para la "campaña al desierto".

El año 1918 se desempeñaron al frente de la Intendencia Municipal don Antonio Fuentecilla, casado con una de las hijas de Lemme, comerciante también. Pero a mitad de año renunció y asumió en su lugar el vecino Regino Luna. En tanto que al frente de la Iglesia Parroquial el italiano Juan Roggerone, llamado "El Cura Gaucho", que estuvo más de una década, dejó lugar a partir de 1915 al sacerdote Félix Caprioglio. El año 1918 fue el del lamentable desalojo de la Biblioteca Popular Bartolomé Mitre, realizado por el Obispado, para que se entregase el local que se le había prestado,, dado los planes de ampliación que se tenían previstos.
La mayoría de las primeras edificaciones se levantaron con adobes crudos cortados en los Pisaderos. Allí los soldados utilizando el agua de la laguna, hicieron barro con la tierra del lugar y lo mezclaron con el pasto puna utilizado como liga. Otros edificios de particulares fueron levantados con ladrillos cortados en las chacras de los alrededores donde había buena tierra "negra", con abundante humus, que quemados en hornalla producían ladrillos de muy buena calidad. En la foto de arriba se observa la vivienda familiar que el italiano Miguel Di Dio construyó el año 1898. Cuando llegó el centenario de la fundación del pueblo todavía esta vivienda estaba en pie, hoy tan sólo quedan una pequeña parte.

Victorica está situada al noroeste del territorio. Fue desde sus inicios la Capital del Departamento 7º primero y luego del Departamento Loventué. El segundo pueblo fundado por el francés Alfonso Capdeville fue Telén en 1901 a tan solo diez kilómetros hacia el oeste. El año 1904 don Miguel Farías un ovejero que llegó desde el sur de San Luis, fundó hacia el este un pueblo que denominó Loventuel. Posteriormente más hacia el este se creó la localidad de Luan Toro, el año 1908, cuando ya se escuchaba el bramido de la primera locomotora a vapor que llegaba por el camino de hierro desde General Pico.

Uno de los primeros hoteles y restaurante fue este que se ve en la fotografía de arriba. Construido por un integrante de la familia italiana Lemme, quien a principios del 1900 lo vendió a la familia de Juan Bautista Cazaux, quien le puso el nombre "Hotel Francés". Los Cazaux venían de la isla del Chalileo, donde tenían comercio de Ramos Generales y criaban ovejas, pero una gran sequía que se prolongada los impulsó a cambiar de oficio y de residencia. La sequía y además los taponamientos que se hicieron en territorio de la provincia de Mendoza por algunos puesteros que dejaron sin agua el curso del río Atuel.

Don Lucas Viniegra, español, se radicó primero con un comercio de Ramos Generales en la zona rural de los alrededores de Victorica el año 1887. Como le fue bien, las ganancias las invirtió para construir en la zona urbana el local de ese comercio. Fue la casa de Ramos Generales que más años de existencia alcanzó, dado que sus descendientes la fueron no sólo administrando, sino ampliando. Incluso compraron campo para reinvertir parte de esas ganancias. Cerraron sus puertas los primeros años de 1980, antes de alcanzar el centenario.
El Ferrocarril del Oeste, llegó a Victorica el año 1908 con una línea que salía de estación Once de Septiembre en Buenos Aires y que llegó hasta Telén, pero cuyo proyecto era alcanzar con la misma las costas del río Colorado, a la altura de 25 de Mayo. La historia nos cuenta que construyendo las estaciones, los galpones y las casas para los empleados de la empresa, llegaron a Victorica nuestro abuelo italiano Luigi Cesanelli y otros italianos que formaban la cuadrilla de albañiles.
Si observan detenidamente la fotografía de arriba, se puede ver, que la casa original era de adobe, que posteriormente ha sido revestida con ladrillos. Esa etapa fue la que hicieron la mayoría de los propietarios pioneros, dado que la construcción de adobe era mucho más económica que la construcción con ladrillo. Incluso algunos construyeron con ladrillos, pero asentados en barro. Esta casa situada dentro de lo que Pedro Telmo Lobo denominó "El Barrio Latino", perteneció a la familia Zanín y más allá la del  italiano  don Isidoro Picolomini que era constructor.

La escuela de varones Nº 7 y la escuela Nº 8 de niñas comenzaron a funcionar, luego de la sanción de la Ley Nacional Nº 1420 de educación común, sancionada en 1884. Como no era fácil conseguir maestros que estuviesen dispuestos ir a los Territorios Nacionales, las primeras escuelas fueron de gestión privada y ambulantes, dado que la mayor parte de las familias en esos primeros años vivían en el ámbito rural que era donde estaba el trabajo.

El primer maestro titulado, designado por el Consejo Nacional de Educación fue el francés don Miguel De Fougéres, que era Bachiller. En la fotografía de arriba se ve a los maestros y maestras que daban clase no solamente en las escuelas de Victorica, sino también en los parajes y localidades más cercanas. De Fougéres no está en la fotografía, porque a partir de 1903 fue designado como maestro a cargo de la dirección de la escuela Nº 9 de Telén, que había sido creada por Alfonso Capdeville, el ex intendente de Victorica entre los años 1891 y 1899.
La sucursal del Banco de la Nación Argentina abrió sus puertas el año 1909 en un local alquilado. Era la única entidad bancaria en todo el Departamento y en toda la inmensa región a la que servía que abarcaba el noroeste del Territorio Nacional de la Pampa Central hasta el límite con Mendoza y todo el sur de la provincia de San Luis, abarcando también a localidades hacia el este más allá de Luan Toro. Recién el año 1913 se inaugura el local propio, momento que registra la foto de arriba, en que los victoriquenses vieron uno de los primeros automóviles girando por sus calles polvorientas de arena y tosca.
El edificio que se alcanza a observar en la foto de arriba perteneció a los Hermanos Gómez, quienes instalaron en él un clásico Almacén de Ramos Generales como se estilaba en aquellos años de principios del 1900. Está situado a una cuadra de la estación del Ferrocarril del Oeste.
Don Nicolás Marzano fue un italiano que originalmente llegó a Telén a alambrar campos para el francés Capdeville. También ejerció el oficio de contratista rural para el mismo comitente, cortando alfalfa durante algunos años en que este cultivo se puso de moda en la región. Efectivamente el buen precio internacional de la alfalfa en esos años iniciales y sobre todo las buenas lluvias que se dieron en la década de 1900 hicieron que los hermanos Lernoud imitaran a Capdeville. Lo mismo hizo el español don Máximo García, el inglés Alberto Sidebottom y otros.

Después que Capdeville abandonó Telén rumbo a Mendoza, los Marzano se vinieron a trabajar a Victorica. Con ellos venían sus primos los Imbelloni. Cuando se terminó la alfalta a fines de la década de 1910 construyeron un local para instalar una panadería a la que bautizaron con el nombre de "La Vencedora". Parte del edificio todavía se encuentre allí a la entrada del actual Parque "Los Pisaderos" como testigo de aquellos esfuerzos pioneros.
Y cierro esta apretada síntesis mencionando a otro francés pionero del comercio en Victorica. Me refiero a don Víctor Rochereul, quien puso en marcha una fábrica de soda, bebidas sin alcohol y producción de hielo, en la que trabajaron su esposa y sus hijos, tanto varones como mujeres.

miércoles, 31 de enero de 2018

LA COMARCA DE VICTORICA HACE CIEN AÑOS



El año 1917, anduvo por la Gobernación de la entonces Pampa Central, un periodista, escritor, que recorrió gran parte del Territorio Nacional de aquellos años, haciendo entrevistas, buscando fuentes y destacando las potencialidades que se avizoraban entonces para el desarrollo y el progreso de estos lares.
Se llamaba Wenceslao Jaime Molins, quien cuando retornó a Buenos Aires con todo el material, mucho del cual había sido enviado al diario La Nación para su publicación, editó un libro al que tituló simplemente “La Pampa”, publicado el año 1918 por el Establecimiento Gráfico “Oceana”.

En el itinerario que hizo, utilizó los ferrocarriles y algún medio de locomoción tracción a sangre que todavía operaban en las zonas donde no habían llegado los rieles.
En el capítulo XXX del libro citado el escritor dice: “Después de visitar diversos pueblos de la línea de Pico, hemos pasado a Victorica.” O sea que tomó el Ferrocarril del Oeste que venía desde la estación Once desde la Capital Federal con boleto de llegada a Victorica, el primer pueblo fundado por el Ejército en 1882.



Se ve que tenía buenos ojos de observador y algunos conocimientos previos seguramente, porque escribió estos renglones introductorios: “No es necesario descender del tren para dar juicio sobre la actitud de los campos. La cebadilla agreste, difundida en copiosos matorrales, nos habla con elocuencia de la fertilidad del suelo. Las lluvias de este año han sido frecuentes y abundosas.”

Y ya saliendo de las generalidades, comienza a adentrarse en los temas relacionados a la Comarca de Victorica y sus alrededores que comprendía no solo la Pampa Central, sino también el sur de la provincia de San Luis. “Los campos de Victorica, por sus condiciones agrológicas, son buenos para cultivos de forrajeras. La tierra, arenosa y morena, es propicia a la alfalfa.” Y a continuación comienza a citar nombres y apellidos de los pioneros del campo en el noroeste pampeano. “Los primeros alfalfares los inició en la región y en 1898, don Máximo García. Estos ensayos en su establecimiento Carro Quemado, fueron una comprobación. Le siguieron en la prueba, don Alberto Sidebottom, en La Isabel; don Alfonso Capdeville, -el pujante francés-, en sus campos de Telén; Von Bernard, en Poitahue y Armando Lernoud, en la Morocha”.

Don Máximo García ese año vivía con su familia en la casa, frente a la Iglesia, cruzando la calle en diagonal está la plaza y enfrente estaba el almacén de ramos generales de la firma J.Llorens, J.Antich y Cía. Era un español que antes de comprar el campo “Carro Quemado”, cuando llegó desde Benito Juárez en la provincia de Buenos Aires, con su familia, adquirió primero una legua de campo al norte de Victorica, pasando el límite son San Luis, al que bautizó con el nombre “La Porteña”, dado que él se había casado precisamente con una mujer nativa de la campiña bonaerense, que se llamaba Fidela López.

Alberto Sidebottom era un ex capitán del ejército inglés, uno de los tantos compradores de títulos, con los que el Estado Nacional financió la denominada “Conquista al Desierto”, que pagó con las tierras que le fueron despojadas a los indios que poblaban el paraje Leuvucó. Cuando se da a la tarea de alambrar su campo, toma la decisión de echar llave al candado de las tranqueras, lo que producirá una discusión con Máximo García, porque él tenía que pasar con los carros cargados de lanas y cueros, lo que venía haciendo por la huella de las antiguas rastrilladas aborígenes. Al verse impedido por el cierre del camino vecinal, debe dar una enorme vuelta para llegar con su cargamento y pasar rumbo a la estación de Toay donde embarcaba su producto.
 

Hubo una denuncia de García al Intendente de Victorica, que en ese momento era Alfonso Capdeville, y otra ante el Gobernador Pico. La cuestión terminó en la Justicia, porque un día que se encontraron en la tranquera Sidebottom lo agrede a tiros, aunque sin que la disputa terminara en tragedia.
De Alfonso Capdeville, cuando llegó el periodista a Victorica y visitó Telén, él ya no vivía más allí, dado que se había radicado en El Sosneado, provincia de Mendoza, por lo tanto sus consideraciones son por las referencias que le dieron sus partidarios en Telén. De Von Bernard de descendencia probablemente alemana, no tenemos mayores datos, Pero también su encargado de la estancia Poitahue fue denunciado por varios vecinos por el mismo tema de los alambrados con tranqueras que impedían el paso por los caminos vecinales que según el Código Rural eran obligatorios que estuviesen francos al paso.

Es que aquellos eran tiempos de violencia física y verbal. En todas las casas había un wínchester, algunos portaban arma de fuego corta y todos cuchillos a la cintura.
Fue por eso que el periodista estuvo a punto de hacer el libro y ponerle como título gancho “El Far West Pampeano”, una frase que había sido acuñada por el salesiano RPS Juan Víctor Monticelli.
De don Armando Lernoud, un francés, que también siguió los pasos iniciales en la agricultura temprana en que la alfalfa venía muy bien y tenía buenos precios internacionales, se puede decir lo que el mismo periodista dejó escrito.
Es la única entrevista personal de todos los personajes que se mencionan arriba, que ha dejado un testimonio sobre sus decisiones relacionadas con las inversiones y la visión de largo plazo.

 
 
“La ganadería mestizada en esta zona, _nos dice el señor Lernoud,_ se inició en 1900. Se organizaron en aquella época algunos establecimientos de crianza e invernada. Los preliminares, sin duda alguna se deben a don Alfonso Capdeville, quien diez años atrás, en 1890, dio el primer envión a la industria ganaderil de la comarca.”

Y agrega seguidamente: “En 1902, es decir dos años después de haber formalizado este establecimiento, traje de Inglaterra dos toros puros. Fui, en consecuencia, el primer ganadero de la zona, que tentaba el ensayo de la alta mestización, en contraposición a todos los inconvenientes imaginables. Estos sementales vinieron en tren hasta Santa Rosa. De Santa Rosa aquí fue menester traerlos a pie. Para este traslado se empleó más de un mes. Traerlos en carretas, con los malos caminos de entonces, hubiera sido poco menos que imposible. Vinieron pisada sobre pisada, sin molestarlos cuando no querían caminar y con el consiguiente convoy de auxilio, carro de forraje y carro aguatero. Cada uno de estos ejemplares me había costado alrededor de 6.000 pesos.”

El periodista menciona que “El señor Lernoud nos informa, con cierto excepticismo, sobre el resultado de sus cultivos forrajeros.
-“La alfalfa da bien, siempre que la lluvia sea pródiga, -nos dice.-Hay que refinar el campo paulatinamente, pues por la flojedad de la tierra, resulta que con un par de aradas se forma médano. Al comienzo sembramos de 6 a 7.000 hectáreas. No llovió y se perdieron. El agua es problemática, además. Las napas corren de diez a quince metros, pero suelen estar a profundidades no menores de cien. El anterior fue un año pésimo para la alfalfa.”

Molins pregunta ¿Y cuál es el promedio de lluvia en la comarca?
-“En 1915 llovió 467 milímetros; en 1916, 244; y en lo que llevamos de 1917 hasta octubre, 363 milímetros.”
Más adelante la curiosidad del periodista indaga ¿Y el monte?, porque él había visto las pilas de leñas en las estaciones de Rucanelo, Luan Toro y Loventuel, dado que por aquellos años (recordemos que la Primera Guerra Mundial había comenzado el año 1914) las empresas ferrocarrileras usaban para sus máquinas a vapor madera del bosque nativo.
“El monte he dejado de explotarlo, nos dice el señor Lernoud. Hoy por hoy, no rinde la leña como negocio. Son malos los caminos. Son pesados los fletes…”

FUENTE: Molins, Wenceslao Jaime: "La Pampa" Establecimiento -gráfico "Oceana", Buenos Aires 1918

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